REFLEXIONES  

 

REFLEXIÓN - 1

RITMO DEL APOSTOLADO

El fragmento evangélico de hoy explícita lo que, de modo más denso y concentrado, dirá  el propio Marcos en otro pasaje de su evangelio: "Y designó a doce para que estuvieran  con él y para enviarlos a predicar" (Mc 3, 14). En efecto, vemos en nuestro texto reflejados  los dos momentos de lo que podríamos llamar "ritmo del apostolado": estar con Jesús  ("Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco"), predicar la buena noticia a  los hombres ("Le contaron todo lo que habían hecho y enseñado"). Es interesante, sin  embargo, notar que el fin último de la misión apostólica se halla totalmente orientado hacia  los hombres. Siguiendo el ejemplo de Jesús, que no duda en sacrificar su deseo de  descanso y contemplación a las necesidades del pueblo, los apóstoles deben preocuparse  más de actuar y predicar que de asegurarse unos momentos de pura contemplación.

Todo ello puede aplicarse a los cristianos actuales, tanto a nivel personal como en el  aspecto comunitario. A menudo se presentan las finalidades de la vida cristiana de modo  excesivamente dicotómico: el cristiano debe amar a Dios, y luego a los hermanos; la Iglesia  tiene la finalidad de alabar al Padre, y luego de servir a los hombres. La perspectiva  correcta es, por el contrario, perfectamente unitaria. La verdadera acción cristiana no puede  prescindir, en ningún momento, de su radical orientación hacia Dios. La verdadera oración  cristiana no puede olvidar, en ningún momento, el amor al hermano. Para el cristiano, no se  trata de encontrar a Dios primero en la oración, y luego intentar buscarlo a través de la  acción. Ni se trata de encontrar a los hombres en la acción, y luego intentar una vinculación  por medio de la plegaria. El cristiano encuentra a Dios y a los hombres, de modo  inseparable, tanto en la acción como en la oración. Ni siquiera podría decirse que el lugar  más adecuado para encontrar a Dios fuera la plegaria y el más apropiado para amar a los  hombres fuera la actividad. No existen espacios y momentos privilegiados: toda acción  verdaderamente cristiana está compuesta de amor a Dios y a los hombres; toda oración  verdaderamente cristiana expresa amor al Padre y a los hermanos.

Si se estableciere una separación entre ambas realidades, nos apartaríamos del sentido  evangélico, puesto que la médula del cristianismo es la aceptación sin reticencias de la total  manifestación de Dios en el hombre. Y si tenemos en cuenta esta última afirmación,  deberemos aceptar que, en la práctica, el primado lo ostenta la orientación hacia los  hombres: para amar a Dios, es necesario amar al hermano; para servir a Dios, es necesario  servir a los hombres. 

JOAN LLOPIS

 

REFLEXIÓN - 2

"HABLAR A LA GENTE"

El periodista Marcos tira aquí dos fotos: Jesús con sus discípulos y Jesús con la gente.  Jesús, formador de hombres, escucha a sus elegidos que vuelven de su primera misión. Es  la única vez que Marcos los llama apóstoles, sin duda para subrayar su nueva relación con  Jesús. Ellos cuentan y cuentan; Jesús les escucha con una atención llena de amistad; se  han convertido en sus colaboradores, que pronto atraerán a él a la gente. Y esto nos  orienta hacia la segunda foto, la más importante: Jesús está rodeado de gente y él la mira.  Su mirada me remite a mis propias miradas: ¿es así como miro yo a la gente? Marcos dice:  "Le dio lástima de ellos". En el evangelio esta expresión nos revela siempre una verdadera  conmoción llena de cariño. Y Marcos nos da la razón de esta actitud: Jesús los ve "como  ovejas sin pastor". Diríamos, para la gente de hoy de la que formamos parte nosotros  mismos: hombres desorientados que no saben por qué sufren y por qué viven. 

He aquí por qué, a pesar de su enorme fatiga y de su necesidad de descanso en medio  del pequeño grupo de los discípulos, Jesús se entrega a aquella gente y se pone a  "enseñarla con calma". Vendrá más tarde el milagro de la multiplicación de los panes, pero  no es por el pan material por lo que ha venido Jesús. Sí, él les dará de comer, y más tarde  incluso será su pan de vida en la eucaristía.

Pero para que comprendan lo que él es y lo que les trae, en primer lugar es preciso que  les hable.

¿Hablar es tener lástima de la gente? Ciertamente cuando uno se dirige a la gente para  revelar la profundidad de sus esperanzas y el valor de lo que se le propone. Sólo Jesús  puede hacer esto, y nosotros cuando hacemos eco a su palabra: si no, no somos más que  predicadores impotentes.

Ser Jesús para la gente es mirarla como él, con un corazón lleno de cariño, y hablarle del  sentido de la vida. ¡Impulsando la vida! El hecho de que haya en nuestra civilización tan  avanzada tantos hombres que mueren de hambre o que se ven azotados por la guerra,  demuestra que los jefes que dirigen actualmente el mundo no miran a la gente, sino que  cuentan una y mil veces sus misiles.

-¿Entonces? ¡No podemos nada! Meditar sobre "Jesús y la gente" no cambiará al mundo.  Más vale que mire a mi alrededor a las pocas personas que puedo ayudar y quizás instruir.

-Eso hay que hacerlo, desde luego; mirar a lo lejos es a veces una evasión, pero cuando  nos encerramos en la única preocupación por los que están cerca, dejamos que el mundo  vaya errando sin pastores. ¿Quién puede gritar el evangelio sobre los techos sino los  cristianos? ¿Quién sabrá que Jesús está ahí, entre nosotros, para salvar al mundo, si los  cristianos se callan? "¿Dónde están los cristianos?, me decía una muchacha de dieciséis  años; ¿no saben que los están esperando por todas partes?".

El bienestar de la gente se juega en las elecciones, en las asambleas, en las discusiones  sobre las leyes y los presupuestos, en los combates por los indefensos, en los medios de  comunicación que crean la opinión pública. Mantenerse lejos de todo eso para ir a  refugiarse junto a Cristo es engañarse sobre Cristo. Cuando él miraba a la gente, se sentía  lleno de cariño, pero de un cariño que lo comprometía. Habló con calma a la gente y murió  por ella.

Ser discípulos suyos es intentar hablar a la gente por todos los medios. Y son muchos.  Es entrar en las grandes acciones contra la ignorancia, el hambre, la injusticia. Sólo el amor  que se compromete habla de Cristo.

ANDRE SEVE

 

 

REFLEXIÓN - 3

"LA SOLICITUD DE JESÚS"

1. Jesús se preocupa al mismo tiempo de los «apóstoles» y de la «muchedumbre». Por  una parte, los discípulos tienen necesidad de retirarse de vez en cuando a un «lugar  desierto y apartado»: su actividad les agobia y puede hasta desfondarlos; Jesús les invita a  descansar, para recuperar precisamente el sentido de la misión. Por otra parte, la  muchedumbre es digna de «lástima», porque no están a su cargo buenos servidores ni  tienen los pobres qué comer. Jesús les multiplicará el pan y será el supremo servidor. Y el  pueblo, naturalmente, sabe «reconocer» a sus propios pastores, es decir, a los que tienen  gestos reales de justicia y pronuncian palabras proféticas de verdad.

2. El compromiso precede a la palabra, y la vida cristiana está antes que la reflexión. Pero  la enseñanza cristiana del evangelio va ligada a la acción en función de las necesidades del  pueblo; el Evangelio no es para unos cuantos privilegiados, sino para todos. Sin embargo, el  pueblo siempre está abandonado a su suerte, y en tiempos de Jesús se encontraba  despojado de sus propias tierras, alejado del templo y de la sinagoga por impuro,  despreciado por sus propios jefes por ignorante, y desorientado por los falsos mesías.

3. La tarea pastoral es evidente: hacer que el pueblo sea pueblo de Dios en estado de  comunidad. De ordinario, el pueblo está sin organizar, escaso de recursos, aquejado de  padecimientos indebidos y manipulado por los que se consideran sus servidores, pero que,  de hecho, actúan como amos. A la inculturación popular del mensaje se une la encarnación  de los apóstoles en el seno del mismo pueblo. Una Iglesia que no es del pueblo no es  verdadera Iglesia.

CASIANO FLORISTÁN

OTRAS REFLEXIONES

XVI Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo B
San Marcos 6,30-34:
Un lugar para el descanso
Autor: Padre Javier Leoz  

1.- En cierta ocasión un hombre creyente, que amaba profundamente a Dios, se puso a discernir sobre su vida delante de la presencia del Señor diciéndole con gran pesar: “Señor... perdóname por no haber estado a la altura en mi afán evangelizador. Por las veces en que he desparramado inútilmente tu Palabra. Olvida los momentos en que he estropeado tu obra por meter demasiado mi mano. Por la siembra que nunca dio el fruto oportuno... perdóname porque mi paso por los caminos de la vida no ha sido, precisamente, huella de tu presencia ni de tu envío... ¡perdóname Señor!

Después de haberse sincerado, ese hombre que temía pero quería con todo su ser a Dios, recibió una respuesta en el silencio: “no seas tan duro contigo mismo...mira hacia atrás”. Y girando el cabeza, aquel que sólo veía fracaso en su vida cristiana, comprobó que detrás de sí existía una gran playa con miles de huellas. Levantando el rostro le preguntó a Dios: “Señor. Tú que todo lo sabes, ¿qué significa este paisaje?”. Y Dios le contestó: “Hijo mío... esas huellas son las buenas palabras y las buenas obras, el testimonio y los trabajos que miles y millones de personas (entre ellas tú también) habéis realizado en mi nombre y al servicio de la humanidad”.

2.- Es mucho lo que hacemos (otra cosa es saber si estamos realizando lo que más conviene para estar en sintonía con Jesús Maestro)... pero la siembra queda en el surco. ¿Por qué no confiar más en Dios y pensar que El, cuando quiera, dará cumplido crecimiento? Las actividades nos comen. Corremos el riesgo de ser meros activistas en el campo de la Fe. El Señor quiere que profundicemos en nosotros mismos....que descansemos en el Espíritu....que tomemos tiempo para “un refresco espiritual y material”.

La Iglesia no solamente puede ser un lugar de disciplina y de moral, de predicación y de normas, de conversión y de afanes evangelizadores, también debe ser una casa de disensión y de descanso, de diálogo y de calma, de paz y de contemplación, de relax en el espíritu y en el cuerpo.

Después de finalizar el curso, el Director de un Instituto, les decía a sus profesores: “ha sido duro el año, dediquémonos en este día a estar simplemente juntos”. El Señor, que sabe muy bien como andan los elementos de nuestro sistema nervioso, también nos invita a pararnos un momento....a recuperar la calma....a tomarnos las cosas con más paz y con menos sentido crítico. No todo lo que hacemos en su nombre....lo hacemos tan mal.

3.- Verano... un lugar tranquilo para valorar lo positivo de nuestra Fe. Para relativizar aquellas situaciones tensas que existen entre nosotros. Para intensificar nuestras relaciones con Dios que, siempre, producen descanso y serenidad. Para hacer ordinario lo que, el trabajo y el estrés cotidiano, lo hacen imposible en el resto del año.

¡Venid a un lugar tranquilo! Escuchar al Señor y presentarle el balance de nuestra vida, sentarnos a su mesa y reparar nuestras fuerzas, mirarle a los ojos y recuperar la sonrisa perdida es –ni más ni menos- lo mejor que nos puede ocurrir a todo cristiano que deseamos hacer un “stop” en el gran maratón evangelizador y poner el corazón a punto y dar al cuerpo un más que merecido descanso.

¡Vamos!... que el Señor tampoco quiere que caigamos extenuados en el camino. ¡Seamos más bondadosos con nosotros mismos

 

XVI Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo B
San Marcos 6,30-34:
Venid aparte para descansar un poco
Autor: P. Raniero Cantalamessa, ofmcap

Jeremías 23, 1-6;
Efesios 2, 13-18;
Marcos 6, 30-34

En el pasaje del Evangelio Jesús invita a sus discípulos a separarse de la multitud, de su trabajo, y retirarse con Él a un «lugar solitario». Les enseña a hacer lo que Él hacía: equilibrar acción y contemplación, pasar del contacto con la gente al diálogo secreto y regenerador con uno mismo y con Dios.

El tema es de gran importancia y actualidad. El ritmo de vida ha adquirido una velocidad que supera nuestra capacidad de adaptación. La escena de Charlot enfrascado en la cadena de montaje en Tiempos modernos es la imagen exacta de esta situación. Se pierde, de esta forma, la capacidad de separación crítica que permite ejercer un dominio sobre el fluir, a menudo caótico y desordenado, de las circunstancias y de las experiencias diarias.

Jesús, en el Evangelio, jamás da la impresión de estar agitado por la prisa. A veces hasta pierde el tiempo: todos le buscan y Él no se deja encontrar, absorto como está en oración. A veces, como en nuestro pasaje evangélico, incluso invita a sus discípulos a perder tiempo con Él: «Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco». Recomienda a menudo no afanarse. También nuestro físico, cuánto beneficio recibe de tales «respiros».

Entre estas «pausas» están precisamente las vacaciones de verano que estamos viviendo. Son para la mayoría de las personas la única ocasión para descansar un poco, para dialogar de manera distendida con el propio cónyuge, jugar con los hijos, leer algún buen libro o contemplar en silencio la naturaleza; en resumen, para relajarse. Hacer de las vacaciones un tiempo más frenético que el resto del año significa arruinarlas.

Al mandamiento: «Acordaos de santificar las fiestas», habría que añadir: «Acordaos de santificar las vacaciones». «Deteneos (literalmente: vacate, ¡tomaos vacaciones!), sabed que yo soy Dios», dice Dios en un salmo (Sal 46). Un sencillo medio de hacerlo podría ser entrar en la iglesia o en una capilla de montaña, en una hora en que esté desierta, y pasar allí un poco de tiempo «aparte», solos con nosotros mismos, ante Dios.

Esta exigencia de tiempos de soledad y de escucha se plantea de forma especial a los que anuncian el Evangelio y a los animadores de la comunidad cristiana, quienes deben permanecer constantemente en contacto con la fuente de la Palabra que deben transmitir a sus hermanos. Los laicos deberían alegrarse, no sentirse descuidados, cada vez que el propio sacerdote se ausenta para un tiempo de recarga intelectual y espiritual.

Hay que decir que la vacación de Jesús con los apóstoles fue de breve duración, porque la gente, viéndole partir, le precedió a pié al lugar del desembarco. Pero Jesús no se irrita con la gente que no le da tregua, sino que «se conmueve», viéndoles abandonados a sí mismos, «como ovejas sin pastor», y se pone a «enseñarles muchas cosas».

Esto nos muestra que hay que estar dispuestos a interrumpir hasta el merecido descanso frente a una situación de grave necesidad del prójimo. No se puede, por ejemplo, abandonar a su suerte, o aparcar en un hospital, a un anciano que se tiene al propio cargo, para disfrutar sin molestias de las vacaciones. No podemos olvidar a las muchas personas cuya soledad no han elegido, sino que la sufren, y no por alguna semana o mes, sino por años, tal vez durante toda la vida. También aquí cabe una pequeña sugerencia práctica: mirar alrededor y ver si hay alguien a quien ayudar a sentirse menos solo en la vida, con una visita, una llamada, una invitación a verle un día en el lugar de vacaciones: aquello que el corazón y las circunstancias sugieran.

 

XVI Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo B
San Marcos 6,30-34:
Venid aparte para descansar un poco
Autor: Mons. Jesús Sanz Montes, of

Al regreso de aquella correría apostólica, los discípulos debieron volver tan cansados como pletóricos de alegría. Eran muchas las cosas que habían dicho y hecho “en Nombre de Jesús”, sabiéndose enviados por él. Pero estaban cansados. Jesús los tomó aparte y dirá a aquellos que le seguían más de cerca: “venid un poco aparte, a un lugar solitario, y descansad un poco”.

No es sólo un momento de relax el que les propone Jesús, sino un descanso con Él. Por eso se los lleva un poco aparte, aún a costa de no atender en el entretanto a toda la muchedumbre que andaba de acá para allá. Ellos tendrían necesidad de contarle al Maestro tantas cosas, y éste, a su vez, querría conocer qué tipo de resonancia o reacción había producido en ellos esta primera salida misionera. Para poder luego seguir subiendo hacia Jerusalén, era imprescindible pararse con el Señor a solas, gustando lo único que es necesario, como el mismo Jesús explicará a Marta en el célebre diálogo en su casa de Betania.

Porque si el discípulo habla sin haber escuchado antes la Palabra necesaria, y si actúa sin haber contemplado previamente la Presencia imprescindible, corre el riesgo de convertirse en jaleador de sus inventos, en vendedor de sus ideas, en urgidor de sus prisas, en imponedor de sus visiones, sea cual sea la clave ideológica desde la que lo haga; si la misión del evangelizador cristiano no nace de otra Palabra escuchada y de otra Presencia acogida, se arriesga a no ser una misión cristiana.

Y en este Evangelio, como siempre en la historia cristiana, cuando de verdad se ha descansado con Jesús bebiendo en las fuentes de su Palabra y su Presencia, entonces Él no retiene ni se queda privadamente con los que más de cerca le seguían. No ha actuado así el Señor jamás, sino todo lo contrario: “cuando llegaron a la otra orilla, se conmovió por la gente que andando había ido a esperarlos, porque eran como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarlos”.

Este es el gesto de Jesús y el gesto de sus discípulos: Pedro, ¿me amas? Pues apacienta mis ovejas (Jn 21). Siempre así. Apacentar las ovejas de Cristo, curar sus heridas, vendar sus quebrantos, consolar sus pesares e infundir la esperanza, pero no antes de haber amado al mismo Cristo. No son rivales Dios y los hombres. Son dos amores fundidos aunque no confundidos, diversos pero inseparables. Toda una lección y todo un programa para quienes por compromiso con nuestro bautismo hemos de evangelizar, descansando junto a Jesús y conmoviéndonos por los hermanos.