PALABRA DE DIOS 

XXXII Domingo
Tiempo ordinario (b)


 
 

" Ha echado todo lo que tenía para vivir"

 

 

PRIMERA LECTURA.
1 Reyes 17, 10-16

El poder del profeta tiene valor en cuanto signo de la fuerza creadora de Dios. Aunque el modo de manifestarla parezca fantasioso e ingenuo, la realidad hacia la que orienta tiene hondura. El pobre no se aferra ni se reduce a lo que tiene. Vive más en la esperanza de lo que enriquece a la larga que en lo que remedia la falta del instante. Quien no hace de lo poseído el bien último, sino de lo esperado, tiene ya lo que espera, sin perder lo primero.

 

PRESENTACIÓN

Estamos en el reino del Norte, Israel,  donde profetizó Elías, "el profeta de fuego y de la palabra ardiente" (Eclo 48,1)

Ajab, rey de Israel, se ha casado con la pagana Jezabel, hija del rey de Tiro y Sidón.

A instancias de Jezabel, el rey erige un templo a Baal, y le rinde culto, juntamente con el pueblo, que le teme.

Sólo queda Elías para defender la fe en el único Dios, Yhavhé.

En su nombre anuncia una terrible sequía como castigo a los pecados del pueblo.

Ajab, consciente de que ha sido la palabra del profeta la causante de la sequía, en lugar de arrepentirse, busca eliminar a Elías, que tiene que huir.

Marcha al desierto y, cuando se seca la fuente de la que bebe, se marcha a territorio de Tiro y Sidón, pasando por una pequeña región llamada Sarepta.

Allí se encuentra con una viuda que está cogiendo un poco de leña en el campo y le pide que le dé un poco de agua y pan. La pobre mujer no tiene nada, está recogiendo la leña para hacerse un panecillo para ella y su hijo y dejarse morir.

Pero se fía de las palabras de Elías, mejor, de las palabras del Señor por boca de Elías, y le atenderá primero a él.

Y la promesa del Señor se cumplió: no faltó la harina en la orza ni el aceite en la alcuza.

Había dado lo que necesitaba para vivir.

 

 

 

PRIMER LIBRO DE LOS REYES 17, 10-16

La viuda hizo un panecillo y lo llevó a Elías

En aquellos días, el profeta Elías se puso en camino hacia Sarepta, y, al llegar a la puerta de la ciudad, encontró allí una viuda que recogía leña. La llamó y le dijo: "Por favor, tráeme un poco de agua en un jarro para que beba." Mientras iba a buscarla, le gritó: "Por favor, tráeme también en la mano un trozo de pan." Respondió ella: "Te juro por el Señor, tu Dios, que no tengo ni pan; me queda sólo un puñado de harina en el cántaro y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos." Respondió Elías: "No temas. Anda, prepáralo como has dicho, pero primero hazme a mí un panecillo y tráemelo; para ti y para tu hijo lo harás después. Porque así dice el Señor, Dios de Israel: "La orza de harina no se vaciará, la alcuza de aceite no se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra"." Ella se fue, hizo lo que le había dicho Elías, y comieron él, ella y su hijo. Ni la orza de harina se vació, ni la alcuza de aceite se agotó, como lo había dicho el Señor por medio de Elías.

Palabra de Dios

 

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 145

PRESENTACIÓN

Si en el mundo el hambre campa a sus anchas, la miseria se adueña de países y cinturones de grandes ciudades y el hambre es el pan de cada día para millones de personas, es porque los poderosos de la tierra se quedan en grandes palabras, en solemnes declaraciones de derechos que, después, no van a ninguna parte.

¿Quién puede confiar en ellos?

"No pongáis vuestra confianza en príncipes,
en seres humanos que no pueden salvar"

Alguien puede decir que poner la confianza en Dios, mientras se sufre y se pasa hambre, es alienarse. Pero, en realidad, en Él se encuentra la fuerza para empeñarse, desde la propia pobreza, a salir de ella personal y colectivamente

"Feliz aquel que en el Dios de Jacob tiene su apoyo
y su esperanza en Yhavhé su Dios"

El Señor nos hace ver dónde está la verdadera riqueza, que no es en aquello en lo que la ponen los hombres. Si el Señor ha hecho una opción preferencial por los pobres, no es para hacerlos ricos según las categorías del mundo

"EL Señor abre los ojos al ciego...
El Señor ama a los justos...
El Señor sustenta al huérfano y a la viuda"

San Agustín comenta:"No sé por qué extraña debilidad, el alma humana, al ser atribulada, desespera del Señor en este mundo y pretende confiar en el hombre. Dígase a una persona que se encuentra en algún aprieto: «Hay un varón poderoso que puede salvarte.» Al oír esto, sonríe, se alegra y recobra el ánimo. Pero si se le dice: «Dios te libra», se queda desesperanzado y como helado. ¡Te promete socorro un mortal, y te gozas; te lo promete el Inmortal, y te entristeces! ¡Ay de tales pensamientos! ... Sólo en el Hijo del Hombre está la salvación; y en Él reside no porque sea Hijo del Hombre, sino porque es Hijo de Dios".

SALMO 145

         R/ ALABA, ALMA MÍA, AL SEÑOR

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,
que hace justicia a los oprimidos,
que da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos.
R/ ALABA, ALMA MÍA, AL SEÑOR

El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos,
el Señor guarda a los peregrinos.
R/ ALABA, ALMA MÍA, AL SEÑOR

Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sión, de edad en edad.
R/ ALABA, ALMA MÍA, AL SEÑOR

 

SEGUNDA LECTURA
Hebreos 9, 24-28

Entre la primera y la segunda venida de Cristo hay todo un proceso de salvación: la segunda vez aparecerá para salvar definitivamente. Por consiguiente, la salvación no es una cosa hecha, que baja del cielo, sino todo un camino que hay que recorrer a través de los avatares de la historia humana.

 

PRESENTACIÓN

A lo largo de estas semanas, la carta a los hebreos nos ha ido presentando el sacerdocio de Cristo en comparación con el sacerdocio del Antiguo Testamento.

El texto de hoy es el final de esta sección central de la carta.

Queda resaltada definitivamente la originalidad del Nuevo Testamento: el templo de Jerusalén es imagen del Templo de Dios; del sacerdocio, que era pasajero, como se nos decía la semana pasada, al de Cristo, Sumo Sacerdote Eterno; del sacrifico del Antiguo Testamento, con sangre ajena, al de Cristo que entrega la propia sangre, es decir, da la vida, pues ésta se suponía que estaba en la sangre.

Cristo Sumo Sacerdote, al ofrecerse a sí mismo como sacrificio, lo hizo de una vez por todas y así alcanzó el perdón para todos los hombres y ha entrado en el Santuario del Cielo donde está junto a Dios intercediendo por nosotros.

Creer es vivir y morir como Cristo, esperando su venida; es aceptar el perdón de Dios y perdonar a los hombres, como nosotros hemos sido perdonados

Jesús no volverá para comenzar de nuevo, esto es, para volver a morir y alcanzar otra vez el perdón. Jesús volverá para salvar definitivamente a cuantos han creído en el perdón que ya nos ha sido concedido.

 

LECTURA DE LA CARTA A LOS HEBREOS 9, 24-28

Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos.

Cristo ha entrado no en un santuario construido por hombres - imagen del auténtico-, sino en el mismo cielo, para ponerse ante Dios, intercediendo por nosotros. Tampoco se ofrece a sí mismo muchas veces- como el sumo sacerdote, que entraba en el santuario todos los años y ofrecía sangre ajena; si hubiese sido así, tendría que haber padecido muchas veces, desde el principio del mundo-. De hecho, él se ha manifestado una sola vez, al final de la historia, para destruir el pecado con el sacrificio de sí mismo. Por cuanto el destino de los hombres es morir una sola vez. Y después de la muerte, el juicio. De la misma manera, Cristo se ha ofrecido una sola vez para quitar los pecados de todos. La segunda vez aparecerá, sin ninguna relación al pecado, a los que lo esperan, para salvarlos.

Palabra de Dios

 

ACLAMACIÓN
Mateo 5, 3

Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos.

 

EVANGELIO
Marcos 12, 38-44

Poner a disposición de los demás todo lo que uno tiene para vivir, equivale a entregarse. No es suficiente dar lo que nos sobra. Cristo se ha ofrecido totalmente, una sola vez, para el perdón de los hombres. En la eucaristía celebramos esta entrega.

 

PRESENTACIÓN

Un Dios hecho hombre es el culmen de la sencillez y de la opción por la pobreza. Por lo tanto, la sencillez y el desprendimiento son la mejor manera de acercarnos a Él, el mejor culto.

A veces hacemos de la ostentación y la riqueza una forma de expresión del culto a Dios. Nos excusamos diciendo: "Para Dios lo mejor, para Dios no hay que escatimar gastos, Dios se merece todos los oros, mármoles, piedras preciosas en los templos y en los utensilios del culto...". Es verdad que Dios se lo merece todo y más, pero, ¿es eso lo que Dios quiere? ¿No existe el peligro de que toda esa ostentación pase a los servidores del culto?

Hoy como ayer hay a quienes les gusta distinguirse en los ropajes, que les hagan reverencias y respeten su "posición". Cuántos gustan asientos de honor y primeros puestos...; lo más grave es que alguno utilice su "posición" en provecho propio.

Jesús zanja la cuestión: "Esos recibirán una sentencia más rigurosa".

Acabada la reflexión. Jesús se dirige al atrio de las mujeres donde estaba la "sala del tesoro". allí había una serie de cepillos donde se recogían las limosnas para el culto.

A Jesús no le conmueven aquellos ricos que echan grandes cantidades; le conmovió una viuda que echó dos reales, dos "leprosos", como se llamaba a aquellas monedas de tan bajo valor; y es que aquellos dos "leprosos" era todo lo que tenía para vivir.

Lo importante no es el cuánto, sino la intención. El que da lo que le sobra no da nada; el que da de lo que necesita para vivir, se da a sí mismo, da parte de su vida.

 

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS  12, 38-44

Esa pobre viuda ha echado más que nadie.

En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: "¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Éstos recibirán una sentencia más rigurosa." Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a los discípulos, les dijo: "Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir."

Palabra de Dios