PALABRA DE DIOS 

19- Enero

2º DOMINGO

TIEMPO ORDINARIO
(A)

" Este es el cordero de Dios"

 

PRIMERA LECTURA.
Isaías 49, 3. 5-6

El Siervo de Yhavhé tiene la misión  de hacer que la salvación de Dios llegue a todo el mundo, hasta el confín de la tierra.
      El Siervo debe ser luz de las naciones.
      El Siervo más allá del pueblo de Israel.
      El Siervo es el Mesías, el Cristo, Jesús.
      Y la misión es suya y de los que le siguen.

 

PRESENTACIÓN

Estamos en el Segundo Isaías; el texto pertenece a los cantos del Siervo de Yhavhé.

¿Quién es este siervo de Yhavhé? Unas veces parece que se aplica este título al resto fiel de Israel, que mantiene, con esperanza, las promesas de Dios; algunos han hablado del rey Ciro como el servidor del Señor, ya que, por su mediación, los israelitas iban a recibir la libertad para volver a su tierra y reconstruir el templo y la ciudad de Jerusalén, pero que, después, al no cumplirse sus expectativas de que el rey fuera adorador del único Dios, buscarán por otra parte; hay quien ha hablado de que el Siervo es el propio profeta, autor del segundo Isaías, llamado como Jeremías desde el vientre materno y enviado a proclamar una buena noticia de la salvación de Dios a todos los hombres, empezando por Israel; más adelante el término "Siervo de Yhavhé" se aplicará al Mesías.

Los primeros cristianos entendieron enseguida que Jesús era el Siervo de Yhavhé, Mesías de Israel, luz de las naciones y Salvador del mundo.

La misión del Siervo es reunir al Israel disperso, que se ha alejado de Yhavhé, que se está contaminando, y volverlo al Señor.

Pero no ha sido elegido únicamente para eso; la fuerza de Dios que ha recibido le lleva más allá: "serás luz de las naciones"; una misión universal, ya que la salvación de Dios no se circunscribe a Israel, al pueblo elegido sino que la salvación de Dios debe alcanzar el confín de la tierra.

Cristo es el Siervo porque reveló la salvación de Dios en los acontecimientos y en su propia vida.

La Iglesia y cada cristiano deben ser "luz de las naciones" y portadores de la salvación de Dios para todos los pueblos.

ISAÍAS 49, 3. 5-6

Te hago luz de las naciones, para que seas mi salvación

El Señor me dijo: "Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso." Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel -tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza-: "Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra."

Palabra de Dios

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 39

PRESENTACIÓN

El Siervo de Yhavhé ha sido elegido para una misión; Juan Bautista es la voz que grita, que anuncia la cercanía del Mesías; Jesús, Siervo y Cordero, obedece la voluntad del Padre hasta el final.

"Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad"

En el salmo podemos acercarnos al siervo de Yhavhé, tanto si lo consideramos como el pequeño resto de Israel, fiel al Señor en medio de las dificultades, comprometido en seguir anunciando su acción salvadora, a pesar de que las apariencias digan lo contrario, como si vemos en él al enviado de Dios para cumplir su voluntad liberadora.

"Yo esperaba con ansia al Señor,
él se inclinó y escucho mis gritos;
me puso en la boca un cántico nuevo
un himno a nuestro Dios."

El Siervo, resto de Israel, desterrado en país pagano, sin templo ni altar donde ofrecer sus sacrificios, entiende que lo que Dios quiere en ese momento es una actitud de escucha y ofrecimiento de la propia vida, haciendo su voluntad; es el mejor sacrificio.

"Tú no quieres sacrificio ni ofrendas
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces digo: "Aquí estoy"...
para hacer tu voluntad"

El Siervo, Jesús, llamado como Salvador de Israel y para que la salvación de Dios llegue al confín de la tierra, ha cumplido su misión.

"He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes."

 

 SALMO 39

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Yo esperaba con ansia al Señor;
él se inclinó y escuchó mi grito;
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios. 
R.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: "Aquí estoy." 
R.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Como está escrito en mi libro:
"Para hacer tu voluntad."
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas. 
R.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes.
R.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

 

SEGUNDA LECTURA
1 Corintios 1, 1-3

Comenzamos la proclamación de la primera carta de San Pablo a los Corintios.
      Se dirige a los "consagrados por Jesucristo" en Corinto y a los que, en cualquier lugar, invocan el nombre de Jesucristo, Señor nuestro y de ellos, es decir, también a nosotros
       Y que el Señor nos dé su gracia y su paz, tan necesarias.

 

PRESENTACIÓN

La primera carta de San Pablo a los Corintios fue redactada hacia el año 57. Enfoca los grandes problemas de vida cristiana  en el mundo pagano y, más concretamente, en la decadente Corinto.

Empieza Pablo presentando su autoridad de apóstol, que algunos le negaban (9, 2), y que va a necesitar para disciplinar a los cristianos de Corinto.

El fundamento de esa autoridad no está únicamente en el lugar que ha ocupado en la fundación de la comunidad, sino en el designio de Dios que le ha llamado para esa misión; misión que no se circunscribe sólo a la Iglesia de Corinto, sino que abarca a toda la Iglesia de Dios.

Quienes por la fe y el bautismo se han incorporado a la Iglesia, son la asamblea de los santos, los consagrados por Dios, los miembros del nuevo Pueblo de Dios, llamados a servirle en medio de una sociedad hostil y pagana.

Resumiendo: la comunidad cristiana, "Iglesia de Dios", es una asamblea de personas, llamadas por el Padre a ser santos, es decir, "todo para Dios"; unida a Cristo, es servidora de la voluntad del Padre; debe vivir en comunión con los hermanos de otras comunidades.

La gracia y la paz de Dios Padre y de Jesucristo, el Señor, lo hará posible.

1 CORINTIOS 1, 1-3

La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesús sean con vosotros

Yo, Pablo, llamado a ser apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y Sóstenes, nuestro hermano, escribimos a la Iglesia de Dios en Corinto, a los consagrados por Cristo Jesús, a los santos que él llamó y a todos los demás que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor de ellos y nuestro. La gracia y la paz de parte de Dios, nuestro Padre, y del Señor Jesucristo sean con vosotros.

Palabra de Dios

 

ACLAMACIÓN
Juan 1, 14. 12ab

La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. A cuantos la recibieron les dio poder para ser hijos de Dios.

 

EVANGELIO
Juan 1, 29-34

Escuchamos el testimonio de Juan Bautista a cerca de Jesús: es el "Cordero de Dios que quita el pecado del mundo"; el que existía ante que él; es aquel sobre el que ha descendido el Espíritu en forma de paloma; él lo ha visto y da testimonio de que Jesús es el Hijo de Dios.

 

PRESENTACIÓN

Al ver y escuchar a Juan el Bautista, algunos, talvez, pensaron en el Mesías, en el que tenía que venir. Su palabra, su estilo de vida como los profetas, sus bautizos en el Jordán...

El evangelista Juan ha intentado clarificar las cosas. Ya al comienzo de su evangelio dirá que el Bautista no era la luz, sino testigo de la luz; y el mismo Juan Bautista afirma claramente que él no es el Mesías, que únicamente es la "voz que grita en el desierto", el que prepara el camino al que viene detrás, a aquel a quien no es digno de soltarle la correa de la sandalia. Nos dice el evangelista Juan que el Bautista predicaba y bautizaba en el Jordán, pero no trae la escena del bautizo de Jesús, aunque sí da noticia de ella y de la manifestación del Espíritu de Dios.

"Al día siguiente", Juan dará su testimonio a cerca de Jesús y de lo que ocurrió en su bautizo. Primero lo va a definir como el "Cordero que quita el pecado del mundo". En el idioma de los judíos se empleaba la misma palabra para cordero y siervo. Jesús es el Siervo de Dios anunciado por los profetas, que debía sacrificarse por los hermanos y es el Cordero que reemplaza al cordero pascual.

Si bien Juan Bautista podía conocer a Jesús, no conoció en él al Mesías que debía venir y al que preparaba el camino, hasta que vio "al Espíritu bajar del cielo como una paloma y quedarse sobre él" .

Él lo ha visto y da testimonio de que Jesús es aquel de quien decía: "Tras de mí viene un hombre que está delante de mí, porque existía antes que yo"; manifiesta claramente que Jesús es el Hijo de Dios.

 JUAN 1, 29-34

Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo

En aquel tiempo, al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: "Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo dije: "Tras de mí viene un hombre que está por delante de mí, porque existía antes que yo." Yo no lo conocía, pero he salido a bautizar con agua, para que sea manifestado a Israel."

Y Juan dio testimonio diciendo: "He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo como una paloma, y se posó sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: "Aquél sobre quien veas bajar el Espíritu y posarse sobre él, ése es el que ha de bautizar con Espíritu Santo." Y yo lo he visto, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios."

Palabra de Dios

 

LUZ EN LA OSCURIDAD

La primera lectura del profeta Isaías habla del siervo de Yhavhé, que será "luz de las naciones para que la salvación llegue al confín de la tierra".

Desde nuestra fe, desde el evangelio de Jesús, ¿qué oscuridades deberá iluminar el Mesías, el Cristo y, hoy en su nombre, sus seguidores? La lista de oscuridades sería larga pero vamos a resaltar alguna.

Entre las primeras oscuridades nos encontramos con el desprecio a la vida humana, que lleva a proclamar leyes de aborto y eutanasia, que promueve guerras y violencias de todo tipo, que desprecia y se despreocupa de los que quedan en las cunetas de los caminos de la vida, porque no son útiles, ni productivos, porque sus votos no cambian las cosas.

Otra gran oscuridad que observamos desde la luz que proyecta el Evangelio es el intento de ningunear y, si se puede, destruir la familia que, según el plan de Dios, está formada por el padre, la madre y los hijos. "Dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y formarán una sola carne". Hace pocas semanas presentábamos a la familia de Nazareth como modelo de familia. En la oscuridad en la que vivimos, se quiere llamar matrimonio y familia a cualquier unión, aun a las del mismo sexo; se le quiere quitar a los padres el ser padres para pasar a ser simples progenitores; se les quita el derecho y el deber de la educación moral de sus hijos, según sus ideas y creencias,  para quedárselas el Estado y, así, poder manipularlos y dirigirlos desde la escuela y los MM CC SS.

Una de las oscuridades que están aumentando en este mundo es la falta de libertad religiosa y la persecución y muerte de los cristianos. Por una parte los fundamentalismos religiosos, sobre todo de corte islámico, y, en países de tradición cristiana, es el laicismo el que intenta organizar la convivencia a espaldas de Dios y dificulta lo más posible la presencia y participación de la Iglesia y de los cristianos en el ámbito de lo público.

La oscuridad del paro, de la crisis económica, provocada por el egoísmo y la ambición de políticos y poderosos; la oscuridad de la falta de libertad cuando se legisla por decreto, cuando se persigue a todo lo que se mueve fuera de lo establecido por la ideología dominante; la persecución de la libertad de expresión, los autoritarismos en tantas partes del mundo...

Y la sexualidad convertida en mero sexo, en un juguete, en una diversión, sin querer pensar en las graves consecuencias de su mal uso; ridiculizando a los que defienden la sexualidad como expresión del amor y la vida de la pareja en el matrimonio estable.

En este mundo de oscuridades, los cristianos estamos para ser luz, para seguir proclamando que, desde Jesucristo, nos iría mucho mejor.

Dios nos ha llamado y nos ha consagrado en el Bautismo y la Confirmación para ser testigos de la luz, de una forma de vivir diferente a la de los que viven en la oscuridad.

A lo largo de la historia muchos hermanos nuestro, como Juan Bautista, han dado testimonio de que Jesucristo es el Hijo de Dios; algunos han dado su vida por su fe, también en nuestros días: Irak, Egipto, Pakistán, India son botones de muestra.

Hoy vivir como auténticos cristianos se nos hace más cuesta arriba porque el ambiente no acompaña. Por eso es más importante hoy que ayer conocer bien nuestra fe, celebrarla en la Eucaristía y los demás sacramentos, dar testimonio en los ambientes en los que nos movemos, rezar al Señor personal y comunitariamente y sentirnos unidos en Iglesia con los hermanos de la parroquia y con todos los cristianos.

Pidámoselo así al Señor en la Eucaristía.