REFLEXIONES  

11 - Agosto

19º DOMINGO

TIEMPO ORDINARIO


 " "Tened ceñida la cintura y encendidas las lámparas "

 

 


 

REFLEXIÓN 1

EL GRAN REGALO

El mundo en el que vivimos se ha convertido en un gran mercado. Todo se compra y se vende. Cualquier producto tiene su "made in...". Ya no hay fronteras para los productos de consumo.

Tener dinero y consumir se han convertido en símbolos de nuestro tiempos, en signos de posición y de éxito.

En este ambiente suenan las palabras de Jesús: "Vuestro Padre a tenido a bien darnos el Reino"

El Reino de Dios se da, se regala. ¿Quién podría comprar el Reino? Algunos, es verdad, lo han intentado con sus donativos y limosnas, con sus "ayudas" a la Iglesia.

El Reino de Dios hay que desearlo con todo el corazón; por eso no podemos tener el corazón parcelado, apegado a las cosas de esta tierra y a la vez al Reino; no podemos estar atados a nuestros pequeños tesoros, ya que no nos dejarán despegar para alcanzar el gran tesoro.

Dios como eje central de nuestra vida. Vivir todos los momentos y situaciones de la existencia desde Él, desde su Palabra, desde sus mandamientos, desde el ejemplo de vida que nos ha dejado en la del Hijo, Jesucristo.

Vivir desde Él, la familia, las relaciones interpersonales, los bienes materiales, que se convierten en medios y no en fines en sí mismos.

Vivir desde Dios no es abandonar nada ni a nadie, sino darle un sentido diferente; el sentido que le dan aquellos que creen que la vida no se agota en esta tierra y que, cuando nosotros nos vamos más allá, las cosas quedan acá.

Si creemos en Dios y en sus promesas, seremos capaces de poner nuestro corazón en el tesoro del Reino de Dios.

El Reino, que sabemos que viene, aunque no cuándo llega a su plenitud,  se va construyendo en la medida que vamos despegando nuestros corazón de las ataduras de las cosas y lo vamos apegando al Señor.

Dichosos aquellos que, cuando el Señor venga, estén con la cintura ceñida y las lámparas encendidas, es decir, estén preparados. El mismo Señor los sentará a su mesa y les servirá.

Y en la Eucaristía tenemos el gran anticipo: el Señor nos sienta a su mesa, nos sirve, y se da él mismo como alimento.

El Reino de Dios es como el tesoro escondido en el campo. El que lo encuentra, vende todo lo que tiene y compra el campo. Aprendamos la lección.

 

 

 

REFLEXIÓN  2

¿DONDE PONER EL CORAZÓN?

Un tesoro inagotable en el cielo...

El hombre actual está perdiendo su fe ingenua en las posibilidades ilimitadas del desarrollo tecnológico. Aumenta cada vez más el número de los que toman conciencia de que el mismo poder que permite al hombre crear nuevos estilos de vida, lleva consigo un potencial de autodestrucción y degradación.

Y por si fuera poco, la grave crisis económica que estamos sufriendo ha terminado de desconcertar a los más optimistas.

No es extraño, entonces, que crezca el escepticismo, la falta de fe en las ideologías, la desconfianza en los grandes sistemas. Al hombre actual se le hace difícil creer en algo que sea válido y verdadero para siempre. No sabe ya dónde «poner su corazón». Son muchos los que viven «a la deriva» sin esperanza ni desesperación. Víctimas pasivas e indiferentes de un mundo que les resulta cada vez más dislocado.

Entonces, la vida se vacía de sentido. El hombre pierde la fuente de su propia creatividad. No sabe para qué trabajar. El vivir se reduce a una cadena de sucesos, situaciones e incidentes, sin que nada realmente vivo le dé sentido y continuidad.

En medio de este «comportamiento errático» lo importante parece ser disfrutar de cada fragmento de tiempo y buscar la respuesta más satisfactoria en cada situación fugaz. ·Lifton-R considera que el problema central del hombre contemporáneo es la pérdida del sentido de inmortalidad. Esa conciencia de inmortalidad «que representa un estímulo irresistible y universal a conservar un sentido interior de continuidad, más allá del tiempo y del espacio».

Y, sin embargo, el hombre de hoy, como el de siempre, necesita poner su corazón en un «tesoro que no pueda ser arrebatado por los ladrones, no roído por la polilla». ¿Cómo encontrarlo?

Desde la fe cristiana, no existe otro camino sino el de penetrar hasta el centro mismo de nuestra existencia, no evitar el encuentro con el Invisible, sino abrir nuestro corazón al misterio de Dios que da sentido y vida a todo nuestro ser.

Esto que a muchos puede parecer, desde fuera, algo perfectamente estúpido e iluso, es para el creyente fuente de liberación gozosa que le enraiza en lo fundamental, central y definitivo.

A veces, una palabra hostil basta para sentirnos tristes y solos. Es suficiente un gesto de rechazo o un fracaso para hundirnos en una depresión destructiva. ¿No tendremos que preguntarnos dónde tenemos puesto nuestro corazón?

JOSE ANTONIO PAGOLA

(mercabá)

 

 

 

REFLEXIÓN  3

LA IMPORTANCIA DE LAS COSAS

Vigilantes jurados, cámaras acorazadas, seguros contra robos... Qué importancia damos a algunas cosas.

Es más fácil proteger nuestras cosas, que relativizarlas y utilizarlas en la medida que las necesitamos.

Es más fácil proteger nuestros bienes, que orientar nuestra vida en otra dirección, en la que no sean tan importantes las cosas materiales.

Y, sobretodo, necesitamos una fe grande, como la de Abraham, Isaac, Jacob, Sara..., para fiarnos de la palabra de Dios que nos dice que lo importante, lo definitivo, lo que dura para siempre, es su reino, su "Tierra Prometida".

Nuestra fe afirma que el Señor volverá, aunque no sepamos ni el día ni la hora. Por eso nos dice el Señor que no nos despistemos con las cosas de este mundo, que estemos preparados para recibir su Reino.

Dichosos nosotros si, cuando venga, nos encuentra preparados, nos sentará a su mesa y nos servirá; nos pondrá al frente de todos sus bienes.

La Eucaristía es signo y anticipo del Reino. El Señor nos ha sentado a su mesa, nos sirve y se da como alimento. En ella encontramos fuerza para seguir caminando en esta vida, hasta que el Reino llegue a su plenitud.