PALABRA DE DIOS 

XXIV Domingo
Tiempo ordinario (b)


 
 

"El Hijo del Hombre
tiene que padecer mucho...
"

 

 

PRIMERA LECTURA.
Isaías 50, 5-9a

Se incluyeron en el segundo Isaías los cantos del Siervo de Yhavhé. El fragmento que proclamamos hoy pertenece al tercero de los cuatro cantos.
      El Señor le ha hablado y él le ha escuchado; ha sido perseguido por su fe y él ha aceptado la persecución sabiendo que Dios está con él y le salvará.
     El Siervo es el hombre de fe perseguido, el pueblo de Israel fiel a Dios, el "resto"; para nosotros Cristo, el Hijo de Dios.

 

PRESENTACIÓN

El texto del segundo Isaías que se proclama este domingo, pertenece al tercero de los cuatro poemas del Siervo de Yhavhé.

Habla en primera persona y en el lenguaje de los elegidos e iniciados por Yhavhé.

El Señor le ha hablado y él ha abierto el oído.

El autor de los poemas unas veces nos presenta al Siervo como una persona, tal vez inspirándose en la vida y la misión de Jeremías, y otras de forma colectiva: Israel, que tiene una misión, una palabra que comunicar y el sufrimiento que esto le acarrea.

Israel es el Siervo que escucha la Palabra y que la trasmite para animar a los desalentados, a los que, lejos de su tierra, están perdiendo la esperanza.

Desterrado y lleno de vejaciones, el resto de Israel, Siervo de Yhavhé, es azotado, escupido, abofeteado..., realidades simbólicas, por ser fiel a Yhavhé.

Aunque de "realidades simbólicas" tenían poco, ya que el Resto de Israel, el Israel de la fe, está formado por individuos que sufrieron en su propia carne violencias físicas y escarnios.

La descripción de la situación de Jesús ante Pilato está inspirada en estas imágenes que expresan la situación por la que pasó Jesús.

Los primeros cristianos enseguida atribuyeron a Cristo la categoría de "Siervo de Yhavhé".



Cuando en mi vida cristiana surjan las dificultades, que no me eche atrás, que sea fiel en tu seguimiento.

Mis fuerzas son pequeñas, pero contigo podré superar todas las adversidades.

Si Tú eres mi defensor, ¿porqué he de desconfiar?

 

 

LIBRO DEL PROFETA ISAÍAS 50, 5-10

Ofrecí la espalda a los que me apaleaban

El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me aplastaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos.

El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal,/ sabiendo que no quedaría defraudado.

Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque.

Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?

Palabra de Dios

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 114

PRESENTACIÓN

Un salmo de acción de gracias a Dios que ha librado al orante de un gran peligro que le ponía a las puertas de la muerte.

Ha gritado, ha suplicado y, como ha sido escuchado, proclama, agradecido, la bondad de Dios.

"Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante;
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco"

Tras reconocer la cercanía del Señor cuando ha acudido a Él. describe de forma muy viva esa pesadilla mortal que lo atenazaba.

"Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia"

Y desde el abismo trágico, lanzó un grito al único que podía extender la mano y salvarle en su difícil situación.

"Invoqué el nombre del Señor:
"Señor, salva mi vida"

Oración breve e intensa de quien, sintiendo todo perdido, se agarra a la única tabla de salvación.

Una vez que han desaparecido las "redes de muerte", proclama que el Señor es "benigno y justo", "compasivo".

Quien, sintiéndose pequeño y desamparado, acude al Señor, no será desatendido.

"El Señor guarda a los sencillos;
estando yo sin fuerzas, me salvó"

Señor, Tú estás ahí, a mi lado, aunque no me percate de ello.

Andaré distraído por la vida, no pensaré en Ti, pero Tú estás ahí a mi lado.

Cuando te hablo me escuchas, en el peligro me tomas en tus brazos, en mis caídas eres benigno, justo y compasivo.

Sólo puedo decirte que quiero caminar en tu presencia.

SALMO 114

R/ CAMINARÉ EN PRESENCIA DEL SEÑOR
      EN EL PAÍS DE LA VIDA

Amo al Señor, porque escucha
mi voz suplicante,
porque inclina su oído hacia mí
el día que lo invoco.
R/ CAMINARÉ EN PRESENCIA DEL SEÑOR
      EN EL PAÍS DE LA VIDA

Me envolvían redes de muerte,
me alcanzaron los lazos del abismo,
caí en tristeza y angustia.
Invoqué el nombre el Señor,
"Señor, salva mi vida."
R/ CAMINARÉ EN PRESENCIA DEL SEÑOR
      EN EL PAÍS DE LA VIDA

El Señor es benigno y justo,
nuestro Dios es compasivo;
el Señor guarda a los sencillos:
estando yo sin fuerzas, me salvó.
R/ CAMINARÉ EN PRESENCIA DEL SEÑOR
      EN EL PAÍS DE LA VIDA

Arrancó mi alma de la muerte,
mis ojos de las lágrimas,
mis pies de la caída.
Caminaré en presencia del Señor
en el país de la vida.
R/ CAMINARÉ EN PRESENCIA DEL SEÑOR
      EN EL PAÍS DE LA VIDA

 

SEGUNDA LECTURA
Santiago 2, 14-18

En alguna época se enfrentó esta doctrina de Santiago con la de San Pablo de la justificación por la fe.
      No hay tal oposición. La salvación nos viene mediante la fe en Jesucristo. Pero la fe en Jesucristo. Pero la fe en Jesucristo nos debe llevar a una vida según él.
       Fe sin obras no tiene sentido.
 

 

PRESENTACIÓN

Cuántos ríos de tinta han vertido estas palabras de Santiago cuando se han querido contraponer a la doctrina de San Pablo sobre la fe y las obras.

Y no sólo los ríos de tinta, sino que han llegado a ser en algún momento causa de división.

Desde el punto de vista de cada uno y en respuesta a las situaciones y necesidades en las que cada uno se encontraba, no había doctrinas opuestas; tal vez algunos malentendían las palabras de San Pablo.

No nos salvan las obras de la ley antigua; menos aún el mero cumplimiento de unas normas que se habían apartado del mandamiento del Señor.

El único Salvador es Jesucristo, el Señor, y nuestra adhesión a él. Pero la adhesión marca toda nuestra vida.

La fe en Jesucristo nos debe hacer crecer en Él, de manera que, a través de nuestros comportamientos, Cristo siga presente y actuante en el mundo.

El ejemplo que pone Santiago es sencillo pero realista: si las buenas palabras no resuelven nunca los problemas materiales concretos del prójimo, tampoco resuelve nada la fe sin obras.

"Yo creo, pero no practico". Es muy fácil decir esto, pero no prueba nada. Las obras producidas desde la fe son las únicas señales que acreditan esa fe delante de los hombres.

Decirte "sí" no es una respuesta vacía si va acompañada del seguimiento concreto; si tras el "sí", sigue mi vida.

LECTURA DE LA CARTA DE SANTIAGO 2, 14-18

La fe, si no tiene obras, está muerta

¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Es que esa fe lo podrá salvar? Supongamos que un hermano o una hermana andan sin ropa y faltos de alimento diario, y que uno de vosotros les dice: "Dios os ampare; abrigaos y llenaos el estómago", y no le dais lo necesario para el cuerpo; ¿de que sirve? Esto pasa con la fe: si no tiene obras, por sí sola está muerta. Alguno dirá: "Tú tienes fe, y yo tengo obras. Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe."

Palabra de Dios

 

ACLAMACIÓN
Gálatas 6, 14

Dios me libre de gloriarme si no es en la cruz del Señor en la cual el mundo está crucificado para mí y yo para el mundo.

 

EVANGELIO
Marcos 8, 27-35

No podían entender, y menos los apóstoles, que Jesús, el Mesías, tuviera que padecer y morir.
      Su amor a Jesús es el que le hace a Pedro intentar disuadirlo. No entiende, con su modo de pensar humano, que el Padre quiera salvarnos mediante la gran prueba de amor : la entrega del Hijo en la cruz.

 

PRESENTACIÓN

Muchos se habían preguntado quién era Jesús: la gente, los maestros de Israel, los discípulos, sus paisanos, Herodes Antipas...

Ahora es él quien traslada la pregunta a los suyos, a los más cercanos: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Marcos recubre de silencio la respuesta mesiánica de Pedro: "prohibió terminantemente decírselo a nadie"

Ya ha preparado el terreno para lo que quiere decirles, revelarles. El Hijo del hombre tiene que padecer, ser condenado, ser ejecutado y volver a la vida.

Ciertamente las palabras de Jesús golpean los oídos de los apóstoles, tanto, que les hace revelarse contra este plan. Y Pedro, que según la versión de Mateo, ha sido constituido Roca de la Iglesia de Jesús, es ahora comparado con el tentador del desierto: "Quítate de mi vista, Satanás".

No entienden que el Plan de Salvación de Dios pasa por la entrega total del Hijo como supremo sacrificio en el altar de la cruz. Él se ofrece por nuestros pecados.

Pero, vencida la muerte, resurge con fuerza la nueva vida: "resucitar a los tres días"

Y el camino del Maestro es, también, el de los discípulos.


Quién eres Tú para mí. De la respuesta que dé quedará orientada mi vida.

Cuántas veces he dicho, como Pedro, que Tú eres el Mesías; pero cuando te veo clavado en la cruz y veo a tantos llevando sus cruces o colgados de ellas.

Necesitamos tu cruz para poder llevar las nuestras.

Que no tenga miedo, que tome mi cruz y te siga.

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS  8, 27-35

Tú eres el Mesías. . . El Hijo del hombre tiene que padecer mucho.

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que soy yo?" Ellos le contestaron: "Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas." Él les preguntó: "Y vosotros, ¿quién decís que soy?" Pedro le contestó: "Tú eres el Mesías." Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y empezó a instruirlos: "El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días." Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: "¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!" Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: "El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará."

Palabra de Dios

  Muchos sectores de la sociedad se van apartando de Cristo y la Iglesia.

Quizás entiendan que ser cristianos es vivir con un saco pesado a las espaldas lleno de normas y prohibiciones y prefieren dejar el saco en el suelo para ir más ligeros. Qué poco saben qué es ser cristianos.

Si les preguntamos quién es Jesús para ellos, puede que ni lo sepan o lo hayan olvidado.

Pero también están los que un día fueron cristianos y ahora se han convertido en acérrimos enemigos; y los que crecieron en familias cristianas pero, después, influenciados por sus profesores de instituto y universidad o por grupos ideológicos, lo abandonaron todo y buscan, desde los puestos del poder político y legislativo, desde el mundo de la cultura o los medios de comunicación, borrar todo lo que tenga color cristiano.

No faltan los cristianos costumbrista, culturales, sociológicos, sacramentalistas; los cristianos mercantilistas que le dicen a Dios: "Te doy si me das", los utilitaristas , que Dios les sirve en la medida que consiguen de Él lo que quieren y a bajo precio.

Pero Jesús sigue hoy preguntándonos: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

De nuestra sincera respuesta depende nuestra vida.

De nuestra fe depende nuestra vida, como nos recordaba Santiago en la segunda lectura.

Supongo que si estamos aquí es porque Jesús es para nosotros, como para San Pedro, el Mesías, el Hijo de Dios hecho hombre, el que tenía que venir para salvar al mundo.

Jesucristo es el centro de nuestra vida, aunque también hoy lo veamos condenado y ejecutado; sabemos que no queda en la muerte.

Jesucristo es el Señor por encima de los señores de la tierra a los que, a veces, tanto adoramos y envidiamos. También por encima de nuestros políticos. Hoy sobran políticos cristianos, es decir, aquellos que primero son políticos y, después, cristianos; aquellos que primero se deben a la ideología y al partido y, después, a Cristo. Y faltan cristianos en la política, es decir, aquellos en los que lo primero es Jesucristo y su Evangelio, que lo viven y lo hacen presente en la sociedad.

Ante las andanadas de esta sociedad relativista y laicista, existe el peligro de que se remuevan nuestros cimientos cristianos, que nos escandalicemos, como Pedro, de un Señor que padece y muere en la cruz, mientras los señores de este mundo parece que triunfan. Y es que, también nosotros, pensamos como los hombres no como Dios.

Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Tú eres el Señor, el Hijo de Dios hecho hombre, nuestro Salvador, que has entregado tu vida, como supremo sacrificio, en el altar de la cruz, para librarnos del pecado y de la muerte eterna.

Tú eres el Maestro y a ti sólo te escuchamos; creemos en ti y seguimos tus pasos, entregando, como Tú, la vida por los demás.

Tú eres nuestra fuerza y nuestro alimento; te has quedado en el Pan de la Palabra y en el pan eucarístico.

Tú eres nuestra meta; hacia ti caminamos, pues nos has abierto las puertas de tu Reino.

Danos la fuerza de ser tus testigos en el mundo, sobre todo cuando tengamos que coger la cruz para seguirte.