REFLEXIONES  

12 - Mayo

4º DOMINGO DE PASCUA

(C)

 

"Mis ovejas
escuchan mi voz"

 

REFLEXIÓN 1

"¨PASTORES¨ Y ¨EL BUEN PASTOR¨"

Todos los días los políticos nos calientan la cabeza con sus ideas, sus enfrentamientos, sus memorias históricas, sus engaños y mentiras, sus fraudes...

Los políticos muchas veces se erigen en guías y pastores de la sociedad; sin embargo no siempre llevan a buenos "pastos" y por buenos caminos. Cuántas veces su preocupación es seguir siendo pastores, guías, o dicho de manera más sencilla, cuántas veces están más interesados por mantenerse en el poder, sea como sea, que en servir bien a las ovejas, a los ciudadanos.

Nosotros sólo tenemos un Pastor, Jesucristo. Como ciudadanos, votaremos a unos u a otros, a aquellos que nos parezca que se acercan más al Evangelio, ninguno lo abarca en su totalidad, pero sabiendo que sólo Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida; que sólo en Jesús, siguiéndole, iremos por caminos seguros.

Él no necesita de nuestros votos y, sin embargo, nosotros necesitamos absolutamente de Él.

El ser humano necesita seguridad, ser feliz; las personas queremos saber hacia dónde vamos, queremos vivir y vivir para siempre. Siguiendo a Jesucristo y a los pastores que él nos ha dado como guías, iremos por caminos seguros.

A veces los mensajes que nos vienen de los guías de la sociedad no coinciden con los mensajes de Cristo y de la Iglesia; y nos entran dudas, y nos preguntamos quién tendrá razón o, simplemente nos atraen más los mensajes que nos llegan de afuera.

Hemos de tenerlo claro: si somos de los de Cristo, él nos dice: "Mis ovejas escuchan mi voz" y "me siguen". Si no escuchamos su voz y no le seguimos, dejamos de ser de los suyos.

Los guías, los "pastores" de la sociedad, pueden bajar impuestos, hacer leyes por las que todo sea permitido, procurar cada día más calidad de vida, etc. etc., pero ninguno puede dar la vida eterna, sólo Jesucristo.

A veces ser de los de Jesús, denunciar los caminos erróneos de los otros "pastores", puede llevar a la persecución. La primera lectura nos ha presentado la persecución que sufrieron Pablo y Bernabé y en el Apocalipsis se nos ha hablado del triunfo de los que "vienen de la gran tribulación".

 

REFLEXIÓN 2

"UN CAMINO Y UN GUÍA"

Es bueno recordar de vez en cuando, aunque de manera sencilla, los rasgos  fundamentales del vivir humano. Nos puede ayudar a vivir de manera más lúcida y  responsable. 

Antes que nada, hemos de recordar que la vida es algo personal. Mi vida es tarea mía y  sólo yo la puedo vivir. Nadie me puede sustituir. Si yo no amo, siempre faltará en el mundo  ese amor. Si yo no creo, no gozo, no crezco... faltará para siempre esa creatividad, ese  gozo o ese crecimiento.

Esto significa también que no existe la vida en abstracto. Existimos los vivientes. Como  tampoco existen en abstracto valores como el amor, la bondad, la justicia, sino encarnados  en la vida concreta. Existe el amor cuando hay personas vivas que se quieren; existe la  bondad cuando hay personas buenas; hay justicia cuando las personas viven de manera  justa.

La vida es, además, algo irrepetible. Cada experiencia, cada gozo o sufrimiento que vivo  en este preciso momento no volverá a repetirse. No sólo se vive una sola vez, sino que todo  en la vida se vive sólo una vez. La experiencia siguiente podrá ser mejor o peor, pero nunca  será ya lo vivido.

Por eso, cada instante de la vida encierra una continua novedad. Lo que se me ofrece en  este momento no se me volverá a ofrecer así. Cada momento es nuevo y en cada decisión  voy dando a mi vida una dirección u otra.

La vida es, por otra parte, algo inacabado. Una tarea siempre por hacer. La vida es  expansión, desarrollo, despliegue. Lo más terrible que se puede decir de alguien es que  está «acabado». Cuando esto sucede, la vida se termina.

Precisamente por eso, la verdadera vida consiste en irse construyendo a  sí mismo. Como dice el famoso antropólogo Konrad ·Lorentz-K, ahí está la grandeza y  también la debilidad del ser humano, en que «puede ir siempre más lejos, pero puede  también caer siempre más bajo. Siempre se da la posibilidad constitutiva de superarse o de  perderse». De ahí la importancia de mantener siempre el deseo de vivir creciendo. Pero, ¿a dónde se dirige nuestra vida? ¿Dónde termina definitivamente? ¿Dónde alcanza  su verdadero cumplimiento? Apoyados en Cristo resucitado, los cristianos creen que la vida  no termina en la extinción biológica sino que está llamada a trascenderse. La vida es mucho  más que esta vida que conocemos ahora. Hemos nacido para una «vida eterna» que  alcanza su plenitud en Dios.

Sin duda, esta postura puede ser rechazada y hasta ridiculizada. Pero la vida sigue ahí  con todo su misterio. Cada uno tendrá que preguntarse dónde ha descubierto una luz más  luminosa, un camino más estimulante y una esperanza más liberadora para enfrentarse a la  vida.

JOSE ANTONIO PAGOLA
(MERCABÁ)

 

REFLEXIÓN 3

"MALOS PASTORES Y EL BUEN PASTOR"

Cuando vemos estampas del Buen Pastor, casi siempre nos presentan un Jesús acaramelado, en unos paisajes idílicos, fijándose en los que dice el Evangelio de que llevará a sus ovejas a buenos pastos y a fuentes de agua fresca.

Pero para comprender más ampliamente lo que quiso decir Jesús, hay que fijarse en el contexto en el que habló del Buen Pastor. Nos daremos cuenta que el ambiente no es tan idílico y acaramelado, al contrario, se encuentra en una polémica entre Jesús y los fariseos.

Primero ha curado a un ciego de nacimiento, al que expulsan de la sinagoga cuando les dice a los dirigentes judíos que Jesús es un hombre de Dios. Después, Jesús acogerá al ciego entre los suyos.

En este ambiente de rechazo de Jesús, él habla de los pastores.

El Antiguo Testamento aplicaba el título de pastor a los reyes, a los sacerdotes, a los maestros, a los jefes del pueblo.

El pueblo de Dios, Israel, es el rebaño y sus jefes, los pastores que deberían haber cuidado de él.

Jesús denuncia que los jefes de Israel, tanto en lo religioso como en lo social y en lo político, ya que todo iba unido, actúan como ladrones y bandidos, no entran en el aprisco por la puerta sino saltando las tapias; denuncia a los que toman el poder con malas artes, los que imponen su autoridad por la fuerza; denuncia a los que, en lugar de servir al rebaño, se sirven de él para sus intereses y negocios, para enriquecerse, para traficar con sus influencias; denuncia a aquellos pastores, a aquellos jefes, que no quieren a sus ovejas, que las maltratan, que son como los asalariados que, cuando ven venir al lobo, huyen y las abandonan a su suerte.

Y hablará del Buen Pastor, que va delante de las ovejas, que las conoce por su nombre, que ellas conocen su voz y le siguen; el buen pastor da la vida por las ovejas y a ellas les da vida eterna. Él es el Buen Pastor.

Esta denuncia de los malos pastores, de los malos jefes, y el presentarse Jesús como el Buen Pastor, no acabó de forma idílica como en las estampas; dice el Evangelio de San Juan: "Los dirigentes judíos cogieron piedras para apedrearlo".

Siempre hay jefes, en lo social, en lo político, en lo religioso, que actúan como malos pastores. Todos los días salen escándalos. Al final, las que salen perjudicadas son las ovejas, es decir, los ciudadanos, el pueblo, a los que llenan de promesas; les siguen y, después, los abandonan a su suerte. No sirven a la ciudadanía, se sirven de ella.

Jesús no es sólo el Buen Pastor que da la vida por las ovejas, que les da vida eterna. Jesús es también el que denuncia a los falsos y a los malos pastores.

Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño; no debemos abandonarle por las promesas de falsos pastores.