REFLEXIONES  

 

 


 

REFLEXIÓN 1

 "EL ¨ESPOSO¨ ESTÁ EN MEDIO DE NOSOTROS"

Estamos asistiendo a la creación, por parte de los que dirigen los destinos de la nación a un tipo de convivencia en la que se están perdiendo valores auténticos.

Así, parece que ya no tiene importancia el engañar, mentir; qué difícil es conocer la verdad de las cosas y de los acontecimientos. Ser honrado parece ser tonto y no progresar en la vida; parece que el que triunfa es el que defrauda, el corrupto. El valor de la dignidad humana de la persona, a la que se utiliza y manipula según interese, a la que se considera o una pieza del engranaje de la producción o un voto en una una o un o un grito en una manifestación y, al final, a la que ni se le escucha ni se le sirve.

Algunos valores importantes que se cacarean constantemente: democracia, solidaridad, justicia, igualdad, libertad, derechos humanos..., a la hora de la verdad son palabras vacías, etiquetas que hay que ponerse para quedar bien, pero en realidad ni existen ni interesan

Uno de los valores que se intentan destruir es el del matrimonio, entendido como la unión permanente del hombre y la mujer por amor. Las leyes de divorcios rápidos, la consideración de matrimonio para las uniones homosexuales, la poca consideración del matrimonio para muchas parejas, así lo demuestra.

Para hablar de la relación de Dios con los hombres tenemos que acudir a imágenes, y una de las imágenes que usa con frecuencia la Escritura es la del matrimonio. 

La primera lectura, al hablar de Jerusalén, la llamara la "Desposada" Y seguirá diciendo: "Como un joven se casa con su novia, así te desposa el que te construyó; la alegría que encuentra el marido con su  esposa, la encontrará tu Dios contigo".

Es un símil frecuente: Dios, Cristo... Esposo; Jerusalén, pueblo de Dios, Iglesia... Esposa.

Cuántas veces el Reino de Dios se ha comparado a un banquete de bodas.

Jesús comienza su misión, según el Evangelio de San Juan, en una boda en Caná.

Cierto que San Juan no quiere dar en este pasaje doctrina sobre el matrimonio, pero sí nos dice que el amor de Dios ha llegado a nosotros; un amor infinito, generoso, total, gratuito y para siempre, como debe ser el de los esposos. Es tiempo de alegría porque el Esposo está en medio de nosotros; ha comenzado una vida nueva, representada en esas vasijas de agua, símbolo de lo antiguo, convertidas en vino bueno, signo de lo nuevo.

Allí, en Caná, Jesús comenzó sus signos, que le llevarían, cuando llegara la hora, al gran signo: la entrega de la vida en la cruz por nuestra salvación y la vida nueva que nos daría con su resurrección.

En Caná creció la fe de sus discípulos en él y le siguieron.

A pesar de que los tiempos son difíciles, aunque valores verdaderamente humanos y cristianos se vayan perdiendo, aunque no esté de moda, debemos procurar seguir siendo íntegros; debemos ser como el vino nuevo del evangelio, signos de la presencia del Señor, signos de su amor.

Y que, para conseguirlo, María nos empuje, como a Jesús.

 

 

 

REFLEXIÓN  2

" EL AMOR DE DIOS, LA BODA, LA ALEGRÍA, EL VINO... "

Difìcilmente se puede encontrar otra metáfora mejor -y la encontramos repetida tanto en  el AT como en el NT- que la del amor esponsal y de las bodas para expresar el amor que  Dios nos tiene y que espera de nosotros. O bien, para resumir expresivamente todo lo que  hemos celebrado en la Navidad: la Encarnación del Hijo de Dios en nuestra condición  humana.

La primera lectura, con lenguaje poético, nos asegura y describe ese amor que Dios tiene  a su pueblo con la imagen de un esposo que encuentra alegría en su esposa. La alegría se contagia también al salmo, que quiere cantar las maravillas del Señor, su  victoria y su gloria. Nada más salir de las fiestas de Navidad, somos invitados de nuevo a  darnos cuenta de lo que supone tener a Dios tan cerca y tan bien dispuesto para con  nosotros. Es una convicción que da sentido y color a nuestra existencia. Dios nos ama  como el esposo ama a su esposa.

Pero en el evangelio es donde mejor se ve toda la profundidad y la alegría de esta  Noticia: Cristo aparece como el Novio, o el Esposo. Hay otras claves para acercarnos a  Cristo: El es ciertamente el Maestro, el Profeta, el Médico, el Juez, el Guía para nuestro  camino. Pero a él mismo le gustaba compararse con el Novio.

El simbolismo de toda la escena, sobre todo conociendo la intención que suele tener  Juan en los relatos, apunta a que ha llegado ya la hora mesiánica, la hora del Esposo que  cumple todas las promesas del A. T. El signo milagroso de Cristo en estas bodas es rico en  intenciones: con su sola presencia da un sí al amor, a la fiesta, a los mejores valores  humanos, a la alegría de aquellas familias sencillas del pueblo. Pero también quiere mostrar  cómo el "vino bueno" ha llegado al final de los tiempos de espera, que ya ha sonado la hora  del Enviado de Dios. Y esto, dicho bajo la clave del vino, con todo lo que significa de  alegría, amistad, inspiración y vida. El cristianismo, el Reino que Cristo nos ha venido a  anunciar e inaugurar, es un Reino de valores positivos y de fiesta. A lo largo del año, con  su Palabra y su Eucaristía, Cristo Jesús va a ser nuestro alimento e irá convirtiendo en  fiesta y vino bueno nuestra existencia.

La presencia entrañable de María, la Madre, con detalles de exquisita femineidad y  discreción, atenta y eficaz, es bueno subrayarla, aunque el centro sea Cristo Jesús. Estas lecturas nos quieren convencer de que estamos envueltos en el Amor de Dios, e  invitados a su Fiesta, convocados a unas actitudes de amor, de visión positiva de la vida,  de solidaridad.

Y a partir de la segunda lectura, también de corresponsabilidad constructora en la  comunidad a la que pertenecemos. Es una de las mejores maneras de celebrar y tomar en  serio el amor que Dios nos tiene: darlo nosotros a los demás. 

J. ALDAZABAL (+)

 

 

 

 

REFLEXIÓN  3

EL EPISODIO DE CANA

El episodio de Caná lo celebra ya la Iglesia en la fiesta de la Epifanía. Aquí se repite el  relato desde un punto de vista particular. Se trata siempre de una manifestación de Jesús  -es el primer milagro que hizo- e indiscutiblemente se trata siempre de un "tipo" anunciador  de la Eucaristía. Sin embargo, como veremos, la primera lectura nos pide que escuchemos  la proclamación del evangelio de hoy con una mayor apertura. Lo mismo en la lectura  evangélica que en la primera lectura (Is 63, 1-5), se trata de una boda. Pero sería restringir  el alcance de este evangelio no atribuirle más que una bendición del matrimonio humano. 

Como ocurre en la multiplicación de los panes, se trata más bien del anuncio del Banquete  mesiánico, que por otra parte es comparado con un banquete de boda; banquete mesiánico  que supone un mundo nuevo, un vino nuevo, un amor nuevo en la reconstrucción de un  pueblo de Dios, unido en la alegría del Reino.

Prescindamos de la escena misma, no obstante sus evidentes calidades literarias y  ciertas dificultades textuales, como la actitud de Cristo con respecto a su Madre: "Mujer,  déjame". Lo importante aquí para nosotros es el motivo del signo: "manifestó su gloria", lo  que nos remite a la línea del Prólogo: "Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros,  y hemos contemplado su gloria".

A este propósito, es lástima que el canto del Aleluya que introduce el evangelio no haya  recogido íntegra la frase de san Juan, y que haya omitido precisamente algo tan importante  como lo que le precede: "Y hemos contemplado su gloria". Pero volvamos al tema del  Banquete mesiánico. Si este banquete se representa en los Sinópticos por una comida de  boda, el Apocalipsis habla por su parte de las "bodas del Cordero". Señalemos también que  el milagro de Caná se verifica "tres días después", al tercer día, y al tercer día es cuando  Cristo manifiesta su gloria, en su resurrección. Así, pues, esta comida de boda es la del  triunfo de Cristo que vino a nosotros mostrándonos su gloria, una gloria que adquirió  derramando su sangre que se hace siempre presente en la Eucaristía, esa gloria suya de la  que él nos hace partícipes en el festín nupcial del Banquete mesiánico del último día; día  último que es recapitulación y reunión de todo en el amor.

-El desposorio de Jerusalén (Is 62, 1-5) 

Este bellísimo poema expresa el tema de una nueva creación: Jerusalén será renovada.  Se celebra todo en términos de "gloria": "verán los reyes tu gloria"; "serás corona fúlgida";  es el anuncio de los tiempos mesiánicos, el tiempo de la Alianza conseguida, celebrada con  desposorios. El poeta utiliza aquí con toda naturalidad las imágenes nupciales. El Señor  que edificó Jerusalén se desposará con ella. Pensamos inmediatamente en el Apocalipsis  de Juan: "Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por  Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo" (Ap 21, 2). Más adelante  leemos: "...el primer mundo ha pasado" (Ap 21, 4). Ya no es el tiempo del agua, sino el del  vino; ya no es el tiempo de la división, sino el de la Alianza; ya no es el tiempo de la esposa  abandonada, sino el de la "preferida" a la que el Arquitecto, su esposo, reconstruye.

¿Parecerá quizás este domingo bastante místico, distante de nosotros y de  nuestras preocupaciones? Yo, por mi parte, no lo creo así: este domingo se sitúa en ]a  entraña misma de nuestros problemas. Pues al final, y sobre todo hoy, esperamos una  renovación: un vino nuevo, un mundo nuevo. un amor renovado, una reconstrucción de  nuestro tiempo. Todo esto esperamos, y tenemos razones para esperarlo, pero a menudo lo  esperamos mal y confundiendo los distintos planos. La novedad es ante todo nuestra  renovación interior, el hombre nuevo, el del bautismo en el agua y en el Espíritu: "nosotros  que éramos agua, nos hemos convertido en vino" y somos dignos del banquete de boda:  ahora la esposa puede recuperar a su esposo, ya no es la abandonada, sino que la Alianza  es eterna en la sangre del Cordero cuyas bodas se celebran. Se nos invita a meditar esta  renovación, la de nosotros mismos, la de cuanto nos rodea, la de nuestras instituciones;  pero toda esta renovación ha de realizarse ante todo con miras a las bodas definitivas, en el  último día. 

ADRIEN NOCENT