REFLEXIONES  

Domingo 16º
Tiempo ordinario (b)


 

"... andaban como ovejas
sin pastor"

 

 

REFLEXIÓN - 1

RITMO DEL APOSTOLADO

El fragmento evangélico de hoy explícita lo que, de modo más denso y concentrado, dirá  el propio Marcos en otro pasaje de su evangelio: "Y designó a doce para que estuvieran  con él y para enviarlos a predicar" (Mc 3, 14). En efecto, vemos en nuestro texto reflejados  los dos momentos de lo que podríamos llamar "ritmo del apostolado": estar con Jesús  ("Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco"), predicar la buena noticia a  los hombres ("Le contaron todo lo que habían hecho y enseñado"). Es interesante, sin  embargo, notar que el fin último de la misión apostólica se halla totalmente orientado hacia  los hombres. Siguiendo el ejemplo de Jesús, que no duda en sacrificar su deseo de  descanso y contemplación a las necesidades del pueblo, los apóstoles deben preocuparse  más de actuar y predicar que de asegurarse unos momentos de pura contemplación.

Todo ello puede aplicarse a los cristianos actuales, tanto a nivel personal como en el  aspecto comunitario. A menudo se presentan las finalidades de la vida cristiana de modo  excesivamente dicotómico: el cristiano debe amar a Dios, y luego a los hermanos; la Iglesia  tiene la finalidad de alabar al Padre, y luego de servir a los hombres. La perspectiva  correcta es, por el contrario, perfectamente unitaria. La verdadera acción cristiana no puede  prescindir, en ningún momento, de su radical orientación hacia Dios. La verdadera oración  cristiana no puede olvidar, en ningún momento, el amor al hermano. Para el cristiano, no se  trata de encontrar a Dios primero en la oración, y luego intentar buscarlo a través de la  acción. Ni se trata de encontrar a los hombres en la acción, y luego intentar una vinculación  por medio de la plegaria. El cristiano encuentra a Dios y a los hombres, de modo  inseparable, tanto en la acción como en la oración. Ni siquiera podría decirse que el lugar  más adecuado para encontrar a Dios fuera la plegaria y el más apropiado para amar a los  hombres fuera la actividad. No existen espacios y momentos privilegiados: toda acción  verdaderamente cristiana está compuesta de amor a Dios y a los hombres; toda oración  verdaderamente cristiana expresa amor al Padre y a los hermanos.

Si se estableciere una separación entre ambas realidades, nos apartaríamos del sentido  evangélico, puesto que la médula del cristianismo es la aceptación sin reticencias de la total  manifestación de Dios en el hombre. Y si tenemos en cuenta esta última afirmación,  deberemos aceptar que, en la práctica, el primado lo ostenta la orientación hacia los  hombres: para amar a Dios, es necesario amar al hermano; para servir a Dios, es necesario  servir a los hombres. 

JOAN LLOPIS

 

REFLEXIÓN - 2

"HABLAR A LA GENTE"

El periodista Marcos tira aquí dos fotos: Jesús con sus discípulos y Jesús con la gente.  Jesús, formador de hombres, escucha a sus elegidos que vuelven de su primera misión. Es  la única vez que Marcos los llama apóstoles, sin duda para subrayar su nueva relación con  Jesús. Ellos cuentan y cuentan; Jesús les escucha con una atención llena de amistad; se  han convertido en sus colaboradores, que pronto atraerán a él a la gente. Y esto nos  orienta hacia la segunda foto, la más importante: Jesús está rodeado de gente y él la mira.  Su mirada me remite a mis propias miradas: ¿es así como miro yo a la gente? Marcos dice:  "Le dio lástima de ellos". En el evangelio esta expresión nos revela siempre una verdadera  conmoción llena de cariño. Y Marcos nos da la razón de esta actitud: Jesús los ve "como  ovejas sin pastor". Diríamos, para la gente de hoy de la que formamos parte nosotros  mismos: hombres desorientados que no saben por qué sufren y por qué viven. 

He aquí por qué, a pesar de su enorme fatiga y de su necesidad de descanso en medio  del pequeño grupo de los discípulos, Jesús se entrega a aquella gente y se pone a  "enseñarla con calma". Vendrá más tarde el milagro de la multiplicación de los panes, pero  no es por el pan material por lo que ha venido Jesús. Sí, él les dará de comer, y más tarde  incluso será su pan de vida en la eucaristía.

Pero para que comprendan lo que él es y lo que les trae, en primer lugar es preciso que  les hable.

¿Hablar es tener lástima de la gente? Ciertamente cuando uno se dirige a la gente para  revelar la profundidad de sus esperanzas y el valor de lo que se le propone. Sólo Jesús  puede hacer esto, y nosotros cuando hacemos eco a su palabra: si no, no somos más que  predicadores impotentes.

Ser Jesús para la gente es mirarla como él, con un corazón lleno de cariño, y hablarle del  sentido de la vida. ¡Impulsando la vida! El hecho de que haya en nuestra civilización tan  avanzada tantos hombres que mueren de hambre o que se ven azotados por la guerra,  demuestra que los jefes que dirigen actualmente el mundo no miran a la gente, sino que  cuentan una y mil veces sus misiles.

-¿Entonces? ¡No podemos nada! Meditar sobre "Jesús y la gente" no cambiará al mundo.  Más vale que mire a mi alrededor a las pocas personas que puedo ayudar y quizás instruir.

-Eso hay que hacerlo, desde luego; mirar a lo lejos es a veces una evasión, pero cuando  nos encerramos en la única preocupación por los que están cerca, dejamos que el mundo  vaya errando sin pastores. ¿Quién puede gritar el evangelio sobre los techos sino los  cristianos? ¿Quién sabrá que Jesús está ahí, entre nosotros, para salvar al mundo, si los  cristianos se callan? "¿Dónde están los cristianos?, me decía una muchacha de dieciséis  años; ¿no saben que los están esperando por todas partes?".

El bienestar de la gente se juega en las elecciones, en las asambleas, en las discusiones  sobre las leyes y los presupuestos, en los combates por los indefensos, en los medios de  comunicación que crean la opinión pública. Mantenerse lejos de todo eso para ir a  refugiarse junto a Cristo es engañarse sobre Cristo. Cuando él miraba a la gente, se sentía  lleno de cariño, pero de un cariño que lo comprometía. Habló con calma a la gente y murió  por ella.

Ser discípulos suyos es intentar hablar a la gente por todos los medios. Y son muchos.  Es entrar en las grandes acciones contra la ignorancia, el hambre, la injusticia. Sólo el amor  que se compromete habla de Cristo.

ANDRE SEVE

 

REFLEXIÓN - 3

"LA SOLICITUD DE JESÚS"

1. Jesús se preocupa al mismo tiempo de los «apóstoles» y de la «muchedumbre». Por  una parte, los discípulos tienen necesidad de retirarse de vez en cuando a un «lugar  desierto y apartado»: su actividad les agobia y puede hasta desfondarlos; Jesús les invita a  descansar, para recuperar precisamente el sentido de la misión. Por otra parte, la  muchedumbre es digna de «lástima», porque no están a su cargo buenos servidores ni  tienen los pobres qué comer. Jesús les multiplicará el pan y será el supremo servidor. Y el  pueblo, naturalmente, sabe «reconocer» a sus propios pastores, es decir, a los que tienen  gestos reales de justicia y pronuncian palabras proféticas de verdad.

2. El compromiso precede a la palabra, y la vida cristiana está antes que la reflexión. Pero  la enseñanza cristiana del evangelio va ligada a la acción en función de las necesidades del  pueblo; el Evangelio no es para unos cuantos privilegiados, sino para todos. Sin embargo, el  pueblo siempre está abandonado a su suerte, y en tiempos de Jesús se encontraba  despojado de sus propias tierras, alejado del templo y de la sinagoga por impuro,  despreciado por sus propios jefes por ignorante, y desorientado por los falsos mesías.

3. La tarea pastoral es evidente: hacer que el pueblo sea pueblo de Dios en estado de  comunidad. De ordinario, el pueblo está sin organizar, escaso de recursos, aquejado de  padecimientos indebidos y manipulado por los que se consideran sus servidores, pero que,  de hecho, actúan como amos. A la inculturación popular del mensaje se une la encarnación  de los apóstoles en el seno del mismo pueblo. Una Iglesia que no es del pueblo no es  verdadera Iglesia.

CASIANO FLORISTÁN