PALABRA DE DIOS 

3 - Mayo

4º Domingo de
Pascua

"Quien entre por mí
se salvará"

 

 

PRIMERA LECTURA
Hechos de los Apóstoles 2, 14a 36-41

Seguimos con el discurso de San Pedro el día de Pentecostés, que comenzamos la semana pasada. 
       Tras proclamar la Buena Noticia de Jesucristo, muerto y resucitado por nuestra salvación, los que escuchan preguntan: ¿Qué tenemos que hacer?
        "Convertíos y bautizaos para que se perdonen vuestros pecados".
        La promesa de salvación es para todos.

 

PRESENTACIÓN

Última parte del discurso de Pedro a los judíos y habitantes de Jerusalén el día de Pentecostés.

La semana pasada habíamos proclamado el núcleo central y esta semana la conclusión.

El crucificado ha sido constituido por Dios Señor y Mesías.

Los que han tomado conciencia de lo que han hecho, de la situación de culpabilidad en la que se encuentran, preguntan: "¿Qué tenemos que hacer?

"Convertíos". Actitud del creyente en Dios ante una ofensa hecha.

"Bautizaos", ya que el perdón va asociado al bautismo y éste a la fe en el resucitado como Dios y Señor.

Sólo en él está la salvación; las promesas hechas ya se han cumplido, no hay que seguir esperando. La promesa vale para todos y para todos los tiempos; únicamente hay que responder a la llamada del Señor.

La fuerza de la palabra de aquel hombre sencillo, sin cultura, un pescador de Galilea, que brotaba de su fe en Jesús Mesías resucitado y de la fuerza del Espíritu Santo, conmovieron a los oyentes y muchos aceptaron sus palabras y se bautizaron. No todos habían rechazado a Jesús y, enardecidos por Pedro, tras el escándalo de la cruz, volvieron decididos.

HECHOS DE LOS APÓSTOLES 2, 14a. 36-41

Dios lo ha constituido Señor y Mesías

El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra: "Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías." Estas palabras les traspasaron el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: "¿Qué tenemos que hacer, hermanos?" Pedro les contestó: "Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y, además, para todos los que llame el Señor, Dios nuestro, aunque estén lejos." Con estas y otras muchas razones les urgía, y los exhortaba diciendo: "Escapad de esta generación perversa." Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les agregaron unos tres mil.

Palabra de Dios

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 22

PRESENTACIÓN

"El Señor es mi Pastor, nada me falta"

Jesús había hablado de los malos pastores, de los asalariados, de los que abandonan el rebaño, de aquellos a quienes no les importan las ovejas: que dejan que se pierdan, que se despeñen o que se las coman los lobos.

Reyes, sacerdotes y profetas, actuaron como malos pastores.

El que nunca falló a su pueblo, el que se mantuvo fiel a sus promesas, fue el Señor.

Con él nada les faltó: ni verdes praderas, ni fuentes tranquilas.

Él los guía por buenos senderos; no va a dejar que ninguno se despeñe, ni se pierda; con él vamos tranquilos y sin miedos.

¿Qué puedo temer de los enemigos si tú vas conmigo, si tú me has marcado como propiedad tuya y nada me falta?

Eres un buen pastor preocupado por cada uno, contigo estamos seguros en el camino de la vida. Por eso no quiero dejar de formar parte de los tuyos, de tu rebaño; quiero habitar en tu casa para siempre.

"El Señor es mi Pastor, nada me falta"

SALMO 22 

El Señor es mi pastor, nada me falta.

El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar,
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
R.
El Señor es mi pastor, nada me falta.

Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan. 
R.
El Señor es mi pastor, nada me falta.

Preparas una mesa ante mí,
enfrente de mis enemigos;
me unges la cabeza con perfume,
y mi copa rebosa. 
R.
El Señor es mi pastor, nada me falta.

Tu bondad y tu misericordia me acompañan
todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor
por años sin término. 
R.
El Señor es mi pastor, nada me falta.

 

SEGUNDA LECTURA
1ª Pedro 2, 20b-25

El seguimiento de Jesucristo con todas sus consecuencias: pasar por el mundo haciendo el bien, denunciar el pecado y sus consecuencias, el mal que hay en el mundo, puede traernos persecución y sufrimiento.
      Aceptar el sufrimiento es hermoso ante Dios.
      Cristo sufrió su pasión y muerte por nosotros y nos dio ejemplo. Él es el Pastor de nuestras vidas.

 

PRESENTACIÓN

El que por el bautismo se une a Cristo, tiene en él el Camino, la Verdad y la Vida.

Por lo tanto, el cristiano es el seguidor de Cristo, también del Cristo que sufre.

"Si obrando bien soportáis los sufrimientos, hacéis una cosa hermosa ante Dios".

¿Se refiere el autor de la carta de Pedro a quienes están siendo perseguidos por su fe y su comportamiento cristiano? ¿A quienes viven en un ambiente hostil? ¿A los esclavos convertidos a Cristo que están sufriendo los abusos de sus amos?

Si Cristo padeció por nosotros y nos salvó, también nos dio un ejemplo para seguirle.

Lo que han hecho con Jesús pueden hacerlo con los suyos. Sin culpa lo condenaron y lo entregaron a la muerte. Él la aceptó para librarnos del pecado. Sus heridas eran nuestra salud. Y lo aceptó libremente en favor nuestro.

Devolver mal por mal, insulto por insulto, violencia por violencia, no es imitar a Cristo, que perdonó incluso a sus verdugos.

Ese es el camino que ha hecho por delante el Pastor, para que no andemos descarriados. Esa conducta es la mejor y más eficaz denuncia y victoria sobre los que  persiguen, hacen sufrir y ofenden a los demás.

1ª PEDRO 2, 20b-25

Habéis vuelto al pastor de vuestras vidas

Queridos hermanos: Si, obrando el bien, soportáis el sufrimiento, hacéis una cosa hermosa ante Dios. Pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo padeció su pasión por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas. Él no cometió pecado ni encontraron engaño en su boca; cuando lo insultaban, no devolvía el insulto; en su pasión no profería amenazas; al contrario, se ponía en manos del que juzga justamente. Cargado con nuestros pecados subió al leño, para que, muertos al pecado, vivamos para la justicia. Sus heridas os han curado. Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas.

Palabra de Dios

 

ACLAMACIÓN
Juan 10, 14

Yo soy el buen Pastor, dice el Señor, conozco a mis ovejas y las mías me conocen.

 

EVANGELIO
Juan 10, 1-10

Jesús recrea el ambiente de los pastores: los dueños y los asalariados, el redil y la puerta de entrada, los ladrones que roban las ovejas...
      Él es el buen Pastor; sus ovejas le siguen y le escuchan; él las conoce y va por delante.
      Él es también la puerta del aprisco, quien pase por él se salvará.

 

PRESENTACIÓN

La parábola del pastor y de la puerta del aprisco.

Como en muchas de sus parábolas, Jesús toma las imágenes de la vida real.

Al atardecer, los pastores llevaban los rebaños a un solo aprisco; ellos marchaban y las ovejas quedaban bajo la protección de un guarda, que estaba a la puerta. Nadie que no fueran los pastores podían entrar en el aprisco. Quien quiera robar las ovejas tendrá que hacerlo derribando las tapias.

Por la mañana van los pastores al aprisco, llaman a sus ovejas y las sacan a pastar.

Las ovejas escuchan a su pastor, le siguen y tienen confianza en él; quien no es pastor de las ovejas, o es ladrón o bandido o se arroga un nombre que no le corresponde.

Jesús es el Pastor que entra por la puerta, llama a sus ovejas y éstas le siguen porque conocen su voz.

Las ovejas no van saltando tapias sino que salen por la puerta. Jesús se compara con la puerta. Solamente pasando por él se accede a los buenos pastos y se tiene vida en abundancia, vida eterna.

Sólo los que entran por la puerta, que es Cristo, son auténticos pastores.

Habrá que tener cuidado con los falsos pastores, con los que intenten robar, matar y hacer estragos en el rebaño.

 JUAN 10, 1-10

Yo soy la puerta de las ovejas

En aquel tiempo, dijo Jesús "Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a sus voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños." Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: "Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante."

Palabra del Señor