PALABRA DE DIOS 

 

PRIMERA LECTURA
Hechos 4,33. 5,12. 27b-33; 12,1b.

PRESENTACIÓN

La predicación es el principio de un proceso que lleva con frecuencia a los testigos del evangelio ante los tribunales públicos e incluso ante la misma muerte. Pero esa muerte, como la de Santiago, es el más claro testimonio y la mejor prueba que pueden dar los apóstoles de que Jesús ha resucitado y su causa sigue viva en el mundo. "Mártir" significa lo mismo que "testigo", por eso los testigos de Jesús no retroceden ante el martirio. Sacerdotes y saduceos, que constituían la clase dirigente y dominante, se alarman al ver el éxito que tienen con el pueblo los discípulos de Jesús. Y mandan apresar a los apóstoles, que tienen que comparecer ahora en el sanedrín, lo mismo que Jesús.

El sumo sacerdote comienza el interrogatorio. En sus palabras se percibe la gran preocupación y el miedo que tienen estas autoridades de que el pueblo se vuelva contra ellas para pedirles cuentas por la sangre de Cristo que hicieron crucificar.

Los tiempos han cambiado considerablemente y está lejos aquella situación en la que los judíos, cegados por el odio al nazareno, pidieron a gritos: "Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos". Ahora resulta que nadie quiere cargar con las responsabilidades del crimen: sacerdotes y saduceos están interesados en olvidarlo todo y en hacerlo olvidar al pueblo. No quieren recordar ni tan siquiera el nombre de Jesús, y cuando hablan de él dicen "ese hombre". Pero los testigos mantienen viva la memoria de Jesús y enseñan al pueblo en su nombre. Por eso son objeto de persecución.

La respuesta de Pedro, en nombre de los demás apóstoles, es una clara denuncia y un anuncio abreviado del evangelio. Pedro denuncia abiertamente el crimen del sanedrín, que condenó a muerte a Jesús, y anuncia que este mismo Jesús es ahora el Señor en cuyo nombre es posible la conversión y el perdón de los pecados.

Santiago es la primera víctima de los apóstoles. Herodes lo manda decapitar para complacer a los judíos. Es el mismo Herodes que decapitó al Bautista. El martirio de Santiago es un estímulo para cuantos han recibido la misión de predicar el evangelio con oportunidad y sin ella, porque es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres.

EUCARISTÍA

Hechos 4,33. 5,12. 27b-33; 12,1b.

En aquellos días los Apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo.

Los trajeron y los condujeron a presencia del Consejo y el sumo sacerdote los interrogó:

-¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos respon- sables de la sangre de ese hombre.

Pedro y los Apóstoles replicaron:

-Hay, que obedecer a Dios antes que a los hombres. «El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús a quien vosotros matasteis colgándolo de un moderó.» «La diestra de Dios lo exaltó haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión con el perdón de los pecados.» Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.

Ellos al oír esto se consumían de rabia y trataban de matarlos y el rey Herodes hizo decapitar a Santiago, hermano de Juan.

Palabra de Dios

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 66

PRESENTACIÓN

El Señor tenga piedad y nos bendiga (v. 1). Que Dios nos bendiga (v. 8). La lectura "cristiana" de estos versículos, es decir, su alcance y comprensión a la luz de la plenitud de la Revelación, los convierten en hondos y luminosos.

La bendición de Dios se consuma en su Hijo Jesucristo, por medio del cual nos ha bendecido con toda clase de bienes espirituales 314

Aprovechemos este silencio contemplativo de nuestra oración para agradecer a Dios Padre estas bendiciones: en primer lugar, la bendición consistente en contemplarnos -antes, incluso, de la creación del mundo- como formando un solo cuerpo en la Persona de Cristo. Un cuerpo que llegará "al estado de varón perfecto, a la medida de la edad perfecta de Cristo".315 ¡Qué sublime predestinación!; después, la bendición consistente en realizar esta predestinación de una manera admirable: haciéndonos hijos suyos. ¡Qué excelsa dignidad!

Por medio de Cristo -de su Pasión y de su Muerte- podemos contemplar de nuevo el rostro del Padre, sereno y bondadoso.316 Viene, pues, a propósito la conclusión de nuestra meditación con esta antiquísima colecta sálmica: "Conociendo la tierra tus caminos, Padre santo, y todos los pueblos tu salvación, confesamos que Cristo es nuestro sendero y nuestra patria; por Él caminamos derechamente y llegamos a la más plena victoria; danos, pues, como regalo a aquél que hiciste para nosotros salvación. Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén."317

Ilumine su rostro sobre nosotros. Agustín desarrolla su plegaria "cristiana" con estas palabras: "Ya que nos grabaste tu imagen, ya que nos hiciste a tu imagen y semejanza, tu moneda, ilumina tu imagen en nosotros, de manera que no quede oscurecida. Envía un rayo de tu sabiduría para que disipe nuestras tinieblas y brille tu imagen en nosotros ... Aparezca tu Rostro, y si -por mi culpa-, estuviese un tanto deformado, sea reformado por ti, aquello que Tú has formado."318

La tierra ha dado su fruto: Son varios los Padres que, en el comentario a este versículo, nos ofrecen una interpretación concorde. ¡La Tierra! La Virgen María, es de nuestra tierra, de nuestra raza, de esta arcilla, de este lodo, de la descendencia de Adán. La tierra ha dado su fruto; el fruto perdido en el Paraíso y ahora reencontrado. La tierra ha dado su fruto.

Primeramente ha dado la flor: «Yo soy el narciso de Sarón y el lirio de los valles» (Cant 2: 1). Y esta flor se ha convertido en fruto: fruto porque lo comemos, fruto porque comemos su misma Carne. Fruto virgen nacido de una Virgen, Señor nacido del esclavo, Dios nacido del hombre, Hijo nacido de una Mujer, Fruto nacido de la tierra."319 "Nuestro Creador, encarnado en favor nuestro, se ha hecho, también por nosotros, fruto de la tierra; pero es un fruto sublime, porque este Hombre, nacido sobre la tierra, reina en los cielos por encima de los Ángeles."320 

Arocena (mercaba)

SALMO 66

R/. Oh Dios, que te alaben los pueblos,
         que todos los pueblos te alaben.

 El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación.

R/. Oh Dios, que te alaben los pueblos,
         que todos los pueblos te alaben.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia, 
riges los pueblos con rectitud, 
y gobiernas las naciones de la tierra.

R/. Oh Dios, que te alaben los pueblos,
         que todos los pueblos te alaben.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman 
hasta los confines del orbe.

R/. Oh Dios, que te alaben los pueblos,
         que todos los pueblos te alaben.

 

 

SEGUNDA LECTURA
2Corintios 4, 7-15

PRESENTACIÓN

"Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro". La verdad que se pronuncia desde una posición de fuerza se oscurece, resulta sospechosa y corre el riesgo de ser malentendida. Desde una posición de fuerza se puede vencer y negociar con el adversario, pero cuando se trata de convencer y de dar gratuitamente la verdad que hemos recibido, toda esa fuerza es debilidad. Por eso el evangelio sólo se puede ofrecer "en vasijas de barro", para que resplandezca en medio de nuestra debilidad.

Si la Iglesia ha de anunciar el Evangelio a los pobres lo ha de hacer desde la pobreza y desde la libertad. Por lo tanto, no desde el poder sino en la distancia del poder político y económico. El evangelio sólo puede predicarse con credibilidad desde la cruz, que es donde aparece su verdad desnuda.

Al celebrar hoy la fiesta de Santiago apóstol, nada hay tan urgente para la Iglesia en España que deshacer el equívoco del otro Santiago. Ya es hora de apearnos del caballo del triunfalismo y de la intransigencia. Ya es hora de ofrecer el evangelio "en vasijas de barro", humildemente, generosamente, libérrimamente.

EUCARISTÍA

Segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 4,7-15.

Hermanos:

Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros.

Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.

Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así, la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros.

Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús, también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros.

Todo es para vuestro bien. Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios.

 

ALELUYA

Astro brillante de España, apostol Santiago, tu cuerpo descansa en la paz, tu gloria pervive entre nosotros

 

 

EVANGELIO
Mateo 20, 20-28

PRESENTACIÓN

Podríamos resumir el evangelio de hoy con este pensamiento: el modelo del Reino, y por tanto de los que lo predican, no será el del poder político, sino el del servicio tal como Jesús lo entiende y lo realiza en su vida.

La petición que la madre de Santiago y Juan hace para sus hijos viene inmediatamente después del tercer anuncio de la pasión: no han comprendido cuál es la pretensión de Jesús ni cómo se va a realizar; pero el hecho de pedir que los dos estén estrechamente asociados al poder de Jesús ("sentarse a la derecha y a la izquierda") indica que le tienen confianza e incluso que le reconocen como Mesías.

Esta pretensión va totalmente desencaminada. Solamente el Padre sabe quiénes van a ocupar los primeros lugares en el Reino, y ni el martirio da derecho a esas aspiraciones. El discípulo no tiene que preocuparse de esto, sino de "beber el cáliz" de Jesús, es decir, estar en comunión con su mismo destino: en este contexto beber el cáliz hace referencia a las palabras inmediatamente anteriores de Jesús sobre su subida a Jerusalén y su crucifixión (cf. 20, 18-19).

La indignación de los otros diez se debe más a la envidia, al oír esta petición, que al hecho de que hayan comprendido "los secretos del Reino". Las normas que rigen en la comunidad mesiánica rompen con toda la ideología dominante en el mundo que la rodea especialmente con el modo de ejercer el poder en el mundo pagano ("los pueblos" o "las naciones"): su característica dominante es el absolutismo. Los que forman la comunidad mesiánica no deben asemejarse al modelo pagano; el modelo que Jesús propone es el del "servidor" (diakonos) y "esclavo" de los demás. La novedad de este modelo es el servicio a los demás: para los judíos era un honor llamarse servidores de Dios, pero no de los hombres.

Este servicio que Jesús propone tiene un modelo muy claro: Él mismo. Con sus últimas palabras corrige una concepción errónea que podía tenerse sobre su persona y al mismo tiempo se presenta como tipo del Siervo. Eso se hace en primer lugar con una frase negativa: "no ha venido para... ", y luego con otra positiva: "sino para dar su vida...", indicando que él será el verdadero Siervo de Yahvé y que su muerte tendrá el sentido de ser para todos los hombres una liberación ("rescate") para llevar una nueva vida.

JOSEP ROCA

Lectura del santo Evangelio según San Mateo 20,20-28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. El le preguntó:

-¿Qué deseas?

Ella contestó:

-Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda:

Pero Jesús replicó:

-No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?

Contestaron:

-Lo somos.

El les dijo:

-Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.

Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo:

-Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.

Igual que el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para dar su vida en rescate por muchos.