REFLEXIONES  

23 - Junio

SOLEMNIDAD DEL
CUERPO Y LA SANGRE
DE CRISTO

(C)

 

"Comieron todos
y se saciaron..."

 

REFLEXIÓN 1

"TOMAD Y COMED... TOMAD Y BEBED..."

El que no come se muere

Hay quienes dicen: "Yo soy cristiano, pero no voy a misa" (la palabra Eucaristía les suena difícil y rara). Sin embargo, un cristiano sin Eucaristía es como pájaro sin alas.

La Eucaristía no es un rito que hemos inventado para entretener los fines de semana. La Eucaristía, como los demás sacramentos, están conectados con el Señor.

Ya nos lo ha dicho San Pablo: "Yo he recibido una tradición que procede del Señor".

La Eucaristía actualiza y hace presente el momento más importante de la vida del Señor: su entrega, la entrega de su vida en el altar de la cruz, para salvarnos de la esclavitud del pecado y abrirnos las puertas de la vida eterna, que las teníamos cerradas.

En los antiguos sacrificios de animales, el que ofrecía el sacrificio recibía parte de lo inmolado para, comiéndolo, entrar en comunión con Dios, al que se ofrecía el sacrificio.

Jesús, que es la víctima sacrificada, también quiere que comamos su carne, ofrecida en el altar de la cruz, y, así, entrar en comunión con Él.

Por eso la Eucaristía es sacrificio y comida sagrada.

Fue en una comida sagrada, la Pascua, cuando Jesús nos dio su cuerpo y su sangre, que se iban a entregar en la cruz: su cuerpo, en un poco de pan y su sangre, en un poco de vino.

Después nos mandó: "Haced esto en conmemoración mía".

Los que comemos el Cuerpo del Señor, nos llenamos de su vida nueva; y esto debería notarse en la manera de estar en la Iglesia, Cuerpo de Cristo. Debemos quererla, como a Cristo, defenderla, sentirnos miembros activos, ofrecernos para lo que haga falta, formarnos más, tomar conciencia de que cada uno somos Iglesia.

Los que comemos el Cuerpo del Señor, nos hacemos semejantes a Él; y esto significa que nuestras palabras, nuestras obras, nuestra vida, deben asemejarse a las de Jesús. Los demás deben ver en nosotros rasgos suyos.

Los que comemos el Cuerpo del Señor, debemos sentirnos hermanos, entre nosotros y con los demás; serán los pobres, los enfermos, los que sufren, los hermanos privilegiados. Por eso el día del Corpus es el día dela caridad y del amor fraterno.

El Señor se nos da como alimento y no hay apuro de que falte. Comen todos y sobra bastante, como en el milagro de la multiplicación de los panes.

La Eucaristía es el gran don del Señor a los suyos. Perder este don es dejar de alimentarse; y quien no se alimenta, pierde las fuerzas, enferma y muere en su vida cristiana.

Hoy día del Corpus, manifestamos a todos nuestra fe en el misterio del amor de Dios, entregado en el  Cuerpo y la Sangre de Cristo y presentes en la sencillez del pan y el vino.

Y en este Pan y Vino, adoramos al Dios vivo y verdadero.

 

REFLEXIÓN 2

"LA ALIANZA DEL AMOR "

-LA FIESTA DEL CORPUS
Hoy celebramos una fiesta entrañable para nosotros. Hoy celebramos lo único que realmente podemos celebrar los cristianos y aun los hombres todos. Porque hoy celebramos el amor de Dios, que Dios es amor y que nos ama desmesuradamente.

Frente a tantas elucubraciones de sabios y eruditos, que a veces desfiguran el rostro de Dios y nos lo hacen terrible o inaccesible, la fiesta del Corpus nos descubre el verdadero rostro de Dios, que es su amor por nosotros, hasta el colmo del sacrificio del cuerpo y de la sangre de su propio Hijo "por nosotros".

Por eso es importante despojarnos de prejuicios y escuchar con atención y sencillez la palabra de Dios. Lo que Dios nos ha manifestado sobre sí mismo en su Hijo Jesucristo.

-LA ANTIGUA ALIANZA
Moisés rubricó la alianza de Dios con su pueblo con la sangre de los animales sacrificados. La mitad la vertió sobre el altar, la parte de Dios; y la otra mitad la asperjó sobre el pueblo. De esta suerte, el pueblo entendió que Dios estaba con ellos, de su parte. Y el pueblo se comprometió a poner en práctica todo cuanto el Señor les había ordenado y que estaba recogido en las tablas de la ley. Los diez mandamientos son uno de los primeros documentos que recogen los principales derechos del hombre: el derecho a la vida, a la familia, al honor y buen nombre, a la información y expresión, a la propiedad.

La consecuencia de aquella primera alianza, rota y restaurada infinidad de veces es la historia de Israel, era una nueva religión, fundada no tanto en el temor, cuanto en el respeto al pacto sellado por mediación de Moisés.

-LA NUEVA ALIANZA
La sangre derramada de Cristo sella una nueva y definitiva alianza entre Dios y la humanidad. Esta vez no hará falta la sangre de los animales sacrificados. Jesús, el Hijo de Dios, entregará su cuerpo al sacrificio y derramará hasta la última gota de su sangre para la remisión de los pecados. Será un sacrificio definitivo, de una vez por todas y para todos. El sacrificio de Jesús no se repetirá, sólo se actualizará ininterrumpidamente en la eucaristía. Las infidelidades de los hombres no harán precisa una nueva alianza, como ocurriera en el primitivo pueblo de Dios. La alianza con Dios por mediación de Jesucristo se renovará sacramentalmente siempre que sea necesario, sin necesidad de repetirse. Jesús no volverá a morir. Murió y resucitó y vive para siempre.

-LA ALIANZA DEL AMOR
Esta nueva alianza, sellada con la sangre de Cristo, supone una novedad radical en las relaciones entre los hombres y Dios, porque nueva es la relación de Dios con los hombres por Jesucristo. Esta relación es la religión del amor.

Toda la vida de Jesús, todas sus obras y sus palabras no tuvieron otra intención que la de darnos a conocer el misterio insondable de Dios, que es amor, amor a los hombres. Y el momento culminante de la vida de Jesús, su muerte en la cruz, fue la demostración suprema del amor de Dios. El mismo Jesús lo entendió así: "Nadie tiene mayor amor que el que da la vida". Y así lo entendió también el discípulo amado, cuando dice que "Jesús, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo" de entregar su cuerpo en comida y en bebida su sangre.

Ahora sí que podemos entender que Dios es amor. Ahora podemos estar seguros de una cosa: que Dios es sobre todo "el que nos ama desmesuradamente". Ahora podemos vislumbrar también el misterio trinitario de Dios, que es nuestro Padre, nuestro hermano, nuestro abogado.

-LA RELIGIÓN DEL AMOR
Y ahora tenemos que comprender, por fin, que el cristianismo , que viene de Cristo, en quien hemos visto el amor de Dios, es la religión del amor, de la caridad, de la solidaridad. El verdadero culto, que nos recordaba Pablo, el culto que expresamos insuperablemente en la eucaristía, es la praxis del amor cristiano. Recientemente, Juan Pablo II, al hacernos partícipes de su gran preocupación y solicitud por los problemas sociales, hacía un angustioso llamamiento a la solidaridad como alternativa a un mundo que presume de desarrollo y progreso, cuando lo que más se desarrolla y progresa es el abismo que separa al Norte del Sur, a los ricos de los pobres.

-DÍA DE CARITAS
Hoy, fiesta del cuerpo y de la sangre de Cristo, es el día de la caridad. Caritas quiere ser el instrumento que facilite y canalice el amor de todos los cristianos, para que el amor de los cristianos no se reduzca a limosnas, sino que sea de verdad amor y sea eficaz. Porque la exigencia del amor cristiano no es dar de lo que nos sobre, ni siquiera quitarnos lo que necesitamos. El amor de Dios nos urge a crear un mundo más humano, más justo, más solidario, más igual, donde se ponga fin al estigma de la pobreza, del abandono, del paro, del hambre y de la desesperación de la mayoría.

EUCARISTÍA

(mercabá)

 

REFLEXIÓN 3

"LA NUEVA ALIANZA"

Cada semana, algunos cada día, nos reunimos a celebrar la Eucaristía.

Pero, ¿realmente venimos a celebrar lo que la Eucaristía significa?, ¿entramos en el fondo o nos quedamos en la superficie del "cumplimiento de una obligación de nuestra religión"? 

¿Nos interesa lo que en ella se celebra? porque "este es el sacramento de nuestra fe".

¿De qué estamos más pendientes del misterio que se realiza y actualiza o de lo periférico?

Es demasiado importante lo que en ella se celebra para venir a otras cosas.

Celebramos la fiesta de la NUEVA ALIANZA.

En el Sinaí hay una Alianza entre Dios y su pueblo. Un Pacto en el que Dios ha tomado la iniciativa de hacer de aquel pequeño grupo de esclavos que ha sacado de Egipto, un pueblo libre, un pueblo elegido, su pueblo.

Y este Pacto tiene sus cláusulas: la Ley, los Mandamientos.

El pueblo acepta, dice que cumplirá lo que ha dicho el Señor. Al final, según las costumbres de la época hay un rito, el sacrificio de un cordero, cuya sangre se derrama sobre el altar y sobre el pueblo.

También en el Calvario, anticipado sacramentalmente a la Última Cena, hay una Alianza entre Dios y los hombres: la Nueva Alianza en la sangre de Cristo.

El Hijo de Dios, "que por nosotros y por nuestra salvación bajó del cielo", quiere liberarnos de nuestras esclavitudes, de nuestros pecados y reestablecer el Pacto con Dios, que tantas veces rompemos.

Y la Nueva Alianza, cuya cláusula principal es el amor a Dios y al prójimo, se sella con la sangre de un cordero, del "Cordero de Dios que quita el pecado del mundo", Jesús.

Él se ha ofrecido como sacrificio sin mancha para liberarnos de nuestros pecados, como ha dicho la carta a los hebreos.

Cuando los judíos celebraban la Pascua, Jesús también se reunió con los suyos en la Última Cena. Y en la mesa, con los signos del pan y del vino, anticipará el sacrificio de la cruz: "Tomad, esto es mi cuerpo"  "que se entrega por vosotros", añadirá San Lucas.

"Esta es mi sangre, sangre de la Alianza, derramada por todos",

Dios da por adelantado. Cuando se consuma el sacrificio de la cruz, del costado de Jesús sale sangre y agua. Ha entregado toda su vida por nuestra salvación.

Ante las acciones de Dios, los israelitas dijeron: "Haremos todo lo que dice el Señor y lo obedeceremos". ¿Vamos a ser menos nosotros?

En cada Eucaristía, Dios nos da la salvación mediante la entrega de su Hijo; en cada Eucaristía sellamos el pacto de la Nueva Alianza con Dios; en cada Eucaristía respondemos al Dios del amor, prometiendo hacer todo lo que Él dice.