REFLEXIONES  

 

 

REFLEXIÓN - 1

"ARRIBISTAS"

Tenemos metido hasta los tuétanos eso de los primeros puestos, del "ser más que...", del "estar por encima de..."

Cuántos padres emplean, para convencer a sus hijos de que deben estudiar, razonamientos en los que prima el tener un buen puesto, el ser más que los demás, el mandar...

¿Qué es la política? ¿La preocupación de unas personas por el bien de la "polis", de la ciudad y de los ciudadanos? Cada vez se parece más a una lucha por el poder, por estar en los primeros puestos, por dominar, por proporcionarse beneficios. Es verdad que siempre hay honrosas excepciones.

En todas las áreas de la vida: el niño mayor quiere mandar sobre los hermanos pequeños, el esposo quiere dominar a la esposa, y también al revés.

En el mundo del trabajo, algunos ejercen su autoridad como auténticos tiranos sobre sus subordinados, aun en mandos intermedios y de base.

Algunos, con tal de subir, emplean toda clase de medios: la adulación a los jefes, la sumisión, el chivateo sobre compañeros, el ir "dando codazos" y pisando a los otros... todo sirve para ir hacia arriba.

En la Iglesia se suele hablar de aquellos a los que les gusta estar a la sombra de la torre de la Catedral, para ser vistos, para que se le reconozca, para ver si logran prebendas y canonjías.

Los apóstoles también tuvieron aquella tentación: "Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda", le piden a Jesús los hijos de Zebedeo. Y los otros diez "se indignaron contra Santiago y Juan".

La lección de Jesús es fácil de entender, no tanto de practicar.

Él, el Hijo del hombre", el Mesías, el que estaba en el primer puesto junto a Dios, y era Dios, se abajó, se anonadó, como dice San Pablo.

Él, el primero, se hace el último, comparte su vida con los últimos, bebe el cáliz de la pasión y es bautizado en la muerte, entregando la vida por todos.

Por eso entre los cristianos, y debería serlo en todos los que ejercen el poder, la autoridad es servir.

La autoridad es como la del Siervo de Yhavhé: dar la vida.

Siempre el ejemplo de autoridad es Jesús, que "no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos".

 

REFLEXIÓN - 2

"DAR LA VIDA EN RESCATE"

Dar la vida para servir y dar la vida en rescate

Marcos recoge en su evangelio unas palabras con las que Jesús resume el sentido último de su vida. «El Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar la vida en rescate por todos».

Normalmente, al escuchar estas palabras, los cristianos solemos pensar en el sacrificio último realizado por Jesús en lo alto de la cruz, olvidando que toda su vida fue entrega y servicio.

En realidad, la muerte de Jesús no fue sino la culminación de un «desvivirse» constante a lo largo de los años. Día tras día, fue entregando sus fuerzas, su juventud, sus energías, su tiempo, su esperanza, su amor. La entrega final fue el mejor sello a una vida de servicio total a los hombres. Los cristianos somos, pues, seguidores de alguien que ha dado su vida por los demás.

Esto no significa necesariamente que tendremos que sacrificar nuestra vida para salvar la de otro, pero sí que tenemos que entender nuestro vivir diario como un servicio y don a los demás.

Lo más precioso que tenemos y lo más grande que podemos dar es nuestra propia vida.

Poder dar lo que está vivo en nosotros. Nuestra alegría, nuestra fe, nuestra ternura, nuestra confianza, la esperanza que nos sostiene y nos anima desde dentro.

Dar así la vida es siempre un gesto que enriquece, que ayuda a vivir, que crea vida en los demás, que rescata, libera y salva a las personas.

Tal vez éste sea el secreto más importante de la vida y el más ignorado. Vivimos intensamente la vida sólo cuando la regalamos. Sólo se puede vivir cuando se hace vivir a otros.

Cuántas personas terminan por no saber qué hacer con sus vidas. Han trabajado incansablemente, han logrado casi todo lo que se han propuesto, han alcanzado éxito allí donde lo han buscado, pero no saben lo que es dar la vida. Su existencia sólo ha sido acaparar, acumular, competir, dominar. Pero no entienden nada de lo que es dar y por lo tanto, nada saben de enriquecer, liberar, rescatar y salvar la vida de los demás.

Encontrarán en la vida satisfacciones, halagos, éxitos. Pero nunca podrán experimentar el gozo y la dicha que se encierra siempre en la vida de aquellos que, sin haber logrado grandes cosas en la vida, han sabido darla sencillamente en una actitud de servicio y ayuda generosa y desinteresada.

JOSE ANTONIO PAGOLA

 

REFLEXIÓN - 3

"EN LAS MANOS DE DIOS"

Suele ser normal, al principio de curso, hacer proyectos, marcar objetivos, programar acciones para evaluar resultados.

Y cuando cumplimos los objetivos y realizamos las actividades programadas nos sentimos satisfechos.

Es bueno, mientras no se escucha la voz interior, seguir la disciplina de un posible programa, pero hay realidades que no son fruto de la realización de un proyecto, sino de la obediencia al plan que Dios revela de diversas maneras, bien con mociones interiores, en los acontecimientos, bien con una sorprendente providencia que conduce como de la mano. El profeta afirma: “Lo que el Señor quiere prosperará por su mano” (Is 52,13). A la vez que trabajamos en losdistintos objetivos, esta experiencia debe darnos confianza y sensibilidad para averiguarlo que Dios quiere.

Es natural que al ver realizados nuestros deseos sintamos alegría, pero no siempre lo que Dios quiere pasa por el éxito mundano. Con frecuencia la voluntad divina semanifiesta en la paradoja de la Cruz. “El Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos” (Mc 10, 45).

El autor de la carta a los Hebreos nos invita a poner nuestros ojos en el Trono de gracia -“Acerquémonos con seguridad al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y encontrar gracia que nos auxilie oportunamente” (Hbr 4, 16), que no es, como podría parecer, la sede lujosa, sino la Cruz de Cristo.

El creyente no desea otra cosa que colaborar con el plan divino, y cuando pone su afán en diversas tareas, siempre debe condicionar el esfuerzo a la coincidencia con la gracia, para no hacer del seguimiento evangélico, o de la evangelización un proyecto pretencioso. El salmista recomienda la actitud adecuada: “Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo” (Sal 32).

Este planteamiento choca con el que tenían los discípulos de Jesús, cuando discutían por los primeros puestos, y en ello cifraban el logro o el fracaso. ¡Cuantas veces los éxitos nos llevan a un personalismo inadecuado! El Maestro les indica la participación necesaria en su Cáliz, que no es otro que el dar la vida por amor a los demás.

Todo proyecto que busque la realización personal, aunque sea honesto, puede caer en el error de los Zebedeos, cuando le pidieron a Jesús: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.» Mientras que los que buscan el plan de Dios, no pretenden otra cosa que entregar la vida.

ÁNGEL MORENO DE BUENAFUENTE