XI Domingo de Tiempo Ordinario (A)

 

" La mies es abundante y los obreros pocos"

Eucaristías anteriores

 

Introducción

La Eucaristía en los Santos Padres: El beso santo

Primera Lectura

Éxodo 19, 2-6a

Salmo Responsorial

Salmo 99

Segunda Lectura

Romanos 5, 6-11

Aclamación

Marcos 1, 15

Evangelio

9, 36 - 10, 8

Reflexión 1

"Las obras de Dios"

Reflexión 2

"Id y proclamad"

Reflexión 3

"No existen los jubilados"

Hoja parroquial

Hoja parroquial para imprimir

Eucaristía idiomas

Alemán - Inglés - Francés

   

 

 

INTRODUCCIÓN

LA EUCARISTÍA EN LOS SANTOS PADRES

San Juan Crisóstomo

BESO SANTO

“Siempre que estamos a punto de acercarnos a la sagrada mesa, se nos manda besarnos mutuamente y acogernos con el santo saludo. ¿Por qué razón? Puesto que estamos separados por los cuerpos, en aquella ocasión entrelazamos nuestras almas unas con otras mediante el beso, de modo que nuestra reunión sea tal cual lo era aquella de los apóstoles, cuando el corazón y el alma de los fieles eran uno solo. Así, efectivamente, es preciso que nos lleguemos a los sagrados misterios: estrechamente unidos los unos con los otros. Escucha lo que dice Cristo: Si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, marcha, reconcíliate primero con tu hermano y entonces ven y ofrece tu  presente. 
No dijo: «Primero ofrece», sino: «Reconcíliate primero, y entonces ofrece». Por esto mismo nosotros también, con el don delante, primero nos reconciliamos mutuamente, y entonces nos acercamos al sacrificio.” (Catequesis Bautismales IV 10)

 

 

PRIMERA LECTURA.
Éxodo 19, 2-6a

El pueblo de Israel acampa frente al monte Sinaí, el monte de Dios, al que han peregrinado.
      Van a hacer un pacto con el Señor; más bien, Yhavhé va a pactar con ellos.
      Yhavhé presenta sus acciones en favor de Israel; si escuchan su voz y cumplen las cláusulas del pacto, los diez mandamientos, , serán el "Pueblo de Dios".

 

PRESENTACIÓN

El pueblo de Israel se dirige hacia el Sinaí,

Una peregrinación al monte del Señor, tras una travesía dura y peligrosa por el desierto. Un puñado de esclavos escapados que se cobijan en el lugar sagrado.

Allí les espera Yhavhé, el Señor,  que quiere hacer un pacto con ellos, un pacto al estilo de los pactos de vasallaje entre el señor y los súbditos.

Y en un pacto de estas características, es el señor quien comienza presentando lo que ha hecho por ellos y lo que espera de ellos como respuesta..

Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios y con vosotros, dice Yhavhé.

Para poder seguir siendo mi pueblo, deberéis "escuchar mi voz y guardar mi alianza".

Si aceptan, serán pueblo elegido, un signo de la elección de Dios ante todos los pueblos.

Dios les elige para una misión: ser su pueblo, portador de sus palabras y de su salvación a todas las naciones.

Él da primero y espera una respuesta generosa, pues, en ella, está felicidad del súbdito.

ÉXODO 19, 2-6a

Seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa

En aquellos días, los israelitas llegaron al desierto del Sinaí y acamparaon allí, frente al monte. Moisés subió hacia Dios. El Señor lo llamó desde el monte, diciendo: "Así dirás a la casa de Jacob, y esto anunciarás a los israelitas: "Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa."

Palabra de Dios

 

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 99

PRESENTACIÓN

Que toda la tierra aclame al Señor, pues de Él lo hemos recibido todo.

Y que le sirva con alegría. ¿Es que se puede servir al Señor sin alegría?

Sólo quien es incapaz de orientar su vida desde dios y de ver en ella la realización de un plan que va más allá de acontecimientos concretos, ha cegado la fuente de la alegría.

Porque somos de Dios y para Él hemos sido creados y no descansaremos hasta que estemos siempre en Él.

Somos su pueblo, ovejas de su rebaño, no estamos “como ovejas sin pastor”.

Cuando uno experimenta la bondad de Dios, su misericordia eterna, su fidelidad que traspasa tiempos y circunstancias, se llena de la verdadera alegría.

SALMO 99

Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores,
R.
Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. 
R.
Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades. 
R.
Nosotros somos su pueblo y ovejas de su rebaño.

 

 

SEGUNDA LECTURA
Romanos 5, 6-11

Qué gran misterio de amor: Cristo murió por nosotros cuando éramos pecadores.
       Ahora que por el bautismo hemos sido incorporados a la muerte de Cristo, también hemos sido incorporados a su vida.
       Él nos reconcilia siempre.
     

 

PRESENTACIÓN

Una prueba que no engaña.

Dios es amor infinito y ha quedado patente en el Hijo.

Hundidos en el pecado y teniendo como herencia la muerte, Cristo murió por nosotros.

El amor, hecho entrega en la cruz, vence al pecado y su consecuencia, la muerte.

Al vencer a la muerte, ha germinado en nosotros la vida nueva , que llegará a su plenitud en el Reino de Dios.

Es experiencia de cada día que, aunque redimidos, con frecuencia somos víctimas del pecado y necesitamos el perdón de Dios y de los hermanos.

Por eso, nos llena de esperanza saber que "si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando reconciliados seremos salvos por su vida!".

ROMANOS 5, 6-11

Si fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón seremos salvados por su vida!

Hermanos: Cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros. ¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos del castigo! Si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida! Y no sólo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.

Palabra de Dios

 

 

ACLAMACIÓN
Marcos 1, 15

Está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.

 

 

EVANGELIO
Mateo 9, 36 - 10, 8

El pueblo de Israel ha sido abandonado por sus pastores.
      Un nuevo pueblo de Dios y unos nuevos pastores: los Apóstoles.
      Y un compromiso para todos los seguidores de Jesús: ser obreros de la mies, que es el mundo.

 

PRESENTACIÓN

El pueblo elegido, el rebaño de Dios, estaba abandonado por sus pastores. Más que servir al rebaño, se han servido de él y las ovejas están extenuadas.
El nuevo pueblo de Dios necesita nuevos pastores, que sean según el corazón de Dios. Elegirá a doce apóstoles con la misión de anunciar que el Reino de Dios está cerca, que el tiempo del Mesías ha llegado. Y como signo de esta cercanía: "Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios".

Pero "la mies es abundante y los trabajadores son pocos", hacen falta obreros.
Y a esta tarea estamos llamados todos: sacerdotes, religiosos y laicos, pues la mies no es sólo la Iglesia, que necesita sacerdotes y hay que rogar al dueño de la mies que envíe sacerdotes a su Iglesia, sino el mundo entero que ha de ser impregnado de la Buena Noticia del Reino para hacerlo visible ya ahora.

Cada uno desde su vocación, desde su lugar y desde sus posibilidades, es obrero del campo del Señor

MATEO 9, 36 - 10, 8

Llamando a sus doce discípulos, los envió

En aquel tiempo, al ver Jesús a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entoces dijo a sus discípulos: "La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies." Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: "No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo grartis."

Palabra de Dios

LA FRESCURA DE LOS COMIENZOS

En la vida de las personas y de los grupos humanos suele pasar que, si se pierde la frescura y la fuerza de los orígenes, se entra en la rutina, la apatía, el cumplir...; se mantiene la estructura, pero se pierde la vida.

Eso suele pasar en la vida matrimonial y familiar, en las asociaciones y partidos y en la propia Iglesia.

Cuando se pierde el amor, la ilusión, los proyectos primeros, queda la rutina o la ruptura.

Algo sí le había pasado al pueblo de Israel. Lejos había quedado el pacto del Sinaí, cuando sus padres se encontraron con el Señor en la montaña santa, cuando habían experimentado en sus carnes la acción liberadora de Yhavhé, que los había sacado de la esclavitud y los conducía a la tierra de la libertad.

Él nunca les abandonó, pero fueron acomodándose, organizándose: normas, leyes, culto..., hasta olvidar, como nos recordaba la semana pasada el profeta Oseas, que el Señor prefiere la misericordia a los sacrificios.

Jesús también lo dice; se compadece de la gente porque están extenuados y abandonados, como ovejas que no tienen pastor.

Con Jesús han llegados los tiempos nuevos. Y comienza la andadura del nuevo y definitivo pueblo de Dios, del que Israel fue un signo.

Un nuevo Pueblo de Dios; un nuevo pacto sellado con la sangre de Cristo, piedra angular de la nueva edificación; unos nuevos pastores: los Apóstoles, columnas que sostienen la nueva Jerusalén; una tarea: anunciar el reinado de Dios con hechos y palabras: lo que se anuncia se va realizando, hasta que llegue a su plenitud cuando el Señor resucitado vuelva en su gloria.

La tarea es ardua. La mies es mucha. Cuantos más estemos trabajando en el campo del Señor, mejor. El Papa, los Obispos, los presbíteros, los religiosos y religiosas y todos los fieles laicos.

Si bien en el texto que hemos proclamado hoy Jesús dice que hay que comenzar por las ovejas descarriadas de Israel, al final de su Evangelio San Mateo nos trae el envío de Jesús resucitado: "Id al mundo entero..."

También a nosotros nos ha pasado como al pueblo de Israel, que, en algunos momentos, hemos perdido la frescura y la fuerza de los comienzos y nos hemos acomodado a nuestros cultos, normas, leyes, costumbres y hemos caído en la rutina.

Juan Pablo II y ahora Benedicto XVI no dejan de llamarnos, sobre todo a los cristianos de la vieja Europa, a una nueva evangelización.

La Nueva Evangelización comienza por nosotros, por recuperar la ilusión de ser cristianos, seguidores de Jesucristo, por hacer de su vida y su misión la nuestra, por sentirnos misioneros, con nuestras palabras y obras, en los ambientes en que vivimos, que es la parcela de mies que el Señor nos entrega.

 

REFLEXIÓN - 1

LAS OBRAS DE DIOS

Vivimos en una época en la que, para muchos, su gran Dios son las cosas materiales: lo que se mide, lo que se pesa, lo que se compra o lo que se vende.

Tener, consumir, pasárselo bien..., se ha convertido, para algunos, en lo más importante de su vida.

¿Y tú crees en Dios?, ¿es que lo has visto?. Algunas veces nos hemos encontrado con alguien que nos hace estas preguntas.

Y es que Dios no está de moda, no entra en los esquemas materialistas. Y, aunque algunos lo intentan, a Dios no se le compra ni se le vende. Él se regala en sus obras. Y ya se sabe el razonamiento: si se regala, es que vale poco.

Cuando los israelitas hacen su peregrinación al Sinaí, en el camino hacia la tierra prometida, allí les espera Yhavhé, el Dios que se definía, se manifestaba, a través de sus obras.

Quiere hacer un pacto con ellos; el Señor con los esclavos huidos de Egipto. Y lo primero que les dice: "Mirad lo que he hecho por vosotros".

Si aceptáis mis mandamientos, seréis mi propiedad ante todos los pueblos; es decir, vuestra conducta, vuestros comportamientos, será la mejor prueba de mi existencia como Dios que salva. El mensaje del evangelio es similar.

En la segunda lectura encontramos también el "mirad lo que he hecho por vosotros": "La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros".

Y este es el mensaje que el cristiano debe dar al mundo con palabras y hechos: Dios es amor y debemos vivir en el amor; Dios nos ha perdonado, debemos perdonarnos unos a otros; Dios es un Dios que libera de la esclavitud, nosotros debemos esforzarnos para que en el mundo las personas sean libres, respetuosas, acogedoras... Nosotros somos signo de la existencia y de la presencia de Dios en el mundo.

Hoy también hay muchas personas que andan por la vida como ovejas sin pastor. Hoy también la mies es mucha y los obreros pocos. Y si, por una parte, hay que pedir al dueño de la mies que envíe obreros a su mies, los que ya lo somos, todos, sacerdotes, religiosos y religiosas y seglares, laicos, todos debemos trabajar la parte del campo que se nos ha confiado: a unos la comunidad cristiana, a otros el campo de su carisma religioso: la escuela, los hospitales, el servicio a los pobres, la oración; a los seglares, a los laicos, especialmente el campo de la familia, del mundo del trabajo, las organizaciones sociales y políticas, el campo de la educación...

Si cada uno cuidamos la parcela que el Señor nos ha asignado, su presencia será más comprendida, su salvación más acogida y habrá menos ovejas sin pastor.

La Eucaristía nos fortalece en nuestra vida cristiana para que, como aquellos apóstoles y discípulos, seamos signos y portadores del amor de Dios a los hombres.

 

 

REFLEXIÓN - 2

ID Y PROCLAMAD

Muchos cristianos piensan estar viviendo su fe con responsabilidad porque se preocupan  de cumplir determinadas prácticas religiosas y tratan de ajustar su comportamiento a unas  normas morales y unas leyes eclesiásticas.

Asimismo, muchas comunidades cristianas piensan estar cumpliendo fielmente su misión  porque se afanan en ofrecer diversos servicios de catequesis y educación de la fe y se  esfuerzan por celebrar con dignidad el culto cristiano. ¿Es esto lo que Jesús quería poner en marcha al enviar a sus discípulos por el mundo?  ¿Es ésta la vida que quería infundir en medio de los hombres? 

Necesitamos escuchar de nuevo las palabras de Jesús para redescubrir la verdadera  misión de los creyentes en medio de esta sociedad. Así recoge el evangelista Mateo su  mandato: "Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad  muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis".

Nuestra primera tarea también hoy es proclamar que Dios está cerca del hombre,  empeñado en salvar la felicidad de la humanidad. Pero este anuncio de un Dios salvador no  se hace a través de discursos y palabras sugestivas. No se proclama por la radio ni se  difunde desde la pantalla del televisor. No se asegura sólo con catequesis ni clases de  religión.

Sólo hay una manera de proclamar a Dios: Trabajar gratuitamente por infundir a los  hombres nueva vida.

Curar enfermos, es decir, liberar a las personas de todo lo que las paraliza, les roba vida  y hace sufrir. Sanar el alma y el cuerpo de todos los que se sienten destruidos por el dolor y  angustiados por la dureza despiadada de la vida diaria.

Resucitar muertos, es decir, liberar a las personas de todo aquello que bloquea sus vidas  y mata su esperanza. Despertar de nuevo el amor a la vida, la confianza en Dios, la  voluntad de lucha y el deseo de libertad de tantos hombres y mujeres en los que la vida se  ha ido muriendo.

Limpiar leprosos, es decir, limpiar esta sociedad de tanta mentira, hipocresía y  convencionalismo. Ayudar a las gentes a vivir con más verdad, sencillez y honradez.

Arrojar demonios, es decir, liberar a las personas de tantos ídolos que nos esclavizan,  nos poseen y pervierten nuestra convivencia.

Allí donde se está liberando a las personas allí se está anunciando a Dios.

JOSE ANTONIO PAGOLA

(mercabá)

 

 

REFLEXIÓN - 3

NO EXISTEN LOS JUBILADOS 

«Cristo te necesita para amar...--No te importen las razas ni el color de la piel... ama a  todos como hermanos y haz el bien...».

Es una canción que cantan nuestras comunidades parroquiales. Y quiero subrayar su  estribillo --«Cristo te necesita para amar»-- porque viene a coincidir plenamente con lo que  dice Jesús en el evangelio de hoy: «La mies es mucha y los obreros, pocos. Rogad al Señor  de la mies para que envíe operarios...».

No deja de ser una paradoja. Por una parte, la más clara teología nos dice que Cristo nos  ha salvado a todos, que su muerte en la cruz ha liberado y redimido al hombre suficiente y  abundantemente. Incluso, que hubiera bastado, para nuestra salvación, cualquier acto de su  voluntad redentora. Pero también la teología nos dice --y lo remachó muy claramente contra  la doctrina protestante-- que esa salvación no se realiza sin nuestra cooperación, sino que  «nos necesita». En ese sentido San Pablo hablaba de «completar lo que falta a la pasión de  Cristo». San Agustín había advertido ya, hermosamente: «Dios que te creó sin ti, no te  salvará sin ti».

Me conmueve esta especie de menesterosidad de Dios. ¡Que todo un Dios, para mi  salvación y la de todos los hombres, esté pendiente de mi cooperación! ¡Que me pida que le  «eche una mano»! 

Un día dijo Jesús: «Como el sarmiento no puede dar fruto si no está unido a la vid, así  tampoco vosotros podéis hacer nada sin mí». ¡Es estremecedor! Porque resulta que ahora  nosotros podemos volver la oración por pasiva y decirle al Señor: «Tampoco Tú puedes  hacer nada sin nosotros: nos necesitas».

Pero no penséis, por favor, que todas estas cosas son devaneos literarios, «distinciones  de la razón razonante». No. Recordad la parábola de «los talentos» o la de «los invitados a  la viña». Y unidlas a esto de «la mies es mucha». Comprobaréis que el Señor nos está  diciendo a gritos que «nos necesita», que «a todas las horas del día nos está asignando la  tarea, que ha querido que nuestra personalidad de "uno", "dos" o "cinco" talentos se vaya  desarrollando precisamente en la construcción del Reino, que de ninguna manera quiere  que permanezcamos ociosos».

En una palabra: que, aunque Dios sea el Creador de todo, sin embargo ha querido contar  con nosotros para todo. Lo dijo desde el principio: «Creced, multiplicaos y someted la  tierra». Y del mismo modo Jesús, aunque sea el redentor de todos, nos ha dado parte en su  redención: «Id por todo el mundo y predicad a todos...».

A veces el hombre, en la vida, suele sufrir depresiones y traumas pensando que «ya no  cuentan con él» o que le ha llegado «la hora de la jubilación». Y se dice: «Ya no sirvo». Pues, no es así. En esta tarea del Reino, no existen los jubilados. La faena es inmensa y  requiere mucha mano de obra, todos los brazos son necesarios. Es más, esos que el mundo  considera «los débiles» --los enfermos, los abuelos, los minusválidos-- suelen ser los  elementos más valiosos. Porque Dios «esconde estas cosas a los sabios y entendidos y las  enseña a la gente sencilla». 

ELVIRA

(mercabá)

 

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