REFLEXIONES

6- Enero

EPIFANÍA DEL SEÑOR (A)

" Cayendo de rodillas, le adoraron"

 

REFLEXIÓN - 1

SER ESTRELLAS

La noche mágica de los Reyes Magos, el día con los juguetes de los niños y los regalos de los mayores, nos desvían del misterio cristiano que hoy celebramos: la Epifanía del Señor, la manifestación ante todo el mundo, representado en los magos, de Jesús como la Buena Noticia de Salvación que Dios nos trae y regala.

Cuántas campañas para recoger juguetes para los niños necesitados, para que sea más felices. Como si un juguete les va a sacar de la situación de injusticia en la que viven sus padres y ellos.

Sin dejar eso, hay que trabajar y comprometerse por un mundo mejor, más justo, más según quiere Dios, en el que no haga falta regalar juguetes. Con todo, el que regala y comparte, se hace solidario, y él es el que recibe el mejor regalo.

El Salvador se ha encarnado, pero no vayáis a buscarlo al palacio de Herodes, a las casas de los fuertes y poderosos, a los consejos de administración de las grandes multinacionales...

El regalo de Dios al mundo no se compra en los grandes supermercados, no te deja temblando la cuenta corriente. Es un auténtico regalo, se da gratis.

Pero hay que buscarlo, hay que desearlo, hay que seguir la estrella.

Y los magos, siguiendo la estrella, se encontraron con una familia humilde, sencilla y pobre: Jesús, María y José.

El Salvador del mundo se ha manifestado en la humildad, la sencillez y la pobreza.

A veces decimos: el Señor está en los humildes, en los sencillos y en los pobres, y pensamos que está en los otros. Sin embargo, en la medida que nosotros también lo seamos, conduciremos, como la estrella, a los demás al Salvador.

Jesucristo es el gran regalo de Dios. Aquellos magos de oriente hicieron regalos al niño, pero se llevaron un regalo mucho mayor: conocieron al Salvador del mundo y se llenaron de inmensa alegría.

Aprendamos las lecciones de esta fiesta de la Epifanía: 

* Dios se manifiesta en Jesús como el Salvador de todos los hombres de cualquier lengua, raza y nación.

* Dios se manifiesta en la humildad, la sencillez y la pobreza.

* Nosotros debemos ser estrellas que, con nuestra vida, llevemos a los demás a Jesús.

* No hacemos nosotros regalos a Dios. Él es quien nos ha hecho el regalo más valioso: su Hijo.

 

 

REFLEXIÓN - 2

HA VENIDO PARA TODOS

¿Para quién ha venido Cristo Jesús? Para todos los pueblos de la tierra. Esta es la  respuesta de las lecturas que acabamos de escuchar. No sólo para Israel: también para los  paganos. No sólo para los cristianos: también para los demás pueblos y religiones. Para los  hombres de toda raza y condición.

Lo que hoy celebramos en la fiesta de la Epifanía, es la MANIFESTACIÓN DE JESÚS a  los pueblos de la tierra, representados en los magos de Oriente.

Con un lenguaje poético y entusiasta lo había anunciado ya ISAIAS y lo hemos  escuchado en la primera lectura: "levántate, Jerusalén, que llega tu luz, y todos los pueblos  caminarán a tu luz: todos esos se han reunido y vienen a ti".

Ahora no es Jerusalén, la capital de Israel, la que atrae a los paganos. Es Cristo Jesús, el  Salvador, el que se ha convertido en el centro de la humanidad. Precisamente los que  venían del Oriente en su busca no han encontrado acogida en Jerusalén. Ha sido cuando  han visto al Niño en brazos de su Madre cuando se ha alegrado su corazón y se han  postrado a adorarlo.

-TODOS FORMAMOS EL MISMO CUERPO. Todo eso, como nos ha dicho SAN PABLO,  responde al plan de Dios: el "misterio", como lo llama él, que estaba escondido durante  siglos y que ahora se ha manifestado en Cristo Jesús: "que también los paganos son  miembros del mismo cuerpo: son coherederos, copartícipes de la promesa en Jesucristo."  Es una de las ideas de las que Pablo está más convencido. Todos formamos el mismo  cuerpo de Cristo. Todos somos coherederos con él de las promesas de Dios. Todos somos  hermanos en la única familia de Dios, porque ha aparecido entre nosotros el Hijo de Dios,  hecho hermano nuestro.

Esto es lo que hoy celebramos: que Cristo se ha manifestado como salvador de todos. -NO SOMOS UNIVERSALES DE CORAZÓN. Nos conviene esta fiesta de la Epifanía,  porque no nos resulta fácil ser universales en nuestra conducta con los demás. No lo somos A NIVEL ECLESIAL. Encerrados en nuestro grupo, apenas nos damos  cuenta de que Dios ha llamado a la fe de Cristo a hombres de todos los colores,  pertenecientes a naciones que apenas conocemos, de culturas que nos resultan  misteriosas: países del este de Europa, del África, del Asia, de América... La Iglesia de Dios  es universal. No es patrimonio de ninguna cultura. También en el tercer Mundo está viva la  comunidad cristiana, y muchos de sus habitantes creen en el mismo Jesús en quien  creemos nosotros.

También otros de nuestra parroquia que no pertenecen a nuestro grupo tienen fe y  siguen a Cristo Jesús. Nadie tiene la exclusiva. Además, esta actitud de apertura nos viene muy bien en NUESTRO PEQUEÑO MUNDO  DE CADA DÍA. Porque no somos pluralistas y abiertos. Nos cerramos en nuestras ideas, en  nuestros gustos, y a los que no coinciden con nosotros los excluimos o los ignoramos. No será tal vez por el color de la piel, pero la discriminación la ejercemos muchas veces  por las opciones políticas, las ideologías religiosas, la cultura, el grado de simpatía, la  situación económica... No somos universales en nuestro corazón.

Pues bien: la fiesta de hoy es la fiesta de un Dios que se ha mostrado radicalmente  universal, enviando a su Hijo también para "los otros", los que no conocemos ni apreciamos  nosotros en nuestra estrechez de miras. Es una fiesta que nos alegra pero que también nos  educa y nos corrige. Hay un proverbio chino que dice: "si quieres amar a otro, has de  comenzar por perdonarle que sea otro". Y el que nos ha dado una lección soberana de esta  apertura "al otro" es Cristo Jesús, como estamos celebrando en estas fiestas de la  Navidad.

-LA EUCARISTÍA. Cada vez que nos congregamos, como ahora, para LA EUCARISTÍA,  que es un momento privilegiado de la vida cristiana, sí que se puede decir que somos  "oficialmente" abiertos y universales: acuden a la celebración personas de edades distintas,  de cultura y situación social muy diferentes, de opciones sociales también dispares. Y sin  embargo celebramos juntos la Eucaristía. Y EL GESTO DE PAZ, antes de acudir a la  comunión, nos lo damos sin mirar mucho si el de al lado es conocido o desconocido. 

Queremos expresar que es Cristo Jesús, con quien unos y otros vamos a comulgar, el que  nos une. Por eso hacemos este pequeño gesto simbólico de que queremos acoger a todos,  como Dios nos ha acogido a nosotros.

Que la manifestación de Jesús como Salvador haga de nosotros personas abiertas,  universales. Como lo es Dios, Padre de todos; como lo es Cristo, que nos ha salvado a  todos y que se nos da indistintamente a todos en su Eucaristía. 

J. ALDAZABAL (+)

(mercaba)

 

REFLEXIÓN - 3

VIVIR EN TINIEBLAS

La estrella comenzó a guiarlos.

Según el gran teólogo P. Tillich, la gran tragedia del hombre moderno es el haber perdido la dimensión de profundidad. Ya no es capaz de preguntar de dónde viene y a dónde va. No sabe interrogarse por lo que hace y debe hacer de sí mismo en este breve lapso de tiempo entre su nacimiento y su muerte.

Estas preguntas no encuentran ya respuesta alguna en muchos hombres y mujeres de hoy. Más aún, ni siquiera son planteadas cuando se ha perdido esa «dimensión de profundidad».

Las generaciones actuales no tiene ya el coraje de plantearse estas cuestiones con la seriedad y hondura con que lo han hecho las generaciones pasadas. Prefieren seguir caminando en tinieblas.

Por eso, en estos tiempos, hemos de volver a recordar que ser creyente es, antes que nada, preguntar apasionadamente por el sentido de nuestra vida y estar abiertos a una respuesta, aun cuando la veamos de manera vacilante y oscura.

El relato de los magos ha sido visto por los Padres de la Iglesia como ejemplo de unos hombres que, aun viviendo en las tinieblas del paganismo, han sido capaces de responder fielmente a la luz que los llamaba a la fe.

Son hombres que, con su actuación, nos invitan a secundar toda gracia y toda llamada que nos urge a caminar de manera fiel hacia Cristo.

Nuestro ser mismo de hombres está en juego en esta capacidad de escuchar la llamada de la gracia. Esta capacidad de ser aprehendidos por una aspiración última e incondicional.

Nuestra vida transcurre con frecuencia en la corteza de la existencia. Trabajos, reuniones, encuentros, ocupaciones diversas nos llevan y traen, y la vida se nos va pasando llenando cada instante con algo que hemos de hacer, decir, ver o planear. Corremos el riesgo de perder nuestra propia identidad, convertirnos en una cosa más entre otras y no saber ya en qué dirección caminar.

¿Hay una luz capaz de orientar nuestra existencia? ¿Hay una respuesta a nuestros anhelos y aspiraciones más íntimas y profundas? Ciertamente esa respuesta existe. Esa luz brilla ya en ese Niño nacido en Belén.

Lo importante es descubrir que vivimos en tinieblas. Que hemos perdido el sentido fundamental de la vida. Quien descubre esto se encuentra ya muy cerca del verdadero camino.

Ojalá en medio de nuestro vivir diario, no perdamos nunca la capacidad de estar abiertos a toda luz que pueda iluminar nuestra existencia, a toda llamada que pueda dar profundidad a nuestra vida.

JOSE ANTONIO PAGOLA

(mercaba)