PALABRA DE DIOS 

 

PRIMERA LECTURA
Éxodo 16, 2-4. 12-15

 

PRESENTACIÓN

En este texto del Éxodo podemos distinguir dos momentos: El Éxodo, camino hacia la libertad  y el Dios que alimenta a su pueblo.

El Éxodo, como camino hacia la libertad, es un momento intermedio entre la esclavitud y la tierra prometida.

El Señor camina junto a su pueblo, pero el trayecto es duro: no se consigue nada sin superar las dificultades.

Pero el pueblo lo quiere todo sin arriesgar nada por eso se quejan y murmuran ante cualquier adversidad. en realidad no están maduros para entrar en la tierra de promisión, la tierra que mana leche y miel.

Entre las muchas quejas y murmuraciones del pueblo de Israel en el desierto, la lectura de hoy nos habla de la falta de alimentos.

Cuando el camino hacia la vida se pone difícil, prefieren la muerte: "¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto", "nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a la comunidad"...

Prefieren seguridad con esclavitud al esfuerzo de ganar la libertad.

Pero Dios sigue queriendo la libertad de su pueblo: no los abandona, no los devuelve a Egipto, no les deja morir en el desierto.

Él los alimentará para que sepan que es su Dios y Señor.

El maná y las codornices son un don divino, la respuesta a las protestas de un pueblo hambriento.

La captura de codornices y el maná está relacionado con fenómenos naturales que se dan en la península del Sinaí.

Las bandadas de codornices que llegan tras una larga migración y que se encuentran escasas de fuerzas para remontar el vuelo y el maná ("¿qué es esto?" las gotas que segrega el tamarisco y que coagula al contacto con la tierra por el frío de la noche.

¿Dónde está, pues, el hecho maravilloso? En el momento y la situación en que sucede.

El que puedan saciar el hambre en un momento crítico es signo de la intervención salvadora de Dios.

Que no me queje tanto de lo que me falta y me fije más en los dones que recibo en cada momento de ti.



 

ÉXODO 16, 2-4. 12-15

En aquellos días, la comunidad de los israelitas protestó contra Moisés y Aarón en el desierto diciendo:

-¡Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto, cuando nos sentábamos alrededor de la olla de carne y comíamos pan hasta hartarnos! Nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda la comunidad.

El Señor dijo a Moisés:

-Yo haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a recoger la ración de cada día; lo pondré a prueba a ver si guarda mi ley o no. He oído las murmuraciones de los israelitas. Diles de mi parte: «Al atardecer comeréis carne, por la mañana os hartaréis de pan; para que sepáis que yo soy el Señor Dios vuestro.

Por la tarde una banda de codornices cubrió todo el campamento; por la mañana había una capa de rocío alrededor de él. Cuando se evaporó la capa de rocío, apareció en la superficie del desierto un polvo parecido a la escarcha. Al verlo, los israelitas se dijeron:

-¿Qué es esto?

Pues no sabían lo que era. Moisés les dijo:

-Es el pan que el Señor os da de comer.

Palabra de Dios

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 77

PRESENTACIÓN

PRIMERA LECTURA: CON ISRAEL,

* Este largo recuento histórico no es ni desesperado, ni desesperante, a pesar de las apariencias. A los pecados renovados sin cesar, Dios responde siempre con el perdón y nuevos beneficios. A pesar de todas las "infidelidades", Dios permanece "fiel" a su Alianza.

SEGUNDA LECTURA: CON JESÚS

* El salmo culmina con una perspectiva de esperanza: todo se espera de un DAVID rey-pastor íntegro, prudente que guía a su pueblo. Y Jesús se presenta como este "Pastor" que viene a "dar su vida para salvará su pueblo" (Juan 10). No olvidemos nunca que Jesús entró en aquella historia y que es El mismo, un "hecho histórico". Nuestra fe cristiana no es tanto una "doctrina" como un acontecimiento. Igual que este salmo, el Evangelio de San Juan resume toda la historia en un drama: el rechazo permanente opuesto por el incrédulo a los múltiples dones de Dios. "Vosotros me véis, y no creéis" (Juan 6,36>). "Os lo he dicho y no me creéis" (Juan 10,25).


Tenemos que anunciar lo que oímos y aprendimos de nuestros padres: el Señor nos alimenta con el Pan del Cielo

(SALMO 77)

R/. EL SEÑOR LES DIO PAN DEL CIELO

Lo que oímos y aprendimos,
lo que nuestros padres nos contaron,
lo contaremos a la futura generación:
Las alabanzas del Señor, su poder,
las maravillas que realizó.
R/. EL SEÑOR LES DIO PAN DEL CIELO

Dio orden a las altas nubes,
abrió las compuertas del cielo:
Hizo llover sobre ellos maná,
les dio pan del cielo.
R/. EL SEÑOR LES DIO PAN DEL CIELO

El hombre comió pan de ángeles,
el Señor les mandó provisiones hasta la hartura.
Los hizo entrar por las santas fronteras
hasta el monte que su diestra había adquirido.
R/. EL SEÑOR LES DIO PAN DEL CIELO

 

SEGUNDA LECTURA
Efesios 4, 17. 20-24

PRESENTACIÓN

San Pablo se dirige a los convertidos del paganismo y les pide que abandonen su antigua vida con la "vaciedad de sus criterios"; no pueden vivir a lo pagano una vez que, por el bautismo, han sido injertados en Cristo.

Quien ha "aprendido a Cristo", quien ha comprendido lo que dios, por medio de Él, ha hecho por nosotros, quien lo ha acogido por la fe y ha entrado a formar parte de los suyos, debe transparentar a Cristo, es decir: "abandonar el anterior modo de vivir",  "el hombre viejo y corrompido", "renovar la mente y es espíritu", "vestirse de la nueva condición".

Así, pues, San Pablo exhorta a vivir conforme a la fe que profesamos.

Sólo dejándonos llevar por el Espíritu del Señor podremos renovar nuestra mente, para que también nuestra vida sea totalmente nueva.

Si por el bautismo recibimos la vestidura blanca, también debemos revestirnos de la nueva condición humana: el hombre nuevo según el modelo que tenemos en Jesucristo.

Creados a imagen y semejanza de Dios, Jesucristo se nos presenta como el hombre total y perfecto al que debemos tender: Jesucristo justicia y santidad verdadera.


Señor, que rompa con las conductas que me apartan de Ti y me llevan a la corrupción del hombre viejo.
Que tu Espíritu me renueve.

DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS EFESIOS 4, 17. 20-24

Hermanos:

Esto es lo que digo y aseguro en el Señor: que no andéis ya, como es el caso de los gentiles, que andan en la vaciedad de sus criterios. Vosotros, en cambio, no es así como habéis aprendido a Cristo, si es que es él a quien habéis oído y en él fuisteis adoctrinados, tal como es la verdad en Cristo Jesús. Cristo os ha enseñado a abandonar el anterior modo de vivir, el hombre viejo corrompido por deseos de placer, a renovaros en la mente y en el espíritu. Dejad que el Espíritu renueve vuestra mentalidad, y vestíos de la nueva condición humana, creada a imagen de Dios: justicia y santidad verdaderas.

Palabra de Dios

 

ACLAMACIÓN

No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

 

EVANGELIO
Juan 6, 24-35

PRESENTACIÓN

Jesús acaba de realizar el milagro, el signo, de la multiplicación de los panes.

Ha tenido un éxito tan grande que quieren hacerle rey y se tiene que marchar a la montaña solo.

Jesús se da cuenta de que la gente le sigue por intereses muy personales: buscar la curación, haber comido hasta hartarse. Pero esa no es la finalidad de los signos que Jesús realiza, de sus milagros.

Hay una curación más importante que la del cuerpo: recordemos cuando le dijo al paralítico que le llevaron para que lo curara: "Hijo, tus pecados quedan perdonados".

Ahora también les dice que hay un alimento más importante que el perecedero, el que sirve para la vida eterna.

Jesús no es un mero "hacedor de milagros", el el Hijo del hombre, aquel que "ha sellado el Padre", que trae la curación definitiva, el alimento definitivo.

Para lograr esa curación, para lograr ese alimento hay que "abandonar el anterior modo de vivir", como decía San Pablo (2ª lectura) y acoger desde la fe y la vida al que el Padre ha enviado.

Moisés no fue "pan del cielo", no dio el maná a los israelitas en el desierto. como creían los judíos; fue Dios el que dio "pan del cielo" para que no muriesen en el desierto y pudieran llegar a la Tierra Prometida.

Ahora, en Jesús, el Padre da el verdadero y definitivo pan del cielo; en Jesús, el Padre hace que no pasemos más hambre, que no tengamos sed, pues Él, Jesús, es el Pan de la Vida.


Que no sea egoísta en mi relación contigo, Señor.

Que mis intereses sean los tuyos y mi fuerza la encuentre en el pan que baja del cielo y da la vida al mundo.

Sé Tú mi pan de vida.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN  6, 24-35

En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús. Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron:

-Maestro, ¿cuándo has venido aquí?

Jesús les contestó:

-Os lo aseguro: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros.

Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, dando vida eterna, el que os dará el Hijo del Hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.

Ellos le preguntaron:

-¿Cómo podremos ocuparnos en los trabajos que Dios quiere?

Respondió Jesús:

-Este es el trabajo que Dios quiere: que creáis en el que él ha enviado.

Ellos le replicaron:

-¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo."

Jesús les replicó:

-Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre quien os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.

Entonces le dijeron:

-Señor, danos siempre de ese pan.

Jesús les contestó:

Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí no pasará nunca sed.

Palabra del Señor.