PALABRA DE DIOS 

30 - Agosto

DOMINGO 22º

  TIEMPO ORDINARIO   
 
(A)

"Quítate de mi vista, Satanás"

 

PRIMERA LECTURA.
Jeremías 20, 7-9

Designado profeta desde el vientre de su madre y persona pacífica, le toca profetizar persecución, violencia y destrucción.
     Burlado y perseguido, siente la tentación de abandonar. Pero la Palabra de Dios está tan dentro de él que le es imposible

 

PRESENTACIÓN

No le fue fácil a Jeremías, como a ningún profeta, ejercer su ministerio profético, especialmente difícil en la época que le tocó vivir. Cuántas veces su palabra iba a contracorriente.

Persona sensible, Jeremías sufre. Amante de la paz, se ve llevado, por la conducta de su pueblo, a predecir guerras y castigos.

Dios le ha llamado y él ha acogido con alegría la llamada del Señor, pero conforme iba desarrollando su ministerio, conforme experimenta que no sólo no le hacen caso, sino que se ríen de él y le persiguen, siente ganas de abandonar.

Y es que la llamada del Señor implica riesgo y, ante él, siempre está la tentación de echarse atrás.

Cuando el Señor le llamó le había dicho: "No tengas miedo que contigo estoy yo para salvarte" (Jer 1, 8a), pero ahora, no siente esa protección.

Quiere dejarlo todo: "No me acordaré de él, no hablaré más en su nombre".

Pero no puede abandonar a aquel que ya le eligió en el vientre de su madre, que "alargó su mano" y le tocó la boca, que le dijo: "he puesto mis palabras en tu boca".

La confesión de Jeremías, este diálogo íntimo del profeta con Dios a cerca de su misión y cómo se va desarrollando, acaba poniendo por delante la Palabra de Dios: no puede dejar de pronunciarla, aunque sea dura, aunque queme como el fuego, si intenta contenerla, no puede.

Ha sido elegido, llamado y enviado a proclamarla, ese es el sentido de su vida.

 

JEREMÍAS 20, 7-9

Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir;
me forzaste y me pudiste.

Yo era el hazmerreír todo el día,
todos se burlaban de mí.

Siempre que hablo tengo que gritar «Violencia»,
y proclamar «Destrucción».

La palabra del Señor se volvió para mí
oprobio y desprecio todo el día.

Me dije: no me acordaré de él,
no hablaré más en su nombre;
pero la palabra era en mis entrañas fuego ardiente,
encerrado en los huesos;
intentaba contenerla,
y no podía.

Palabra de Dios

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 62

PRESENTACIÓN

Un creyente descubre su alma ante Dios, se deja llevar de su amor hacia Aquel que es el sentido de su vida.

Está enamorado de Dios y se encuentra a gusto a la sombra de sus alas.

"Dios, Tú mi Dios, yo te busco
     sed de ti tiene mi alma"

En el Santuario del Señor ha contemplado su poder y su gloria y él ha respondido con su oración y alabanza.

Quiere que toda su vida sea una bendición y gozar de la protección del Señor en todo momento.

"Cuando pienso en ti sobre mi lecho,
en ti medito en las vigilias,
porque tú eres mi socorro
y yo exulto a la sombra de tus alas".

 

SALMO 62

R/. MI ALMA ESTÁ SEDIENTA DE TI, SEÑOR DIOS MÍO.

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
m¡ alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
R/. MI ALMA ESTÁ SEDIENTA DE TI, SEÑOR DIOS MÍO.

¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.
R/. MI ALMA ESTÁ SEDIENTA DE TI, SEÑOR DIOS MÍO.

Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca
y mis labios te alabarán jubilosos.
R/. MI ALMA ESTÁ SEDIENTA DE TI, SEÑOR DIOS MÍO.

Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo;
mi alma está unida a ti,
y tu diestra me sostiene.
R/. MI ALMA ESTÁ SEDIENTA DE TI, SEÑOR DIOS MÍO.

 

SEGUNDA LECTURA
Romanos 12, 1-2

San Pablo invita a ofrecer la vida como oblación al Señor. ser totalmente para él. Es el mejor culto que se le puede dar.
      Para ello hay que despegarse de las cosas de este mundo y hacer la voluntad de Dios.

 

PRESENTACIÓN

Acabada la parte doctrinal de la carta, texto proclamado la semana pasada, entra San Pablo en una serie de exhortaciones sobre la conducta cristiana.

Como prólogo a esas exhortaciones, que estarán dedicadas a las relaciones de los cristianos entre sí y con los demás, comienza animando a cada uno a entregar la propia vida como ofrenda a Dios.

La ofrenda hecha a Dios ya no pertenece al oferente. Así, pues, el cristiano, pertenece totalmente al Señor. Esta ofrenda de la propia vida es mucho más agradable a Dios que los holocaustos y sacrificios que se ofrecen en el Templo.

Por lo tanto, si nos hemos hecho ofrenda al Señor, le pertenecemos y, como consecuencia, nuestra vida debe ajustarse a Él, no a este mundo.

Viviendo las realidades temporales y corresponsables de la transformación de la humanidad, nuestro ideal de sociedad y de mundo será aquel que coincida con la voluntad de Dios.

Celebrar la fe y vivir la fe no son dos contrarios, sino dos momentos de una misma realidad: la ofrenda de nuestra vida a Dios y, en Él, a los hombres.

 

ROMANOS 12, 1-2

Hermanos:

Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa, agradable a Dios; éste es vuestro culto razonable.

Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto.

Palabra de Dios

 

ACLAMACIÓN
Efesios 1, 17-18

El Padre de nuestro Señor Jesucristo ilumine los ojos de nuestro corazón, para que comprendamos cuál es la esperanza a la que nos llama.

 

EVANGELIO
Mateo 16, 21-27

Jesús se pone en marcha hacia Jerusalén y comienza a hablar a los suyos de su destino: la pasión y la muerte.
      El Tentador, por medio de Pedro, quiere apartarle del camino marcado por el Padre.
     Al final, Cristo y el discípulo van por el mismo camino: si hay cruz, hay que llevar la cruz. 

 

PRESENTACIÓN

Tenemos una serie de pasajes encadenados: la "confesión de Cesarea" y la entrega del poder de las llaves a Pedro, como roca de la Iglesia; a continuación, Jesús dirige sus pasos hacia Jerusalén, donde les anuncia que tendrá lugar la pasión, muerte y resurrección, que tendrán que asumir también los discípulos. Y, ante el escándalo de la cruz, Jesús se manifiesta, glorificado, a Pedro, Santiago y Juan: la Transfiguración.

¿Quién puede entender el misterio de un Dios encarnado, que salva a la humanidad mediante el dolor, el sufrimiento y la muerte?

En el Plan de Dios, el Hijo comparte la muerte con la humanidad caída, cuyo destino era la muerte eterna. Pero si la muerte del Hijo tenía que ser salvadora, no podía quedarse en la muerte, su destino era la resurrección y la glorificación y, en Él, también la nuestra.

Como al comienzo de su ministerio fue tentado por el diablo en el desierto, para que no llevara a cabo su misión, ahora, el tentador, de forma más sutil, por medio de quien hace unos momentos ha sido designado roca y fundamento de la Iglesia, Pedro, intenta desviarle del camino, por eso le dirá Jesús: "Apártate Satanás".

Y, a continuación, una enseñanza: el discípulo debe caminar tras el maestro.

Si Jesús piensa que su destino es la cruz, previene a los suyos de que correrán la misma suerte, si siguen sus pasos. Hay que estar dispuestos a llevar la cruz.

El que quiera ganar su vida, esto es, abandonar el grupo de los de Cristo, por miedo a la cruz, la perderá y quien pierda su vida por Cristo, la ganará, pues la vida va más allá de los días que vivimos en este mundo. La vida empieza cuando algunos creen que ya está todo acabado.

 

MATEO 16, 21-27

En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo:

-¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.

Jesús se volvió y dijo a Pedro:

-Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.

Entonces dijo a los discípulos:

-El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

Palabra de Dios

"NO ME ACORDARÉ MÁS DE ÉL"

"No me acordaré más de él, no hablaré más en su nombre", decía Jeremías (1ª lectura)

Es la tentación de aquel que cree que su vida, su testimonio cristiano, no sirve para nada o, peor aún, que le complica la existencia.

Cuántos cristianos, ante la mínima dificultad, se echan atrás, niegan o disimulan que lo son.

A veces hay cristianos que se encuentran en difíciles encrucijadas: apoyar a grupos, asociaciones o partidos a los que se sienten cercanos, pero que tienen algunos presupuestos contrarios al Evangelio y a la doctrina de la Iglesia. ¿Qué hacer? No faltan los que, con cualquier excusa, abandonan la Iglesia.

Siempre la tentación de abandonar, la tentación de quedarnos dentro de nuestros templos, con nuestras misas, rosarios, novenas..., pero sin salir a anunciar la salvación que Dios nos ha otorgado mediante la entrega de Jesús en la cruz como sacrificio.

Jeremías no cayó en la tentación de abandonar porque la palabra de Dios era en él "fuego ardiente" y no podía callarse.

Jesús también fue tentado para que abandonara la tarea, la misión que el Padre le había encomendado. Primero en el desierto, después del bautismo, y, ahora de forma más sutil. Pedro, quien acaba de proclamar que Jesús es "el Mesías, el Hijo de Dios vivo" y a quien Jesús acaba de nombrarle la Roca sobre la que edificará la Iglesia, tras el anuncio de Jesús de que va a padecer mucho, ser ejecutado y resucitar al tercer día, quiere impedírselo: "¡No lo permita Dios, Señor! eso no puede pasarte". "Quítate de mi vista Satanás, que me hacer tropezar".

La sociedad de consumo, de tener más que del ser; los medios de comunicación, sobre todo la televisión; el mundo de la informática. internet, el teléfono...

Las ideas y los comportamientos que recibimos a través de ellos, están conformando un tipo de pensamiento y conducta no aceptable, en muchos casos, por un seguidor de Jesucristo.

Algunos sectores de la sociedad, siempre que pueden, aprovechan para denigrar la religión, las creencias, la fe cristiana, la Iglesia, a los cristianos, especialmente a los pastores.

En un ambiente enrarecido en lo referente a lo religioso, los creyentes sienten la tentación de abandonar o esconderse.

Jeremías siguió adelante; el Señor era "fuego ardiente" en él.

Jesús no se echó atrás; murió para cumplir el plan de salvación del Padre y resucitó para que nosotros tuviéramos vida.

En nosotros va a depender del lugar que el Señor ocupe en nuestra vida.

El Señor, es fuego ardiente en mí, daré la cara por Él con mis palabras y mi conducta. Cargaré, si es necesario, con la cruz del Señor y le seguiré.

El Señor está apagado en mí, me esconderé, seré cristiano vergonzante, como mucho iré a la iglesia a cumplir.

Que la Eucaristía robustezca nuestra fe para que demos testimonio de Cristo aun en situaciones adversas.