PALABRA DE DIOS 

 

PRIMERA LECTURA.
Ezequiel 2, 2-5

 

PRESENTACIÓN

Ezequiel, judío de estirpe sacerdotal, fue uno de los miembros de Judá que fueron llevados a Babilonia en la primera deportación de Nabucodonosor.

Como todos aquellos judíos de la primera deportación, cree que no va a ser mucho el tiempo que van a estar fuera de casa. Por muy fuerte que sea el rey de Babilonia, no lo es tanto como Yhavhé, que vive en Jerusalén.

Pronto desaparece esta ilusión; el destierro va a ser largo y Jerusalén y el Templo serán destruidos y Yhavhé "abandonará" aquella morada; no la necesita, pues el universo entero, el mundo visible e invisible, es su templo y su trono.

Estando junto al río Qebar, Ezequiel tiene una visión cuyo contenido es difícil de imaginar, pero que dice claramente que el profeta ha entrado en contacto con lo trascendente. Era la "apariencia visible de la gloria del Señor"

Ante esta visión cae rostro a tierra. Una voz le recuerda que no es un superhombre, sino un hombre débil, un "hijo de Adán", que ha sido elegido para una misión. "Yo te envío", le dirá, y le comunicará la fuerza de su espíritu.

El destinatario de la misión: un pueblo rebelde, Israel.

Ha de llevar el mensaje aunque no le escuchen, aunque le persigan. El mensaje es la Palabra de Dios para un pueblo que se ha rebelado contra Yhavhé y, por ello, ha sufrido la deportación.

Pero para llevar la Palabra de Dios debe llenarse de ella, digerirla, para, después, comunicarla a un pueblo de dura cerviz.

 

Que no me falte tu ayuda para llevar tu palabra a esta generación que se hace sorda a ella.



 

EZEQUIEL 2, 2-5

Son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos

En aquellos días, el espíritu entró en mí, me puso en pie, y oí que me decía: "Hijo de Adán, yo te envió a los israelitas, a un pueblo rebelde que se ha rebelado contra mí. Sus padres y ellos me han ofendido hasta el presente día. También los hijos son testarudos y obstinados; a ellos te envió para que les digas: "Esto dice el Señor." Ellos, te hagan caso o no te hagan caso, pues son un pueblo rebelde, sabrán que hubo un profeta en medio de ellos."

Palabra de Dios

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 122

PRESENTACIÓN

Creía Israel que, siendo el pueblo de Dios, estaba destinado a dominar y dirigir el mundo.

Sin embargo la realidad era muy diferente. Continuamente sufre la humillación de los grandes y los fuertes. Para ellos, Israel, es una pequeña nación, insignificante, pero en una zona de paso estratégico que es necesario dominar.

Ante la humillación y la debilidad, aprende que las cosas no dependen de ellos, que los planes de Dios no son sus planes, que debe confiar en el Señor y suplicarle ayuda.

"A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo"

Debe aprender a ser humilde, sólo así reconocerá su realidad y, en ella, se dará cuenta de que está en las manos de Dios, esperando su misericordia.

"Como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor Dios nuestro
esperando su misericordia."

Porque han sido un pueblo rebelde han ido al exilio; los fuertes los han deportado, son un grupo de vencidos, despreciados por los vencedores. Sólo en el Señor pueden poner su esperanza.

"Misericordia, Dios mío, misericordia,
que estamos saciados de desprecios"

 


Ante el sarcasmo de los satisfechos, ante el desprecio de los orgullosos, nuestros ojos están en ti, Dios nuestro.

SALMO 122

R/ NUESTROS OJOS ESTÁN EN EL SEÑOR, 
      ESPERANDO SU MISERICORDIA

A ti levanto mis ojos,
a ti que habitas en el cielo.
Como están los ojos de los esclavos
fijos en la manos de sus señores.
R/ NUESTROS OJOS ESTÁN EN EL SEÑOR, 
      ESPERANDO SU MISERICORDIA

Como están los ojos de la esclava
fijos en las manos de su señora,
así están nuestros ojos
en el Señor, Dios nuestro,
esperando su misericordia.
R/ NUESTROS OJOS ESTÁN EN EL SEÑOR, 
      ESPERANDO SU MISERICORDIA

Misericordia, Señor, misericordia,
que estamos saciados de desprecios;
nuestra alma está saciada
del sarcasmo de los satisfechos,
del desprecio de los orgullosos.
R/ NUESTROS OJOS ESTÁN EN EL SEÑOR, 
      ESPERANDO SU MISERICORDIA

 

SEGUNDA LECTURA
2 Corintios 12, 7b-10

 

PRESENTACIÓN

Los adversarios de San Pablo quieren desacreditarlo ante los corintios.

Dentro de su defensa, alude a unas revelaciones de las que podría presumir. Pero no lo hace. Cristo se ha hecho débil, se ha anonadado, también lo va a hacer él.

Por lo tanto, de lo que va a presumir es de sus debilidades; así resaltará la obra del Señor en él. Todo ha sido don y gracia, sin el Señor no podría haber hecho nada.

Y para que no se enorgullezca de haber sido elegido apóstol por el mismo Señor, ni de las revelaciones con las que ha sido agraciado, le "han metido una espina en la carne".

¿Qué aguijón es ese?, ¿una enfermedad crónica?, ¿problemas de la vista? ("Os habríais sacado los ojos para dármelos" Gal 4,16), ¿los enemigos dentro de la comunidad? ("Espinas en los ojos son los enemigos" Num 33, 55)

Ha pedido a Dios que le libre de esas espinas, de esas bofetadas del "emisario de Satanás". Pero el Señor le hace saber que le ayudan a crecer en su fe, a fiarse del Señor, que actúa en su debilidad.

Cuando es débil, es fuerte, pues lleva la fuerza de Cristo.

En la debilidad San Pablo demuestra que todo es gracia.

Un criterio del ministerio paulino: en los buenos y en los malos tiempos, en la fuerza y en la debilidad, aceptar la vida con alegría y paciencia.

 


Con la gracia del Señor, en la debilidad me siento fuerte y puedo superar las dificultades

SEGUNDA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS CORINTIOS 12, 7-10

Presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo

Hermanos: Para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un ángel de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio. Tres veces he pedido al Señor verme libre de él; y me ha respondido: "Te basta mi gracia; la fuerza se realiza en la debilidad." Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo. Por eso, vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque, cuando soy débil, entonces soy fuerte.

Palabra de Dios

 

ACLAMACIÓN
Lucas 4, 18

El Espíritu del Señor está sobre mí, me ha enviado a anunciar el Evangelio a los pobres.

 

EVANGELIO
Marcos 6, 1-6

 

PRESENTACIÓN

Final trágico y dramático del ministerio de Jesús en Galilea. en él se prefigura el rechazo de todo Israel.

Y es que la visita de Jesús a su pueblo está marcada por la incredulidad.

Al principio se acoge la palabra con entusiasmo, pero poco a poco gana terreno el escepticismo y la incredulidad.

Conforme Jesús va revelando quién es y la misión que trae, van surgiendo interrogantes: ¿de dónde le viene esto?, ¿qué sabiduría...?, ¿y esos milagros...?, ¿no es este el hijo de...?...

La conclusión: desconfiaron.

Y sin confianza, sin fe, no puede haber signos de la vida nueva que trae Jesús Mesías.

Sus paisanos no supieron pasar por encima de su humanidad para descubrir al que ha venido a traer la salvación; tienen dificultad para descubrir la acción de Dios en Jesús.

Algunos se preguntan: Yhavhé, que se había manifestado a través de signos de poder, majestad y abundancia, ¿lo va a hacer a través del "hijo de María"?

Jesús pudo dejar pasmados a sus conciudadanos con sus milagros. No quiso. Se presentó con su realidad humilde.

Hay que saber descubrirle por la fe; después vienen los milagros. 


Cuando los más cercanos no nos comprendan, nos desprecien, seguiremos anunciando el Evangelio, con hechos y palabras, allí donde estemos.

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS  6, 1-6

No desprecian a un profeta más que en su tierra

En aquel tiempo, fue Jesús a su pueblo en compañía de sus discípulos. Cuando llegó el sábado, empezó a enseñar en la sinagoga; la multitud que lo oía se preguntaba asombrada: "¿De dónde saca todo eso? ¿Qué sabiduría es ésa que le han enseñado? ¿Y esos milagros de sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago y José y Judas y Simón? Y sus hermanas ¿no viven con nosotros aquí?" Y esto les resultaba escandaloso. Jesús les decía: "No desprecian a un profeta más que en su tierra, entre sus parientes y en su casa." No pudo hacer allí ningún milagro, sólo curó algunos enfermos imponiéndoles las manos. Y se extrañó de su falta de fe. Y recorría los pueblos de alrededor enseñando.

Palabra de Dios