PALABRA DE DIOS 

14 - Julio

15º DOMINGO

TIEMPO ORDINARIO


 
"Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó..."

 

 

PRIMERA LECTURA
Deuteronomio 30, 10-14

PRESENTACIÓN

A las puertas de la tierra prometida, en los llanos de Moab, se renueva la alianza del Sinaí.

Moisés recuerda los acontecimientos pasados: lo que hizo el Señor en Egipto, los grandes prodigios que les acompañaron, cómo, aunque el camino del desierto fue duro, no les faltó de nada...

Ahora, a punto de entrar en la tierra de Canaán, en la Tierra Prometida, se vuelve a recordar que Dios les ha hecho su pueblo y que él será su Dios para siempre.

Pero Moisés recuerda también que si fallan al pacto, si se van tras los dioses extranjeros, el Señor apartará su mano de ellos y su tierra será peor que Sodoma y Gomorra. El autor del Deuteronomio hace aquí una referencia al destierro de Babilonia: "El Señor los arranco de su suelo... y los arrojó a una tierra extraña" (10, 27)

Sin embargo, cuando se conviertan al Señor, cambiará su suerte y volverán los que estaban dispersos y prosperarán sus empresas, serán fecundos los vientres y los ganados y los campos se llenarán de frutos.

Todo ello será posible si se escucha la voz del Señor y se cumplen sus mandatos; mandatos que no son imposibles de poner en práctica, que no hay que ir a buscarlos ni al cielo y más allá de los mares; mandatos que el Señor ha grabado en el corazón.

Y Moisés termina el discurso diciendo que en manos de cada uno está elegir la vida y el bien o la muerte y el mal, obedecer al Señor o desobedecerle.

La gran elección es pegarse al Señor, que es la Vida.

DEUTERONOMIO 30, 10-14

El mandamiento está muy cerca de ti; cúmplelo

Moisés habló al pueblo, diciendo: "Escucha la voz del Señor, tu Dios, guardando sus preceptos y mandatos, lo que está escrito en el código de esta ley; conviértete al Señor, tu Dios, con todo el corazón y con toda el alma.

Porque el precepto que yo te mando hoy no es cosa que te exceda, ni inalcanzable; no está en el cielo, no vale decir: "¿Quién de nosotros subirá al cielo y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?"; ni está más allá del mar, no vale decir: "¿Quién de nosotros cruzará el mar y nos lo traerá y nos lo proclamará, para que lo cumplamos?"

El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. Cúmplelo."

Palabra de Dios

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 68

PRESENTACIÓN

Nos encontramos con un salmo de súplica.

El salmista está pasando por una situación muy difícil y sufre intensamente: un sufrimiento horrible, injusto, por causa de Dios

"Dios mío, sálvame, que me llega el agua al cuello:
me estoy hundiendo en un cieno profundo y no puedo hacer pie;
me he adentrado en aguas hondas, me arrastra la corriente"

"Más que los pelos de mi cabeza son los que me odian sin razón;
más duros que mis huesos los que me atacan injustamente.

"Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí.

El salmista se dirige a Dios y ora

"Mi oración se dirige a ti,
Dios mío, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude."

Como el malherido del Evangelio, también él espera que alguien le ayude, le limpie las heridas, le lleve a un lugar seguro para su curación. Y ese "alguien", ese prójimo que espera, es el propio Dios.

"Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.

Y Dios se ha hecho su prójimo, se ha acercado a él. Los temores desaparecen y todo vuelve a la vida. El Señor es fiel y no abandona a los suyos.

"Miradlo los humildes y alegraos
buscad al Señor y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos."

Al final del salmo, la salvación de Dios se amplía. No sólo a él, el Señor salvará a su pueblo, a su tierra, por generaciones. Sólo hace falta amarle.

"El Señor salvará a Sión,
reconstruirá las ciudades de Judá.
La estirpe de sus siervos la heredará,
los que aman su nombre vivirán en ella."

(SALMO 68 )

Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Mi oración se dirige a ti, Dios mío, el día de tu favor; 
que me escuche tu gran bondad, 
que tu fidelidad me ayude. 
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia; 
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí. 
R.
Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Yo soy un pobre malherido; 
Dios mío, tu salvación me levante. 
Alabaré el nombre de Dios con cantos, 
proclamaré su grandeza con acción de gracias. 
R.
Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

Miradlo, los humildes, y alegraos, 
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón. 
Que el Señor escucha a sus pobres, 
no desprecia a sus cautivos. 
R.
Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

El Señor salvará a Sión, 
reconstruirá las ciudades de Judá. 
La estirpe de sus siervos la heredará, 
los que aman su nombre vivirán en ella. 

R. Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.

 

 

SEGUNDA LECTURA
Colosenses 1, 15-20

PRESENTACIÓN

Colosas era una pequeña ciudad-mercado, distante unos 200Km de Éfeso. La comunidad no ha sido fundada por Pablo sino por su discípulo Epafras, tal vez, durante la estancia de Pablo en Éfeso.

Los cristianos de Colosas eran, mayoritariamente, de origen pagano.

Pablo está en la cárcel, tal vez Roma,  y Epafras le ha informado sobre la situación por la que atraviesa la comunidad colosense. 

Hay algunos que están inculcando algunas ideas que no se corresponden con el Evangelio.

Para llegar a la plenitud cristiana, decían algunos, hay que pasar por tener devoción y dar culto a los ángeles y seres suprahumanos, rectores de los destinos del mundo y vivir en la ascesis. Eran "santones", que impresionaban por su forma de vivir. Dirá San Pablo a la comunidad: "Que no vaya a descalificaros ninguno que se recrea en humildades y devociones a ángeles y se engríe tontamente con las ideas de su amor propio" (2, 18-19a)

A esa plenitud, Pablo opone la plenitud que da Cristo, que está por encima de todo lo visible y lo invisible: Tronos, Dominaciones, Principados y Potestades. Es él quien nos sacó del dominio de las tinieblas, la imagen del Dios invisible, aquel por quien todo fue creado, en quien el universo tiene su consistencia, Es Cristo el que tiene la Plenitud total de Dios.

¿Para qué irse detrás de nadie? ¿Para qué buscar otros apoyos? Con la muerte de Cristo, Dios nos ha reconciliado con él, nos ha hecho criaturas nuevas,.

Sólo Cristo y el Evangelio son el camino de la verdadera plenitud.

COLOSENSES 1, 15-20

Todo fue creado por él y para él

Cristo Jesús es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles,

Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por él y para él.

Él es anterior a todo, y todo se mantiene en él.

Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.

Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo.

Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.

Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Palabra de Dios

 

ALELUYA Juan 6, 64b. 69b
 

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida; tú tienes palabras de vida eterna.

 

 

EVANGELIO
Lucas 10, 25-37

PRESENTACIÓN

Seguimos, según el esquema de San Lucas, camino de Jerusalén. Han vuelto los setenta y dos enviados por Jesús y le han comunicado sus experiencias. Jesús prorrumpe en una oración de acción de gracias al Padre porque los sencillos y los humildes han acogido su palabra y su misterio. El Padre se lo ha revelado, porque así le ha parecido bien.

Ahora se acerca a Jesús un sabio, un jurista, un maestro; no viene a escuchar al que es la Palabra, no lo necesita; viene a ponerle a prueba.

Es un maestro, la pregunta sobra, bien sabe la respuesta. El camino de vida eterna es el amor a Dios y al prójimo.

El Deuteronomio 6, 5, hablaba del amor a Dios; el Levítico 19, 18, hablaba del amor al prójimo, pero ambos por separado y no al mismo nivel. Dios era Yhavhé y el prójimo era el correligionario, el familiar, el amigo, el cercano, el que me hace el bien...

Para Jesús tiene sentido la pregunta: "¿Y quién es mi prójimo?"

Nadie reconocía a aquel que había quedado en la cuneta medio muerto. Ni el sacerdote ni el levita, que entendían de la Ley, pensaron en que el Levítico decía: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Dice el Señor.". Ni sintieron que aquel hombre era el prójimo, ni se sintieron prójimos de aquel hombre.

No era cuestión de saber la Ley, era cuestión de tener un corazón cercano y compasivo. Para eso no hacía falta ser ni sacerdote, ni levita, ni maestro, ni siquiera judío. 

Un samaritano, un renegado, según los judíos. Él vio en el tirado en el camino, al necesitado, al abandonado, al que moría en la cuneta. Y se acercó, se aproximó, se hizo prójimo, sin pensar en los contratiempos ni en los costos.

¿Quieres ser tú prójimo? "Anda, haz tú lo mismo".

DEL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 10, 25, 37

¿Quién es mi prójimo?

En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?"

Él le dijo: "¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?"

Él contestó: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo."

Él le dijo: "Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida."

Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse, preguntó a Jesús: "¿Y quién es mi prójimo?"

Jesús dijo: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto. Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo. Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.

Pero un samaritano que iba de viaje, llegó a donde estaba él, y, al verlo, le dio lástima, se le acercó, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente, sacó dos denarios y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré a la vuelta." ¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del que cayó en manos de los bandidos?"

Él contestó: "El que practicó la misericordia con él."

Díjole Jesús: "Anda, haz tú lo mismo."

Palabra del Señor.