REFLEXIONES

 

 

REFLEXIÓN - 1

"DE BUENA CEPA"

Recuerdo que, siendo seminarista, fuimos a cantar en la misa mayor de las fiestas de un pueblo cercano y uno de los profesores de filosofía hacía el sermón. La gente decía:¡Qué bien habla, cuánto sabe, no se le entiende nada!.

Solemos decir que una imagen vale más que mil palabras. A veces, sencillos cuentos y parábolas tienen profundas enseñanzas que llegan a todos: a los sabios y a los que, por trabajar, no han podido asistir a la escuela y no saben ni leer ni escribir.

Jesús es amigo de parábolas e imágenes para poder llegar a todos; y las imágenes y comparaciones las suele encontrar a su alrededor, en lo que todos ven a diario.

El trigo y la semilla que cae; la vid, los sarmientos y el fruto; la higuera; el aceite, que cura las heridas; el pastor, las ovejas y el redil; la barca, las redes y los peces...

De todo se sirve para comunicar la palabra del Padre, para hablarnos de su amor y su perdón, para enseñarnos el camino que nos lleva hasta Él, para decirnos lo que el Padre quiere de nosotros.

La imagen que nos trae hoy es de las más utilizadas ya en el Antiguo Testamento. La vid, la viña, los viñadores...; se aplicaban al pueblo de Israel, a la Tierra Prometida, a los jefes del pueblo...

Jesús se aplica a sí mismo la imagen de la vid: "Yo soy la vid verdadera" y el Padre es el auténtico "viñador". Y añadirá: "Vosotros los sarmientos"

Con esto se expresa la profunda unión entre el Padre y el Hijo y entre el Hijo y los discípulos.

El verdadero discípulo es como un sarmiento unido a la vid. Recibe la savia, la vida y da fruto. Un sarmiento que no da fruto, ¿para qué sirve?, para el fuego

El sarmiento comunica la vida que recibe haciéndola fruto. El cristiano, unido a Cristo, recibe la vida nueva que él nos trae con su muerte y resurrección  y la trasforma en palabras, gestos, actitudes, comportamientos... Cristo es la Vida y el cristiano el vehículo a través del cual esa Vida llega a todas partes.

Tras el encuentro con Jesús resucitado en el camino de Damasco, Pablo es "injertado" en la vid, Cristo, por medio del bautismo y, aun en medio de las dificultades, él predica el nombre del Señor. El sarmiento comienza a dar fruto.

El Bautismo nos ha injertado en esa Vid, que es Cristo, y el Padre quiere que demos fruto abundante.

¿Cuál es el principal fruto que debemos dar? La segunda lectura nos lo ha dicho claramente: "Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad"

Este el el gran mandamiento de Dios: creer en el Hijo Jesucristo y amarnos unos a los otros.

Creer en el Hijo, Jesucristo, nos hace sarmientos unidos a la vid. Amarnos unos a otros, que va más allá del mundo de los sentimientos, que debe llegar a comportamientos concretos, ya sea en los ambientes en los que nos movemos, familiares o sociales, ya sea en una entrega generosa a quienes se sientan necesitados de cualquier cosa que les ayude en su crecimiento como personas libres y realizadas, creadas a imagen y semejanza de Dios, es "dar fruto"

En la Eucaristía recibimos la savia del Pan de la Palabra y del Cuerpo y la Sangre de Cristo, que nos mantiene unidos al que es la Vid y a los hermanos, sarmientos de la misma cepa. Que demos buen fruto.

 

 

REFLEXIÓN - 2

DAR FRUTO

Lo mismo que el pasado domingo en el evangelio del Buen Pastor, nos sorprende ahora la afirmación absoluta de Jesús: "Yo soy la verdadera vid". No dice que fue o que será, pues él es ya la verdadera vid, la que da el fruto. Tales afirmaciones deben escucharse desde la experiencia pascual y con la fe en la resurrección del Señor. Jesús vive y es para todos los creyentes el único autor de la vida y el principio de su organización. De él salta la savia, y él es el que mantiene unidos a los sarmientos en vistas a una misma función: "dar fruto". Jesús es la cepa, la raíz y el fundamento a partir del cual se extiende la verdadera "viña del Señor".

Entre los sarmientos y la vid hay una comunión de vida con tal de que aquéllos permanezcan unidos a la vid. Si es así, también los sarmientos se alimentan y crecen con la misma savia. Jesús ha prometido estar con nosotros hasta el fin del mundo, y lo estará si le somos fieles. El no abandona a los que no le abandonan.

"Dar fruto" es una expresión frecuentemente minimizada por los escritores de la vida espiritual, que la entienden muchas veces en el sentido de hacer buenas obras y alcanzar así la salvación del alma. Pero en el evangelio de Juan, "dar fruto" significa llevar a la madurez la misión de Cristo, esto es, llegar a la cosecha del reinado de Dios para que se manifieste lo que ha sido sembrado en la muerte de Cristo: la salvación del mundo, que es la gloria y la alegría del Padre (el "labrador"). En este mismo sentido dice Jesús que "el grano de trigo que cae en tierra y muere da mucho fruto" (Jn 12, 24). Y él es ese grano de trigo, él y su palabra. Los que reciben a Cristo y su palabra, los que permanecen en él y cumplen lo que él dice, los que mueren con él para que el mundo viva, dando mucho fruto. Y éste es el fruto que permanece (Jn 15,16). En este fruto, en esta cosecha, está empeñada la iglesia. Para llevar adelante su empeño debe continuar unida al Señor, dejando que sea el Señor el que inspire toda su organización y le infunda la vida.

EUCARISTÍA

(mercabá)

 

 

REFLEXIÓN - 3

LA COMUNIDAD PASCUAL

Ojalá vayan siendo también nuestras las características que aparecen en la primera comunidad después de la Pascua.

Sigue creciendo la Iglesia, convencida de la presencia activa de su Señor resucitado y guiada por su Espíritu. Crece y madura, ayudada también por las dificultades internas y externas, con una difícil serenidad y paz.

Hay un rasgo interesante hoy: la comunidad apostólica acoge a Pablo, el que luego será el gran apóstol de Cristo entre los paganos.

Por parte de Pablo es noble la actitud y el testimonio: va a Jerusalén, a confrontar su misión con Pedro y los demás apóstoles, y les cuenta la experiencia de su encuentro con Cristo y su conversión.

Pero también es admirable el mérito de la comunidad: a pesar de las más que justificadas suspicacias que podía suscitar la persona de Pablo, le acogen, no se cierran al carisma que brota, saben ver en él la acción del Espíritu. La aceptación de Pablo es una lección de universalismo y de imaginación, porque Pablo va a ser apóstol "de otro modo".

Ya hay aquí una primera interpelación a nuestra comunidad eclesial concreta, religiosa o parroquial, para que crezca y madure, se deje guiar por el Espíritu y sepa aceptar la variedad de dones que Cristo regala a su Iglesia. Hacen falta muchos Bernabés que sepan discernir y muestren un corazón capaz de dar un margen de confianza a las personas.

-CRISTO, LA VID; NOSOTROS, LOS SARMIENTOS

Pero hoy y el domingo que viene, el evangelio, tomado del discurso u oración de la Ultima Cena, nos invita a profundizar en el misterio pascual de Cristo en cuanto a nuestra relación con El.

El domingo pasado se nos presentaba Cristo como el Buen Pastor.

El domingo que viene nos anunciará su testamento del amor y la alegría. Hoy es la hermosa metáfora de la vid y los sarmientos la que nos ayuda a entender toda la intención de la Pascua.

Es una comparación sencilla, pero profunda, que nos ofrece muchas sugerencias para la vida cristiana. Si ya era hermoso que se nos invitara a unirnos a Cristo como a nuestro Pastor, más profunda es la perspectiva del sarmiento que se entronca en la vid y vive de ella.

La imagen apunta claramente a una comunión de vida con Cristo.

Como la savia vital que fluye a los sarmientos y les permite dar fruto (y al revés, la separación produce esterilidad y muerte), así nosotros con Cristo: "sin mí nada podéis hacer". Celebrar la Pascua es, no sólo alegrarnos del triunfo de Cristo, sino incorporarnos -dejarnos incorporar por el Espíritu- a la Nueva Vida de Cristo.

Una expresión típica de Juan es la de permanecer en Cristo: siete veces aparece en su evangelio: el Resucitado no sólo quiere que vivamos "como" El, o que sigamos "tras" El, o que seamos "de" El, o que caminemos "con" El, sino que vivíamos "en" El. Es un programa de comunión de vida. Ciertamente "permanecer en El" no se interpreta pasivamente, sino que es un programa dinámico y comprometedor como pocos.

-APLICACIONES CONCRETAS

La imagen admite traducciones muy concretas en nuestra vida, según los ambientes de las varias comunidades:

-la comunión de la verdad y la fe (cf. 2 lect.); creer en El es el primer y radical lazo que nos une; "somos de la verdad", se nos propone "que creamos en el nombre de Jesús";

-pero esa fe debe desembocar en el amor: Juan relaciona estrechamente las dos perspectivas: "creamos... y nos amemos unos a otros"; éste es el mandamiento, estos son los frutos de nuestra unión con el Resucitado; el que ama "permanece en Dios" (será el tema central del domingo que viene);

-la unión con Cristo retrata también nuestra oración: la oración personal y comunitaria nos hacen centrarnos de modo privilegiado con Cristo, con su Palabra, con sus sacramentos; este encuentro -la Eucaristía diaria o dominical, por ejemplo- son como el motor y el alimento de nuestra unión existencial con Cristo;

-hay una dirección interesante en la imagen, la poda; a los que se mantienen unidos a Cristo, Dios los "poda", para que den más fruto; ¿qué aspectos de nuestra vida estamos dejando que sean podados en esta Pascua, qué purificación y renovación se nota en nuestra existencia personal, en nuestra comunidad? Este programa, positivo pero empeñativo, de nuestra Pascua con Cristo debe conducir también claramente a la experiencia de nuestra Eucaristía. Cuando Juan, en el cap. 6 de su evangelio, dice cuáles son los frutos de la Eucaristía, habla en los mismos términos: "el que me come permanece en mí y yo en él". Más aún: "como yo vivo por el Padre, que vive, así el que me coma vivirá por mí". La celebración eucarística es como el resumen y el motor de toda una vida cristiana en unión con Cristo.

J. ALDAZABAL  (+)