REFLEXIONES  

28 - Julio

17º DOMINGO

TIEMPO ORDINARIO


 " Señor, enséñanos a orar,
como Juan enseñó a sus discípulos"

 

 


 

REFLEXIÓN 1

EL CAMINO DE LA ORACIÓN

El camino de Jesús fue un camino de oración. Lucas es el evangelista que más veces hace alusión a Jesús orante, tanto en comunidad como en solitario, en momentos de alegría o de crisis.

El camino de los cristianos debe ser también un camino de oración. El mismo Lucas, en el libro de los Hechos, presenta muchas veces a la comunidad apostólica en oración, así como a sus protagonistas personalmente. El domingo pasado, con la escena de Marta y María, nos recomendaba saber escuchar la Palabra de Cristo. Hoy nos ayuda a entender la importancia de la oración en nuestra vida.

Hay varios temas que podrían ser elegidos como tema o filón de la homilía de hoy: el Padrenuestro, como la oración que nos enseña el mismo Jesús; la "perseverancia" en nuestra oración; o también nuestra inserción, por el Bautismo, en el misterio Pascual de Cristo: 2a. lectura. Pero tal vez la mejor línea es sencillamente captar lo que Lucas nos quiere decir sobre el lugar de la oración en nuestra relación dialogal con Dios. 

Oración significa apertura para con Dios. Nuestra vida no puede estar centrada en nosotros mismos, o en las cosas y afanes de este mundo: debe contar también con Dios y abrirse a El. Orar es saber escuchar su Palabra, y dirigirle -personal y comunitariamente- nuestra palabra de alabanza y de súplica, con confianza de hijos.

La oración es algo más que recitar unas fórmulas o poner en marcha un mecanismo "comercial" para obtener favores de Dios. Es, sobre todo, una convicción íntima de que Dios es nuestro Padre y que quiere nuestro bien más que nosotros mismos.

La lección primordial de la parábola de hoy es la confianza que debemos tener en Dios. Si uno consigue de su amigo, aunque sea de noche, lo que pide; si un hijo puede esperar que su padre le dé lo mejor; si Abraham logra que Dios le escuche: cuánto más nosotros, que por Cristo somos hijos en la familia de Dios, podemos dirigirnos con confianza a nuestro Padre. El protagonista de la parábola no es "el que pide" -por eso, la conveniencia en no cargar hoy el acento en las cualidades de nuestra oración- sino "el que da ", o sea, Dios. La frase fundamental es: "cuánto más vuestro Padre celestial".

José Aldazábal

 

 

 

REFLEXIÓN  2

APRENDER EL PADRENUESTRO

Hemos recitado tantas veces el Padrenuestro y, con frecuencia, de manera tan  apresurada y superficial, que hemos terminado, a veces, por vaciarlo de su sentido más  hondo.

Se nos olvida que esta oración nos la ha regalado Jesús como la plegaria que mejor  recoge lo que él vivía en lo más íntimo de su ser y la que mejor expresa el sentir de sus  verdaderos discípulos.

De alguna manera, ser cristiano es aprender a recitar y vivir el Padrenuestro. Por eso, en  las primeras comunidades cristianas, rezar el Padrenuestro era un privilegio reservado  únicamente a los que se comprometían a seguir a Jesucristo.

Quizás, necesitamos «aprender» de nuevo el Padrenuestro. Hacer que esas palabras que  pronunciamos tan rutinariamente, nazcan con vida nueva en nosotros y crezcan y se  enraícen en nuestra existencia.

He aquí algunas sugerencias que pueden ayudarnos a comprender mejor las palabras  que pronunciamos y a dejarnos penetrar por su sentido.

Padre nuestro que estás en el cielo. Dios no es en primer lugar nuestro Juez y Señor y,  mucho menos nuestro Rival y Enemigo. Es el Padre que desde el fondo de la vida, escucha  el clamor de sus hijos.

Y es nuestro, de todos. No soy yo el que reza a Dios. Aislados o juntos, somos nosotros  los que invocamos al Dios y Padre de todos los hombres. Imposible invocarle sin que crezca  y se ensanche en nosotros el deseo de fraternidad.

Está en el cielo como lugar abierto, de vida y plenitud, hacia donde se dirige nuestra  mirada en medio de las luchas de cada día.

Santificado sea tu Nombre. El único nombre que no es un término vacío. El Nombre del  que viven los hombres y la creación entera. Bendito, santificado y reconocido sea en todas  las conciencias y allí donde late algo de vida.

Venga a nosotros tu Reino. No pedimos ir nosotros cuanto antes al cielo. Gritamos que el  Reino de Dios venga cuanto antes a la tierra y se establezca un orden nuevo de justicia y  fraternidad donde nadie domine a nadie sino donde el Padre sea el único Señor de todos.

Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. No pedimos que Dios adapte su  voluntad a la nuestra. Somos nosotros los que nos abrimos a su voluntad de liberar y  hermanar a los hombres.

El pan de cada día dánosle hoy. Confesamos con gozo nuestra dependencia de Dios y le  pedimos lo necesario para vivir, sin pretender acaparar lo superfluo e innecesario que  pervierte nuestro ser y nos cierra a los necesitados.

Perdona nuestras ofensas, egoísmos e injusticias, pues estamos dispuestos a extender  ese perdón que recibimos de Ti a todos los que nos han podido hacer algún mal.

No nos dejes caer en la tentación de olvidar tu rostro y explotar a nuestros hermanos.  Presérvanos en tu seno de Padre y enséñanos a vivir como hermanos.

Y líbranos del mal. De todo mal. Del mal que cometemos cada día y del mal del que somos  víctimas constantes. Orienta nuestra vida hacia el Bien y la Felicidad.

JOSE ANTONIO PAGOLA
(mercabá)