REFLEXIONES  

22- Septiembre

25º DOMINGO

TIEMPO ORDINARIO


 "

"Ningún siervo puede servir a dos amos"

 

 


 

REFLEXIÓN 1

CAMINANDO A CIEGAS

La cultura laicista que se está imponiendo en nuestra sociedad, por una opción clara de algunos de nuestros gobernantes, le lleva a estar en constante pugna con los valores religiosos de la mayoría.

Se intenta no sólo desacreditar las religiones, y más concretamente todo lo que suene a cristiano católico, sino que se desacredita el mismo concepto de Dios.

Dios no existe, Dios es un invento, Dios es el refugio de los que no quieren tomar la vida en sus manos y hacer lo que les apetezca.

Últimamente estamos asistiendo a la promoción de una serie de exposiciones sacrílegas, ofensivas para la sensibilidad de los creyentes cristianos, y que entran dentro de ese programa de aniquilar, de eliminar de la sociedad de todo lo que suene a cristiano católico. Ciertamente no promocionarían exposiciones de ese calibre teniendo como motivo lo más sagrado del Islam.

Sin responder a la provocación, se nos dice que somos generadores de violencia.

¿Por qué interesa  afirmar que Dios no existe y que las regiones son un peligro?

Porque sin Dios, sin personas que vivan desde Él, no hay límites  para la ambición y el egoísmo del hombre; sin Él, muchos creen que desparece la conciencia del bien y del mal, dejando el valor moral de las acciones a la pura subjetividad; sólo sin Dios, dicen algunos,  se puede acceder a la verdadera libertad.

Sin Dios no hay revelación, voluntad de Dios, Ley de Dios, Mandamientos, Palabra de Dios...

No interesa que haya Dios para no oír palabras como la del profeta Amós. No interesa que, en nombre de Dios, se llame sinvergüenzas a más de uno; que se les llame explotadores del pobre y tramposos. Crean o no crean, Dios no olvidará sus acciones.

No interesa que haya Dios a aquellos que quieren erigirse en "dioses". Cuántos hay que, cuando llegan al poder, se endiosan, y no sólo en la época del imperio romano. En lugar de hacer ellos la voluntad de Dios, obligan a los demás a hacer su voluntad, la voluntad de los "diosecillos".

No interesa que haya un único Dios, para llenarse de ídolos: el poder, el tener, el consumir, el dinero, la ambición, el sexo, el hedonismo, las propias ideas...

No se puede servir a Dios y al dinero; no se puede servir a Dios y a los ídolos.

Decíamos la semana pasada que Dios es amor y Misericordia, también para los que no creen, también para los que le rechazan. San Pablo nos recuerda en su carta a Timoteo que Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad; también nos manda, más aún, nos ruega que en la celebración de la Eucaristía, en la oración de los fieles, recemos por todos los hombres, también por los gobernantes.

Así, pues, recemos ahora en nuestra oración universal, en nuestras peticiones, por los que gobiernan, por los que tienen autoridad, por los que rechazan a Dios; que lleguen al conocimiento de la verdad.
 

 

 

 

REFLEXIÓN  2

NO PODÉIS SERVIR A DIOS Y AL DINERO

Teóricamente ya entendemos la radical incompatibilidad que denuncia Jesús, cuando nos grita: «No podéis servir a Dios y al dinero».

Sabemos que no puede uno, al mismo tiempo, vivir esclavo de su bienestar económico y escuchar sinceramente las exigencias de un Dios que es Padre predilecto de los más pobres y nos llama a estar cerca de los más necesitados.

Pero no nos sentimos demasiado interpelados. No creemos que estamos tan esclavizados por el dinero sino sencillamente que nos preocupamos de asegurar las necesidades más «normales» hoy en una familia.

Por otra parte, tampoco terminamos de creernos que la fe exija una constante y real solidaridad con los más abandonados. ¿No es suficiente «dar alguna ayuda» de vez en cuando?

La catástrofe que hemos vivido recientemente ha provocado reacciones que merecerían un estudio detenido. De pronto, hemos podido ver a hombres y mujeres, unidos por la tragedia, luchando juntos por su subsistencia, repartiéndose lo poco que tenían y compartiendo lo más indispensable para vivir.

Empobrecidos repentinamente por la calamidad y desguarnecidos ante la fuerza incontenible de la naturaleza, parecía más fácil compartirlo todo y solidarizarse como hermanos.

Pero las aguas han vuelto de nuevo a su cauce y, probablemente, también nosotros volveremos a nuestra vida egoísta de siempre, al aislamiento, la insolidaridad y la lucha despiadada en que cada uno volverá a preocuparse casi exclusivamente por «lo suyo». Ciertamente es difícil vivir la solidaridad cuando uno se organiza de nuevo la vida en función de su bienestar personal y familiar exclusivamente. Cuando más satisfacemos nuestros caprichos, más aumenta en nosotros la apatía y la insolidaridad.

Las palabras de Jesús deben interpelar nuestra conciencia cristiana. No se puede invocar a Dios como Padre de todos y vivir como espectador neutral de la desgracia ajena. Para los cristianos, no hay sufrimiento alguno que nos pueda ser ajeno.

No se puede servir al Dios de Jesucristo y aprovecharse de una desgracia general para asegurar mejor la prosperidad del propio negocio al margen de las necesidades ajenas. No es cristiano poner la desgracia colectiva de las gentes al servicio de ideologías y partidismos interesados.

Y, sobre todo, es inadmisible ofrecer a los que sufren un «consuelo barato» hablándoles de la «ayuda de Dios en medio de la prueba», sin combatir con todos los medios a nuestro alcance, el sufrimiento que los hombres podemos evitar o suavizar.

JOSE ANTONIO PAGOLA
(mercabá)

 

 

 

 

REFLEXIÓN  3

NO PODÉIS SERVIR A DIOS Y AL DINERO

1- El peligro de las riquezas. Como todos los domingos la Primera Lectura, el Salmo y el Evangelio guardan entre sí una estrecha relación. La sentencia con la que culmina el Evangelio de Lucas en este día nos aclara el tema central de la Palabra de Dios: "No podéis servir a Dios y al dinero". Lucas es el evangelista de la misericordia, pero también el que defiende a los pobres y oprimidos, porque seguramente estaba dirigido a una comunidad en la que había grandes diferencias sociales y económicas. Los bienes de este mundo pueden considerarse como una bendición de Dios, pero suponen también un grave peligro en la medida en que nos esclavizan y nos hacen "materialistas", con el consiguiente olvido de Dios y de todo lo espiritual.

2- Dios toma partida por lo pobres Lo que denuncia el profeta Amós es la riqueza fruto de la injusticia. Amós es uno de los "doce profetas menores", el más antiguo de ellos: predicó en el siglo VIII antes de Cristo. Nació en la aldea de Téqoa (cerca de Belén), donde se dedica al oficio de cultivar higos y a sus rebaños. Pero predica en el Reino del Norte, unos treinta años antes de la conquista de los Asirios. Es curioso, pero el Reino está viviendo un período de prosperidad económica, que hace que sus habitantes se olviden de Dios y reine la corrupción moral y religiosa. Seguro que además de los que se aprovecharon de la bonanza económica la inmensa mayoría vivía sumida en la miseria. ¿No pasa esto mismo en nuestra sociedad opulenta, la llamada "sociedad del bienestar"?. Muchos millones de personas en la Tierra pasan hambre, tienen que buscarse la vida emigrando a otros países en pateras y barcos que se hunden en el mar. Hay muchos explotadores que incluso tratan a sus semejantes como esclavos y les extorsionan hasta que "pagan la deuda" asumida en su peligroso trayecto por la mar. Dios toma partida por los pobres y llega a decir que "no olvidará jamás vuestras acciones". En cambio, como proclamamos en el Salmo 112 "Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes".

3- Jesús en el Evangelio no alaba la injusticia. No hay que tomar al pie de la letra el "Ganaos amigos con el dinero injusto". Lo que alaba es la astucia en el proceder. Nos anima a no dejarnos engañar por los criterios de este mundo y a emplear los medios adecuados para poner en práctica el Evangelio. Ser cristiano no es ser ingenuo o apocado, es estar despierto y saber emplear los medios necesarios frente a la astucia de los que quieren imponer otros valores que no son los evangélicos. Obligándonos a elegir entre Dios y el dinero, Jesús nos invita a la felicidad que produce un espíritu liberado y desinteresado, frente a la esclavitud de lo material. El capítulo 16 de Lucas termina con la narración de la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro.

4- Una nueva imaginación de la caridad y de la justicia. El gran pecado es no saber "compartir". Hace falta una nueva imaginación de la caridad, que debe partir siempre de la justicia. Mohamed Yunus, premio Nóbel de la Paz 2006, llamado "El banquero de los pobres", ha declarado que "la paz está amenazada por la injusticia del sistema económico, social y político, por la ausencia de democracia y por las violaciones de los derechos humanos. Se puede decir más alto, pero no más claro: la paz se consigue combatiendo la pobreza y favoreciendo la justicia. El sí ha tenido imaginación. Es el fundador del Banco Grameen, que se dedica a dar micro-créditos a los bangladesís más pobres, aquellos que no pueden acceder a ningún tipo de crédito, pues carecen de todo. No se les pide ningún aval, como hacen los demás bancos y la restitución del crédito es cuestión de un código de honor, según palabras del propio Yunus. Estos micro-créditos permiten el autoempleo y aliviar su situación de miseria. Es una manera de luchar contra la pobreza de manera efectiva y más allá de las buenas palabras. También fue claro al decir que la pobreza existe porque queremos que exista, pues hacemos muy poco por combatirla. Y puso el ejemplo de que si el hombre quiso llegar a la luna y lo consiguió, seguro que acabaría con la pobreza si se lo propusiera. Es una pena que para algunas cosas pongamos todo nuestro empeño, pero para otras seamos tan perezosos..... Y es que la solidaridad comienza en nuestra cabeza y en nuestro corazón. Por lo menos, no colaboremos a la injusticia. Es sangrante ver cómo muchos de los que nos llamamos cristianos "regateamos" a la hora de pagar un salario justo a las personas que cuidan de nuestros mayores o realizan servicios que nosotros no queremos realizar. Jesús nos invita a ser honrado en lo menudo, en nuestros pequeños asuntos. Construir un mundo más justo no es un sueño imposible. Comenzar a soñar es comenzar a cambiar.

Por José María Martín OSA