REFLEXIONES  

 

REFLEXIÓN - 1

"CONVERTÍOS AL REINO"

Una característica de muchas personas de nuestro tiempo es vivir el día a día, sin pensar en el mañana, que se mira como lo que aún no es, y no se sabe si será, y sin volver la vista atrás, pues el pasado ya no existe.

El hoy, lo inmediato, lo que se ve, se toca, se mide, se pesa, se compra o se vende.

Y la consecuencia que algunos sacan es que hay que vivir "a tope", que no hay cortapisas, ni leyes, ni moral; que lo importante, para los cuatro días que vamos a vivir, es pasárselo bien, entendiendo ese "pasárselo bien", como el no privarse de nada que a uno le apetezca y lograrlo como sea, pensando que el fin justifica los medios.

A quienes hemos optado por seguir a Jesucristo, el Señor, Dios y Mesías, estos planteamientos nos vienen estrechos, pues el horizonte no acaba donde llega nuestra vida, nuestra meta no es la muerte.

Para nosotros el horizonte es el horizonte de Dios, que es infinito, y la vida eterna en Dios es nuestro destino final.

El Reino de Dios, el reinado de Dios, es el regalo que nos ofrece Jesús al inicio de su misión pública.

Y para acoger este regalo, hemos de convertirnos. La conversión nos pide orientar nuestros pasos, nuestros pensamientos, para acoger con alegría el ofrecimiento de Dios.

Convertirse es aceptar el Reino como la Buena Noticia de Dios, por encima de las pequeñas "buenas noticias" de los que prometen y prometen y, después, no dan.

Convertirse al Reino es ir viviéndolo ya; caminar hacia él haciéndolo presente en nuestra vida, en nuestros comportamientos, demostrando con nuestras obras que el mundo que Dios quiere y que nos prepara para la eternidad, no es una utopía, algo inalcanzable.

Todo lo que hacemos para ser cada día mejores, para hacer nuestro entorno y nuestro mundo un poco mejor, todo lo que dejamos de lado para seguir la llamada de Jesucristo a seguirle, es construir el Reino de Dios, hacer que esté más cercano.

San Pablo nos dice que "el tiempo apremia", que estamos en la recta final, que el barco está llegando a puerto y no podemos decir: mañana empezaré a convertirme al Reino de Dios.

La Eucaristía es el alimento del pueblo que camina hacia el Reino y ella le da la fuerza para ir haciéndolo realidad.

La Eucaristía, anuncio y proclamación de la muerte y resurrección de Jesús, lo es, también, de la nuestra.

Hemos de vivir en el hoy de la historia como auténticas personas de fe.

 

REFLEXIÓN - 2

 

LOS PRIMEROS PASOS

Comenzamos hoy la lectura continua del evangelio de Marcos. Y la comenzamos con los primeros pasos de la predicación de Jesús, después de los acontecimientos introductorios (predicación de Juan, bautismo, tentaciones).

Los relatos de Marcos que vamos a leer en estos domingos hasta la Cuaresma son un continuo fluir de hechos que caen uno sobre otro pisándose los talones, en los que, con un frescor y una inmediatez que sólo se hallan en este evangelista, vemos a Jesús lanzado a actuar, "haciendo el bien y curando a todos los vejados por el diablo: por cuanto Dios estaba con él" (Hch 10,38): Marcos muestra cómo la aparición de JC representa la destrucción del diablo, del mal, de todo lo que oprime la vida concreta de los hombres. Y toda esta actividad de Jesús será la proclamación "en acto" de las palabras de síntesis que hoy encabezan el evangelio: "Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: Convertíos y creed la Buena Noticia".

En esta frase-resumen de la predicación de Jesús está concentrado un gran sentido que vale la pena recordar. "El Reino de Dios" es la expresión que había llegado a formular la esperanza del judaísmo: la esperanza del momento en que Dios mismo tomaría en sus manos la dirección del pueblo y de toda la historia, sin intermediarios, y que esto sería el único medio de asegurar que ningún mal podría tocar a los fieles; por eso, la gran proclamación de júbilo de los profetas y de los salmos de después del exilio consistía en anunciar "Yahvé reina!". Y la otra palabra clave es "Buena Nueva" (en griego "Evangelio"): esta expresión aparece por primera vez en el segundo Isaías, para indicar la "gran noticia" del retorno de los exiliados a Jerusalén, precedidos por Dios, que reinará en medio de ellos (Is 52,7); el retorno del exilio fue una experiencia de esto: la gran noticia de que Dios reina, la gran noticia de que el mal desaparece.

Y es esto lo que viene anunciar JC: que, definitivamente, la gran noticia de Dios presente en medio de los hombres para liberarlos ya es una realidad; y que por tanto hay que cambiar de manera de pensar y de vivir (=tener ganas de ser liberado; y vivir de acuerdo con esta liberación). Y Jesucristo, para proclamar todo esto, empieza reuniendo un grupo de gente que quiera ir con él y empaparse de esta doctrina (segunda parte del evangelio de hoy).

Y acto seguido (próximos domingos) empieza a realizar lo que anunciaba: primero liberando del mal concreto, del diablo concreto; después, en la cruz, venciendo definitivamente el mal y el diablo.

J. LLIGADAS
(mercaba)

 

REFLEXIÓN - 3

(18-25  Enero SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS)
     
(25 de Enero: LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO)

LAS COMUNIDADES FUNDADAS POR PABLO

En las comunidades fundadas por Pablo, lo que más llama la atención, es la explosión de vida nueva que se manifiesta de muchas maneras: dones, carismas, servicios, señales, milagros, oraciones, lectura de la Biblia, celebraciones, reuniones, alegría, coraje, anuncio, caminata, lucha, martirio. Es la fuerza de la resurrección invadiendo el mundo a través del testimonio de las comunidades, del ejercicio del amor fraterno:, la caridad y el testimonio, pues la fraternidad es el rostro humano del amor de Dios. En los comienzos de la Iglesia no había mucha organización, ni era necesaria pues la gente era poca, pero la difusión de las comunidades en la periferia de las grandes ciudades, exigía más organización, bajo el riesgo de perder su propia identidad, la organización fue necesaria a partir de las necesidades y se inspiraba en la tradición secular de los judíos y Pablo era su principal promotor.

Anima a la comunidad la fe en la resurrección como fuerza liberadora.

En el paso del primero al segundo período, a los 28 años, fue Dios quien tomó la iniciativa y lo derrumbó a la entrada de Damasco. En el paso del segundo para el tercer período, a los 41 años de edad, fue la comunidad quien tomó la iniciativa y lo envió para la misión. En el paso del tercero al último período de su vida, a los 53 años de edad, quienes tomaron la iniciativa fueron sus enemigos, Pablo es tomado preso en la plaza del templo, víctima de una conspiración y acusado de ser un dirigente de la secta de los nazarenos (Hech 2, 5).

La predicación de Pablo pasó de una religión de un pueblo determinado a una religión abierta a toda la humanidad.

Una muerte y un nuevo nacimiento, tanto del pueblo de Dios como del mismo Pablo, las comunidades por él fundadas eran el nuevo modo de ser pueblo de Dios, la transición del antiguo modo al nuevo modo, fue un parto doloroso, y cuando Pablo fue tomado preso en la plaza del templo, esa transición estaba en plena efervescencia, la misma prisión fue una reacción de los conservadores contra el cambio, y nacer de nuevo asusta a quien tiene cierta edad (Juan 3, 4). Fue a través del contacto con los paganos que Pablo llegó a entender el alcance único de la misión del pueblo judío en el conjunto de la historia de la salvación de la humanidad diciendo: Que en Cristo Jesús los pueblos paganos tienen derecho a la herencia, que ya no están aparte, y que van a gozar de la promesa. Esta es la Buena Nueva de la que llegado a ser servidor sin mérito alguno mío, pues Dios me concedió esta gracia en el momento que su fuerza actuó en mí y sabemos que; “Aquel que resucitó a Jesús, nos resucitará también con Jesús” (2 Cor 4, 8-14).

Cuando Pablo es apresado nuevamente y se lo conduce a Roma, es el período de la persecución de Nerón. Pablo prevé su condena (2 Tim 4, 16) y siente el fin cerca. “Combatí un buen combate, terminé mi carrera, conservé la fe (2 Tim 4-7) y una certeza lo acompañó en la vida “sé en quien puse mi confianza” (2 Tim 1, 12) y “ Estoy convencido de que ni la muerte es capaz de separarnos del amor de Dios que se manifestó en Cristo Jesús (Rom 8, 38-39). No se sabe como fue la última prisión de Pablo, ni cómo fue el juzgamiento, la condena y la muerte. La tradición conserva en la historia que fue condenado a morir por la espalda, fuera de los muros de la ciudad de Roma, en un lugar llamado “Tree Fontane” y cuenta la tradición que cortada por la espada, la cabeza de Pablo rodó, saltó tres veces y se detuvo, y en el lugar donde saltó, surgieron tres fuentes “Tree Fontane”. La muerte por la espada fue el último conflicto que él enfrentó, tenía más o menos 62 años de edad, su vida fue intensa, dejó marcas en la historia de la humanidad. ¡Que el ardor y el espíritu misionero de San Pablo nos contagie en nuestra tarea evangelizadora!

Resumen realizado por:
Mariel Florentino, marielflorentino@hotmail.com