REFLEXIONES  

10 - Febrero

5º DOMINGO

TIEMPO ORDINARIO

 
"Desde ahora serás pescador de hombres"

 

 


 

REFLEXIÓN 1

"PESCADORES DE HOMBRES "

Recuerdo aquella mañana, al amanecer, en medio del lago de Galilea. Todo estaba en calma; el mar, como balsa de aceite. Con qué fuerza sonaban los pasajes evangélicos que habían tenido lugar en aquel sitio.

Pregunté al guía si el mar estaba siempre tan apacible o si se revolvía de vez en cuando; me dijo que a veces pasaba rápidamente de la calma a la bravura.

El mundo en el que vivimos es como el mar de Galilea, a veces tranquilo y a veces revuelto; y la barca de la Iglesia, y esa parcela que son nuestras parroquias, decimos como Pedro: "hemos bregado toda la noche y no hemos cogido nada". Hasta hay momentos en los que nos da la impresión de que no se pesca nada, de que estamos perdiendo el tiempo, peor aún, de que la red se vacía.

Nunca ha sido fácil proclamar la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios, muerto y resucitado por nuestra salvación.

Hoy el Señor nos ha elegido a nosotros para ser portadores de esa Buena Noticia a todos los hombres; y como Jesús, debemos hacerlo con nuestras palabras y con los comportamientos propios de un seguidor de Jesucristo.

Esto nos anima a fiarnos del Señor, como Pedro, que, aunque no ve útil volver a echar las redes, dirá: "por tu palabra echaré las redes". Y por fiarse de esa palabra, se llenaron las barcas que casi se hundían.

Esto nos pide disponibilidad para hacer nuestras las palabras y la vida del Maestro y con ese testimonio comunicarlas a todos.

Esto nos lleva a aceptar agradecidos que el que nos ha llamado, a pesar de nuestras debilidades e incompetencias, también nos dará las fuerzas necesarias para llevar a cabo la misión.

Los derroteros por los que se encamina nuestra sociedad, no favorecen el echar las redes, al contrario, estamos tentados a dejar las barcas en la orilla esperando tiempos mejores.

Pero el Señor nos dice también a nosotros: "rema mar adentro y echa las redes" proclama la palabra se salvación, te escuchen o no te escuchen.

Es verdad que hay muchas palabras, hay muchos que ofrecen la salvación y la felicidad, pero son pasajeras, efímeras, fundadas en las cosas de la tierra.

Nosotros, en nombre del Señor, ofrecemos salvación y felicidad para siempre. Pero la gente nos tiene que ver convencidos, alegres de seguir a Cristo; en la actitud de Isaías: "Aquí estoy, mándame", con la generosidad de San Pablo: con la gracia de Dios, "he trabajado más que todos", con la prontitud de Pedro, Santiago y Juan: "dejándolo todo lo siguieron".

 

 

 

REFLEXIÓN  2

" LA DIFÍCIL VOCACIÓN DE LOS ELEGIDOS DE DIOS "

Isaías, se le ha seleccionado a él esta vez, de entre los llamados del A.T., para prepararnos a interpretar la llamada de los apóstoles- tiene la gran experiencia de la trascendencia de Dios.

El Todo Santo le llama. En la visión los ángeles cantan la gloria de Dios. El llamado tiene miedo. Como tantos otros del A.T. y del N.T. y de nuestro tiempo. La misión que encomienda Dios a los que llama no suele ser fácil. El encontrarse con el Dios que te elige para enviarte a un mundo distraído o incluso hostil, no es algo que deja indiferentes nuestros planes y programas. Además, todos nos sentimos débiles y pecadores.

Pero Isaías respondió que sí: aquí estoy, mándame. Retrato de tantos y tantos que a lo largo de los siglos han dicho y siguen diciendo sí a Dios, para colaborar con El en la salvación de la humanidad.

Jesús es el que más ejemplarmente ha dicho "si" a la voluntad de Dios y ha cumplido su vocación hasta las últimas consecuencias, superando toda clase de tentaciones.

Los domingos pasados centrábamos nuestra homilía en su calidad de Profeta. Hoy aparece buscando colaboradores y llamando a los primeros apóstoles. Apóstol, "enviado". Luego, después de la Pascua, esos mismos enviados van a continuar la obra evangelizadora y salvadora de Cristo por todos los confines de la tierra.

También los apóstoles, como Isaías, se sienten pecadores y débiles. Pedro lo dice como portavoz de todos. Y además, se sienten fracasados: no han pescado nada en toda la noche.

Pero la vocación de Dios siempre comporta su ayuda y su fuerza. En nombre de Jesús sí tienen éxito: el lago parecía vacío, pero resulta que estaba lleno. Cristo no se sirve para continuar y visibilizar su obra sólo de ángeles o de santos: busca a personas sencillas, débiles, pecadoras. Pero dispuestas a seguirle con generosidad y a entregar sus energías y sus años para el bien de los demás.

Gracias a esos apóstoles -y a estos cristianos, hombres y mujeres, de siempre y de hoy, jóvenes o mayores, que creen en El y que dan testimonio de El- la Buena Noticia llega a muchos otros.

Todos, cada uno en su ambiente, nos deberíamos sentir llamados. Vocacionados. No sólo para "salvarnos" nosotros mismo, sino para ayudar a otros a liberarse de tantas ataduras, a conocer mejor la verdad, a gozarse en la salvación de Dios y acogerla. Eso no se refiere sólo a la vocación sacerdotal o para la vida religiosa. Todo cristiano es testigo y colaborador de Cristo en este mundo, para con las personas que están bajo su círculo de relación: un niño puede ayudar a sus compañeros, una joven puede ejercitar una influencia benéfica y constructiva en su ámbito de amistad y de trabajo, los hijos para con los padres, y los padres para con los hijos, pueden ser testigos elocuentes de fidelidad y autenticidad humana y cristiana. Los varios servicios y ministerios en una parroquia o comunidad son una vocación para ayudar a los demás.

También puede aparecer en la vida de los llamados de hoy la tentación del desánimo, porque somos débiles.

Con una actitud de humildad y de generosidad, la reacción debería ser la de Isaías: aquí estoy, mándame: y la de Pedro: soy un pecador; y la de los discípulos: dejaron todo y le siguieron.

Y Cristo seguirá manteniendo su llamada, asegurándonos su ayuda: no temas, desde ahora serás pescador de hombres.

Y la pesca puede ser que llegue a prodigiosa. También en un mundo que no parece tener muchos oídos para el anuncio de la salvación de Cristo.

En la Eucaristía tenemos ante todo la experiencia del encuentro con Cristo, que se nos da ya en su Palabra, y con la grandeza de Dios, lo que nos hace cantar, imitando a los ángeles de la visión de Isaías, nuestro "Santo" de admiración y alabanza.

Pero también nos deberemos sentir todos "enviados" desde la Eucaristía a la vida: a dar testimonio, o sea, a mostrar con nuestro estilo de vida, cuál es nuestra fe y dónde estamos convencidos que radica nuestra salvación y la del mundo entero.

J. ALDAZABAL (+)

 

 

 

 

REFLEXIÓN  3

"CUALIDADES DE ANTOLOGÍA"

Es evidente que hay vocaciones y profesiones que requieren especiales cualidades. No todos los hombres son aptos para todo, y mientras unos descuellan por su habilidad manual, otros lo hacen por su oratoria o por su talento. Unos son excelentes operadores y otros espléndidos científicos, mientras que aquéllos, incapaces de soportar las exigencias de la investigación, descuellan en el deporte, donde desbordan la vitalidad de su especial forma de ser.

Pues también para ser cristiano hacen falta determinadas cualidades. También para seguir a Jesús, para comprometerse con Él, para dejar las redes (tantas redes como nos envuelven a menudo), es necesario que el hombre tenga un modo especial de ser. No hace falta especial talento, ni cualidades brillantes, ni sobresalir por la belleza ni por el prestigio. No. Nada de eso. Hace falta ser como aparece Pedro en la escena evangélica de hoy: Hace falta ser un hombre -o una mujer, naturalmente- capaz de:

a)Fiarse de Jesús. Y no es nada fácil. No tuvo que resultarle fácil a Pedro, pescador avezado y experimentado, echar las redes en pleno día, cuando sabía perfectamente que los peces se cogen durante la noche y aquella noche había sido un estrepitoso fracaso. No debió resultarle fácil a Pedro y lo dijo asombrado.

Pero echó la red. Se fió de Jesús, que de pesca -pensaría Pedro- no sabía ni palabra, y bien que lo estaba demostrando.

b)Autocriticarse. Ahora está de modo autoanalizarse. Está de moda bajar hasta las profundidades del ser para conocerse, arrojar fuera los complejos y "liberarse". Pues bien, Pedro, en este momento, se autoanalizó y llegó rápidamente a una conclusión sencilla y, sin embargo, difícil de aceptar y de confesar: soy pecador. Ante la espléndida respuesta del mar al mandato de Jesús, Pedro siente profundamente el hecho de su duda y la confiesa. Por eso se salvó.

c)Darse a los demás. Vivir en función de. Pedro recibió entonces de Jesús, una vez más, el esbozo de su vida: serás para lo otros.

Vivirás para los hombres, sufrirás por ellos y gozarás por y para ellos. Los hombres serán, en adelante, la explicación de tu vida.

Tres cualidades, pero que no están nada mal. De las tres necesitamos los cristianos con frecuencia, porque:

a)¿No es cierto que a veces resulta difícil fiarse de Dios? ¿No es cierto que a veces surge del fondo del ser un sentimiento de rebeldía y alguna pregunta inquietante ante situaciones que se nos antojan absurdas y sin razón de ser? Es cierto y cada uno de nosotros lo habrá experimentado en su propia carne. Fiarse entonces es absolutamente necesario para seguir adelante.

b)¿Y quién es capaz, de verdad, de confesar que es pecador? Sí. Pecador. Así de llanamente. Nosotros, tan buenos, tan religiosos, tan generosos... ¿pecadores? Claro que pecadores. Es éste un sentimiento de lo más sano. Creerse capaz de todo ayuda a no escandalizarse jamás por lo que vemos (a veces, con lentes de aumento) en los demás. Ayuda a no juzgar, ayuda a comprender y ayuda -también muy interesante- a comprenderse y a soportarse.

Ayuda a no escandalizarse cuando uno se ve pequeño y mezquino, sin paliativos y sin disimulos.

c)Y ¿cuántos de los cristianos somos capaces de salir de nosotros mismos y vivir de verdad para los otros? Pues muy pocos, ciertamente. Muy pocos tenemos el norte de nuestra vida orientado hacia el prójimo. Los más vivimos para nuestros "yo", al que cuidamos, mimamos y acariciamos, y apenas nos queda tiempo, tan ocupados estamos en esta tarea, de descubrir cerca de nuestra vida a "los otros" y de bogar hacia ellos para ver qué piden y cuál puede ser nuestra respuesta.

Tres cualidades del discípulo que son, desde luego, de antología.

DABAR