PALABRA DE DIOS 

 

PRIMERA LECTURA.
Hechos de los Apóstoles 12, 1-11

 

PRESENTACIÓN

Pedro ha llenado con su palabra y con su acción los capítulos anteriores del libro de los Hechos. Ahora va a desaparecer casi por completo. Lo encontraremos sólo en el cap. 15, con motivo de la Asamblea de Jerusalén.

En esta especie de despedida, Lucas presenta a Pedro viviendo una experiencia salvífica. Salvación que recuerda, por una parte, la salida de Egipto, y por otra, la Pasión y Resurrección de Jesús.

Todo sucede precisamente en los días de Pascua, y de noche; con una intervención milagrosa del ángel del Señor. Como en la primera Pascua, cuando el ángel puso fin a la opresión del pueblo e inició el éxodo hacia la libertad. Como en la Pascua por excelencia, cuando Jesús pasa de la muerte a la vida, del Mundo al Padre.

Como Jefe de la Iglesia, comunidad salvífica, Pedro revive en sí mismo la experiencia de salvación del pueblo escogido, figura del auténtico pueblo de Dios. Como continuador y representante de Cristo, recorre personalmente el mismo camino del Maestro. Persecución y salvación son los dos polos del camino de la Iglesia.

También nuestra existencia cristiana gira en torno a estos dos centros. Cristo, en su muerte y resurrección, nos ha salvado radicalmente del pecado y de la muerte: pero no ha abolido la presencia de estas realidades en nuestra experiencia cotidiana.

La Eucaristía, al hacer presente la Salvación de Cristo, nos comunica una continua liberación personal, al mismo tiempo que crea y acrecienta la comunidad de salvación, que es la Iglesia.

 

 

 

Pedro, jefe de la Iglesia, tenía que probar las cadenas en su propia carne, para poder después proclamar el Evangelio como un pregón contra todo tipo de cadenas que intenten impedir al hombre realizarse plenamente.

 

 

Lectura de los Hechos de los Apóstoles 12,1-11.

En aquellos días, el rey Herodes se puso a perseguir a algunos miembros de la Iglesia. Hizo decapitar a Santiago, hermano de Juan. Al ver que esto agradaba a los judíos, mandó detener a Pedro. Era la semana de Pascua. Mandó prenderlo y meterlo en la cárcel, encargando su custodia a cuatro piquetes de cuatro soldados cada uno: tenía intención de ejecutarlo en público, pasadas las fiestas de Pascua. Mientras Pedro estaba en la cárcel bien custodiado, la Iglesia oraba insistentemente a Dios por él.

La noche antes de que lo sacara Herodes estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, atado a ellos con cadenas. Los centinelas hacían guardia a la puerta de la cárcel.

De repente se presentó el ángel del Señor, y se iluminó la celda. Tocó a Pedro en el hombro, lo despertó y le dijo:

-Date prisa, levántate.

Las cadenas se le cayeron de las manos y el ángel añadió:

-Ponte el cinturón y las sandalias.

Obedeció, y el ángel le dijo:

-Echate la capa y sígueme.

Pedro salió detrás, creyendo que lo que hacía el ángel era una visión y no realidad. Atravesaron la primera y la segunda guardia, llegaron al portón de hierro que da a la calle, y se abrió solo. Salieron, y al final de la calle se marchó el ángel.

Pedro recapacitó y dijo:

-Pues era verdad: el Señor ha enviado a su ángel para librarme de las manos de Herodes y de la expectación de los judíos.

Palabra de Dios

 

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 33

PRESENTACIÓN

El Salmo 33 es un canto de acción de gracias. Son muchos los beneficios que el salmista ha recibido del Señor y se ve en la necesidad de agradecérselos. En tantos momentos, especialmente en las pruebas de la vida, ha visto la mano bondadosa de Dios, su fidelidad, su solicitud, que ahora quiere expresar en un canto estupendo toda su gratitud al Dios providente de Israel.

Las pruebas que Dios permite no superan nunca las fuerzas del justo, de modo que las fuerzas del mal no parecen romper el equilibrio de la fidelidad.

El salmista tiene experiencia de esta protección y solicitud de Dios y por eso le agradece su bondad y al mismo tiempo comunica a los demás su vivencia, exhortándolos a la fidelidad y a la confianza, invitándoles incluso a que ellos mismos tengan esa experiencia de la providencia y de la cercanía de Dios.

Por esto este salmo tiene igualmente un cariz sapiencial y exhortativo.

SALMO 33

R/. El ángel del Señor
         librará a los que temen a Dios.

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.
R/. El ángel del Señor
         librará a los que temen a Dios.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor y me respondió,
me libró de todas mis ansias.
R/. El ángel del Señor
         librará a los que temen a Dios.

Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligirlo invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias.
R/. El ángel del Señor
         librará a los que temen a Dios.

El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor;
dichoso el que se acoge a él.
R/. El ángel del Señor
         librará a los que temen a Dios.

 

 

SEGUNDA LECTURA
Timoteo 4,6-8.17-18.

PRESENTACIÓN

El texto es tan claro que no necesita comentario. Por ser heraldo, apóstol y maestro del evangelio (1, 11ss), Pablo está en la cárcel de Roma (1, 8. 16), lleva cadenas como un criminal (2, 8). Ante el tribunal que le juzgaba nadie salió en su defensa (4, 16). Sabedor de que su muerte es inminente (v. 6), Pablo deja su último testamento.

Estoy para derramar mi sangre. Pablo, que escribió tan poco de los sacrificios rituales, nos habla de este sacrificio existencial de su vida como coronación de su actividad apostólica. Una doble imagen, tomada del mundo pugilístico y de las carreras, ilustra su entrega plena y total al anuncio del evangelio (v. 7). Pablo ha participado en el noble combate de la fe (1 Tim. 6, 12) y ha corrido, no sin rumbo fijo, sino teniendo ante la vista la meta que ahora está a punto de alcanzar. Como vencedor, espera no la liberación de la cárcel, sino la corona del triunfo eterno, corona que no se marchita.

Nadie debe avergonzarse de que el apóstol y maestro haya ido a parar a la cárcel, sino que debe compartir los sufrimientos que el anuncio del evangelio lleva consigo. Todos deben saber que el que se proponga vivir como buen cristiano será perseguido (3, 12).

Pablo al final de su vida está lleno de esperanza y optimismo, porqué tiene conciencia de haber luchado el combate legítimo y de haber guardado las reglas del juego.

Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a Timoteo 4,6-8.17-18.

Querido hermano:

Yo estoy a punto de ser sacrificado y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida.

El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. El me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. ¡A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén!

Palabra de Dios

 

ACLAMACIÓN
Mateo 16, 18

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

 

EVANGELIO
San Mateo 16,13-19.

PRESENTACIÓN

La región en que tiene lugar la escena se encuentra al noreste de Galilea de los paganos. Sin ser totalmente una tierra extranjera, la región participa mucho de esta condición. Si a esto se añade el contexto precedente que habla de la prevención contra la enseñanza específicamente religiosa judía, tendremos que concluir que Mateo está presentando y escribiendo en clave y perspectiva de una nueva realidad religiosa.

Esta nueva realidad va a recibir en este texto el nombre de Iglesia de Jesús (v.18). Es la primera vez que el término Iglesia aparece en el evangelio de Mateo para designar la comunidad de discípulos de Jesús, es decir, la comunidad de creyentes en él.

El término griego empleado es el mismo que la traducción griega del A.T., llamada de los Setenta, emplea para traducir pueblo, asamblea, congregación.

En el texto de hace dos domingos escuchábamos de labios de los discípulos el reconocimiento de Jesús como Hijo de Dios (Mt 14. 33). Es el mismo reconocimiento que escuchamos hoy de labios de Simón. Este reconocimiento distingue al discípulo de la gente.

"¿Quien dice la gente... quién decís vosotros que soy yo?" Mateo sigue operando con la división claramente introducida a partir del capítulo de las parábolas.

El reconocimiento de Simón adquiere la condición de fundamento o cimiento sólido. A esta condición debe Simón su sobrenombre de Pedro. Algo del juego de palabras del texto griego puede percibirse también en castellano: Pedro-piedra.

Sobre este cimiento, consistente en el reconocimiento de la identidad divina de Jesús por el hijo de Jonás, se levanta la comunidad o pueblo creyente. Por tratarse de un cimiento sólido, el edificio construido sobre él ofrece totales garantías. Esto es lo que quiere expresar la imagen recogida en la frase "el poder del infierno no la derrotará". El edificio es inexpugnable a la destrucción y a la muerte. Esta misma idea de la consistencia de un edificio construido sobre cimientos sólidos la ha expresado Jesús con otra imagen diferente en /Mt/07/25: "Vinieron las lluvias, se desbordaron los ríos y los vientos soplaron violentamente contra la casa; pero no cayó, porque estaba construida sobre un verdadero cimiento de piedra".

En la celebración eucarística nosotros nos edificamos como comunidad cristiana, asamblea de creyentes que preside Cristo, del cual es signo Pedro. Participando en el banquete común nos confirmamos en la verdadera fe, que potencia nuestra esperanza y nos hace vivir en caridad.


Lectura del santo Evangelio según San Mateo 16,13-19.

En aquel tiempo, llegó Jesús a la región de Cesarea de Felipe y preguntaba a sus discípulos:

-¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre?

Ellos contestaron:

-Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.

El les preguntó:

-Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

-Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.

Jesús le respondió:

-¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.

Ahora te digo yo:

-Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.

Palabra de Dios