REFLEXIONES  

Domingo 4º
Tiempo ordinario (b)


 

" Como quien tiene autoridad "

 

 

REFLEXIÓN - 1

COMO QUIEN TIENE AUTORIDAD  

Después de haber llamado a los primeros discípulos, el evangelista Marcos nos presenta a Jesús enseñando en la sinagoga de Cafarnaúm. Este detalle puede ofrecemos ya un primer motivo de comentario. Y es que Jesús es un judío practicante, que asiste al encuentro del pueblo creyente el sábado en la sinagoga. Y no sólo asiste como simple oyente, sino que participa activamente. En una sociedad donde la práctica dominical está en crisis, no podemos dejar escapar ninguna oportunidad para recordar la importancia de participar en el encuentro de la comunidad, de celebrar la eucaristía el domingo; y es más, de participar en ella de forma activa, corresponsable. La Iglesia somos todos, y todos tenemos un papel importante a ejercer, tanto en la celebración litúrgica como en los diversos ámbitos de la vida de la comunidad.

            El detalle específico de Jesús, sin embargo, es que los que le escucharon “se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad”. De entrada, el evangelista hace una crítica solapada hacia los que tenían el oficio de enseñar en la religión judía, una crítica que refleja ya desde ahora la oposición que después se irá desarrollando en todo el evangelio entre Jesús y los dirigentes judíos. Sin embargo, lo importante es que la gente que escuchaba a Jesús captaba que había algo nuevo, diferente, y sobre todo auténtico, en aquel personaje: “Este enseñar con autoridad es nuevo”.

            Hablar en nombre de Dios era una constante en toda la historia del pueblo de Israel. A lo largo de los siglos Dios envió profetas que hablaban en su nombre. Pero también es cierto que había que comprobar la autenticidad de la palabra del profeta, porque sabemos por el Antiguo Testamento que aparecieron muchos falsos profetas. En la primera lectura, del libro del Deuteronomio, Dios anuncia a Moisés que suscitará entre sus hermanos un profeta como él mismo, como Moisés: “Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le mande”. Pero también les advertía: “El profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá”. El pueblo de Israel esperaba un Mesías, un profeta auténtico que hablase y que trajese la salvación en nombre de Dios. Con este comentario del evangelista, comienza a verse que Jesús es ese Mesías esperado.

            * DE DÓNDE VIENE LA AUTORIDAD DE LA DOCTRINA NUEVA

            A continuación, y en la misma sinagoga, Marcos relata la curación de un hombre que tenía un espíritu inmundo. La escena es narrada con todo detalle, como una lucha entre Jesús, “el Santo de Dios”, y el espíritu inmundo. Esta curación es la prueba de la autoridad de la enseñanza de Jesús. Significativamente, después de haber dicho que enseñaba con autoridad, no se especifica el contenido de esa enseñanza, ni los motivos que justificaban esa admiración, sino que se explica esa curación. Lo que quiere decir que estas obras de Jesús son el motivo de aquella admiración y la prueba de aquella autoridad. Que Jesús no habla como los escribas quiere decir que él no sólo se quedaba en las palabras, sino que las corroboraba con las obras; sus obras son signos que muestran la salvación de Dios que él anunciaba. El comentario de la gente al ver la curación repite la misma reacción que se había producido después de haberle oído hablar: “¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen”. Es la misma reacción ante las palabras que ante las obras, porque son las dos caras de la misma moneda: la predicación de Jesús está hecha de palabras y de obras; y los signos son la mejor manera de autentificar la doctrina nueva que Jesús enseñaba de parte de Dios.

            Evidentemente, también hoy día la predicación del evangelio de Jesús debe hacerse con palabras y obras. En una época en la que las palabras tienen poco crédito, están gastadas, la gente es mucho más sensible al lenguaje del testimo­nio, que es la mejor manera de hacer creíble el mensaje de Jesús en el mundo de hoy. También nosotros debemos sacar “los espíritus inmundos” que hay en tanta gente y en nuestra sociedad. Revisemos nuestra coherencia en la vida de cada día, y pidamos con la oración colecta: “Señór, concédenos amarte con todo el corazón y que nuestro amor se extienda también a todos los hombres”.  

XAVIER AYMERICH

 

REFLEXIÓN - 2

PERO YO OS DIGO...

Una vez escuchada la lectura de la Escritura, todos tenían derecho a tomar la palabra, no sólo los escribas. Jesús no es un escriba, un clérigo, un hombre de estudios (cf. Jn 7, 15; Mc 6, 2). Los escribas, más juristas que teólogos, interpretaban los mandamientos y exponían las verdades de la Escritura, pero no arriesgaban sentencia u opinión personal si no estaba avalada por los textos sagrados y las enseñanzas de los maestros más acreditados. En cambio, Jesús habla como quien tiene autoridad, porque es consciente de que en él y en su mensaje la Ley y los Profetas adquieren plenitud de sentido. Él es el Hijo a quien el Padre le ha entregado todas las cosas (Mt 11, 27). Por eso su palabra es poderosa para ordenar a los demonios y someterlos a su voluntad (v. 27), para perdonar los pecados que sólo Dios puede perdonar (2, 10), para curar enfermos y resucitar a los muertos. Por eso habla con autoridad y dispone de la Ley: "Habéis oído que se dijo... pero yo os digo" (Mt 5, 21ss; cf. Mt 7, 29).

Jesús no rechaza el título de "Santo de Dios"; pero impone silencio al espíritu inmundo porque no ha llegado el momento de manifestarse públicamente como Mesías y, sobre todo, porque no admite sobre él ninguna influencia. El nombre de Jesús, lo que él es, sólo deben pronunciarlo aquellos que reconocen su autoridad y la confiesan en la obediencia de la fe. Según la concepción religiosa popular, el conocimiento del nombre y su pronunciación ejercía un dominio mágico sobre la persona que lo llevaba. Esta concepción subyace en nuestro texto, en el que la autoridad de Jesús se opone abiertamente al poder de los demonios y los vence.

EUCARISTÍA

 

REFLEXIÓN - 3

EL MAESTRO DE VIDA

Jesús no fue un profesional especializado en comentar la Biblia o interpretar correctamente su contenido. Su palabra clara, directa, auténtica, tenía otra fuerza diferente que el pueblo supo inmediatamente captar.

No es un discurso lo que sale de labios de Jesús. Tampoco una instrucción. Su palabra es una llamada, un mensaje vivo que provoca impacto y se abre camino en lo más hondo de las gentes.

El pueblo queda asombrado "porque no enseña como los letrados sino con autoridad". Esta autoridad no está ligada a ningún título o poder social. No proviene tampoco de las ideas que expone o la doctrina que enseña. La fuerza de su palabra es él mismo, su persona, su espíritu, su libertad.

Jesús no es «un vendedor de ideologías» ni un repetidor de lecciones aprendidas de antemano. Es un maestro de vida que coloca al hombre ante las cuestiones más decisivas y vitales. Un hombre que enseña a vivir.

Es duro reconocer que, con frecuencia, las nuevas generaciones no encuentran «maestros de vida» a quienes poder escuchar. ¿Qué autoridad pueden tener las palabras de muchos políticos, dirigentes o responsables civiles y religiosos, si no están acompañadas de un testimonio claro de honestidad y responsabilidad personal?

Por otra parte, ¿qué vida pueden encontrar nuestros jóvenes en una enseñanza mutilada, que proporciona datos, cifras y códigos, pero no ofrece respuesta alguna a las cuestiones más inquietantes que anidan en el ser humano?

Difícilmente ayudará a crecer a los alumnos una enseñanza reducida a información científica en la que el enseñante puede ser sustituido por el programa correspondiente del «video» o del ordenador.

Nuestra sociedad necesita "profesores de existencia". Hombres y mujeres que enseñen el arte de abrir los ojos, maravillarse ante la vida e interrogarse con sencillez por el sentido último de todo.

Maestros que, con su testimonio personal de vida, siembren inquietud, contagien vida y ayuden a plantearse honradamente los interrogantes más hondos de la existencia.

ANARQUISMO DICTADURA COMUNISMO: Hacen pensar las palabras del escritor anarquista A. Robin, por lo que pueden presagiar para nuestra sociedad: «Se suprimirá la fe en nombre de la luz; después se suprimirá la luz. Se suprimirá el alma en nombre de la razón; después se suprimirá la razón. Se suprimirá la caridad en nombre de la justicia; después se suprimirá la justicia. Se suprimirá el espíritu de verdad en nombre del espíritu crítico; después se suprimirá el espíritu crítico».

El Evangelio de Jesús no es algo superfluo e inútil para una sociedad que corre el riesgo de seguir tales derroteros.

JOSE ANTONIO PAGOLA

(mercaba)