REFLEXIONES  

 

 

REFLEXIÓN - 1

"EL TESTIMONIO DEL JUSTO"

Tras la caída de Afganistán en manos de los talibanes, vuelve a reverdecer el fundamentalismo islámico con sus amenazas terroristas y radicalización de la violencia en nombre de Alá.

La Iglesia a través de los últimos Papas lo han dejado muy claro: el odio, la violencia y la guerra no proceden de Dios; Dios no quiere la muerte de nadie en su nombre; no hay "guerras santas".

Nadie tiene derecho a matar a nadie en nombre de Dios, llámesele simplemente Dios, Yhavhé o Alá, que son el mismo.

"Dios es Amor". Así comienza la primera encíclica del Papa emérito Benedicto XVI. Y así, la misión de todos los creyentes en Dios es buscar, por el amor, la paz, la justicia, la verdad, la convivencia, el respeto, la dignidad humana, la verdadera libertad.

Un mundo como en el que vivimos de odios, violencias, amenazas terroristas...; un mundo en el que se quiere echar fuera a Dios, para que no martillee las conciencias...; un mundo que pone sus objetivos en la fuerza de las armas y la economía como medio de oprimir y subyugar a los pobres y a los débiles, no es de Dios.

Ya nos lo ha dicho Santiago en la segunda lectura: "Donde hay envidias y peleas, hay desorden y toda clase de males". Y seguirá diciendo que los conflictos y luchas que hay entre las personas son a causa de las ansias de placer, de la codicia, que lleva al asesinato, de las ambiciones, que llevan a las luchas y peleas.

En esta situación son necesarias personas justas, personas de bien que desenmascaren, con su vida y su palabra, las obras del mal y sus consecuencias.

No es fácil; a lo largo de la historia las personas de bien, justas, que han denunciado conductas y comportamientos injustos, han estorbado y han sido perseguidos y aniquilados.

Este ha sido el tema de la primera lectura y el Evangelio.

Decían los impíos: "Acechemos al justo, que nos resulta incómodo", "lo someteremos a la prueba de la afrenta y la tortura", "lo condenaremos a muerte".

Jesucristo, el Justo por excelencia, fue condenado a muerte, como les anticipa a sus discípulos, en el fragmento del evangelio que hemos escuchado.

Cuántos y cuántos justos a lo largo de la historia, y también hoy, son perseguidos por denunciar la mala conducta de los "impíos".

Éstos creían que acababan con ellos, pero las semillas que dejaron, germinan y germinarán. Pensaban que su desaparición era su fracaso, pero el servicio que hicieron a Dios y a la humanidad, les ha abierto la puerta del Reino de Dios, en el que los primeros son los que sirven.

 

REFLEXIÓN - 2

LA TARJETA DE VISITA DE DIOS

1. - Siempre que volvían a casa, solían ser los Apóstoles los que le preguntaban a Jesús por el significado de sus parábolas. Pero, hoy, es Jesús quien les pregunta y no sin “malicia”: “¿Y que veníais discutiendo por el camino?

Qué vergüenza para los Apóstoles que habían venido disputándose los cargos importantes de presidente, vicepresidente y ministro de Hacienda de ese Reino que Jesús predicaba

Y Jesús se sienta --¿tal vez algo cansado de que no le entiendan?-- y les llama a su alrededor y le les lee la cartilla.

2. - No es a codazos como se abre uno el camino de los ascensos en el Reino. No es pisando a los demás como se sube de categoría en el Reino. No son los que salen en la televisión, ni en los periódicos los más grandes en el Reino de los cielos. Los más grandes ante Dios no tienen acceso a esos medios. Son rostros anónimos, desconocidos, uno más del montón. No se imponen a los demás. No sienten la necesidad de imponer su personalidad. No quieren llamar la atención. Se mantienen en el silencio, en la oscuridad.

-- Hombres y mujeres que no aciertan a ser felices sin tratar de hacer felices a los demás.

-- Hombres y mujeres que en silencio viven creativamente creando paz y felicidad a los demás.

-- Hombres y mujeres que no piensan en sí mismos, pero que no pueden vivir tranquilos junto a los problemas y penas de sus hermanos.

-- Hombres y mujeres grandes en su desconocida pequeñez.

“Quien quiera ser el primero que se ha servidor de todos” Hombres y mujeres que han comprendido que desde el momento en que Dios se ha rebajado a ser hombre es ridículo que el hombre pretenda sobresalir sobre nadie si no es para servir, como Dios.

3. - El hecho que de Jesús abrazado a un niño nos diga “el que acoge a un niño a mí me acoge” viene a dar un vuelco a eso de quien es el mayor. Es como si el Señor nos dijera “me parece muy bien que penséis en quien es más importante, pero no para poneros a vosotros mismos en esos puestos, sino para darle esos puestos y esa importancia a quien Dios mismo da importancia.

Nosotros vamos por el mundo dándonos importancia con nuestra tarjeta de visita llena de títulos, de doctorados, altos pues de administración y de gobierno. Y el Señor nos dice que Él presta su tarjeta de presentación a los débiles, a los marginados, a los innominados para que válidamente se presentan ante nosotros con una tarjeta que dice, “Jesús, Hijo de Dios... el que recibe a uno de estos a mí me recibe”.

4. - Daríamos un respingo en nuestro asiento si estando en nuestra casa, o en nuestro despacho, nos pasaran una tarjeta de visita de Su Majestad el Rey, o de Su Santidad el Romano Pontífice, Y nos preguntaríamos: ¿Cómo se ha dignado venir a mi casa?

Pues cada persona no importante, innominada, que acude a nosotros trae en su mano la mano la tarjeta de visita del mismo Dios... Dios se digna a visitarnos. No porque esa persona se identifique con Dios, sino porque Dios se identifica con ella. ¡El que recibe a uno de estos niños a Mí me recibe! Aprendamos a dar importancia a los que son importantes delante de Dios.

Por José María Maruri, SJ

betania

 

 

REFLEXIÓN - 3

LA SABIDURÍA DE ESTE MUNDO NO SIRVE

Domingo tras domingo vamos escuchando la Palabra de Dios, que es la mejor escuela de sabiduría y que va contrarrestando la mentalidad que el mundo nos quiere inculcar.

En la carta de Santiago se nota bien esta contraposición. Para él, si vivimos según la mentalidad de este mundo, no podemos escapar de la espiral de las ambiciones y conflictos y codicias. En su tiempo y ahora, el egoísmo parece ser la consigna de los que sólo se guían por miras terrenas. Y eso nos acarrea "envidias y peleas, desorden y toda clase de males".

Mientras que si seguimos "la sabiduría que viene de arriba", cambiarán nuestros criterios, porque es "amante de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante, sincera". Nos va bien acudir en cada Eucaristía a la escuela de Cristo, para ir asimilando, en teoría y en práctica, el estilo de vida que él nos enseña a sus seguidores.

DE NUEVO LA PASIÓN Y LA MUERTE

Tenemos un caso concreto de este conflicto de criterios en la escena del evangelio. Jesús tiene una idea del mesianismo, o sea, de la misión que le corresponde cumplir a él y a los suyos para la salvación del mundo. Mientras que sus discípulos, todavía nada maduros en su fe y en su seguimiento de Cristo, están muy lejos de haber comprendido y asimilado esta mentalidad.

Ya el domingo pasado lo veíamos. Cuando Jesús les anunció por primera vez su muerte y resurrección, Pedro se atrevió a "reñir" al Maestro por esta visión que a él le parecía indigna del Mesías. Lo que le valió una dura reprimenda de Jesús. Hoy repite Jesús el anuncio: "El Hijo del hombre va a ser entregado y lo matarán y después de muerto, a los tres días resucitará". Ese es, para Jesús, el estilo para salvar al mundo: no viene en plan guerrero o triunfador, sino como un Siervo que entrega su vida por los demás.

Esta vez, la página del evangelio viene preparada por la del libro de la Sabiduría, en que aparece cómo "el justo", "el hijo de Dios", estorba a "los malos". La presencia de una persona buena da, por una parte, testimonio a los demás y les puede edificar y animar a practicar el bien. Pero, por otra, puede resultar una denuncia callada del estilo de vida que llevan otros: por ejemplo, materialista, despreocupada por las cosas del espíritu, superficial, injusta, egoísta.

La escena se repite: al "justo" del Antiguo Testamento le quieren hacer callar y lo eliminarán si pueden. Estorba. Como estorban todos los que han alzado su voz profética a lo largo de la historia denunciando injusticias o tiranías. A Jesús, el justo del Nuevo Testamento, también le van a llevar a la cruz, porque predica y da testimonio de un género de vida que choca con los cánones de la época. ¿A quién se le ocurre decir que "quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos"? Es un criterio que este mundo ciertamente no nos predica y que no cabe en la mente de muchos.

NO QUEREMOS ENTENDER LO DE SER SERVIDORES DE LOS DEMÁS

Parece como si el evangelista Marcos nos quisiera mostrar qué lentos eran los apóstoles para entender lo que Jesús les quería comunicar. Después del anuncio de Jesús, cuenta un episodio en el que muestran una actitud totalmente contraria a lo que les está diciendo el Maestro y en la que quedan bastante malparados los seguidores de Jesús: "Por el camino habían discutido quién era el más importante".

Los apóstoles -y nosotros, tantas veces- se dejan guiar aquí según la mentalidad humana. Este es el criterio del mundo: ser más que los demás, ser los primeros, ocupar los mejores puestos, "salir en la foto", prosperar nosotros, y despreocuparnos de los demás. Y eso puede pasar en la política y en la vida social y en la familia y en la comunidad eclesial. Mientras que Jesús nos enseña que debemos ser los últimos, disponibles, preocupados más de los demás que de nosotros mismos, servidores y no dueños. No es extraño que los oyentes de Jesús -de entonces y de ahora- no entiendan y les "dé miedo" oír estas cosas.

A todos nos sirve la lección plástica de Jesús, cuando llamó a un niño y lo puso en medio de ellos y dijo que el que acoge a un niño -que en la sociedad de entonces era tenido en nada y que no podrá devolver los favores- acoge al mismo Jesús. Se nos invita a ser generosos, altruistas, dispuestos a hacer favores sin pasar factura. O sea, a seguir el ejemplo de Jesús, que "no ha venido a ser servido sino a servir", que ayuda a todos y no pide nada, y que al final entrega su propia vida por la vida de los demás.

Cada vez que comulgamos en la Eucaristía, comemos "el Cuerpo entregado por" y "la Sangre derramada por": ¿vamos asimilando esta lección insistente de Jesús de la entrega por los demás?

J. ALDAZÁBAL (+)