REFLEXIONES  

XXVII Domingo
Tiempo ordinario (b)


 
"Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre"

 

REFLEXIÓN 1

 

"CONSERVADORES"

Algunos, generalmente no cristianos, que se denominan agnósticos y ateos, pero también algunos que se definen como cristianos, dicen que la Iglesia es conservadora, que no está con los tiempos.

Y cuando se pregunta qué es estar con los tiempos, siempre salen los mismos temas: que defiende el matrimonio estable, cuando lo actual es defender el divorcio por cualquier causa; que defiende la unión del hombre y la mujer como la única forma de matrimonio, cuando lo "progre" es defender como matrimonio las uniones homosexuales; que defiende la familia como unidad básica de la sociedad, familia formada por padre, madre e hijos y no por dos padres o dos madres e hijos, tal como algunos pretenden; que defiende la vida en todas sus dimensiones, desde la del no nacido, pero que existe desde su concepción, diciendo "no" al aborto, cuando actualmente en España hay miles y miles de abortos, pasando por la condena de todo tipo de muertes debidas a la violencia, la guerra, el terrorismo y odios, hasta la defensa del derecho a morir con dignidad frente a aquellos que defienden la eutanasia activa.

¿De qué somos conservadores? ¿de la defensa del matrimonio según el plan de Dios?, ¿de la defensa de la familia?, ¿de la defensa de la vida?

Somos defensores y conservadores de valores que se están perdiendo.

¿Que no vamos con los tiempos, con las modas, con lo que "todo el mundo" hace?

Nosotros debemos ir con Jesucristo, con el Evangelio, vivido en los diferentes tiempos.

No podemos cambiar la palabra de Dios, revelada al hombre a lo largo del Antiguo Testamento y después, de una manera plena, cuando esa Palabra se hace carne y habita entre nosotros, por las palabras y las ideas de los políticos e ideólogos de turno.

El cristiano vive y defiende los valores del Evangelio y esto le hace diferente. Por eso es importante decidirnos personalmente en el seguimiento de Jesucristo y no quedarnos en cristianos de nombre, al vaivén de lo que diga la gente.

Y aterrizando la reflexión, bastaría con volver a leer el Evangelio

Un tema muy actual, aun para los que se dicen cristianos: el divorcio

El Evangelio nos habla del tema desde el plan de Dios, que no suele coincidir con nuestros planes.

El divorcio no está en el plan de Dios. Si la Ley de Moisés lo permitió, fue por la terquedad de los israelitas.

Dios creó al hombre y a la mujer para que, uniéndose mutuamente, formen una sola cosa. Como consecuencia, dice Jesús, "lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre".

Todavía concretará más a los discípulos: si uno se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio y si una se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio.

No se trata de ser conservador o progresista, sino de seguir a Jesucristo en todo, también en lo que nos cuesta entender.

Dios, a través de su Palabra busca siempre nuestro bien, aunque de inmediato no nos lo parezca.

 

REFLEXIÓN  2
 

"UN TEMA DIFÍCIL Y ACTUAL"

La Palabra de Dios ilumina todos los aspectos de nuestra existencia. No sólo lo referente a la oración o a las virtudes personales, sino también las dimensiones sociales, profesionales, familiares. Lo que se nos propone hoy es el tema siempre actual del amor y de la fidelidad matrimonial.

Un tema que puede resultar difícil de tratar, dada la situación de deterioro e inestabilidad cada vez mayor en la vida matrimonial. Un tema que el sacerdote -célibe él- tiene que tratar con exquisito respeto a los problemas que experimentan los matrimonios de hoy, también los cristianos. Pero sin rehuirlo por difícil. Hoy sería una de esas ocasiones en que el que predica -preferentemente desde su sede presidencial-lo haga con el libro del Leccionario en la mano (hay liturgias orientales que le dicen al sacerdote que predique "con el Leccionario sobre las rodillas"), y repitiendo las frases centrales directamente del libro. Para recordarse a sí mismo y manifestar a los oyentes que no está trasmitiendo opiniones personales, sino el plan de Dios.

SERÁN LOS DOS UNA SOLA CARNE

En la primera lectura hemos escuchado cómo creó Dios a la mujer. El relato tiene un lenguaje poético, popular, entrañable, pero que expresa convicciones profundas que siguen en pie:

- que Dios es quien ha ideado la atracción de los sexos; que el amor es cosa de Dios: "no está bien que el hombre esté solo... ";

- que Adán no quedó satisfecho con ser el señor de los animales: "no encontraba ninguno como él que le ayudase"; .

- y sí quedó entusiasmado con la mujer, de la misma naturaleza que él, con el mismo origen divino, "hueso de mis huesos y carne de mi carne";

-que los dos están destinados en el plan de Dios a unirse y ser "una sola carne", en plan de igualdad, complementarios el uno de la otra, llamados a engendrar nueva vida, el mayor milagro que puede pasar en la creación y la mejor manera de colaborar con el Dios de la vida y del amor. Jesús, en el evangelio, aparece bendiciendo y abrazando a los niños: "dejad que los niños se acerquen a mí".

QUE NO LO SEPARE EL HOMBRE

Ante la pregunta sobre el divorcio, Jesús apela a la voluntad original de Dios respecto al matrimonio: lo que Dios ha unido, lo que desde el principio ha sido el plan de Dios, no puede depender de las evoluciones sociales o de los intereses o de la veleidad de unas personas. Según el Deuteronomio, el marido, en determinadas circunstancias, podía repudiar a su mujer. La mujer no parece tener ese "privilegio" (mientras que Jesús sí contempla, aunque para condenarla igualmente, la misma posibilidad por parte de ella). La voluntad de Dios había sido la igualdad y dignidad de la mujer y la estabilidad de la familia.

Nuestra opinión y nuestra práctica respecto a la fidelidad matrimonial y al divorcio, no depende de unas estadísticas, o de unas costumbres más o menos aplaudidas por los medios de comunicación, ni de unas leyes civiles que pueden despenalizar o facilitar situaciones que la ley de Dios no aprueba (divorcio, aborto). La indisolubilidad matrimonial no la ha decidido la Iglesia (como, por ejemplo, el celibato de los sacerdotes en la Iglesia latina), sino Dios.

Eso sí, con todo el respeto a la conciencia y a las circunstancias de cada pareja, que pueden ser en verdad difíciles. Muchos matrimonios andan a la deriva o se han roto, en parte debido a la poca madurez y preparación que algunas parejas llevan al matrimonio, y que provoca que la Iglesia, en ocasiones, declare la "nulidad de ese matrimonio" por sus defectos de raíz (que no es lo mismo que conceder el divorcio). La dificultad en aceptar esta doctrina puede deberse también a la sensibilidad que nos transmite nuestra sociedad de consumo: "usar y tirar", cambio de sensaciones, búsqueda de nuevas satisfacciones. Esto hace que se deteriore notablemente la capacidad del amor total, de la entrega gratuita y estable, del compromiso de por vida, y esto tanto en la vida matrimonial como en la de los religiosos y sacerdotes.

Nuestra postura ante este tema debe ser la de Cristo. Esta es una de las ocasiones en que notamos que ser cristiano es exigente y que nos pide renuncias, porque nos propone valores superiores al mero hecho de satisfacer nuestros gustos. El amor matrimonial es presentado en la Biblia como un signo sacramental muy expresivo del amor de Dios a la humanidad y de Cristo a su Iglesia.

J. ALDAZÁBAL (+)