REFLEXIONES  

Domingo 10º
Tiempo ordinario (b)


 

" ¿Quiénes son mi madre
y mis hermanos?"

 

 

REFLEXIÓN - 1

 

LOS PARIENTES DE JESÚS

Frase evangélica: «El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre»

1. A propósito de quién es Jesús, se plantea en este evangelio el contraste entre dos tipos de familia: la vieja o natural, como punto de partida, y la nueva o cristiana, como meta de llegada. Por una parte, Jesús aparece con unos familiares que no le comprenden; la pertenencia a Dios no es un privilegio familiar, sino consecuencia de una actitud de fe; por otra, Jesús tiene unos hermanos a los que reconoce. El evangelista Marcos se pregunta por la personalidad de Jesús, pues la misión del maestro escapa al sentido común familiar y desborda las habituales categorías sociales al respecto. No se le puede juzgar según la carne ni según la ley. Existe el peligro de confundir el Espíritu de Jesús con otros poderes.

2. La familia vieja no es invalidada en este evangelio, pero sí se la considera insuficiente, ya que se basa en el parentesco de la sangre. Es célula básica de la sociedad patriarcal, en la que el padre, sujeto único de la autoridad, cuenta con el sometimiento obediente de la mujer y los hijos, el patrimonio se transmite por herencia, y todo es de todos, dentro de un sistema de propiedad muy restringido. Con frecuencia, se confunde la costumbre con el valor, y la norma con la virtud.

3. La familia nueva se basa en los lazos de fe (no es racista), está abierta a la humanidad (no es coto cerrado) y cumple con la voluntad de Dios (no es egoístamente interesada). En definitiva, la nueva familia es la comunidad cristiana, en la que el Padre es el Padre de Jesús, Cristo es el hermano mayor, y hermanos son los que construyen el reino, ámbito de la nueva casa. No todos los que están dentro de la «vieja casa» de Jesús son suyos; son discípulos de Jesús los de la "nueva casa", los que forman la comunidad cristiana. Ante el valor del reino, Ia familia es relativizada.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Es nuestra familia natural verdaderamente cristiana?

¿Reúne condiciones familiares positivas la comunidad cristiana a la que pertenecemos?

FLORISTAN

 

REFLEXIÓN - 2

¿QUIEN ES EL NEURÓTICO?

Decían que no estaba en sus cabales

Todos damos por supuesto que una persona es normal y sana cuando cumple correctamente con el papel social que le toca desempeñar. Cuando hace lo que de él se espera y sabe adaptarse y actuar según la escala de valores y las pautas que están de moda en la sociedad.

Por el contrario, la persona que no se adapta a esos esquemas y actúa de manera distinta, corre el riesgo de ser considerada como anormal, neurótica, sospechosa. Este es el caso de Jesús. Su actuación libre provoca rápidamente el rechazo social. Sus familiares lo consideran como desequilibrado y excéntrico. Las clases cultas fariseas sospechan que está irremediablemente poseído por el mal.

El problema está en saber quién es el que está verdaderamente desequilibrado y poseído por el mal y quién es el verdaderamente sano que sabe crecer como hombre.

En su estudio «El miedo a la libertad», E. Fromm nos ha hecho ver que, cuando una sociedad está neurotizada y mutila la personalidad de sus miembros, la única forma de mantenerse sanos es la ruptura con los esquemas sociales vigentes, aun a costa de ser considerados como neuróticos por el resto de la sociedad.

No es fácil ser diferente y mantener la propia libertad en medio de una sociedad enferma. La mayoría se conforma con adaptarse, «vivir bien», sentirse seguros. Como diría M. de Unamuno «tienen horror a la responsabilidad».

Cuántos hombres y mujeres valorados socialmente por su eficiencia y su capacidad de moverse con agilidad en esta «sociedad de intereses» son triste caricatura de lo que un ser humano está llamado a ser.

Gentes que han renunciado a sus propias convicciones y no saben ya lo que es ser fiel a un proyecto humano de vida. Personas que se limitan a interpretar un papel, respetar un guión, «hacer el personaje». Hombres y mujeres que viven sin vivir, con una libertad atrofiada. «Gente que se reconoce en sus mercancías; encuentra su alma en su automóvil, en su aparato de alta fidelidad, su casa, su equipo de cocina» (H. Marcuse).

Los creyentes olvidamos con frecuencia que la fe en Jesucristo puede darnos libertad interna y fuerza para salvarnos de tantas presiones e imperativos sociales que atrofian nuestro crecimiento como personas verdaderamente libres y sanas.

PAGOLA

 

REFLEXIÓN - 3

LA TENTACIÓN Y EL PECADO EXISTEN

Existe el mal y el pecado en nuestra vida.- El mensaje principal de hoy, preparado ya por la primera lectura y por el salmo responsorial, es el de la existencia del pecado, de la oposición a Cristo, tanto en su tiempo como en el nuestro, y la urgencia de una actitud de lucha contra el mal con la confianza de que El, que es el más fuerte, ya ha vencido. Nada más salir de la celebración de la Pascua, nos encontramos con que San Marcos nos describe el drama de la lucha y de la oposición a Jesús. Unos no le comprenden (sus familiares). Otros le siguen por motivos superficiales (los milagros). Otros se le oponen abiertamente y le acusan nada menos que de estar en connivencia con el demonio.

Es bueno reconocer el mal que hay, tanto en la historia de la sociedad y de la iglesia como en la particular de cada uno de nosotros. Existe la tentación y el pecado. Ya desde el principio: en el Génesis hemos escuchado la descripción de la primera caída, todo un símbolo de lo que luego ha sido y sigue siendo la historia de la humanidad. Recordar que existe el pecado (y las "estructuras de pecado" que hemos creado, y de las que habla varias veces Juan Pablo II en la última encíclica "Sollicitudo Rei Socialis") nos hace humildes y desmitifica el orgullo que podemos sentir por los progresos de nuestra generación.

Es una experiencia que tenemos todos: niños y mayores, religiosos y laicos. El mal existe en nuestra vida, y todos caemos en él.

Aunque tendamos a echar la culpa a los demás, o a las estructuras o al ambiente. Somos débiles, y ante el programa que Jesús nos ofrece, preferimos otros que las "serpientes" de turno nos van ofreciendo con sutiles argumentos.

Sigue existiendo, en la sociedad o tal vez también en nosotros mismos, ese "pecado contra el Espíritu" que es el de no querer ver la luz y la interpelación de Cristo Jesús, sino ignorarlo, y hasta intentar desprestigiar todo aquello que se nos presente como signo inequívoco de su presencia. Como los letrados que venían de Jerusalén, sabios ellos y muy seguros en sus esquemas mentales, trataron de desacreditar a Jesús. Bastaba interpretar su actuación como la de un loco (así lo hicieron sus más allegados) o hacer correr que era un fanático o que estaba endemoniado (¿se puede estar endemoniado y a la vez ser exorcista, expulsador de demonios?). Una tendencia parecida la podemos sentir todos: ante una exigencia radical del evangelio nos defendemos con interpretaciones exegéticas; o ante el testimonio valiente de alguien (sea el Papa, o los obispos, o un sencillo laico con sus palabras y sus obras nos muestran los caminos de Dios en nuestra historia) somos capaces, más o menos conscientemente, de quitar prestigio o buscar los modos de hacer callar la voz profética que nos molesta.

La lucha, del lado del más fuerte.- La presencia del mal y del pecado en nosotros y en torno a nosotros.

Y la invitación a la lucha contra él. En esta lucha a veces vence el mal (el Malo). Como en el Génesis. Pero ya entonces sonó la promesa de la "enemistad' con otro más fuerte. El Más fuerte aparece en el evangelio. Si los demonios son expulsados es porque ha llegado el Más Fuerte. El que ha vencido las tentaciones propias en el desierto. El que libera a los posesos. El que entregará su vida para salvar del pecado y del mal a la humanidad.

A nosotros, los seguidores de Jesús, se nos invita, ante todo, a la actitud de Lucas. Ante el mal no podemos quedar apáticos, indiferentes, o desanimados. Somos invitados a resistir, a trabajar porque el mal no triunfe en este mundo ni en nosotros mismos. Lucha, fatiga, camino contra corriente. Vale la pena que recordemos que en la Noche Pascual (el bautismo) hicimos una doble opción: la renuncia al pecado y el mal, y la profesión de fe en Dios y en Cristo. La especificación de los aspectos en que nos acecha a cada uno el mal, y de los medios de la lucha contra él, dependerá del ambiente concreto de la celebración.

Pero esta lucha la llevamos a cabo con confianza y esperanza, porque estamos del lado del Más Fuerte, formando su nueva familia. La Pascua que acabamos de celebrar nos ha querido hacer partícipes de la victoria de Cristo contra todo mal. (Esto es también lo que da esperanza a Pablo, en medio de sus muchas dificultades).

Referencia eucarística y mariana. - Esta tensión que impregna nuestra existencia, entre el bien y el mal, está también presente en nuestra oración eucarística: el acto penitencial, la oración del padrenuestro, "no nos dejes caer en la tentación... líbranos del mal", la invitación a comulgar, porque Cristo es "el que quita el pecado del mundo"...

Sin convertir la homilía (ni hoy ni ningún otro domingo) en mariana, vale la pena aprovechar las ocasiones que las mismas lecturas ofrecen para recordar tanto el Año Mariano como el papel que la Virgen juega en la Iglesia. Y hoy, ciertamente, las hay: la mujer del Génesis, la Madre de Jesús que se le acerca (¿discípulo también ella? ¿madre preocupada por el trabajo y la salud de su Hijo?). Ella supo cumplir la voluntad de Dios ("hágase en mí según tu Palabra") y ser dócil al Espíritu. Ella supo de dificultades y de fe costosa, pero creyó en Dios. Además de Madre biológica de Jesús, es también miembro entrañable y modélico de la nueva familia de los creyentes en El: la Iglesia.

J. ALDAZABAL(+)