REFLEXIONES

5- Julio

DOMINGO 14º

  TIEMPO ORDINARIO    
(A)

" Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados"

 

REFLEXIÓN - 1

LOS YUGOS

Qué duro de mollera el ser humano.

Todavía no nos hemos dado cuenta que la violencia no es camino de paz y fraternidad.

Cuando el poder y el prestigio de una nación se mide por el número de sus soldados y la cantidad de sus armas y vehículos de combate, algo va mal.

Cuando países poderosos y mercaderes de armar venden sus arsenales sobrantes a pueblos que están en la miseria y el hambre, para que se destrocen entre sí y quedarse después con sus materias primas, algo va muy mal.

Por eso siempre han estorbado aquellas personas que se han opuesto a la guerra, a la violencia, y han defendido que el único camino para la paz verdadera y la fraternidad humana pasa por el cambio del corazón.

Mientras no exista la mirada limpia de la gente sencilla que cree en el Dios Amor, que cree en Dios, Padre bueno, que quiere que todos seamos felices, que vivamos como hermanos compartiendo la tierra común, casa para todos, no cambiarán las cosas.

Mientras los sabios, los entendidos, los poderosos tengan en sus manos las llaves del mundo, estaremos perdidos, nunca tendremos el mundo que Dios quiere.

No nos extrañe que el destino de los sencillos, de los no violentos, de los que aman de verdad al prójimo, empezando por Jesús, sea la muerte.

No creáis que van a ser los fuertes y los poderosos vuestro refugio en los momentos difíciles; no creáis que ellos os van a cobijar en las horas bajas; no creáis que sus promesas os van a dar la libertad. Cada uno va a lo suyo: a sus intereses personales o de grupo.

"Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré", dice Jesús.

Para él, el único interés somos nosotros ; por eso podemos encontrar el él descanso, fuerza, ilusión y esperanza.

Los yugos de los fuertes y poderosos aplastan y destruyen; el yugo del Señor es suave, pues es la libertad de los hijos de Dios.

Aprendamos del Señor, manso y humilde de corazón y en nuestros ambientes seamos constructores de paz, fraternidad y libertad.

 

REFLEXIÓN - 2

VENID A MÍ

Hemos escuchado en los últimos domingos que JC nos llamaba a seguirle. Y también a anunciar, a comunicar su Evangelio. Pero hoy damos un paso adelante. JC nos invita, de todo corazón, a vivir en comunión con él. Una comunión que ofrece especialmente a los sencillos (a quienes no se creen sabios ni entendidos), a los hombres y mujeres que andan cansados y agobiados (quizá muchos, quizá la mayoría de nosotros; no nos pese: éstos son los preferidos de JC).

Evitemos la tentación de pensar que JC, antes que nada, nos exige, nos manda, nos impone. No, antes que nada nos ama de tal modo que nos quiere comunicar aliento y fuerza para nuestro camino, porque él sabe que este camino es difícil. Es compañero antes que Señor (¿no es eso lo que significa su ser hombre como nosotros?).

Y nos quiere dar lo mejor que tiene: su comunión de vida con el Padre. Sí, no propone fáciles soluciones a nuestro andar "cansados y agobiados", no esconde que la realidad está llena de dureza; lo que hace es decir sencillamente: "Venid a mí... y encontraréis vuestro descanso". No es un descanso que escamotee nuestra lucha de cada día (dice JC: "cargad con mi yugo") sino un descanso que se halla por el extraño camino de saberse hijo de Dios, querido por el Padre, discípulo de JC. Es decir, en el vivir en comunión con Dios, comunión de vida y amor. Una comunión que no evita la dureza, el peso del yugo de cada día. Pero que -dice JC- puede convertirlo en un !yugo llevadero y una carga ligera!. Si es asumido como un compartir el camino de amor de JC, ante y con Dios, aunque a veces nos parezca que lo recorremos sin Dios.

Las palabras son insuficientes para expresar lo que JC nos dice. Pero, ¿no es verdad que algunas veces todos lo hemos experimentado? Cuando hemos conseguido la sencillez de corazón, cuando en momentos concretos de nuestra vida nos hemos sentido sólo sostenidos por esta extraña pero real comunión con el Padre que JC nos comunica. Quizá lo que habríamos de intentar es hacer de estos momentos excepcionales aquello que sea el fondo de nuestra vida. Con una entera confianza en el Espíritu de Dios que habita en nosotros -como hemos leído en la carta de Pablo-, ya que él nos da este aliento de vida que precisamos.

Y quizá un buen propósito para este tiempo de verano (en que para bastantes parece más fácil detenerse a mirar con cierta perspectiva nuestra vida) fuera el deseo de hallar unos momentos de paz, para ir a lo más hondo, para encontrar un espacio de oración, para escuchar las palabras de JC: "Venid a mí..."

J. GOMIS

(mercaba)

 

REFLEXIÓN - 3

La primera ocupación de la vida: elegir lo que se ha de amar

Duro y pesado parece el precepto del Señor, según el cual quien quiera seguirle ha de negarse a sí mismo. Pero no es duro y pesado lo que manda aquel que presta su ayuda para que se realice lo que ordena. Pues también es cierto lo que se dice en el salmo: Por las palabras de tus labios he seguido los caminos duros (Sal 16,4). Y es verdadero también lo que dijo el mismo Señor: Mi yugo es llevadero y mi carga ligera (Mt 11,30). El amor hace que sea ligero lo que los preceptos tienen de duro. Sabemos lo que es capaz de hacer el amor. Con frecuencia este amor es perverso y lascivo; ¡cuántas calamidades han sufrido los hombres, por cuántas deshonras han tenido que pasar y tolerar para llegar al objeto de su amor! Es igual que se trate de un amante del dinero, es decir, de un avaro; o de un amante de los honores, es decir, de un ambicioso; o de un amante de los cuerpos hermosos, es decir, de un lascivo. ¿Quién será capaz de enumerar todos los amores? Considerad, sin embargo, cuánto se fatigan los amantes y, no obstante, no sienten la fatiga; y mayor es el esfuerzo cuando alguien se lo prohíbe. Si, pues, los hombres son tales cuales son sus amores, de ninguna otra cosa debe preocuparse uno en la vida, sino de elegir lo que se ha de amar. Estando así las cosas, ¿de qué te extrañas de que quien ama a Cristo y quiere seguirlo, por fuerza del mismo amor se niegue a sí mismo? Si amándose a sí mismo, el hombre se pierde, negándose se reencuentra al instante.

San Agustín - Sermón 96,1