REFLEXIONES

30 - Agosto

DOMINGO 22º

  TIEMPO ORDINARIO   
 
(A)

"Quítate de mi vista, Satanás"

REFLEXIÓN - 1

LA TENTACIÓN DE ABANDONAR

Cuando nos preguntan cómo debería ser la persona ideal de nuestra vida, solemos decir, entre otras cualidades, que sea fiel, que cumpla su palabra, que no se eche atrás ante la primera dificultad, que la palabra dada sea sagrada.

La experiencia nos dice que no es fácil ser fiel y mantener la palabra dada, ni siquiera cuando ésta se ha dado ante Dios. Siempre tenemos la tentación de abandonar el camino emprendido, cuando las cosas no salen a nuestro gusto o llevan consigo algún sufrimiento.

Y si aplicamos esto a nuestra fe, al seguimiento de Jesucristo, también, a veces, estamos tentados de abandonar.

Y la tentación tiene muchos y sutiles caminos para llegar a nosotros.

Unas veces serán los que te rodean (Pedro quiere apartar a Jesús del camino que el Padre ha decidido) y te ridiculizan ("¡pues sí que eres beato...!"), te acusan ("mucho ir a la iglesia, mucho ir a la iglesia y después...), te desaniman (¿para qué tanto sacrificio, tanto esfuerzo, tanta renuncia si, después, no hay nada?).

Otro recurso del tentador para apartarnos del camino de Cristo, es el presentarnos las cosas de este mundo como los grandes valores, los grandes éxitos de la vida, el triunfo. Dinero, cosas materiales, consumo, poder, diversiones..., son como las luces de colores de las ferias, que tanto nos atraen. Ya nos lo ha dicho San Pablo en la segunda lectura: si hemos hecho de nuestra vida una ofrenda a Dios, no debemos ajustarnos a este mundo.

Pero el tentador también se mete dentro de nosotros, muchas veces planteándonos serios interrogantes que incidirán en nuestra fe, que no es respuesta a interrogantes, sino fiarse de una persona Jesucristo, el hijo de Dios hecho hombre, muerto y resucitado por nuestra salvación y seguir sus pasos.

La Palabra de Dios nos hace ver que la tentación de abandono, cuando las cosas cuestan, cuando el sufrimiento es grande, no es cuestión de pocos; el profeta Jeremías, elegido desde el vientre de su madre, estaba desesperado, a punto de dejarlo todo. Jesús rechaza la tentación de abandonar el camino de la cruz.

Que la Eucaristía sea el alimento que robustezca nuestra fe y nos ayude a seguir adelante, aunque para ello debamos llevar la cruz de cada día, siguiendo al Señor. 

 

REFLEXIÓN - 2

"CARGAR CADA DIA CON SU CRUZ"

Pero ¿qué quiso Jesús significar cuando habló de la necesidad de cargar cada día con su cruz? "Su cruz" no debe entenderse como el instrumento bárbaro de suplicio, ni como masoquismo, ni como estoicismo que se complace en medir en el hombre la capacidad de resistencia pasiva. La cruz de Jesús significa simplemente todo esfuerzo que nos convierte en fieles cumplidores de la voluntad del Padre y que es asumido y realizado por amor. Sin esa perspectiva y sin esa motivación, no puede darse cruz en sentido expresado por Jesús. Entendida según él, es algo transformado y transformador de todas las realidades humanas.

Jesús asumió las realidades humanas y al asumirlas las transformó. Tomó nuestra carne mortal y la hizo inmortal. Tocó un día el barro del camino y con él devolvió la vista a un ciego.

Tocó el pan y el vino para transformarlo en su cuerpo y sangre, y así hizo con otras realidades humanas. También tocó el sufrimiento y lo transformó. La cruz tocada por él se convierte de fracaso en signo de victoria, de humillación en símbolo de triunfo, de muerte en fecundo signo de vida, de locura a los ojos del mundo en sabiduría de Dios, en triunfo del bien sobre el mal, en triunfo del amor sobre el odio, del poder santificador de la gracia sobre el poder destructor del pecado.

Por eso, cuando se nos propone la cruz como una opción fundamental, en lugar de hablar de un sacrificio costoso debería hablarse de un gozoso amor preferencial. Y más que de amor a la cruz debe hablarse de amor al crucificado.

TEILHARD-DE-CHARDIN escribía a quien se le quejaba del peso de las cruces en su vida consagrada a Dios: "Quizá miras mal a la cruz y no ves en ella más que dos palos cruzados. Da la vuelta a la cruz y verás en ella a Jesús clavado por amor. Entonces todo cambiará de sentido y lo comprenderás todo".

 

 

REFLEXIÓN - 3

EL ESCÁNDALO DE LA CRUZ

-"Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo" Recordemos el pasado domingo: ¡Pedro había captado mucho! Recordemos que, dócil a una inspiración, había hecho, en nombre propio y en nombre de sus compañeros, la gran profesión de fe en Jesús, el Cristo. En cambio hoy no ha entendido casi nada.

Incluso se atreve a querer dar lecciones al Maestro. Como nosotros que a veces entendemos algo pero, otras nada...

Pedro no entendía aún, como nosotros a menudo, que el camino del amor -que es el único camino de los seguidores de Jesús, porque es el único camino de Jesús- tiene que estar abierto hasta la muerte, hasta dar la vida si es preciso. Por eso, Pedro y nosotros nos escandalizamos y, entonces, nos convertimos no en una ayuda, sino en un estorbo para Jesús. Porque la actitud de Pedro y la nuestra, a menudo, está hecha de "carne y hueso" y no de Espíritu... Hecha de aciertos y desaciertos; de luz y de oscuridad; de aceptación dócil y alegre del misterio que envuelve nuestra vida y la de los demás o de rebelión tozuda a la voluntad de Dios, cuando sus caminos no coinciden, del todo, con nuestros caminos... Menos mal que lo que cuenta es saberlo reconocer y, después, continuar adelante, de nuevo, con esperanza.

-"El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga".

Los que escuchaban a Jesús estaban acostumbrados a ver condenados a muerte, avanzando hacia el patíbulo, cargados con la propia cruz en la cual tenían que ser ajusticiados. Pero cuidado, porque a través de esta dura imagen Jesús no se limita a invitarnos al seguimiento que puede llegar hasta el martirio cruento, sino que incluye la necesidad de aceptar la vivencia de este martirio hecha en clave ascética; o sea, hecha realidad en la vida de cada día, en la de cada uno de los seguidores.

El seguimiento de Jesús supone, pues, haber hecho una serie de opciones y rupturas: he escogido esto y, por tanto, he renunciado a aquello. Y es preciso que, a menudo, revisemos nuestra vida para ver si, de hecho, hay renuncias y hay fidelidades: porque nuestra vida no está hecha para ser guardada, sino para ser entregada, de golpe o poco a poco... Seguir a Jesús es preguntarse, muchas veces: ¿qué haría él en mi lugar? ¿Cuál sería su respuesta ante este hecho? ¿Enfrente de esta situación?...

-"Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará" Lo que salva o condena no es el hecho de pertenecer a un grupo, sino, básicamente, la respuesta sincera a la propia conciencia que en nosotros está, además, enriquecida e iluminada por la fe.

Y he aquí la gran paradoja anunciada y vivida por Jesús: la Vida es fruto de la muerte; no solamente en el último día, sino cada día. Por eso es preciso perderla para encontrarla -de nuevo- purificada; es preciso pasarla por dentro de Jesús y de su Evangelio, para nos sea devuelta con olor de eternidad. Porque "la vida nos es dada y la merecemos dándola". ¡Porqué perder es ganar! Con otras palabras: Jesús nos dice que amar es dejarse vencer por el amor; dejarse vencer por el otro. Por eso, concretando, los esposos que nunca se dejan vencer el uno por el otro, se quedarán sin matrimonio; los amigos, sin amistad; los miembros de una familia, sin hogar... y el cristiano que no se deja vencer nunca por Jesús y su Evangelio, se quedarán sin Jesús y sin Evangelio... Solo y sin fe.

Celebrar la Eucaristía es fortalecer nuestra capacidad de entenderlo y de vivirlo. ¡Es aprender a perder para ganar!

PERE VIVO

(mercaba)