PALABRA DE DIOS 

20 - Septiembre

DOMINGO 25º

  TIEMPO ORDINARIO   
 
(A)

" ¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?"

 

PRIMERA LECTURA.
Isaías 55, 6-9

Estamos en la última parte del llamado "Segundo Isaías" o "Libro de la Consolación".
      Los desterrados deben ir preparando el retorno a su tierra, pero, sobre todo, el retorno a Dios, la conversión a Él. Dios es rico en perdón y sus caminos no son los nuestros.

 

PRESENTACIÓN

Estamos en la última parte del llamado "Segundo Isaías" o el "Libro de la Consolación".

Hay en el horizonte una peregrinación, un nuevo Exodo hacia Jerusalén. Los desterrados ven cercana la liberación.

No están muy levantados los ánimos. Algunos ya se han olvidado de su tierra, de su ciudad y de su Templo. Están instalados en sus cosas. Otros han sufrido demasiado y demasiadas veces se han preguntado: ¿dónde está nuestro Dios?. Se ha enfriado su esperanza.

El profeta intenta animar. Hay que preparar la peregrinación, la vuelta. Y, como en toda peregrinación, la meta no son unas tierras o unas piedras, sino la vuelta a Dios y, con ella, la vuelta a la esperanza de que, por muy tortuosos que sean los caminos, Él camina a nuestro lado y no abandona a los suyos. El tiene sus planes, siempre para bien.

Por eso dirá el profeta: "Buscad al Señor mientras se le encuentra".

La meta es Él. Y a él no se llega por el camino del pecado.

Como todo caminante, tenemos el riesgo de equivocarnos de camino y marchar por los caminos del mal , por la adoración de los ídolos.

Siempre se puede volver al camino, pues tenemos la certeza de que Dios tiene piedad y es rico en perdón.

Si comparamos a Dios con nosotros, no sólo nos quedamos cortos, sino que le ofendemos. Pues sus planes y sus caminos no son los nuestros.

Hoy también, en nuestra peregrinación a la casa del Padre, siguen sonando estas palabras. Que no les hagamos oídos sordos porque estemos ocupados en nuestras cosas, con nuestros "ídolos".
 

ISAÍAS 55, 6-9

Buscad al Señor mientras se le encuentra,
invocadlo mientras está cerca;
que el malvado abandone su camino,
y el criminal sus planes;
que regrese al Señor, y él tendrá piedad,
a nuestro Dios, que es rico en perdón.

Mis planes no son vuestros planes,
vuestros caminos no son mis caminos
-oráculo del Señor-.

Como el cielo es más alto que la tierra,
mis caminos son más altos que los vuestros,
mis planes, que vuestros planes.

Palabra de Dios

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 144

PRESENTACIÓN

"Día tras día te bendeciré
y bendigo tu nombre por siempre jamás"

Respondiendo a las palabras con las que comienza este salmo, los judíos lo recitan en la oración de la mañana.

Es un canto de alabanza a Dios, Rey de todas las cosas. Para ello emplea palabras de gran densidad: Exaltar... Alabar... Bendecir...Decir... Proclamar...

"Grande eres Yhavhé y muy digno de alabanza"
...
"Tus grandezas contaré"
...
"Te darán gracias Yhavhé todas tus obras
y tus amigos te bendecirán"
...
"Todos hablarán de tus proezas"
...
"Tu reino, un reino por los siglos"

Pero el salmista no se contenta con cantar las grandezas de quien es Rey Eterno y único Dios, Yhavhé.

También cantará su "bondad", su "justicia", su "amor", su "fidelidad", su "cercanía".

Porque el Señor

"Es clemente y compasivo,
tardo a la cólera y rico en amor.
El Señor es bueno con todos".
...
"Es fiel en todas sus palabras y
amoroso en todas sus obras".

Y todos ponen sus ojos en Él y esperan que no les falte de nada, que abra su mano y les sacie de favores.

"¡La alabanza de Yhavhé diga mi boca,
y toda carne bendiga su nombre sacrosanto,
para siempre jamás!".

 SALMO 144 

R/. CERCA ESTÁ EL SEÑOR DE LOS QUE LO INVOCAN.

Día tras día te bendeciré, Dios mío,
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor y merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza.
R/. CERCA ESTÁ EL SEÑOR DE LOS QUE LO INVOCAN.

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas.
R/. CERCA ESTÁ EL SEÑOR DE LOS QUE LO INVOCAN.

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.
R/. CERCA ESTÁ EL SEÑOR DE LOS QUE LO INVOCAN.

 

SEGUNDA LECTURA
Filipenses 1, 20c-24. 27

Es una de las cartas más personales de San Pablo.
      Se encuentra prisionero y no sabe cuándo saldrá la sentencia. Está preparado para todo: morir es ir con Cristo, su gran deseo, pues, para él la vida es Cristo.
     Pero si el bien de los hermanos, el bien de la Iglesia, requiere de su presencia, eso es lo primero.

 

PRESENTACIÓN

La carta de Pablo a los Filipenses es una de las más personales y en la que Cristo es el eje central de su reflexión.

Tal vez la comunidad cristiana de Filipos está bien asentada y "no da problemas", por lo que Pablo, que se encuentra en la cárcel, desahoga con ellos sus más íntimos sentimientos.

No sabe qué decidirán los tribunales, pero una cosa sí que es cierta: en vida o en muerte, Cristo será glorificado en él. Y es que Cristo lo es todo para él: el sentido, el principio y el fin de su vida. Para él, vivir es Cristo.

Con todo, se encuentra ante un dilema: morir e ir con Cristo, que es lo mejor, o vivir para poder seguir sirviendo a la Iglesia en la tarea del Evangelio. Elegirá quedarse con los hermanos y así podrá ayudarles a llevar "una vida digna del Evangelio de Cristo".

Abandonar las tareas cuando se presentan difíciles, marcharse, huir, renunciar... es lo más fácil.

Sin embargo, el cristiano debe saber que su trabajo no es inútil, aunque haya dificultades, infidelidades, momentos oscuros y de sufrimiento.

Vivir y morir dando la vida por los demás, es la condición para que el Reino de Dios vaya creciendo en la Iglesia y en el mundo.
 

FILIPENSES 1, 20c-24. 27

Hermanos:

Cristo será glorificado en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte. Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Pero si el vivir esta vida mortal me supone trabajo fructífero no sé qué escoger.

Me encuentro en esta alternativa: por un lado deseo partir para estar con Cristo, que es con mucho lo mejor; pero por otro quedarme en esta vida, veo que es más necesario para vosotros.

Lo importante es que vosotros llevéis una vida digna del Evangelio de Cristo.

Palabra de Dios

ACLAMACIÓN
Hechos 16, 14b

Señor, abre nuestro corazón, para que aceptemos las palabras de tu Hijo.

 

EVANGELIO
Mateo 20, 1-16

La parábola de los jornaleros de la viña.
      Dios es bueno y justo con todos, también con los de la última hora.
      Algunos trabajadores de la viña del Señor se creen con más derechos que otros y quieren preferencias, mejores salarios, mejores puestos en el Reino.
    Pero Dios no es como nosotros; es Padre de todos por igual.

 

PRESENTACIÓN

"El Reino de los Cielos se parece..."

Estamos en las parábolas del Reino, por lo tanto no debe extrañarnos que las categorías en las que se mueve el Reino de Dios, Dios mismo, no tengan nada que ver con las categorías en las que se mueve el reino de los hombres.

La parábola de hoy nos habla, entre otras cosas, de la justicia de Dios y de la bondad de Dios, que da igual trato a todos los trabajadores de su viña.

Dios, en su Plan de Salvación, prepara un pueblo (una viña) para su Hijo. Y aunque algunos se crean los únicos trabajadores de la viña del Señor, Jesús revela que todos son llamados. Israel fue depositario de las promesas, no su único destinatario y dueño.

Así, pues, no sólo los judíos sino también los paganos, son llamados a trabajar en el único Pueblo de Dios, en la única Viña del Señor. Israel comenzó al amanecer, los paganos a medio día o al atardecer.

En la economía humana, y aun en la justicia humana, a más trabajo, más salario. Pero en la parábola no estamos en la economía humana, sino en la economía del Reino de Dios.

Lo importante es el trabajo en la Viña del Señor, no la cantidad de horas. Ni todas las horas del mundo son suficientes para jornal de gloria. Lo importante es hacer lo que hay que hacer, se llegue a la hora que se llegue.

El dueño de la viña es justo, a los primeros les ha dado el sueldo convenido, pero Jesús nos quiere resaltar la primacía de la bondad de Dios.

La justicia es importante, pero más importante es el amor. También en las relaciones humanas.

En la Iglesia del Señor no caben derechos adquiridos, privilegios y primacías; tampoco se ponen por delante las horas trabajadas y los esfuerzos realizados.

El Señor siempre paga más de lo debido a todos.

Algunos que se creen con derechos de primeros, serán últimos y algunos de la última hora, verán cómo pasan a recibir su salario en primer lugar.
 

MATEO 20, 1-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

E1 Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo:

-Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido.

Ellos fueron.

Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.

Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:

-¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?

Le respondieron:

-Nadie nos ha contratado.

El les dijo:

-Id también vosotros a mi viña.

Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz:

-Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros.

Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.

Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo:

-Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.

El replicó a uno de ellos:

-Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?

Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos.

Palabra de Dios