PALABRA DE DIOS 

17 - Febrero

6º DOMINGO

TIEMPO ORDINARIO

 
"Dichosos... Pero , ¡ay de vosotros...!

 

 

PRIMERA LECTURA
Jeremías 17, 5-8

PRESENTACIÓN

Se recoge en este texto la primera de las sentencias sapienciales del capítulo 17 de Jeremías: 1.- "Maldito quien confía en el hombre...". 2.- "Nada más falso y enconado que el corazón...", 3.- Perdiz que empolla huevos que no puso... (v11), 4.- Trono glorioso... (v12).

Esta colección de máximas sapienciales no guardan relación ni con los capítulos anteriores ni con los posteriores; están ahí colocadas, son sentencias que pertenecen al acervo cultural de Israel.

El estilo es muy utilizado en el libro de los Proverbios y está construido  a base de antítesis y repeticiones que van reforzando el mensaje. También algunos salmos, como el salmo responsorial de este domingo, utilizan la misma técnica literaria.

La sentencia que se proclama hoy, tomada del libro de jeremías, nos recuerda que nuestra confianza debe estar en el Señor, ya que si la ponemos en manos de nuestros semejantes, éstos no salvan. Dios es la fuente de la vida y vivir en él es estar llenos de vida, como el árbol que vive junto al agua; sigue dando fruto en buen y mal tiempo.

El que pone su confianza únicamente en el hombre, se aleja del que es la vida y su destino es la muerte, como el del cardo en la estepa.

LIBRO DEL PROFETA JEREMÍAS 17, 5-8

Maldito quien confía en el hombre; bendito quien confía en el Señor

Así dice el Señor:
"Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor.

Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien;
habitará la aridez del desierto,
tierra salobre e inhóspita.

Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza.
Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces;
cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde;
en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto."

Palabra de Dios

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 1

PRESENTACIÓN

El salmo 1 viene a ser como una introducción a todo el libro de los salmos.

Aquí se nos presentan los dos caminos que el hombre puede seguir en su vida; exhorta a tomar el buen camino.

Dichoso el hombre que vive según la voluntad de Dios. Podemos decir que el salmo es una llamada a vivir la ley de Dios, entendida la palabra "ley" no desde el punto de vista jurídico, sino en el sentido de la palabra hebrea "Torá", que quiere decir enseñanza, instrucción, revelación. Dichoso, en suma, quien se deja guiar por la Escritura.

"Dichoso el hombre...
cuyo gozo es la ley del Señor
y medita su ley día y noche"

El salmista sabe que el contraste ayuda a llamar la atención y, así, también proclama dichoso a quien no se deja llevar por las insinuaciones del mal, por aquellos que no tienen ninguna relación con Dios.

"Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos."

Presenta el destino de unos y otros: de los justos y de los impíos, con una imágenes de gran plasticidad, llenas de viveza, propias de la literatura sapiencial.

El justo,

"Será como un árbol
plantado al borde de la acequia...
y cuanto emprende tiene buen fin."

Los impíos,

"Serán paja que arrebata el viento...
El camino de los impíos acaba mal."

Y resumiendo todo el salmo decimos: "Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor".

(SALMO 1 )

R/ DICHOSO EL HOMBRE QUE HA PUESTO SU CONFIANZA EN EL SEÑOR

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche.
R/ DICHOSO EL HOMBRE QUE HA PUESTO SU CONFIANZA EN EL SEÑOR

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin.
R/ DICHOSO EL HOMBRE QUE HA PUESTO SU CONFIANZA EN EL SEÑOR

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal.
R/ DICHOSO EL HOMBRE QUE HA PUESTO SU CONFIANZA EN EL SEÑOR

 

 

SEGUNDA LECTURA
1 Corintios 15, 12. 16-20

PRESENTACIÓN

San Pablo quiere dejar zanjada la discusión que ha surgido en la comunidad de Corinto en torno a la resurrección de la carne.

El problema no es tanto si Cristo a resucitado o no, que no se niega, cuanto la resurrección de los demás. Parece ser que algunas corrientes cercanas a la gnosis van introduciéndose; tendencias espiritualistas en las que el desprecio del cuerpo no les permite creer en su resurrección.

Así pues, Pablo rebate con energía esta desviación de los primeros cristianos.

Si Cristo no ha resucitado, el propio Pablo les habría engañado; tampoco habrían sido salvados, estarían en sus pecados.

Pero afirma con todo aplomo: "¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos el primero de todos".

Cristo ha resucitado como primicia, después, todos resucitaremos.

Para Pablo Cristo y el creyente están profundamente unidos; en la vida y en el destino. Ser de Cristo es serlo totalmente: "Si con él morimos, viviremos con él"

El cuerpo no es una cárcel del alma que debamos destruir para alcanzar la vida verdadera y la libertad; tal vez la influencia de doctrinas platónicas o saduceas en la comunidad de Corinto, habría hecho pensar de esa manera.

Cristo, con su muerte y resurrección redime a toda la persona y toda la persona está unida a él en la muerte y en la vida eterna.

1ª CARTA DE SAN PABLO A LOS CORINTIOS 15, 12. 16-20

Si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido

Hermanos: Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que dice alguno de vosotros que los muertos no resucitan?

Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados.

¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.

Palabra de Dios

 


ALELUYA

Alegraos y saltad de gozo, dice el Señor, porque vuestra recompensa será grande en el cielo.

 

 

EVANGELIO
Lucas 6, 17. 20-26

PRESENTACIÓN

Jesús está en plena actividad misionera: enseña, cura, llama a seguirle...; los campos, las montañas, el lago, las sinagogas... todos los lugares son adecuados para proclamar la Palabra; discípulos y gente sencilla le siguen para escucharle, escribas y fariseos para ver por dónde pueden cogerlo en falta.

Un día se va a la montaña a orar y a la mañana siguiente eligió de entre los discípulos a doce que los nombró apóstoles.

Así pues, en torno a Jesús se ha estructurado un grupo de personas en diversa situación, en lo referente la relación con él: los apóstoles, los discípulos, la gente sencilla, algunos de ellos procedentes de lugares paganos limítrofes y los escribas, fariseos y maestros de la ley.

La gente sencilla le sigue tanto por sus palabras como por sus signos, especialmente las curaciones; los escribas, fariseos y maestros, para hacerle tropezar.

Los apóstoles y los discípulos son los suyos. Sobretodo a estos les ha dicho las palabras que escuchamos hoy: dichosos los pobres, los que tienen hambre, los que lloran, los que son odiados por su causa. No van a poder con ellos, pues Dios se ha puesto de su parte y les prepara una gran recompensa en el cielo.

¿Y los que en su riqueza se olvidan de los pobres, en sus hartazgos de los que pasan hambre, en sus francachelas de los que lloran, en sus aduladas grandezas de los que son perseguidos? - ¡Ay de vosotros que lo tenéis todo menos lo verdaderamente importante: el que da la recompensa del cielo.

DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS  6, 17. 20-26

Dichosos los pobres; ¡ay de vosotros, los ricos!

En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.

Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: "Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.

Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.

Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis.

¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas."

Palabra del Señor.