REFLEXIONES  

 

 

REFLEXIÓN - 1

CANTOS RODADOS

Cuántas veces hemos visto en los ríos esas piedras que llamamos "cantos rodados".

Fueron una vez piedras cortantes, puntiagudas y de tanto pasar el agua sobre ellas han perdido las aristas y han quedado redondeadas.

Sin embargo, si las partimos por la mitad, están secas, el agua que las ha redondeado no ha penetrado en ellas.

A veces puede pasar algo parecido a los cristianos con la Palabra de Dios: ha pasado tantas veces sobre nosotros que nos la sabemos de memoria, nos va modelando en el sentido de que nos decimos cristianos, asistimos a la iglesia, asumimos ciertos comportamientos... pero, en el fondo, no ha penetrado en nosotros.

Acabamos sabiendo cosas a cerca de nuestra fe, pero sin que esa fe mueva nuestras vidas.

No sería lo mismo si en lugar de ser como piedras, fuéramos como esponjas.

Sabemos que Dios nos quiere, que se preocupa de nosotros, que vive en medio de nosotros, que especialmente los pobres, los pequeños, los débiles, son los preferidos a su mesa, como nos ha dicho la primera lectura.

Ahora bien, además de saberlo, ¿nos sentimos pequeños, débiles, ante el Señor?, ¿nos sentimos sus preferidos?, ¿esperamos gozosos sentarnos a su mesa?

Sabemos que el pan y el vino, una vez consagrados en la Eucaristía, son el Cuerpo y la Sangre de Cristo que se entrega por nosotros.

Sabemos que en el momento de la comunión, bajo la especie del pan, lo que comemos es el Cuerpo de Cristo, que se nos da para que tengamos vida.

Sabemos que comiendo el cuerpo de Cristo y bebiendo su sangre, Él habita en nosotros.

Sabemos que Jesús es el Pan que ha bajado del cielo para que, comiéndolo, vivamos para siempre.

Sabemos, sabemos, sabemos... ¿lo sentimos así?, ¿lo vivimos así?, ¿acogemos desde dentro la inmensa grandeza de este misterio?

Con cuánta frecuencia comulgamos, ¿vivimos la comunión desde su profundo significado de recibir a Cristo o simplemente "vamos a comulgar"?, ¿cómo influye en nuestra vida diaria?

Si somos como esponjas, todo lo que nos rodee quedará impregnado de la presencia del Señor.

Si somos como cantos rodados, una vez que haya terminado la misa, seguiremos igual, estaremos secos por dentro.

Que el Señor nos ayude no sólo a saber, sino sobretodo, a sentir y a vivir lo que nos ha revelado y que nosotros hemos acogido por la fe.

 

REFLEXIÓN - 2

JESÚS, ¿PAN DE VIDA?
Por Javier Leoz

1.- Jesús ¿pan sin sabor?

-Unos lo gustan como lidera pero no lo saborean como presencia real de Dios

-Otros lo comen mecánicamente. Y, por esa actitud, se diluye sin efecto en sus entrañas

-Algunos lo escuchan sin interés .son palabras que pronto difuminará el viento

-Muchos lo toman como si fuese un seguro de vida .pero no caen en la cuenta de que tiene un precio: seguir y vivir el mensaje de Aquel que lo amasa

-Otros más lo comulgan pero no lo ven .ojos que no ven corazón que no siente

2.- Jesús ¿pan para nada?

-Unos acuden a El cuando su casa se resquebraja .y lo olvidan cuando, de nuevo, está ya construida

-Otros se sientan para participar de su mesa .y a continuación cierran filas para que no entren más comensales

-Algunos quisieran espectaculares milagros .pero se resisten a ver el trasfondo divino de ellos

-Muchos lo siguen porque no pierden nada .pero luego les cuesta bastante el dejar algo por el “todo”

-Otros más apuran su cáliz .pero les resulta duro el despuntar sus vidas al estilo de Jesús

3.- Jesús ¿pan sin trascendencia en nuestra vida?

-Unos lo llevan grabado en oro pero en su corazón aparece como invisible

-Otros lo esculpen en las cumbres de los montes pero no lo ven en el prójimo

-Algunos lo comulgan en la Eucaristía y lo rechazan en lo cotidiano de la vida

-Otros más no lo comulgan en la Iglesia prefieren un Jesús “a la carta”

4.- Jesús ¿pan que nos cambia?

-Unos lo ven como personaje operativo y presente .saben que su figura no ha quedado encorsetada en una simple página de la historia

-Otros lo viven en propia sangre .lo hacen vida con su vida

-Algunos lo ven como regalo del cielo .y lo llevan a mil rincones de la tierra

-Otros más intuyen que es fotocopia de Dios y lo multiplican a miles con su testimonio veraz y comprometido

5.- Jesús ¿pan de contradicción?

-Unos dicen que hace tiempo que pasó, vivió y murió y con esta afirmación se construyen castillos de falsas vidas y de intereses mezquinos

-Otros afirman que vive y tratan de cambiar el mundo con la fuerza de su amor negándose, si es preciso, a sí mismos

-Algunos dudan de su presencia y convierten su vida en un “sí” pero luego en un “no”.

-Otros más ni dudan ni afirman .simplemente creen y esperan en la última Palabra que se presenta y se visibiliza en forma de pan

6.- Jesús ¿pan que interpela?

-Unos lo ven como PAN duro al paladar .les resulta interpelador a sus cómodas vidas

-Otros lo comen por rito y obligación .es más fácil el comer que pasar hambre

-Algunos se acercan humildemente a su presencia saben que DIOS entra más cómodamente y mejor por esa puerta

-Otros más elevan sus ojos hacia el cielo pues saben que el horno de ese PAN está situado más allá del sol y de las estrellas. Es un pan que se multiplica con el cuchillo de la justicia, se cocina con las brasas que Dios sopla, se digiere con la virtud de la Fe, se retiene con los ojos de la esperanza, se mantiene eternamente tierno cuando se comparte, sirve como paladín para la vida eterna y se presenta en la mesa de Jesús por el gran panadero que es Dios.

Siempre, Jesús, será aquel pan de dios en medio de la gran mesa de los creyentes. para comulgarlo solo es necesario creer en el y esperar en el y entonces, solo entonces, poder vivir como el.

7.- Pan vivo para un mundo muerto

Baja del cielo, Señor,

y despierta en nosotros el apetito por el pan que se cuece

en el horno celestial.

Baja del cielo, Señor,

para que, después de vivir aún sin vivir,

nos alimentemos con aquello que nos ayudará a vivir eternamente.

Baja del cielo, Señor,

y –de paso- bájanos a nosotros de las nubes

para que, comprendamos que no se vive mejor

sino cuando se está viviendo en Tï y por Ti.

Baja del cielo, Señor,

y si nos parece imposible comer tu carne

el que Tú entres dentro de nosotros

abre nuestro entendimiento y nuestra inteligencia

para que podamos descubrir, que en lo invisible,

se encuentra el secreto más profundo de tu presencia.

Baja del cielo, Señor,

y, si quieres, danos un adelanto de vida eterna:

vivir en caridad para podernos presentar con las manos vacías

acrecentar nuestra fe, para prepararnos al encuentro contigo

andar en la esperanza, para nunca desviarnos de tu camino.

¡Baja, del cielo, Señor!

Y, danos un sorbo de tu bebida

un sorbo de tu sangre

un sorbo de esa auténtica bebida

con sabor a entrega, sacrificio y amistad verdadera.

¡Baja, del cielo, Señor!

Para que, cuando te veamos en el altar

sepamos que, no estás sólo,

que vienes en nombre de un Dios

que, una y otra vez, apuesta por el hombre

ama al hombre

y alimenta al hombre con un fin supremo:

darle vida y de la buena, la Eterna.

Amén.

www.betania.es

 

REFLEXIÓN - 3

EN TORNO A UNA MESA

El que come mi carne...

Los sacramentos han ido adquiriendo a lo largo de los siglos un carácter cada vez más ritualizado hasta el punto de que, a veces, llegamos a olvidar el gesto humano que está en sus raíces y de donde arranca su fuerza significadora. Los cristianos llamamos a la Eucaristía «la cena del Señor», hablamos de «la mesa del altar», los manteles... pero, ¿en qué queda ese gesto humano básico del «comer juntos» en la experiencia ordinaria de nuestras misas? La Eucaristía hunde sus raíces en una de las experiencias más primarias y fundamentales del hombre que es «el comer». El hombre necesita alimentarse para poder subsistir. No nos bastamos a nosotros mismos. La vida nos llega desde el exterior, desde el cosmos.

Esta experiencia de indigencia profunda y dependencia radical nos invita a alimentar nuestra existencia en el Dios creador. Ese Dios amigo de la vida, que se nos revela en Cristo resucitado como salvador definitivo de la muerte. Pero el hombre no come sólo para nutrir su organismo con nuevas energías. El hombre está hecho para «comer-con-otros». Comer significa para el hombre sentarse a la mesa con otros, compartir, fraternizar. La comida de los seres humanos es comensalidad, encuentro, fraternización. Pero, además, la comida humana, cuando es banquete, encierra una dimensión honda de fiesta y ocupa un lugar central en los momentos festivos más importantes. ¿Cómo celebrar un nacimiento, un matrimonio, un encuentro, una reconciliación, si no es en torno a una mesa?

En su estudio «De la misa a la eucaristía», X. Basurko uno de los teólogos más lúcidos de nuestra tierra, se pregunta si no han perdido nuestras eucaristías esa triple dimensión de alimento, fraternidad y fiesta que, sin embargo, tienen arraigo tan hondo en nuestro pueblo. Una celebración digna de la Eucaristía nos obliga a preguntarnos dónde estamos alimentando en realidad nuestra existencia, cómo estamos compartiendo nuestra vida con los demás hombres y mujeres de la tierra, cómo vamos nutriendo nuestra esperanza y nuestro anhelo de la fiesta final.

Cuando uno vive alimentando su hambre de felicidad de todo menos de Dios, cuando uno disfruta egoístamente distanciado de los que viven en la indigencia, cuando uno arrastra su vida sin alimentar el deseo de una fiesta final para todos los hombres, no puede celebrar dignamente la Eucaristía ni puede entender las palabras de Jesús: «El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna».

JOSE ANTONIO PAGOLA