REFLEXIONES  

14 - Julio

15º DOMINGO

TIEMPO ORDINARIO


 
"Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó..."

 

 


 

REFLEXIÓN 1

CUESTIÓN DE CORAZÓN

Contaban en la reunión litúrgica que tenemos los miércoles de verano en la parroquia Reina de los Apóstoles, que un matrimonio iba en el coche a su casa y, en la carretera, se encontraron a unos individuos que tenían su coche estropeado, intentando cambiar unas ruedas. El matrimonio se paró, bajó del coche y se ofreció a ayudarles. Ellos les dieron las gracias por su buena intención y les dijeron: "Esto es un atraco"; y les dejaron sin nada.

Otros temen acercarse a cualquier situación por miedo a complicarse la vida: si viene la policía y me toma el nombre, si tengo que ir a declarar, me van a estar llamando del juzgado cada dos por tres...

Ciertamente el hacerse prójimo, en algunos casos, entraña riesgos.

El samaritano iba de viaje, como el sacerdote y el levita, pero trastocó sus planes al encontrarse con el necesitado.

Al samaritano no le importa lo que está escrito en la Ley; los judíos lo tenían como un renegado.

Lo importante es que, "al verlo, le dio lástima". Y la lástima le llevó a la compasión y a la misericordia, actitudes del corazón.

Y cuando el corazón entra en juego, todo lo demás es accesorio y, si es necesario, se cambian planes y se ayuda; uno se hace próximo al necesitado.

Es lo que Dios hace con nosotros. Al vernos caídos en la cuneta del pecado, le da lástima y, con un corazón compasivo y misericordioso, se aproxima a nosotros en el Hijo, Jesucristo. Y da todo lo que tiene, su propia vida, por nuestra salvación.

No olvidemos las últimas palabras del evangelio que proclamamos hoy: "Anda, haz tú lo mismo"

 

 

 

REFLEXIÓN  2

SIN RODEOS

se le acercó...

No es necesario un análisis social muy profundo para descubrir las actitudes de autodefensa, recelo y evasión que adoptamos ante las personas que pueden perturbar nuestra tranquilidad.

Cuántos rodeos para evitar a quienes nos resultan molestos o incómodos. Cómo apresuramos el paso para no dejarnos alcanzar por quienes nos agobian con sus problemas, penas y sinsabores.

Se diría que vivimos en actitud de guardia permanente ante todo aquel que puede ser un peligro en potencia para nuestra felicidad.

Y cuando no encontramos otra manera mejor de justificar nuestra evasión ante los problemas y sufrimientos de personas que nos necesitan, siempre podemos recurrir al hecho de que «estamos muy ocupados».

Estar ocupados, activos, en movimiento constante, se ha convertido en algo que casi forma parte de nuestro mismo ser. Algo que nos encierra en nuestro pequeño mundo de preocupaciones y bloquea e impide nuestra relación amistosa y fraterna con quienes vamos encontrando en el camino de la vida.

Qué actualidad cobra la "parábola del samaritano" en esta sociedad de hombres y mujeres que corren cada uno a sus ocupaciones, se agitan tras sus propios intereses y gritan cada uno sus propias reivindicaciones.

Según Jesús, sólo hay una manera de «tener vida». Y no es la del sacerdote y el levita que ven al necesitado y «dan un rodeo» para seguir su camino, sino la del samaritano que camina por la vida con los ojos y el corazón bien abiertos para detenerse ante quien puede necesitar su cercanía.

Cuando se escuchan sinceramente las palabras de Jesús, sabemos que se nos llama a pasar de la hostilidad a la hospitalidad. Sabemos que se nos urge a vivir de otra manera, creando en nuestra vida y en nuestro corazón un espacio más amplio para quienes nos necesitan.

Sabemos que no podemos escondernos detrás de «nuestras ocupaciones» ni refugiarnos en hermosas teorías. Se ama a la humanidad cuando se ama a los hombres concretos que caminan a nuestro lado.

Quien ha comprendido la fraternidad cristiana, sabe que todos somos «compañeros de viaje» que compartimos una misma condición de fragilidad humana y nos necesitamos unos a otros.

Quien ha comprendido esto y vive atento a todo ser amenazado que encuentra en su camino, es un hombre que encuentra un gusto nuevo a la vida. Es un hombre que «heredará vida eterna».

JOSE ANTONIO PAGOLA

(mercabá)

 

 

 

REFLEXIÓN  3

ÉL FUE NUESTRO PRÓJIMO

Abandonados, tirados, golpeados, medio muertos, hay muchos en el camino de la vida. Los males de la humanidad nos abruman.

A la hora de la verdad, nos sentimos impotentes: ¿qué puedo hacer yo para solucionar todo esto? Y preferimos pasar de largo, volver la cara a otra parte, apagar el televisor.

Y es que, si nos acercamos, se nos complica la vida: nuestro tiempo, nuestras cualidades, nuestro dinero, nuestra familia y amistades...

Sin embargo, Jesús, en la parábola, no ha respondido a la pregunta del letrado: "¿quién es mi prójimo?", como si el prójimo fuera otro.

Jesús ha respondido: "sé tú prójimo": próximo, cercano, del que está caído; acércate, no pases de largo, venda heridas, lleva a lugar seguro al caído, al marginado, al que sufre el egoísmo, la explotación y la violencia de los otros

Dios, en Cristo, se acercó a nosotros, caídos y muertos por el pecado y nos salvó dando su vida en la cruz por nosotros.