PALABRA DE DIOS 

6 - Marzo

CUARESMA

MIÉRCOLES DE CENIZA

 
"  Tu Padre,
que ve en lo secreto,
te lo pagará"

 

 

PRIMERA LECTURA
Joel 2, 12-18

Escuchamos una gran llamada a la conversión del pueblo de Israel, utilizando los signos de la época: ayuno, llanto y luto.
      Convertíos desde dentro:"rasgad el corazón, no las vestiduras; otra afirmación: "Dios es compasivo y misericordioso.
      Convocad a toda la comunidad y, juntos, pedid perdón.

 

PRESENTACIÓN

El profeta Joel llama al pueblo de Israel a una jornada de penitencia. Les urge a que se conviertan de su mal y se pongan con decisión en la línea del seguimiento de Dios. Esto sucedía unos cuatro siglos antes de Cristo.

El ambiente se ve que estaba bastante apático y decadente. Además, estaban padeciendo en aquellos momentos los efectos de una catástrofe natural, una larga sequía y una plaga de langostas o saltamontes que había arrasado toda la cosecha.

El profeta aprovecha la circunstancia para convocar en asamblea general a pequeños y mayores, sacerdotes y laicos, para que todos juntos pidan perdón a Dios. Para él, la causa fundamental de la situación es que se han olvidado de Dios y descuidan su alianza. Eso sí: no se tienen que contentar con un ayuno oficial, ni con unas lágrimas o con un cambio de vestidos exteriores en señal de luto. La conversión tiene que ser interior: volverse de corazón a Dios, buscar sinceramente su voluntad y cumplirla.

El argumento con el que les anima a dar este paso es la bondad de Dios. Les recuerda una definición de Dios que se repite muchas veces en la Biblia: es «compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad».

(Alazábal)

Nuestros caminos se tuercen y nos llamas de nuevo a Ti.

Nos has hecho para ti y sólo en ti encontraremos nuestro descanso.

Porque tu compasión y misericordia son eternas, me acerco a ti para que perdones mis pecados.

JOEL 2, 12-18
Rasgad los corazones y no las vestiduras

"Ahora -oráculo del Señor- convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad los corazones y no las vestiduras; convertíos al Señor, Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas." Quizá se arrepienta y nos deje todavía su bendición, la ofrenda, la libación para el Señor, vuestro Dios.

Tocad la trompeta en Sión, proclamad el ayuno, convocad la reunión. Congregad al pueblo, santificad la asamblea, reunid a los ancianos. Congregad a muchachos y niños de pecho. Salga el esposo de la alcoba, la esposa del tálamo. Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: "Perdona, Señor, a tu pueblo; no entregues tu heredad al oprobio, no la dominen los gentiles; no se diga entre las naciones: ¿Dónde está su Dios? El Señor tenga celos por su tierra, y perdone a su pueblo."

Palabra de Dios

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 50

PRESENTACIÓN

El Salmo 50, el «Miserere», da a este día inaugural de la Cuaresma un tono penitencial por excelencia. Es el salmo -atribuido a David- en el que un pecador muestra su arrepentimiento e implora humildemente de Dios que le perdone y que le ayude a renovar su vida: «borra mi culpa... crea en mí un corazón puro... devuélveme la alegría de tu salvación».

(Aldazábal)

Me acerco a ti; necesito que perdones mis pecados.

Ten misericordia de mí ; dame un corazón puro y renuévame por dentro.

Alabaré tu misericordia por siempre.

 SALMO 50

Misericordia, Señor: hemos pecado.

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. 
R.
Misericordia, Señor: hemos pecado.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces. 
R.
Misericordia, Señor: hemos pecado.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. 
R.
Misericordia, Señor: hemos pecado.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso.
Señor, me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. 
R.
Misericordia, Señor: hemos pecado.

 

SEGUNDA LECTURA
2Cor 5, 20 - 6, 2

San Pablo, sintiéndose enviado por Jesucristo, llama a la reconciliación con Dios, pues para eso Cristo murió por nosotros.
      Dios envía a su Hijo para salvarnos; no echemos en saco roto la gracia de Dios.
      Ahora es el día de la salvación

 

PRESENTACIÓN

Pablo se lo dijo a los corintios hace dos mil años, pero nosotros lo oímos hoy: «ahora es el tiempo de la gracia, ahora es el día de la salvación».

El se muestra orgulloso de ser «embajador de Cristo», y la embajada que trae de parte de él es ésta: «dejaos reconciliar con Dios». Esta reconciliación se la ofrece Dios a todos por medio de la muerte salvadora de su Hijo Jesús. Hay que aprovechar esta ocasión y no «echar en saco roto la gracia de Dios». Es el tiempo propicio para reconciliarse: o sea, para recomponer la relación entre nosotros y Dios, por si se hubiera roto o debilitado.

(Aldazábal)

Me das, Señor, este tiempo de bonanza.

Tengo una oportunidad especial para reconciliarme contigo y con los demás.

Que no eche en saco roto tu gracia

2 CORINTIOS 5, 20 - 6, 2

Reconciliaos con Dios: ahora es tiempo favorable

Hermanos: Nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios. Secundando su obra, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice: "En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda"; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación.

Palabra de Dios

 

ACLAMACIÓN
Mateo 4, 17

Tu palabra, Señor, es la verdad y tu ley nuestra libertad. Convertíos, dice el Señor, por que está cerca el Reino de los Cielos.

 

EVANGELIO
Mateo 6, 1-6. 16-18

Jesús nos recuerda que hacer las cosas sólo para que nos vean, no sirve para nada.
      Y nos presenta tres caminos externos que ayudan al camino interno de conversión: la limosna, la oración y el ayuno; sin tocar trompetas, sin ponernos en las esquinas para que nos vean, sin desfigurar la cara cuando ayunamos.
      Lo importante, que lo note el Padre.

 

PRESENTACIÓN

Jesús, en el sermón de la montaña, enseña a sus discípulos cómo tiene que ser su estilo de vida. Es una hermosa página, con paralelismos y antítesis muy expresivos.

Describe tres aspectos de la vida de un creyente que se puede decir que abarcan las tres direcciones de cada persona: para con Dios (oración), para con el prójimo (limosna) y para consigo mismo (ayuno). En las tres, el discípulo de Jesús tiene que profundizar, no quedarse en lo exterior, sino situarse delante de Dios Padre, que es el que nos conoce hasta lo más profundo del ser, sin buscar premios o aplausos aquí abajo:

- la limosna: «no vayas tocando la trompeta» para que todos se enteren; al revés: «que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha»; el Padre te lo recompensará;

- la oración: no orar «para que os vea la gente»; al revés: «entra en tu cuarto y reza»; el Padre te lo pagará;

- el ayuno: «no andéis cabizbajos para que la gente sepa que ayunáis»; al revés: «perfúmate la cabeza»; el Padre te premiará.

(Aldazábal)

Vivir en tu presencia es lo realmente importante.

Tú conoces el corazón y nadie te engaña.

Que el camino del ayuno, la oración y la limosna pase delante de ti.

No quiero la paga de los hombres, que es efímera, sino la tuya, que dura por siempre.

 MATEO 6, 1-6. 16-18

Tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.

Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará."

Palabra de Dios

TESTIGOS DE LA FE Y DE LA PALABRA DE DIOS

Iniciamos con el signo de la ceniza uno de los tiempos fuertes del año cristiano: la Cuaresma.

La fiesta central de los cristianos es la Pascua del Señor, su pasión - muerte y resurrección. Tan importante que nos preparamos para celebrarla con los cuarentas días de la Cuaresma y, después, daremos gracias a lo largo del Tiempo Pascual hasta Pentecostés. Casi cien días de celebración de la Pascua, entre la preparación, la celebración y la acción de gracias.

Por lo tanto, iniciamos el camino hacia la celebración de la Pascua del Señor.

La Cuaresma es tiempo de conversión y penitencia. La Cuaresma nos invita a morir al pecado, a lo negativo que hay en nosotros, a enderezar los caminos que se nos han torcido y a revivir a Cristo en nosotros. Nos preparamos a celebrar la muerte y resurrección del Señor, muriendo al pecado y revitalizando nuestra vida cristiana.

La Cuaresma surgió como un tiempo intenso de los catecúmenos que iban a recibir el bautismo en la noche de Pascua: era la preparación inmediata. También nosotros, en la Vigilia Pascual, renovaremos las promesas del bautismo. Por eso la Cuaresma es tiempo de revisar nuestra fe, nuestra fidelidad a Jesucristo, nuestra vida cristiana; si de verdad hemos dicho "sí" al Señor, con todas las consecuencias o, simplemente, nos hemos quedado en cristianos de mero cumplimiento, o ni siquiera eso.

La Cuaresma se inspira en aquellos cuarenta días del diluvio, en el que una humanidad pecadora desapareció y comenzó una nueva con el justo Noé y su familia.; en aquellos cuarenta años que los israelitas caminaron por el desierto para pasar de ser un grupo de esclavos a un pueblo libre en la tierra prometida; también el profeta Elías, amenazado de muerte por la reina Jezabel, huye al desierto, caminando cuarenta días hasta llegar al Horeb, el monte del Señor; y, sobre todo, nuestra cuaresma se inspira en los cuarenta días y noches que Jesús estuvo en el desierto, antes de iniciar su vida pública, la proclamación de la Buena Noticia del Reinado de Dios.

Tres ayudas nos presenta la liturgia del miércoles de ceniza para vivir la Cuaresma: la Oración, el Ayuno y la Limosna.

La oración, personal y comunitaria: en "tu cuarto", como dice el Evangelio, y en la comunidad, especialmente con la celebración de la Eucaristía y el sacramento de la Penitencia, pero también con otras ofertas que nos hacen: exposición del Santísimo, rezo de Vísperas, Sagrario punto de encuentro, retiro cuaresmal, preparación de las celebraciones litúrgicas...

El ayuno, purificación del cuerpo y del espíritu. Por eso no se trata sólo de comer menos, más sencillo y más austero; también podemos ayunar de tantas cosas que nos esclavizan, a las que estamos demasiado atados.

La limosna, entendida como compartir; y no sólo los bienes materiales, sino también nuestro tiempo, nuestras cualidades... En épocas de crisis es importante compartir los bienes materiales con los necesitados, porque compartimos lo poco que tenemos y esto tiene más valor.

Y en nuestra parroquia, esta cuaresma va estar orientada desde el lema:"Testigos de la fe y de la Palabra de Dios", para ayudarnos a tomar conciencia de la importancia de nuestro testimonio cristiano en los ambientes en los que nos movemos, a veces un tanto descristianizados.

Así, pues: "Testigos de la fe": cristianos orgullosos de serlo, sobre todo con sus comportamientos en casa, entre los vecinos, familiares y amigos, compañeros de trabajo, asociaciones o partidos en los que estamos.

"Testigos de la Palabra de Dios". Vamos a intentar que en cada casa, la Palabra de Dios, la Biblia, ocupe un lugar destacado, al menos como el que le damos a la televisión, . Pero no como objeto decorativo, que no estaría mal que estuviese bien adornada, sino como signo de que queremos vivir según esa palabra, para leerla y reflexionarla en familia, para que, junto a otros signos (crucifijo, cuadros, imágenes) manifestemos a quienes vienen a nuestra casa que somos cristianos. Es una manera de Evangelizar.

Comencemos con alegría este tiempo fuerte de Cuaresma recibiendo la ceniza y, sobre todo, viviendo lo que significa.