REFLEXIONES

9 - Agosto

DOMINGO 19º

  TIEMPO ORDINARIO   
 
(A)

" Subió al monte a solas para orar"

 

REFLEXIÓN - 1

"LA INTEMPERIE"

Uno de los beneficios del tiempo de vacacioneses que se suele salir del lugar habitual donde se vive otrabaja. Este distanciamiento hace más fácil laconvivencia y ayuda a valorar más y mejor lo que se tiene.

Pero salir no solo significa un movimiento físico, como puede parecer que se le manda al profeta Elías: “Sal y aguarda al Señor en el monte, que el Señor va a pasar”(1Re 19, 11). Principalmente, la Palabra de Dios de este día nos impulsa a afrontar laintemperie, a dejar el refugio, la cueva donde nos defendemos y escondemos, para poder encontrarnos con el Tú divino, como señala el salmista: “Voy a escuchar lo que dice el Señor” (Sal 84).

Cuando vivimos pertrechados en nuestros feudos ideológicos, seguros de nosotros mismos porque dominamos el ambiente, nos exponemos a perder la posibilidad de percibir la acción del Señor, y con ello, perder la experiencia de su paso.

El ejemplo de Jesús, quien “después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar” (Mt 14, 23), coincide con el de Elías en el monte, que se nos presenta como lugar abierto, sin defensa. Tanto en el caso de Elías como en el de Jesús, será en el espacio abierto del monte donde se encuentren con Dios.

Jesús manda a los suyos a embarcar y a cruzar “a la otra orilla”. Además de lo que significa la otra orilla, la travesía fue accidentada, pero gracias a la intemperie que sufrieron los discípulos por la tormenta, fueron testigos del poder del Señor. Al oír lo que les decía su Maestro “-¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!”-, se produjo en ellos una experiencia fundante, que se grabaría en su memoria.

San Pablo, por el contrario, lamenta la situación que vive su pueblo, refractario a las enseñanzas de Jesús, acorazados en la seguridad que les da ser el pueblo elegido, que por serlo, no tiene por qué abrirse a nada ni a nadie. “Siento una gran pena y un dolor incesante, pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza y sangre, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo.” (Rom 9, 1-3)

No siempre salimos voluntariamente al monte para ponernos en contacto con Dios. Quizá son más las veces que nos empujan las circunstancias a situaciones de inseguridad. Si aprendemos el código que nos ofrecen las lecturas de hoy, al menos estaremos atentos a la posible moción espiritual que nos pueda producir lo que en un principio juzgamos contratiempo, crisis, tormenta…

Aprovecha la oportunidad de salir de casa, del medio habitual de vida, y hasta puedeselegir algún lugar propicio para dar oportunidad al Señor, que desea hablarte. Recuerda lo que dice el profeta Oseas: “La llevaré al desierto, y le hablaré al corazón” (Os 2,14).

REFLEXIÓN - 2

"FE - MIEDO"

"Los discípulos, viéndole andar sobre el agua se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma".

El miedo forma parte de la vida del hombre... a nivel íntimo, personal, familiar, profesional, económico, político, de salud... Y, muy claramente, este tiempo que nos toca vivir -como todo tiempo- está marcado profundamente por incertidumbres y riesgos concretos. No es necesario enumerarlos, porque forman parte, de un modo u otro y con más o menos intensidad, del miedo y de las angustias de todos y de cada uno de nosotros.

Y la realidad es que, humanamente hablando, la fe no nos ahorra nada, no nos libera de ninguna incertidumbre, ni de ninguna inseguridad, ni de ningún riesgo. Nosotros, creyentes, nos hallamos a la intemperie, al raso, como todo el mundo. A merced de lo que pueda suceder. ¡Y vete a saber qué puede suceder!... Bajo el peligro de los vendavales impetuosos e imprevistos, nosotros como todos los demás... Los apóstoles, como toda la gente sencilla de aquel tiempo creían en fantasmas. ¿Solamente la gente de aquel tiempo, podríamos preguntarnos? Y los fantasmas preferían las horas nocturnas para aparecer. Por eso se asustaron y ¡gritaron de miedo! Como nosotros, muchas veces nos asustamos y gritamos de miedo, aunque procuramos que nuestro grito sea lo más discreto posible. Y es que los fantasmas existen, aunque con mil caras distintas...

"¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!" Que la fe no nos libera de nada, como decíamos, no es del todo verdad. Nos quiere liberar precisamente del miedo. Jesús anda sobre el agua y no se hunde. E invita a ir con él a todos nosotros. Y -Pedro y nosotros-, hay momentos en los que nos aguantamos bastante bien en el agua y, otros momentos, en los que nos hundimos... porque la fe, que está por encima de toda confianza, nunca nos empapa del todo; no nos llega hasta el último repliegue de la vida. Y, por eso, dudamos...

Por tanto, el "¡ánimo, soy yo, no tengáis miedo!" pertenece al mensaje esencial de Jesús. Es la perenne promesa que fue realidad aquella noche para los discípulos en la barca, y quiere ser realidad para nosotros, nos hallemos en la situación que sea, en cualesquiera de nuestras noches. Tanto la Iglesia, como cada uno de nosotros, andamos seguros cuando fijamos la mirada en Jesús; pero cuando nos fijamos sólo en nosotros mismos, a la más ligera ventisca, temblamos...

"En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Qué poca fe!" Jesús, una vez más, educa a Pedro y a sus compañeros, que son hombres de mar, a saberse enfrentar, con valentía, con sus tempestades. Profecía, también, de todas las otras tempestades que les esperan y nos esperan.

Cuando el evangelista escribe este texto, la barca, que es símbolo de la Iglesia, ya es combatida: desde fuera, por la persecución y, desde dentro, por el cansancio, la desconfianza, el miedo... Y, por tanto, urgía a la primitiva comunidad recordar este hecho, como a menudo nos urge a nosotros recordarlo.

Recordar que, sin Jesús, la barca se hunde; pero él está en ella, invitándonos como siempre a avanzar mar adentro, porque solamente en la medida que arriesguemos algo en nuestra vida podremos decir que tenemos fe.

Cada Eucaristía es un momento privilegiado para sentir la voz de Jesús que nos dice como a Pedro: "Ven", y también, para decirle, juntos, como los discípulos postrados en la barca: "Realmente eres el Hijo de Dios".

P. VIVO

 

 

REFLEXIÓN - 3

"CAMINA SOBRE EL AGUA"

-LA BARCA EN LAS TINIEBLAS DE LA NOCHE

La escena del evangelio de hoy parece más bien un relato de aparición del Resucitado más que un hecho de la vida pública de Jesús. Es posible que la escena esté fuera de lugar. Pero lo mismo da. La escena tiene un sentido muy claro, y nos aporta una reflexión muy útil: la barca va avanzando en la oscuridad de la noche, a veces con dificultad, pero el Señor siempre está cerca, aunque no lo parezca.

La escena tal como está explicada invita a recrearse un poco en ella. Imaginémosla como si se tratara de una película: se ha parado la música de fondo, se ha hecho el silencio, es de noche, y se ve la barca avanzando con dificultad; de vez en cuando se oye el ruido de una ola fuerte; los discípulos preocupados, y más preocupados aún cuando Jesús se les acerca; y, finalmente, rompiendo el silencio, la palabra salvadora: "¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!" La escena se puede trasponer muy bien a nuestras vidas. Y el mensaje de Jesús, "¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!", es un mensaje que se dirige personalmente a cada uno de nosotros. A cada uno de nosotros, cuando nuestra barca va avanzando con dificultad, Jesús se nos acerca de manera a veces confusa, y no le reconocemos, y sólo vemos fantasmas. El nos invita hoy a saberlo reconocer, a saber que siempre está cerca de nuestra barca.

-EL DIOS DEL SUSURRO

La primera lectura es emblemática. El Dios del AT, que la misma carta a los hebreos tipifica como Dios de fuego y tempestad (12. 18ss), aquí se define como todo lo contrario. Al profeta Elías, que huye de Jezabel y que quería arrasar el reino pecador, Dios se le manifiesta lejos de las fuerzas atemorizadoras de la naturaleza: viene en el susurro, es el Dios de la confianza. Es, dirá el salmo responsorial con que oramos a continuación, un Dios que anuncia la paz, que está cerca para salvar, que lleva la fidelidad y el amor, la justicia. Jesús, al comenzar la escena evangélica, sube a la montaña a orar, a vivir en profundidad su unión con este Dios. Y después a los discípulos de la barca, se les mostrará como la presencia cercana del Dios que invita a la confianza en todas las ocasiones. La segunda parte de la escena evangélica con el empuje de Pedro que quiere ir hacia Jesús y luego su miedo que le lleva a hundirse, se encuentra sólo en el evangelio de Mateo. Mateo, como es sabido, tiene interés en mostrar cómo debe ser el nuevo pueblo de los seguidores de Jesús y toma, más de una vez la figura de Pedro como símbolo de este nuevo pueblo (dentro de dos domingos este hecho aparecerá muy claramente en la confesión de Cesarea).

Pedro ejerce una especial función, en este nuevo pueblo: es como un punto de referencia para todos. Se puede decir que él con su determinación y su empuje personal en el seguimiento "se lo ha ganado". Pero precisamente por eso Pedro debe ser de un modo muy claro signo de aquellas características fundamentales que Jesús quiere para su pueblo: signo, concretamente, de la capacidad de poner la confianza únicamente en la palabra de Jesús y no asustarse ni buscar seguridades en las cosas que este mundo considera fiables (este mundo considera fiable tener los pies muy agarrados en el suelo, y Jesús le dice a Pedro que camine sobre el agua).

La escena se aplica, por extensión, a la Iglesia, de la que Pedro es punto de referencia. El nuevo pueblo de Dios debe confiar en la palabra del Maestro y -digámoslo así- en los "métodos" del Maestro, unos métodos que probablemente cualquier persona razonable consideraría precisamente poco fiables...

J. LLIGADAS