PALABRA DE DIOS 

9 - Agosto

DOMINGO 19º

  TIEMPO ORDINARIO   
 
(A)

" Subió al monte a solas para orar"

 

PRIMERA LECTURA.
1 Reyes 19, 9a. 11-13a

El profeta Elías, amenazado de muerte por la reina Jezabel, huye y marcha en peregrinación al monte Sinaí, al Horeb.
     Allí tiene su encuentro con Yhavhé, su Dios; no lo va a ver ni oír en los truenos, terremotos y fuegos. En el susurro de una brisa suave le oirá.

 

PRESENTACIÓN

El profeta Elías ha tenido que huir del Reino del Norte, pues Jezabel ha decidido acabar con él, por el desafío y posterior muerte de los sacerdotes de Baal.

Tiene miedo, está cansado y desanimado.

Así, pues, su huída es ir en peregrinación al Horeb, el monte Sinaí, donde Yhaveh se entrevistó con Moisés y le dio las tablas de la Ley.

El Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, se le reveló a Moisés como Yhaveh y Elías es un decidido defensor del yhavismo, frente a quienes se han ido tras los cultos cananeos de los baales.

Necesita encontrarse con el Señor, necesita recuperar fuerzas e ilusión.

Sube al monte del Señor y se refugia en la cueva de Moisés.

Se presentan las fuerzas de la naturaleza con su grandeza e inmensidad: el huracán, el temblor de tierra, el fuego... Cuántas veces las religiones de los paganos habían divinizado estas fuerzas. Pero Dios no estaba en la fuerzas violentas y destructivas.

Sólo cuando pasó el susurro de una brisa suave, pudo oír a Yhavhé.

Y el Señor le habló y le ratificó en la misión que le había encomendado.

En nuestras sociedades del ruido y la prisa, de móvil todo el día en el oído, de la música a todo volumen; en nuestra sociedades de la competencia, del consumo, de la búsqueda de los bienes terrenales; en definitiva, en nuestra sociedad, donde se adoran a tantos " baales", necesitamos de la soledad y del silencio para poder encontrarnos con Dios y escucharle. El no se ha ido.
 

1REYES 19, 9a. 11-13a

En aquellos días, al llegar Elías al monte de Dios; al Horeb, se refugió en una gruta. El Señor le dijo:

-Sal y aguarda al Señor en el monte, que el Señor va a pasar.

Pasó antes del Señor un viento huracanado, que agrietaba los montes y rompía los peñascos: en el viento no estaba el Señor. Vino después un terremoto, y en el terremoto no estaba el Señor. Después vino un fuego, y en el fuego no estaba el Señor. Después se escuchó un susurro.

Elías, al oírlo, se cubrió el rostro con el manto y salió a la entrada de la gruta.

Palabra de Dios

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 84

PRESENTACIÓN

Israel cantaba el salmo 84 después de la vuelta del destierro.

Un corazón agradecido por el amor con el que Dios cuida a su pueblo.

"Propicio has sido Yhavhé con tu tierra,
has hecho volver a los cautivos de Jacob".

El Señor es bueno con su pueblo, le ha quitado la culpa, le ha perdonado su pecado y ha retirado el ardor de su cólera.

Y el Señor promete la paz para todos, siempre que le sean fieles.

Toda una era comienza: la era del Amor y la Verdad, de la Justicia y la Paz.

El Señor es la causa de nuestra prosperidad y alegría

"El mismo Yhavhé dará la dicha
y nuestra tierra su cosecha dará.
La Justicia marchará delante de Él,
y con sus pasos trazará un camino."
 

SALMO 84

R/. MUÉSTRANOS, SEÑOR, TU MISERICORDIA 
       Y DANOS TU SALVACIÓN

Voy a escuchar lo que dice el Señor.
Dios anuncia la paz.
La salvación está ya cerca de sus fieles
y la gloria habitará en nuestra tierra.
R/. MUÉSTRANOS, SEÑOR, TU MISERICORDIA 
       Y DANOS TU SALVACIÓN

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la Justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra
y la justicia mira desde el cielo.
R/. MUÉSTRANOS, SEÑOR, TU MISERICORDIA 
       Y DANOS TU SALVACIÓN

El Señor nos dará la lluvia
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos.
R/. MUÉSTRANOS, SEÑOR, TU MISERICORDIA 
       Y DANOS TU SALVACIÓN

 

SEGUNDA LECTURA
Romanos 9, 1-5

Antes de conocer a Cristo, Pablo era un judío entregado plenamente a la fe de su pueblo.
      Cuando se encontró con Cristo, todo quedó atrás. Y, aunque perseguido tantas veces por sus antiguos hermanos, él siente muy profundamente que no se hayan encontrado con Cristo.
      Estaría dispuesto a ser un proscrito de Cristo por ellos.

 

PRESENTACIÓN

Qué entregado había estado San Pablo a su fe en Israel. Judío por los cuatro costados, fariseo, discípulo de Gamaliel, perseguidor de los cristianos, en los que veía un peligro para la pureza de la fe.

Se encontró con Cristo resucitado en el camino de Damasco y cambia su vida radicalmente. Todo es como basura, comparado con el gran hallazgo.

Por eso, sus antiguos correligionarios judíos lo persiguen, lo denuncian, lo apalean, lo entregan a los tribunales, en definitiva, quieren quitárselo de encima.

No renuncia a ser judío, aunque en algún momento tenga que apelar a su ciudadanía romana, por ser de Tarso.

Y porque se siente judío y sabe de la predilección que Dios ha tenido para con ellos, le duele enormemente que no den el paso de acoger a Cristo como el Mesías prometido y esperado que viene a traer la Salvación anunciada desde antiguo.

Con la sinceridad que le caracteriza, expresa el dolor, la pena que siente por los suyos. No le importaría nada ser un proscrito por el bien de los de su raza y su sangre.

Y es que, habiendo sido tan privilegiados: adoptados como hijos de Dios, con un Templo, signo de su presencia, la Alianza, la Ley, el culto, las promesas..., además, los patriarcas, el haber sido el pueblo donde nació en lo humano el Hijo de Dios, han hecho oídos sordos en el momento decisivo.

¿Qué más quieren? ¿Cómo han cerrado su mente y su corazón?

No han aceptado al Mesías, el que está por encima de todo: "Dios bendito por los siglos de los siglos. Amén"

ROMANOS 9, 1-5

Hermanos:

Como cristiano que soy, voy a ser sincero; mi conciencia, iluminada por el Espíritu Santo, me asegura que no miento. Siento una gran pena y un dolor incesante, pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza y sangre, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo.

Ellos descienden de Israel, fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Suyos son los patriarcas, de quienes, según lo humano, nació el Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los siglos. Amén.

Palabra de Dios

 

ACLAMACIÓN
Salmo 129, 5

Espero en el Señor, espero en su Palabra

 

EVANGELIO
Mateo 14, 22-33

Después de la multiplicación de los panes, evangelio del domingo pasado, Jesús marcha solo al monte a orar.
     Pero no se olvida de los suyos que se han adentrado en el mar con la barca.
    Les da ánimo, les dice que no tengan miedo, que tengan fe, Con él en la barca, amainan los vientos.

 

PRESENTACIÓN

Con los cinco panes y dos peces, Jesús había dado de comer a la multitud; antes había curado a los enfermos que le habían presentado.

El día había sido agitado y, como de costumbre, siente la necesidad de retirarse a orar, en un encuentro a solas con el Padre.

Ese silencio, esa tranquilidad, en la que el profeta Elías también se encontró con Yhavhé en el Horeb.

Pero no se olvida de los suyos, que se han adentrado en el lago, y lo están pasando mal porque se ha embravecido.

Se ha acercado andando sobre el agua y los suyos han creído ver un fantasma; no esperan que esté tan cerca de ellos.

"Animo, no tengáis miedo"

Pedro, tan decidido y tan frágil. Se echa a andar por encima del agua hacia Jesús, pero el miedo, la falta de confianza, le pierde. Comienza a hundirse. Jesús le echa una mano.

Cuando Jesús sube a la barca ,el viento amaina.

La barca de Pedro es un símbolo de la Iglesia. A veces creemos que somos nosotros los que la llevamos adelante con nuestra organización, nuestras normas, nuestros esfuerzos y tareas apostólicas. Nos olvidamos de que Él camina a nuestro lado.

Y, cuando las cosas se ponen difíciles, cuando el mar de la historia azota con sus olas la barca, escuchamos la voz del Señor: "No tengáis miedo", "qué poca fe", ¿por qué dudáis?"

Y él devuelve la serenidad y la fuerza; y la barca de Pedro sigue adelante a pesar de la poca fe y del miedo, pues el Señor ha empeñado su palabra y su presencia.

MATEO 14, 22-33

Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla mientras él despedía a la gente.

Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo.

Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.

Jesús les dijo en seguida:

-¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!

Pedro le contestó:

-Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.

El le dijo:

-Ven.

Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:

-Señor, sálvame.

En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: -¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?

En cuanto subieron a la barca amainó el viento.

Los de la barca se postraron ante él diciendo:

-Realmente eres Hijo de Dios.

Palabra de Dios

El verano en la Manga es época de mucho movimiento y estrés.

Venimos a descansar y nos vamos más cansados que al comienzo: los cambios en los horarios, las comidas, la casa, que no es en la que habitualmente se vive, generalmente la de la playa más pequeña y más incómoda, las visitas, las compras, las diversiones y, sobre todo, las horas bajo el sol y los baños en la playa...

Y es que no todos pueden pagarse un hotel donde se les dé todo hecho. Muchos más no tienen vacaciones de ningún tipo.

Al final decimos: "Estoy de vacaciones y no tengo tiempo para nada".

Algunos se hicieron buenos propósitos: "este verano leeré un poco más", "dedicaré un poco más de tiempo a la reflexión y la meditación", "Iré a la Eucaristía con más frecuencia", "no me faltará un tiempo para la oración y la contemplación, por la mañana a la salida del sol o por la tarde en el bello crepúsculo de la Manga

Al final, hemos ido corriendo de un sitio a otro y nos vamos como vinimos.

Y sin embargo, sobre todo en este tiempo, necesitamos momentos de silencio, tranquilidad y oración.

Hemos escuchado en la palabra de Dios cómo Elías, en un momento difícil de su vida se marcha al monte del Señor para encontrarse a solas con Él y compartir sus angustias y situaciones; hemos escuchado cómo Jesús, después del día ajetreado en el que dio de comer a unos "cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños", se retiró a orar, a encontrarse a solas con el Padre.

¿Es que no necesitamos nosotros de ese silencio?

Si queremos vivir con verdadero espíritu cristiano es imprescindible la oración, personal y comunitaria, el encuentro con el Señor fuera de los ruidos, las tensiones, el estrés... Qué bien lo tenemos en la Manga. Cuando aún no ha comenzado el jaleo de las playas o cuando ya ha pasado. Qué tranquilidad para pasear y orar al amanecer o a la puesta del sol; en la iglesia ante el sagrario o en los jardines de oración de las parroquias...

Los tiempos no son fáciles para la vivencia de la fe, la sociedad ya no acompaña como en el pasado. A veces nuestra vida cristiana y la Iglesia están como barca en medio de un mar en fuerte oleaje. "Ánimo, soy yo, no tengáis miedo", nos dice Jesús.

Si tenemos fe, caminaremos sobre el agua, es decir, superaremos las dificultades y dudas personales y ambientales; pero para eso tenemos que ir hacia Jesús que nos dice, como a Pedro: "Ven".

Con él amainan los vientos y el mar embravecido se calma.

La Eucaristía es encuentro con el Señor.

Si él camina con nosotros, caminamos seguros.