XII Domingo de Tiempo Ordinario (A)

 

"No tengáis miedo a los hombres "

Eucaristías anteriores

 

Introducción

La Eucaristía en los Santos Padres: Eucaristía, memoria

Primera Lectura

Jeremías 20, 10-13

Salmo Responsorial

Salmo 68

Segunda Lectura

Romanos 5, 12-15

Aclamación

Juan 15, 26b. 27a

Evangelio

Mateo 10, 26-33

Reflexión 1

"No tengáis miedo"

Reflexión 2

"Miedo"

Reflexión 3

"No nos importe"

Hoja parroquial

Hoja parroquial para imprimir

Eucaristía idiomas

Alemán - Inglés - Francés

   

 

 

INTRODUCCIÓN

LA EUCARISTÍA EN LOS SANTOS PADRES

SAN JUAN CRISÓSTOMO

EUCARISTÍA: MEMORIA

                “Mientras comían, Jesús tomó pan y lo partió (Mt 26, 26). ¿Por qué celebró el misterio de la Eucaristía en el mismo momento de la Pascua? Fue para que aprendieras de todas las formas que él es el autor de la Ley antigua y que ésta contenía la figura de lo que se relacionaba con él. A esta figura él sustituye la realidad. La circunstancia de que fuese la tarde también tenía una significación: representaba la plenitud de los tiempos y el remate final de las cosas... Si la pascua, que era una simple figura, pudo librar a los Hebreos de la esclavitud, ¿cuánto más librará la realidad al universo?...

Tomad y comed, dice Jesús, este es mi cuerpo que se da por vosotros (1 Cor 11, 24). ¿Cómo no se turbaron los discípulos al escuchar estas palabras? Porque Cristo les había hablado ya mucho sobre esta materia (cf. Jn 6). No insiste sobre ello, pues estima que les había hablado lo suficiente...

Confiemos también nosotros plenamente en Dios. No le pongamos dificultades, aunque lo que diga parezca ser contrario a nuestros razonamientos y a lo que vemos. Que más bien su palabra sea maestra de nuestra razón y de nuestra misma visión. Tengamos esta actitud frente a los misterios sagrados: no veamos en ellos solamente lo que se ofrece a nuestros sentidos, sino que tengamos sobre todo en cuenta las palabras del Señor. Su palabra no puede engañarnos, mientras que nuestros sentidos fácilmente nos equivocan; ella jamás comete un fallo, pero nuestros sentidos fallan a menudo. Cuando el Verbo dice: Esto es mi cuerpo, fiémonos de él, creamos y contemplémosle con los ojos del espíritu. Porque Cristo no nos ha dado nada puramente sensible: aun en las mismas realidades sensibles, todo es espiritual. Así, el bautismo es una realidad sensible que se nos administra por el don del agua, pero su eficacia es de orden espiritual, el de renacer y renovarse. Si fueses un ser incorporal, estos dones incorporales se te concederían sin intermediario; pero como el alma está unida al cuerpo, los dones espirituales se te comunican por medio de realidades sensibles.

¡Cuántas personas dicen hoy: «Quisiera ver, el rostro de Cristo, sus rasgos, sus vestidos, sus calzados.»! Pues bien, precisamente lo estás viendo a él, lo tocas, lo comes. Deseabas ver sus vestidos; y él mismo se te entrega no solamente para que lo veas, sino también para que lo toques, lo comas, lo recibas en tu corazón. Que nadie se acerque con indiferencia o con apatía; sino que todos vengan a él animados de un ardiente amor.” (Homilía 82 sobre san Matero, 4-5)

…Considera el gran honor que recibes y la mesa a que estás convidado. Lo que los ángeles ven temblorosos, lo que no se atreven a mirar sin temor por el resplandor que irradia, nosotros lo hacemos nuestra comida, lo asimilamos y llegamos a ser con Cristo un solo cuerpo y una sola carne. ¿Quién dirá las proezas de Yahvé, y hará oír todas sus alabanzas? (Sal 105, 2).

Ocurre con frecuencia que las madres confían a amas extrañas los hijos que acaban de dar a luz. Cristo no obra así, él nos alimenta con su propia sangre, nos une completamente a sí. —Pero me dirás, no ha podido hacerlo con todos. — Sí, verdaderamente con todos. Porque si vino a tomar nuestra naturaleza, fue evidentemente para todos nosotros, y si fue para todos, fue también para cada uno en particular... Cristo se une a cada uno de los creyentes por medio de los divinos misterios. A los que dio la vida, los alimenta por sí mismo y no se desentiende en otro; así termina convenciéndote de que verdaderamente asume tu propia carne.

            No seamos pues indiferentes los que hemos sido favorecidos con tal amor y tan extraordinario honor ¿No os habéis fijado nunca con que ansias los niños se apoderan del seno de su madre y con qué avidez aplican a él sus labios? Acerquémonos nosotros con el mismo ardor a esta mesa santa, a esta fuente de donde brota una bebida espiritual; con más fuerza todavía que los niños, atraigamos la gracia del Espíritu. Que nuestra única pena sea vernos privado de este alimento divino”

“No es obra de poder humano lo que se nos pone delante. El que otrora hizo eso en la última cena, ese mismo es el que lo sigue haciendo ahora. Nosotros ocupamos el puesto de ministros suyos, mas el que santifica y transforma la ofrenda es El. Que no asista, pues, ningún Judas, ningún avaro. Si alguno no es discípulo, retírese. Esta mesa sólo a los discípulos admite. Porque: Con mis discípulos -dice- quiero celebrar la pascua. Esta mesa es la misma que aquélla y en nada le es inferior. Porque no la prepara aquélla Cristo y ésta el hombre. No. Él mismo prepara ésta y aquélla. Este es aquel cenáculo donde entonces estuvieron; de aquí salieron al monte de los Olivos. Salgamos también nosotros a las manos de los pobres. Porque éste es ahora el monte de los Olivos. Los olivos plantados en la casa de Dios son la muchedumbre de los pobres. Ellos destilan el aceite que nos ha de ser útil en la otra vida, aquel que tomaron consigo las vírgenes prudentes y que, por no tomarlo las fatuas, perecieron. Tomémoslo y entremos, a fin de salir con nuestras lámparas encendidas al encuentro del esposo. Salgamos de esta vida bien provistos de este aceite. Nadie inhumano se acerque a la Eucaristía, nadie cruel, nadie inmisericordioso, nadie absolutamente impuro. (Homilías sobre San Mateo  82, 5) 

            “Del costado salió sangre y agua” (Jn 19, 34). No quiero, amado oyente, que pases con indiferencia ante tan grande misterio… He dicho que esta agua y esta sangre eran símbolo del bautismo y de la eucaristía. Pues bien con estos dos sacramentos se edifica la Iglesia: con el agua de la regeneración y la Eucaristía, que han brotado ambos del costado. Del costado de Jesús se formó, pues la Iglesia, como del costado de Adán fue hecha Eva.

Por esta misma razón afirma San Pablo ‘Somos miembros de su cuerpo, formados de sus huesos’ (Ef 5, 30), aludiendo con ello al costado de Cristo, pues del mismo modo que Dios hizo la mujer del costado de Adán, de igual manera Jesucristo nos dio el agua y la sangre salidas de su costado para edificar la Iglesia. Y de la misma manera que entonces Dios tomó la costilla de Adán, mientras éste dormía, así también no dio el agua y la sangre después que Cristo hubo muerto.

Mirad de qué manera Cristo se ha unido a su esposa, considerad con qué alimento nos nutre. Con un mismo alimento hemos nacido y nos alimentamos. De la misma manera que la mujer se siente impulsada por su misma naturaleza a alimentar con su propia sangre y con su leche a quien ha dado a luz, así también Cristo alimenta siempre con su sangre a aquellos a quienes él mismo ha hecho renacer” (Catequesis bautismales VIII)

 

 

PRIMERA LECTURA.
Jeremías 20, 10-13

Mala época le tocó vivir a Jeremías.
      Debe llevar la palabra de Dios a oídos que no quieren escuchar.
      Su vida se ha convertido en un conflicto, aun sus amigos le acechan.
      Sólo en el Señor puede encontrar fuerzas.

 

PRESENTACIÓN

Mala época le tocó vivir al profeta Jeremías.

Su palabra no coincide con los intereses de quienes dirigen el pueblo de Dios.

Debe llevar la palabra de Dios a oídos que no quieren escuchar.

Su vida se ha convertido en un conflicto permanente consigo mismo y con los demás.

Acosado y perseguido, todos, aun sus amigos, le acechan. Hay que deshacerse de Jeremías.

Ante el miedo y la angustia, el profeta se refugia en el Señor. Sólo en él, que lo ha elegido y le ha llamado para esa misión, puede darle fuerzas para cumplir su cometido y sólo del Señor puede esperar justicia.

Por tanto, el único camino que emprende es ponerse en sus manos, encomendar a Dios su causa.

El miedo de Jeremías, cuando se siente solo, se convierte en fortaleza cuando pone su vida en manos de Dios; ese Dios que ha librado su vida de manos de los impíos.

JEREMÍAS 20, 10-13

Libró la vida del pobre de manos de los impíos

Dijo Jeremías: "Oía el cuchicheo de la gente: "Pavor en torno; delatadlo, vamos a delatarlo." Mis amigos acechaban mi traspié: "a ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él." Pero el Señor está conmigo, como fuerte soldado; mis enemigos tropezarán y no podrán conmigo. Se avergonzarán de su fracaso con sonrojo eterno que no se olvidará.

Señor de los ejércitos, que examinas al justo y sondeas lo íntimo del corazón, que yo vea la venganza que tomas de ellos, porque a ti encomendé mi causa. Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos."

Palabra de Dios

 

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 68

PRESENTACIÓN

Que me escuche tu gran bondad, Señor, ya que nadie quiere oír mis gritos de angustia.

Están diciendo falsedades a cerca de mí.

Todos se me echan encima y me hundo como en el cieno, como aquel al que el agua le llega al cuello.

Cuánta gente me odia, más que los cabellos de mi cabeza.

En ti he confiado, en ti, Señor, he puesto mi esperanza, por ti he aguantado afrentas y he sido como un desconocido para mis hermanos.

Tú, Señor, y el celo de tu Templo, es lo más importante para mí. No me importa que los demás no lo entiendan.

Por eso, Señor, escúchame, y que tu bondad sea la respuesta.

Mirad al Señor, sobretodo los pobres y los humildes, porque Él escucha vuestros gritos.

No tengáis miedo de nadie, pues vuestro refugio es inexpugnable.

 SALMO 68

Que me escuche tu gran bondad, Señor.

Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. 
R.
Que me escuche tu gran bondad, Señor.

Pero mi oración se dirige a ti,
Dios mío, el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude.
Respóndeme, Señor, con la bondad de tu gracia;
por tu gran compasión, vuélvete hacia mí.
R.
Que me escuche tu gran bondad, Señor.

Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y vivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos.
Alábenlo el cielo y la tierra,
las aguas y cuanto bulle en ellas. 
R.
Que me escuche tu gran bondad, Señor.

 

 

SEGUNDA LECTURA
Romanos 5, 12-15

Una realidad de la existencia humana: el pecado.
      Pero donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.
      Por un hombre entró el pecado en el mundo y, con él, la muerte como destino final.
     Pero Dios nos da la gracia por Jesucristo, vencedor del pecado y de la muerte.

 

PRESENTACIÓN

Una realidad de nuestra propia existencia: el pecado, que anida en nuestro corazón.

Podemos desarrollar lo queramos la doctrina del pecado original, del "pecado de origen", de si nacemos "en" pecado original o "con" pecado original, si el pecado original es o no la "marca de familia" que todos llevamos...

Sin embargo es mucho más importante no perder de vista que, "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia". Como dice el texto de hoy: "no hay proporción entre el delito y el don".

Por un hombre entró el pecado en el mundo y, con él, la muerte como destino final para todos.

Pero Dios nos da su gracia por medio de Jesucristo, vencedor del pecado y de la muerte; gracia y vida que "sobra para la multitud".

Al primer cuadro sombrío del pecado, Pablo contrapone el cuadro luminoso de la gracia.

Dios está empeñado en salvar. Y este empeño se llama Jesucristo.

ROMANOS 5, 12-15

No hay proporción entre el delito y el don

Hermanos: Lo mismo que por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, porque todos pecaron. Pero, aunque antes de la Ley había pecado en el mundo, el pecado no se imputaba porque no había Ley. A pesar de eso, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, incluso sobre los que no habían pecado con una transgresión como la de Adán, que era figura del que había de venir. Sin embargo, no hay proporción entre el delito y el don: si por la transgresión de uno murieron todos, mucho más, la gracia otorgada por Dios, el don de la gracia que correspondía a un solo hombre, Jesucristo, sobró para la multitud.

Palabra de Dios

 

 

ACLAMACIÓN
Juan 15, 26b.27a

El espíritu de la Verdad dará testimonio de mí, -dice el Señor-, y también vosotros daréis testimonio.

 

 

EVANGELIO
Mateo 10, 26-33

Seguimos con el discurso apostólico que comenzamos la semana pasada.
      Jesús les ha hablado de los peligros que van a tener: ovejas en medio de lobos, tribunales, azotes, odio...
       Por eso les dice: "no tengáis miedo", no pueden acabar con vosotros.
      Si damos la cara por él ante los hombres, Él la dará por nosotros ante el Padre.

 

PRESENTACIÓN

  Seguimos en el discurso apostólico que comenzamos la semana pasada.

Jesús ha enviado a sus discípulos a las "ovejas perdidas de la casa de Israel".

Les ha dado instrucciones de cómo deben comportarse.

Les ha prevenido de los peligros, provenientes de los jefes religioso-civiles: "os envío como ovejas en medio de lobos", "os entregarán a los tribunales y os azotarán", "seréis odiados de todos por causa de mi nombre"...

Por eso Jesús tiene que reforzar su ánimo:

"No tengáis miedo", seguid proclamando el mensaje del Reino.

"No tengáis miedo", pueden acabar con vuestro cuerpo, pero no con vuestra vida, que está en manos del Padre.

"No tengáis miedo" y dad la cara por Jesucristo; él la dará por vosotros ante el Padre.

Qué actuales suenan estas palabras de Jesús. Cómo necesitamos escucharlas en estos momentos en los que debemos dar la cara en defensa del Evangelio, aplicado a la vida familiar, social y política.

MATEO 10, 26-33

No tengáis miedo a los que matan el cuerpo

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: "No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.

Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo."

Palabra de Dios

 

 

 

REFLEXIÓN - 1

"NO TENGÁIS MIEDO"

Qué larga sería la lista de descalificaciones, y a veces insultos, de algunos políticos y gobernantes contra la Iglesia, los Obispos y todos aquellos que defienden posturas evangélicas, que hoy no son políticamente correctas.

El defender los derechos de las familias a educar en la fe a sus hijos, la libertad religiosa para expresar públicamente la fe, el derecho a la vida y a la muerte digna, el no al engaño y a la mentira... está llevando a algunos a buscar cómo pueden acallarnos y dañarnos.

En estos días en los que se están haciendo las declaraciones a Hacienda, no faltan quienes alientan a no poner la X en la casilla de la Iglesia Católica, para que no emplee ese dinero en ir "contra la democracia", "contra los derechos y libertades", en resumen, "contra el progreso".

Es un botón de muestra. Últimamente parece que algunos están en una actitud de acose y derribo de todo lo que defiende la Iglesia Católica, como si el evangelio, aplicado a las realidades de cada día fuera molesto, contrario a los planteamientos relativistas, materialistas y secularistas en los que nos movemos.

Así, pues, bien nos vienen las palabras de Jesús en el Evangelio de hoy: "no tengáis miedo"; y es que, a veces, nos escondemos, nos callamos, nos avergonzamos de manifestarnos cristianos.

Pero antes de decir Jesús: "No tengáis miedo a los hombres", les había dicho: "Os envío como ovejas en medio de lobos", "os entregarán a los tribunales y os azotarán", "entregará a la muerte hermano a hermano", "no está el discípulo por encima del Maestro... y al Maestro le han llamado "demonio".

Si nuestra vida es honrada y sincera, si intentamos vivir el Evangelio con todas las consecuencias, buscando el bien de los demás y de la sociedad, desde Jesucristo, no debemos tener miedo a la mentira, a la maledicencia, a la persecución... Pueden matar el cuerpo, pero no pueden quitarnos la vida.

Nadie puede quitar una vida rescatada de la muerte, como consecuencia del pecado, por la entrega de Jesucristo en la cruz, como dice San Pablo en la segunda lectura.

Estamos en las manos de Dios y nuestra vida va mucho más allá de este mundo.

Hay que dar la cara por Jesucristo, su palabra, su vida, su misterio, su comunidad, pues sabemos que, desde él, el mundo será más justo, más humano, más fraterno, más feliz.

Y hay que dar la cara dentro y fuera, sobretodo con el ejemplo de nuestra vida, guiada por las palabras y mandamientos del Señor.

No le neguemos y no nos negará ante el Padre.

 

 

REFLEXIÓN - 2

MIEDO

El miedo nos cierra la boca y nos incapacita para ser heraldos del Evangelio. El miedo ante los hombres es la causa de muchas traiciones al mensaje que hemos recibido para llevar al mundo entero. Se traiciona el Evangelio cuando uno calla como un perro mudo, cuando se recorta el mensaje, según las conveniencias, y se desvirtúa su fuerza crítica poniéndole el corsé de un falso y cómodo espiritualismo, cuando se distingue entre lo temporal y lo espiritual y se domestica la verdad evangélica reduciéndola a los límites del alma y de las prácticas piadosas, cuando se predica la conversión del corazón, pero no la reforma de la convivencia y de las estructuras sociales, cuando el amor cristiano se entiende y se hace entender solamente como "caridades". En éstos y en otros muchos casos el falso profeta no se pone de parte de Cristo ante los hombres.

EUCARISTÍA

(mercabá)

 

 

REFLEXIÓN - 3

NO NOS IMPORTE

No nos importe el ser mal vistos por nuestra fe. No nos importe el ser "raros" y no estar "al día del mundo". Lo grave es no estar con Dios, con su voluntad y con su justicia. Esta advertencia de Jesús tiene hoy también mucha actualidad.

Queremos demasiado no escandalizar. Queremos demasiado ser aceptados y nos olvidamos de que, comenzando por nosotros mismos, el mensaje de Dios no lo aceptamos. Es hora de que meditemos en serio sobre aquello de que "prefirieron las tinieblas a la luz". Hemos insistido en nuestra predicación y en nuestra actitud de creyentes sobre el peligro de la carne y sobre el peligro del tentador. Nos falta añadir e insistir sobre el peligro del MUNDO que desde dentro y desde fuera pretende trivializar el mensaje de Cristo y nos introduce a pactos de comodidad, de sensualidad, de transigencia, aunque lo disfracemos con excusas como la de "estar al día", "ser humanos", "compartir las necesidades de los demás".

Estas medias verdades son muy peligrosas y nos llevan a dimitir nuestra misión profética, a no dar testimonio de la verdad de Cristo en un mundo que lo ha crucificado y lo sigue crucificando "fuera de las puertas de la ciudad".

CARLOS CASTRO

 

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