PALABRA DE DIOS 

10 - Noviembre

32º DOMINGO

TIEMPO ORDINARIO


"

" No es Dios de muertos sino de vivos"

PRIMERA LECTURA
2 Macabeos 7, 1-2. 9-14

PRESENTACIÓN

El libro segundo de los Macabeos es posterior al año 124 a.C. El autor, un piadoso judío defensor de las tradiciones, escribe a los judíos de Alejandría, tentados de separarse de Jerusalén.

Aunque no se propone escribir una historia rigurosa de la época de Antíoco IV Epífanes, en base a datos históricos, hace una reflexión de aquella época para que sirva de enseñanza.

Tras la muerte de Alejandro Magno, sus generales se reparten el imperio, quedando Palestina unas veces bajo el poder de los Ptolomeos de Egipto y otras bajo los Seleúcidas de Siria.

De esta época, la que ha quedado en la Escritura como la más dura ha sido la del seleúcida Antioco IV Epífanes; se quisieron hacer desaparecer, a veces con gran violencia,  las costumbres y tradiciones religiosas judías e imponer, por la fuerza, las costumbres y los dioses griegos. Esto provocó la revuelta de Matatías y sus hijos, llamados los Macabeos, los "martillos". Muchos murieron mártires de su fe.

La pregunta que algunos planteaban: "¿Qué va a ser de estos mártires?

El texto que se proclama hoy da una respuesta.

Es la primera vez, junto a un pasaje de Daniel, en la que, en el Antiguo Testamento, aparece más claramente el tema de la resurrección de la carne. La esperanza de los fieles judíos en la resurrección se confirma y se hace más explícita en los tiempos difíciles.

 La filosofía griega distinguía entre el cuerpo y el alma en la persona; más aún los consideraba como algo separado, independiente, aunque con una relación semejante a la de la cárcel, el cuerpo, y el preso, el alma, que no será libre hasta que no salga. La cultura hebrea no hace estas distinciones; lo que existe es la persona.

Si la persona está llamada a la inmortalidad, a la resurrección, si, como decía la semana pasada el libro de la Sabiduría: "En todas las cosas está tu soplo incorruptible", es para toda la persona, sin distinción de partes.

2 MACABEOS 7, 1-2. 9-14

El rey del universo nos resucitará para una vida eterna

En aquellos días, arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley.

Uno de ellos habló en nombre de los demás: "¿Qué pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros padres."

El segundo, estando para morir, dijo: "Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley, el rey del universo nos resucitará para una vida eterna."

Después se divertían con el tercero. Invitado a sacar la lengua, lo hizo en seguida, y alargó las manos con gran valor. Y habló dignamente: "De Dios las recibí, y por sus leyes las desprecio; espero recobrarlas del mismo Dios."

El rey y su corte se asombraron del valor con que el joven despreciaba los tormentos.

Cuando murió este, torturaron de modo semejante al cuarto. Y, cuando estaba para morir, dijo: "Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se espera que Dios mismo nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida."

Palabra de Dios

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 16

PRESENTACIÓN

Un inocente perseguido se refugia en el templo. Allí pide al Señor que le auxilie y le proteja

"Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica, 
que en mis labios no hay engaño"

Sincerándose con Dios, presenta su vida como un camino realizado tras sus sendas. Ha intentado serle fiel.

"Aunque sondees mi corazón...
aunque me pruebes a fuego,
no encontrarás malicia en mí...
mis pisadas eran firmes en tus sendero
y no vacilaron mis pasos."

Los enemigos le persiguen; él, refugiado en el templo, a la derecha del altar, pide a Dios que haga justicia contra quienes le persiguen "como leones ávidos de presa" (v12); que le proteja como el águila a su nidada.

"Haz un prodigio de lealtad y salva de sus adversarios
a quien se refugia a tu derecha;
guárdame como a las niñas de tus ojos, 
a la sombra de tus alas escóndeme."

Pedirá, en un lenguaje e imágenes propias de la cultura de la época, que aniquile, que mate el Señor a sus adversarios, que no compartan "la suerte de los vivos", pero a los justos, a los que han caminado cumpliendo la ley del Señor, que no les falte de nada.

"A tus protegidos llénales el vientre, 
que se sacien sus hijos 
y tengan qué dejar a sus pequeños"

Pero, él, lo que espera es ver el rostro del Señor. Ese es el alimento que le sacia.

"Pero yo, por mi rectitud, veré tu rostro,
al despertar me saciaré de tu semblante."

(SALMO 16 )

Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor.

Señor, escucha mi apelación, 
atiende a mis clamores, 
presta oído a mi suplica, 
que en mis labios no hay engaño. 
R.
Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor.

Mis pies estuvieron firmes en tus caminos, 
y no vacilaron mis pasos. 
Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; 
inclina el oído y escucha mis palabras. 

R. Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor.

Guárdame como a las niñas de tus ojos, 
a la sombra de tus alas escóndeme. 
Yo con mi apelación vengo a tu presencia, 
y al despertar me saciaré de tu semblante. 
R.
Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor.

 

 

SEGUNDA LECTURA
2 Tesalonicenses 2, 16 - 3, 5

PRESENTACIÓN

Al final de su segunda carta a los tesalonicenses, San Pablo les recuerda el amor que Dios ha tenido para con la comunidad, ya que los ha elegido como primicias, consagrándolos por el Espíritu y dándoles la fe.

El Señor, Jesús Mesías, por la palabra de Pablo, les llamó a compartir su gloria y ellos respondieron.

Así pues, que nada ni nadie les aparte de lo que les ha enseñado tanto de palabra como por escrito en sus cartas.

Y que quien les ha amado tanto, Dios nuestro Padre y Jesús, el Señor, les siga dando fuerzas, les mantenga en la esperanza, les anime interiormente y les afiance en todo bien.

En sus oraciones, da gracias a Dios por esa comunidad de Tesalónica, que debe ser fuerte para afrontar dificultades y problemas que se pueden presentar, como son, por ejemplo, los hermanos que, esperando la inmediata vuelta del Señor, han dejado de trabajar, siendo una carga para los demás, y llevan una vida ociosa, metiéndose en todo y los que se apartan de las enseñanzas del apóstol, como dirá a partir del 3, 6.

También pide Pablo que la comunidad rece por ellos, por Pablo, Silvano y Timoteo, ya que los tres encabezan la carta, para que el Señor les dé fuerzas para hacer el bien y seguir anunciando el Evangelio en todo momento y circunstancia y, así, otros lo puedan acoger, como lo han acogido ellos.

La difusión del evangelio no se da sin dificultades ni persecuciones por parte de los que no creen, a veces también de los creyentes. Pero el Señor es fiel y da fuerzas para seguir adelante; ellos han de corresponder viviendo según las enseñanzas recibidas y dejando actuar a Dios en ellos; lo importante es saberse elegido por Dios para la plenitud, amados profundamente por él y llamados a compartir la gloria del Señor Jesús Mesías.

2 TESALONICENSES 2, 16 - 3, 5

El Señor os dé fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas

Hermanos: Que Jesucristo, nuestro Señor, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado tanto y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza, os consuele internamente y os dé fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas.

Por lo demás, hermanos, rezad por nosotros, para que la palabra de Dios siga el avance glorioso que comenzó entre vosotros, y para que nos libre de los hombres perversos y malvados, porque la fe no es de todos.

El Señor, que es fiel, os dará fuerzas y os librará del Maligno.

Por el Señor, estamos seguros de que ya cumplís y seguiréis cumpliendo todo lo que os hemos enseñado.

Que el Señor dirija vuestro corazón, para que améis a Dios y tengáis la constancia de Cristo.

Palabra de Dios

 

ALELUYA (Ap 1, 5-6)

Jesucristo es el primogénito de entre los muertos; a Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos.

 

 

EVANGELIO
Lucas 20, 27-38

PRESENTACIÓN

Entre las controversias que tenía Jesús con sus contemporáneos se encontraban las de los saduceos.

Los saduceos eran personajes importantes en la vida del país; eran más un partido de tinte político que un grupo religioso.

en cuanto a su relación con la potencia ocupante, Roma, eran colaboracionistas. Entre ellos figuraban los sumos sacerdotes.

En cuanto a la escritura no admitían más autoridad doctrinal que el Pentateuco, razón por la cual negaban negaban la resurrección de los cuerpos, ya que, según ellos, no se dice nada de ello en los cinco libros, en la Ley.

Este grupo se acerca a Jesús con la idea de ponerle a prueba y, así, dejarle en ridículo.

Plantean una historia, un ejemplo, que podía darse según la ley del levirato del Deuteronomio: "Si dos hermanos viven juntos y uno de ellos muere sin hijos, la viuda no saldrá de casa para casarse con un extraño; su cuñado se casará con ella y cumplirá con ella los deberes de cuñado; el primogénito que nazca continuará el nombre del hermano muerto y así no se extinguirá su nombre en Israel." (Dt 25,5)

Generalmente los saduceos ponían a los fariseos, que creían en la resurrección, el ejemplo de los siete hermanos que murieron sin dejar descendencia, para hacerles entender que, de resucitar, se podrían provocar graves problemas matrimoniales en el más allá.

Jesús es claro: en la resurrección lo importante es la vida para siempre no el estatus en el que se vivió; y lo importante es la vida porque Dios es Dios de vida y Dios de vivos.

"Ya no pueden morir, son como ángeles", en cuanto que el sexo no tendrá función, aunque seamos las mismas personas.

Utilizando el Pentateuco, demuestra a los saduceos que también en él se habla de la resurrección, aunque ellos lo nieguen: "Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob" (Ex 3, 6) y más adelante vuelve a repetir: "Para que crean que se les ha aparecido el señor, Dios de sus padres, Dios de Abraham, Dios de Isaac

La fe en Dios lleva consigo la fe en la resurrección. Un creyente es un hombre profundamente comprometido con la historia humana, pero jamás la absolutiza, porque sabe que tendrá un fin, una desembocadura en el Reino de Dios, más allá de la historia humana.

El Dios de los cristianos es el Dios de Jesucristo: Dios de vivos y no de muertos. La resurrección es el centro del cristianismo y de los cristianos cuando se reúnen para orar.

LUCAS 20, 27-38

No es Dios de muertos, sino de vivos

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: "Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella."

Jesús les contestó: "En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección.

Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob". No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos."

Palabra del Señor.