PALABRA DE DIOS 

30 - Junio

13º DOMINGO

TIEMPO ORDINARIO

 
"Te seguiré adonde vayas"

 

 

PRIMERA LECTURA
1Reyes 19, 16b. 19-21

PRESENTACIÓN

Ajab y Jezabel quieren matar al profeta Elías. Éste ha denunciado su idolatría, ha castigado, en nombre del Señor, con una gran sequía y ha hecho eliminar a cuatrocientos sacerdotes de Baal en el sacrificio del Carmelo.

Así, pues, Elías ha huido hacia el Horeb, el santuario de Yhavhé. Allí quiere descansar y encontrarse con el Señor para compartir con él su situación, que la define como un fracaso.

Pero el Señor le manda volver a Israel. Es más necesario allí que estar lamentándose en la cueva.

Le mandará ungir a dos reyes y al profeta que le sucederá: Eliseo.

Eliseo es un agricultor acomodado; doce yuntas de bueyes y el personal necesario para trabajar, hablan de un terrateniente.

Un signo sencillo le basta para dejarlo todo: el profeta Elías le ha echado su manto encima de los hombros. Ese manto que, después, recogerá cuando el carro de fuego arrebate a Elías a los cielos. Compartir el manto es compartir el espíritu del maestro, su elección y su misión.

No ha necesitado más palabras. Corre a despedirse de los suyos, rompe con su pasado: mata los bueyes, con los aperos hace el fuego, y comparte el sacrificio de despedida con los suyos.

Después, marcha con Elías. Ya no hay que echar la mirada atrás.

1 REYES 19, 16b. 19-21

Eliseo se levantó y marchó tras Elías

En aquellos días, el Señor dijo a Elías: "Unge profeta sucesor tuyo a Eliseo, hijo de Safat, de Prado Bailén."

Elías se marchó y encontró a Eliseo, hijo de Safat, arando con doce yuntas en fila, él con la última. Elías pasó a su lado y le echó encima el manto.

Entonces Eliseo, dejando los bueyes, corrió tras Elías y le pidió: "Déjame decir adiós a mis padres; luego vuelvo y te sigo."

Elías le dijo: "Ve y vuelve; ¿quién te lo impide?"

Eliseo dio la vuelta, cogió la yunta de bueyes y los ofreció en sacrificio; hizo fuego con aperos, asó la carne y ofreció de comer a su gente; luego se levantó, marchó tras Elías y se puso a su servicio.

Palabra de Dios

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 15

PRESENTACIÓN

"Yhavhé es la parte de mi heredad"

El salmista ha escogido al Señor como valor supremo entre todo lo que tiene y como recompensa de futuro.

Su fe le lleva a esa íntima necesidad de Dios, que ninguna otra cosa de este mundo podrá darle.

Él es su todo; por eso pone en él toda su confianza.

"Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti"

"Tú eres mi bien"

"mi suerte está en tu mano"

Agradecido, el salmista bendice a Yhavhé, que le hace ver que su bien está en el propio Yhavhé. Sabe que él es el camino recto, que le guía e instruye de día y de noche, cuando en el silencio se acerca a él en la oración.

"Bendeciré al Señor que me aconseja
hasta de noche me instruye internamente"

Siguiendo el camino recto, caminando con el Señor a su derecha, el salmista expresa la esperanza de vivir siempre con Dios, sin caer a la fosa, al Seol, al dominio de la muerte.

"Por eso se me alegra el corazón, 
se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. 
Porque no me entregarás a la muerte, 
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción."

(SALMO 15 )

Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti; 
yo digo al Señor: "Tú eres mi bien." 
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa; 
mi suerte está en tu mano. 

R. Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.

Bendeciré al Señor, que me aconseja, 
hasta de noche me instruye internamente. 
Tengo siempre presente al Señor, 
con él a mi derecha no vacilaré. 

R. Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.

Por eso se me alegra el corazón, 
se gozan mis entrañas, y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, 
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. 

R. Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.

Me enseñarás el sendero de la vida, 
me saciarás de gozo en tu presencia, 
de alegría perpetua a tu derecha. 

R. Tú, Señor, eres el lote de mi heredad.

 

 

SEGUNDA LECTURA
Gálatas 5, 1. 13-18

PRESENTACIÓN

Quienes proclamamos que Jesucristo es el Señor, el Hijo de Dios muerto y resucitado por nuestra salvación, el Mesías anunciado y esperado, no podemos ser esclavos, servidores, de las leyes de la etapa de preparación, de la Ley de Moisés, pero tampoco de ninguna otra. Sólo somos servidores de Cristo y, en él, de los demás, por amor.

Porque la libertad no es hacer en cada momento lo que me venga en gana, sino elegir en cada momento, por mí mismo, lo que debo hacer: libertad de alturas, no de bajezas.

Y la expresión de la libertad cristiana es el amor, un amor que es entrega a los demás.

Nuestra libertad consiste en acoger a Jesucristo y vivir la vida nueva del Evangelio, que se resume en el mandamiento del amor, que no es ley fría, sino estilo de vida. El que elige el amor, elige la libertad; el que elige el egoísmo, elige la esclavitud a sí mismo y a sus pasiones.

Nadie puede imponernos la fe en Jesucristo, nadie puede imponernos el seguimiento de Jesucristo, nadie puede imponernos la vida nueva en Cristo.

Somos libres de tomar este camino de vida y también libres de irnos por otros derroteros de egoísmo, que llevan a servirnos a nosotros mismos y a "mordernos" y "devorarnos" mutuamente.

El que se deja conducir por el Espíritu será libre, será hijo de Dios, sencillamente.

GÁLATAS 5, 1. 13-18

Vuestra vocación es la libertad

Hermanos: Para vivir en libertad, Cristo nos ha liberado.

Por tanto, manteneos firmes, y no os sometáis de nuevo al yugo de la esclavitud.

Hermanos, vuestra vocación es la libertad: no una libertad para que

se aproveche la carne; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la Ley se concentra en esta frase: "Amarás al prójimo como a ti mismo."

Pero, atención: que si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente.

Yo os lo digo: andad según el Espíritu y no realicéis los deseos de la carne; pues la carne desea contra el espíritu y el espíritu contra la carne. Hay entre ellos un antagonismo tal que no hacéis lo que quisierais.

En cambio, si os guía el Espíritu, no estáis bajo el dominio de la Ley.

Palabra de Dios

 

ALELUYA  (1Sam 3, 9; Jn 5, 6. 69b)
 

Habla, Señor, que tu siervo escucha; tú tienes palabras de vida eterna.

 

 

EVANGELIO
Lucas 9, 51-62

PRESENTACIÓN

Todos los evangelios sinópticos hablan de un viaje de Jesús a Jerusalén, pero Lucas ha hecho de él una catequesis básica: la vida de Jesús fue un largo caminar hacia la meta; en el camino enseñó a la comunidad de los discípulos cómo debía proceder. San Lucas, en el camino de Jesús a Jerusalén, va a ir exponiendo rasgos de un caminar cristiano.

El camino geográfico nos sitúa en Samaría. Las relaciones entre judíos y samaritanos no eran cordiales.

Santiago y Juan le recuerdan a Jesús una vieja tradición de la época de Elías, siglo IX a. C., en la que el profeta hizo bajar fuego del cielo sobre los soldados de Ocozías que, enfermo, fue a consultar al dios Baal Zebud al templo construido para él en Samaría, en lugar de acudir a Yhavhé.

Lucas comenta únicamente que, ante la petición de los discípulos, Jesús les reprendió.

La segunda parte del texto está dedicada al tema del seguimiento.

Qué entusiasmo el de aquel que le dijo a Jesús: "Te seguiré a donde quiera que vayas". Jesús deja claro que el seguimiento es camino, tarea, misión: "el hijo del Hombre no tiene dónde reclinar la cabeza"

A otro, es Jesús mismo el que le invita: "Sígueme". A la petición de ir primero a enterrar a su padre, una respuesta enigmática de Jesús: "Deja que los muertos entierren a sus muertos". Los que han encontrado el camino de la vida, se deben a ella.

Otro le dice: "Te seguiré, Señor. Pero...". Como Eliseo en la primera lectura, pide despedirse primero de los suyos. "El que echa mano al arado y sigue mirando atrás...".El seguimiento de Jesús exige dedicación absoluta al Reino, por encima de sentimientos y proyectos personales. 

No se quita nada de lo que hay que hacer, pero se hace desde una perspectiva nueva, desde las características del Reino de Dios.

DEL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 9, 51-62

Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Te seguiré adonde vayas

Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al cielo, Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén. Y envió mensajeros por delante.

De camino, entraron en una aldea de Samaria para prepararle alojamiento. Pero no lo recibieron, porque se dirigía a Jerusalén.

Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le preguntaron: "Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos?"

Él se volvió y les regañó. Y se marcharon a otra aldea.

Mientras iban de camino, le dijo uno: "Te seguiré adonde vayas."

Jesús le respondió: "Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza."

A otro le dijo: "Sígueme."

Él respondió: "Déjame primero ir a enterrar a mi padre."

Le contestó: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios."

Otro le dijo: "Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia."

Jesús le contestó: "El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios."

Palabra del Señor.