PALABRA DE DIOS 

16- Febrero

DOMINGO 6º

TIEMPO ORDINARIO
(A)

 " No he venido a abolir la ley o los profetas..."

 

PRIMERA LECTURA.
Eclesiástico 15, 16-21

El sabio reflexiona sobre el hombre, y ve que por su libertad es dueño de su destino, respon- sable de su realización.
El bien y el mal, la vida y la muerte, se le ofrecen como opción. Para decidir tiene una luz y una guía en los mandamientos que conducen a la vida (Dt 30,15ss).
La libertad es a la vez grandeza y riesgo. Responsabiliza al hombre en su lograrse o malograrse. Ni lo uno ni lo otro acontecen en ausencia de Dios.

 

PRESENTACIÓN

Esta enseñanza deja bien claro que el mal no procede de Dios, sino que tiene su causa en la libertad del hombre únicamente.

Dios no quiere jamás el mal. Si éste se da, lo castiga. Ante el hombre siempre está la posibilidad de la vida o la muerte (pecado). El hombre, si quiere, puede optar por la primera, pero, si elige el pecado, la responsabilidad es sólo suya.

Libertad y responsabilidad del hombre. Santiago en su carta (St/01/13) recordará la primera fase del presente discurso. Ya en Dt/30/15-20, Moisés decía a su pueblo: "Ante ti están la muerte y la vida; tú escogerás".

A veces, la Biblia parece decir que Dios impulsa al hombre a pecar para después castigarlo (cf. Ex/10/27; 2S/24/01); sin embargo, no hay duda de que el hombre es libre. Los israelitas estaban tan convencidos de que nada se hace sin Dios, que les costaba explicarse cómo un hombre puede pecar sin que ésa sea la voluntad de Dios. Pero, aunque les falten las palabras para explicarlo, consideraban siempre al hombre responsable de sus actos.

EUCARISTÍA

ECLESIÁSTICO 15, 16-21

Si quieres, guardarás sus mandatos,
porque es prudencia cumplir su voluntad;
ante ti están puestos fuego y agua,
echa mano a lo que quieras;
delante del hombre están muerte y vida:
le darán lo que él escoja.

Es inmensa la sabiduría del Señor,
es grande su poder y lo ve todo;
los ojos de Dios ven las acciones,
él conoce todas las obras del hombre;
no mandó pecar al hombre,
ni deja impunes a los mentirosos.

Palabra de Dios

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 118

PRESENTACIÓN

El salmo 118 es un canto a la Ley, de un piadoso israelita que vive en un ambiente de indiferencia religiosa, muy parecido a muchos de nuestros ambientes actuales. La Ley significa, para él, la revelación, las promesas, la palabra misma de Dios que se dirige a su pueblo.

Empezar el día con este salmo significa profesar que también nosotros ponemos en Dios nuestra delicia; y ello a pesar de que el ambiente procura olvidar a este Dios, para vivir cada uno de cara a sus propios intereses. «Señor, me adelanto a la aurora esperando tus palabras; en ellas quiero cimentar toda mi vida. Conozco las dificultades, los enemigos que, con esta actitud, me ganaré: Ya se acercan mis inicuos perseguidores. El mundo nos odiará y nos rechazará, pero, si los perseguidores se acercan, tú, Señor, estás más cerca aún y con tus mandamientos me darás vida, y una vida muy superior a la que el mundo, con sus riquezas, podría ofrecerme.»

Pedro Farnés
 

SALMO 118

R/. Dichosos los que caminan en la voluntad del Señor.

Dichoso el que con vida intachable
camina en la voluntad del Señor;
dichoso el que guardando sus preceptos
lo busca de todo corazón.
R/. Dichosos los que caminan en la voluntad del Señor.

Tú promulgas tus decretos
para que se observen exactamente;
¡ojalá esté firme mi camino
para cumplir tus consignas!
R/. Dichosos los que caminan en la voluntad del Señor.

Haz bien a tu siervo: viviré
y cumpliré tus palabras;
ábreme los ojos y contemplaré
las maravillas de tu voluntad.
R/. Dichosos los que caminan en la voluntad del Señor.

Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes
y lo seguiré puntualmente;
enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo corazón.
R/. Dichosos los que caminan en la voluntad del Señor.

 

SEGUNDA LECTURA
1 Corintios 2, 6-10

La fe cristiana no es fruto de un razonamiento científico, sino de una revelación gratuita de Dios. Sin embargo, una vez aceptada la revelación, los cristianos tienen que reflexionar mucho sobre ella, construyéndose fatigosamente su propia teología. Eso sí, una teología humilde y atenta a las preguntas de Dios y de los hombres.

 

PRESENTACIÓN

"Hablamos, entre los perfectos, una sabiduría que no es de este mundo...": La predicación de Pablo se centra en la sabiduría de Dios manifestada en Cristo resucitado. Pero, para comprenderla, es necesaria la fe. Por eso Pablo se dirige a aquellos que teniendo una fe más madura pueden comprender más plenamente sus palabras. Ahora bien, este misterio de la muerte y resurrección de Cristo queda todavía lejos de una parte de la realidad, lo que llama "este mundo", sujeto a los espíritus malignos y a la espera de ser transformada por Cristo. Es evidente que los dirigentes de este mundo no han entendido todavía esta sabiduría divina: los filósofos paganos no han sabido reconocer a Dios (tema de Rm 1,19-20) y los escribas y doctores de la Ley, en el judaísmo, no han reconocido a Jesús como el Mesías esperado. La sabiduría de Dios ha permanecido "escondida" en la cruz, escándalo para los judíos y necedad para los paganos.

1CORINTIOS 2, 6-10

Hermanos:

Hablamos, entre los perfectos una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, que quedan desvanecidos, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria.

Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido, pues si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria.

Sino como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman.»

Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu; y el Espíritu todo lo penetra, hasta la profundidad de Dios.

Palabra de Dios

 

ACLAMACIÓN
Mateo 11, 25

Bendito seas, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has revelado  los secretos del Reino a la gente sencilla.

 

EVANGELIO
Mateo 5, 17 - 37

A primera vista parece contradictorio que Jesús diga que no ha venido a tocar la ley, y a continuación la modifique constantemente («...pero yo os digo»). Y es que acatar y cumplir una ley no es aceptarla ciegamente, sino cumplirla con un sólido espíritu crítico y con un gran sentido de la libertad y responsabilidad humana.

 

PRESENTACIÓN

Jesús intenta mostrar que el camino del cumplimiento profundo de la Ley no es el legalismo (que trata de interpretar, aprenderse y cumplir la letra de la Ley hasta el último detalle), sino el radicalismo que procede de interiorizar el talante y manera de actuar del Dios revelado en la Ley y los Profetas. Se trata de encontrar la clave que todo lo simplifica. Jesús nos presenta como botón de muestra una serie de casos: homicidio, adulterio, divorcio, perjurio. En ninguno de ellos se "facilita" la ley, se hace la vista gorda, se propone manga ancha. Pero, en lugar de fijar la atención sobre la "norma", el "precepto", cobra tal relieve la figura del hermano (obsérvese cuántas veces se repite esta palabra), de la mujer (tan injustamente discriminada y considerada) y de uno mismo (que tiene derecho a mostrarse con sencillez y sinceridad como es, sin necesidad de juramentos), que el respeto al hermano, a la mujer, a uno mismo, se hace radical, es decir, llega a introducirse y adueñarse de aquel lugar donde está la raíz de todo comportamiento, nuestro mismo corazón.

La plenitud de la Ley no consiste sólo en la bondad de la acciones, sino en la bondad del propio corazón, cuyas actitudes han interiorizado las de Dios y su proyecto del Reino.

JESÚS MARÍA ALEMANY
 

MATEO 5, 17-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

[No creáis que he venido a abolir la ley o los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.

Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.

El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres, será el menos importante en el Reino de los Cielos.]

Pero quien los cumpla y enseñe, será grande en el Reino de los Cielos.

Os lo aseguro: si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.

Habéis oído que se dijo a los antiguos: no matarás, y el que mate será procesado.

Pero yo os digo: todo el que esté peleado con su hermano será procesado. [Y si uno llama a su hermano «imbécil», tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama «renegado», merece la condena del fuego.

Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda ante el altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda.

Con el que te pone pleito procura arreglarte en seguida, mientras vais todavía de camino, no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y te metan en la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último cuarto.]

Habéis oído el mandamiento «no cometerás adulterio». Pues yo os digo: el que mira a una mujer casada deseándola, ya ha sido adúltero con ella en su interior.

[Si tu ojo derecho te hace caer, sácatelo y tíralo. Más te vale perder un miembro que ser echado entero en el Abismo.

Si tu mano derecha te hace caer, córtatela y tírala, porque más te vale perder un miembro que ir a parar entero al Abismo.

Está mandado: «El que se divorcie de su mujer, que le dé acta de repudio.»

Pues yo os digo: el que se divorcie de su mujer -excepto en caso de prostitución- la induce al adulterio, y el que se case con la divorciada comete adulterio.]

Sabéis que se mandó a los antiguos: «No jurarás en falso» y «Cumplirás tus votos al Señor».

Pues yo os digo que no juréis en absoluto: [ni por el cielo, que es el trono de Dios; ni por la tierra, que es estrado de sus pies; ni por Jerusalén, que es la ciudad del Gran Rey. Ni jures por tu cabeza, pues no puedes volver blanco o negro un solo pelo]. A vosotros os basta decir sí o no. Lo que pasa de ahí viene del Maligno.

Palabra de Dios