REFLEXIONES  

XXXII Domingo
Tiempo ordinario (b)


 
 

" Ha echado todo lo que tenía para vivir"

 

REFLEXIÓN - 1

"DOS "LEPROSOS" "

Uno de los grandes problemas de los países desarrollados es dónde tiramos las basuras, qué hacemos con los desperdicios, cómo reciclamos los deshechos.

En algunos países los pobres viven de lo que recogen en los basureros.

Cuántas veces, cuando abrimos la puerta de la iglesia nos encontramos que alguien ha dejado bolsas de ropa u otros objetos. Y cuántas veces las bolsas han tenido que ir directamente a la basura, pues es indigno dárselas a los pobres.

¿Han ayudado a los pobres? ¿Han sido solidarios? ¡Ni hablar!; han vaciado armarios, han hecho limpieza y, para tranquilizar su conciencia, han convertido la iglesia y los pobres en un basurero.

Hay otras personas que cuando entregan alguna cosa no es porque ya no sirve y hay que tirarla, sino porque ya no la necesitan y puede servir a otras personas. Se nota enseguida porque lo que traen está limpio y bien cuidado.

Pero hay una tercera manera de compartir con los pobres. Por ejemplo: te vas a comprar una prenda que vale "X" euros; por el mismo precio compras dos de menor calidad, una para ti y otra para compartir con los necesitados.

Estamos demasiado acostumbrados a dar de lo que nos sobra, de lo que no nos sirve; compartir lo que necesitamos ya es más difícil, nos parece una heroicidad.

En el templo de Jerusalén, en el atrio de las mujeres, estaba la "sala del tesoro". En ella había trece cepillos donde la gente echaba sus limosnas para ayuda del templo y el culto. Muchos peregrinos pasaban cada día por aquellas salas.

Nos dice el Evangelio que muchos ricos echaban en cantidad y que una viuda pobre echó dos reales; el real era una moneda de tan bajo valor que le llamaban "leproso". La mujer echó dos "leprosos".

Pero Jesús, que conoce los corazones y las verdaderas intenciones, alabó el gesto de la viuda pobre. Los demás habían echado de lo que les sobraba, ella de lo poco que tenía para su sustento.

Y es que, en aquellos dos reales, se había entregado ella misma, había entregado su vida; era lo que tenía para vivir.

Lo importante no es el cuánto sino la intención. 

 

REFLEXIÓN - 2

"MODELOS DE CREYENTES"

-Dos viudas pobres dan color a las lecturas. La una se fía de la palabra de Elías y le hace un panecillo con el puñado de harina y el poco de aceite que le quedaba y recibe una recompensa multiplicada. La otra echa "dos reales" y recibe el elogio del Señor: "ha echado más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado lo que tenía para vivir".

-Estas dos mujeres son modelo de creyentes. Son personas abiertas a Dios: confían en él. Poca cosa tienen, pero no se aferran celosamente a lo poco que tienen. No dan los restos, sino lo que necesitan para vivir. Dios no quiere que le demos lo que nos sobra (y aún, a menudo de forma exhibicionista, como si demostráramos nuestra generosidad y obtuviéramos mérito por ello). El "primer mandamiento" -que vale para todos- es "amarás al Señor, tu Dios, con todo su corazón..." (domingo pasado). De igual modo, el segundo es "amarás a tu prójimo como a ti mismo" (y no "dales algo de lo que te sobra").

-Estas mujeres son dos "pobres" en el sentido bíblico de los "anawim" (pobres de Yahvé), los que Jesús proclamaba dichosos. No tienen demasiado de que presumir y sentirse orgullosos y ponen en Dios su esperanza. Cualquiera lo reconoce enseguida: ésta es la religión verdadera, "pura e intachable a los ojos de Dios Padre" (St 1,27; d. 22). ¡Qué contraste con aquellos ricos que echan mucho dinero para el Templo y con los escribas que aparecen en el evangelio!

-Alguien, tal vez, diga que son dos mujeres "alienadas". Y que el Templo (Dios, la religión) y los profetas (claro...) devoran los bienes de los pobres, en lugar de ayudarlos a tomar conciencia de su situación injusta de dependencia y opresión, y a luchar por su liberación. ¡Cuidado! "El Señor hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos, libera a los cautivos, guarda a los peregrinos, sustenta al huérfano y a la viuda" (salmo responsorial). Y Jesús, que alaba el gesto de aquella mujer, critica a los que "devoran los bienes de las viudas" y recuerda que Elías "fue enviado" a socorrer a aquella viuda cuando "hubo una gran hambre en todo el país" (Lc 4,25-26). No hay que confundir la "gimnasia" con la "magnesia". Naturalmente la generosidad de la viuda del evangelio no autoriza cualquier uso que hagan de sus "dos reales" -y de tantos otros- los responsables del Templo, ni prácticas que hoy nos parecen fuera de lugar, como vestidos, coronas o construcciones suntuosas.

JOSEP M. TOTOSAUS

(mercabá)

 

REFLEXIÓN - 3

DOS CAMINOS

El evangelio nos ha situado ya en el término del camino de Jesús, en vísperas de su muerte: los caminos se cierran, los poderosos confabulaban para liquidarle, la mayoría del pueblo se queda a la expectativa. Sólo un pequeño grupo de hombres y mujeres lo sigue.

El evangelio de Mc nos presenta los últimos hechos y palabras de Jesús en Jerusalén como un resumen de enseñanzas y de su vida. Y aquí hallamos la peculiar importancia del texto que hemos escuchado: es de una absoluta sencillez, pero en esta sencillez hallamos una doble afirmación -las dos caras de la moneda- decisiva para entender el Evangelio de JC.

-"Cuidado con..."

En primer lugar, en la cruz de la moneda, encontramos la descalificación de los ricos. Pero en este caso no se trata de ricos en dinero sino de ricos en religión. Me explico: se trata de aquella gente que se siente satisfecha de sus conocimientos religiosos y de sus prácticas religiosas. Y que, igual que a los ricos en dinero les encanta que se les reconozca y que se reverencie su "categoría", también a estos "ricos en religión" les chifla que se les tenga como los mejores, que se les reverencie muy especialmente, que se les reserve las primeras filas. Es su orgullo y ¡ay! de los se atrevan a tratarles como simples ciudadanos normales.

Me parece que por más que el Evangelio nos presente tantas veces esta dura crítica de Jesucristo contra la satisfacción orgullosa de los fariseos, nosotros siempre peligramos de caer en esta tentación. Es posible que no seamos conscientes de ello, que la revistamos con diversas vestimentas, pero es necesario reconocer que es muy fácil detectar en muchos cristianos este estúpido orgullo de creerse mejores que los demás, de querer que ello se nos reconozca públicamente, que -por ejemplo, en la televisión o en la prensa- se nos trate como si fuéramos de una categoría privilegiada que no admite ni críticas ni bromas.

Y siempre que alguien pretende sacar de su cristianismo algún privilegio, es necesario que recordemos las diáfanas palabras de Jesús en aquellos momentos que culminaba su camino entre nosotros: "Cuidado con ellos". No "cuidado" con los que critican, sino "cuidado" con los que no toleran ser criticados.

-El elogio de la generosidad sencilla

En segundo lugar, en la otra cara de la moneda, nos queda -perenne a través de los siglos- el elogio de la pobre y desconocida viuda que da sencillamente "dos reales". Pero que con sus dos reales fue más generosa que todos los demás porque supo dar todo lo que tenía.

Generosidad sencilla y discreta, tan sencilla y discreta como la de tantos otros gestos de tantos otros hombres y mujeres que nunca saldrán en los diarios, ni en la TV, que nunca conseguirán ninguna condecoración, ante quienes nadie se inclinará para saludarles; serán ellos quienes deberán inclinarse ante el amo, la señora, el jefe. Pero el Mesías del Reino de Dios, el Hijo del Padre del cielo, cuando se termina su camino, nos quiere señalar el modelo. Y por eso llama a sus discípulos y les revela la grandeza de aquella pobre viuda, que ya se iba humilde y desconocida entre la multitud.

Ella ni se enteró, como tantos de sus hermanos y hermanas -antes, después y ahora- tampoco se enteran de que ellos son los primeros en el reino de Dios.

No dar importancia a los que hacemos, no dar importancia a lo que somos. Porque nada es mérito nuestro sino todo es gracia, todo es don de Dios. Y saber compartir con sencillez y generosidad nuestra vida con los demás. Por ejemplo, como se nos recuerda hoy, con los emigrantes, con las gentes de otros países que se han visto obligados a buscar trabajo entre nosotros. Compartir con sencillez, este el resumen de la enseñanza de Jesús al término de su camino, éste es el camino del cristiano.

Compartir ahora nosotros la Eucaristía significa querer vivir así. Porque compartimos la entrega generosa y sencilla de Jesucristo, a través de estos signos tan sencillos y pobres como son este pan y este vino, pero que son toda su vida entregada hasta la muerte por nosotros.

J. GOMIS