PALABRA DE DIOS 

 

PRIMERA LECTURA
Hechos de los Apóstoles 3, 13-15. 17-19

Los apóstoles Pedro y Juan han curado a un tullido y dan razón de esa curación: ha sido en nombre de Jesús, el mismo que ellos entregaron a Pilato.
      El santo rechazado y cambiado por un asesino.
     Ese Jesús ha resucitado y ha sido glorificado.
    Ellos se presentan como testigos y piden arrepentimiento y conversión a Él.

 

PRESENTACIÓN

Pedro y Juan, en nombre de Jesús, han curado a un tullido. Y como él no soltaba a Pedro y a Juan, la gente se acercó a ellos; Pedro aprovechó para hablarles de Jesús, en cuyo nombre había sido curado el tullido.

Así, pues, Pedro habla a un público judío, a los que trata de "hermanos", aunque sean responsables de la muerte de Cristo; responsables, pero no culpables.

Están interesados en escuchar a Pedro y a Juan tras ver la curación de aquel enfermo de nacimiento a quien todos conocían.

Dejará bien claro Pedro que no ha sido él el que ha hecho el milagro, es el mismo Jesús el que le ha curado.

Intenta que sus interlocutores den el paso de la fe: todos tienen la fe en el Dios de los padres, todos esperan al Mesías, todos conocen la Escrituras del Antiguo Testamento. Ahora bien, ¿cómo convencerles de que las profecías hablaban de Cristo?

Intenta la vía de disculparles, hablando de un error judicial: llevaron a muerte a un justo y liberaron a un criminal; pero el error fue no haber reconocido en aquel justo al Mesías.

Aunque la Escritura hablaba del Mesías sufriente, los jefes del tiempo de Jesús no pensaban que aquellos Cantos del Siervo de Yhavhé de Isaías se refirieran al Mesías.

Los primeros cristianos releyeron las profecías de Isaías a la luz de la resurrección y descubrieron que allí había ya un anuncio del sufrimiento y de la glorificación de Jesús.

Pedro quiere que sus hermanos judíos descubran también que nada está perdido, que pueden volver a hacer justicia, que pueden rehabilitar al inocente condenado convirtiéndose a él; por eso terminará haciendo una llamada a la conversión y al perdón de los pecados que conlleva.

LECTURA DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES 3, 13-15. 17-19

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

-Israelitas, ¿de qué os admiráis?, ¿por qué nos miráis como si hubiésemos hecho andar a éste por nuestro propio poder o virtud? El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis ante Pilato, cuando había decidido soltarlo.

Rechazasteis al santo, al justo y pedisteis el indulto de un asesino; matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos y nosotros somos testigos.

Sin embargo, hermanos, sé que lo hicisteis por ignorancia y vuestras autoridades lo mismo; pero Dios cumplió de esta manera lo que había dicho por los profetas: que su Mesías tenía que padecer.

Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados.

Palabra de Dios

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 4

PRESENTACIÓN

Del breve salmo 4, nueve versículos, traemos al salmo responsorial tres.

Pero, aun en su brevedad, es muy rico en contenido, pues en él se resume la fe de Israel, la alianza entre Dios y su pueblo elegido a lo largo del tiempo.

Confianza y súplica mezcladas, orgullo y felicidad de ser el pueblo elegido, descubrir a Dios como el que salva, el que da la libertad.

En primer lugar, la oración de Israel se hace confianza y súplica.

"Escúchame cuando te invoco, Dios defensor mío;
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración."

En segundo lugar, Israel está orgulloso de ser el pueblo elegido por Dios, apartado para él, consagrado. Él sabe dónde está la verdadera felicidad: en la Alianza con Dios.

Los extranjeros se preguntan:

"¿Quién nos hará ver la dicha
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?

El tercer aspecto de la fe de Israel, el descubrimiento de que Dios es liberador, es el que salva, el que saca del apuro. Ya desde el Éxodo vivieron esta experiencia. Y si Dios nos saca de una esclavitud, no es para meternos en otra.

En medio de tantas esclavitudes entre las que nos movemos, 

"En paz me acuesto y enseguida me duermo,
porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo.

SALMO 4

R/ HAZ BRILLAR SOBRE NOSOTROS EL RESPLANDOR DE TU ROSTRO

Escúchame cuando te invoco, Dios, defensor mío,
tú que en el aprieto me diste anchura,
ten piedad de mí y escucha mi oración.
R/ HAZ BRILLAR SOBRE NOSOTROS EL RESPLANDOR DE TU ROSTRO

Sabedlo: El Señor hizo milagros en mi favor,
y el Señor me escuchará cuando lo invoque.
R/ HAZ BRILLAR SOBRE NOSOTROS EL RESPLANDOR DE TU ROSTRO

Hay muchos que dicen:
«¿Quién nos hará ver la dicha,
si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?
R/ HAZ BRILLAR SOBRE NOSOTROS EL RESPLANDOR DE TU ROSTRO

En paz me acuesto y en seguida me duermo,
porque tú sólo, Señor, me haces vivir tranquilo.
R/ HAZ BRILLAR SOBRE NOSOTROS EL RESPLANDOR DE TU ROSTRO

 

SEGUNDA LECTURA
Primera carta de San Juan, 2, 1-5

Todos somos conscientes de la realidad y de la presencia del pecado en nosotros, aunque estemos llamados a la santidad.
      Pero si pecamos, tenemos a uno que abogue ante el Padre por nosotros: Jesucristo, el Justo.
     Conocerle es guardar los mandamientos.
     Guardar su palabra es recibir en plenitud el amor de Dios.

 

PRESENTACIÓN

Juan desarrolla en este texto tres certezas: "todos somos pecadores", "todos somos pecadores perdonados", "en Jesús somos perdonados".

La experiencia del pecado vive en nosotros. Solemos hablar poco de nuestros pecados, pero admitimos fácilmente que "nadie es perfecto".

Cuando nos dice San Juan: "Hijos míos os escribo para que no pequéis", se entiende que la vida cristiana es como un combate contra el pecado que hay en nosotros, pues todos estamos divididos: tenemos zonas de luz y zonas de sombras en nuestra vida.

La segunda certeza, y esto es la gran novedad bíblica, que no tanto somos pecadores, cuanto que somos perdonados. Cuántas veces hemos escuchado de labios de Jesús: "tus pecados quedan perdonados". En nuestra profesión de fe, en el credo, no decimos: "creo que somos pecadores", sino "creo en el perdón de los pecados".

Uno de los ejes de la pedagogía bíblica es hacernos pasar del sentimiento de culpabilidad, a acoger con corazón humilde, contrito y agradecido el perdón que se nos ofrece. Jesús nos decía que la verdad nos hará libres y esa verdad es que somos pecadores y que Dios, Amor y Misericordia, nos perdona, liberándonos de la mayor de las esclavitudes.

Y la tercera certeza es que este perdón nos viene por Jesús que se ha ofrecido en la cruz como víctima propiciatoria por nuestros pecados. Ya no hacen falta los sacrificios de la Antigua Alianza; Él es el Cordero de Dios que se ofrece para restablecer la Alianza entre Dios y los hombres, para quitar el pecado del mundo.

DE LA PRIMERA CARTA DE SAN JUAN 2, 1-5

Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Pero si alguno peca, tenemos a uno que abogue ante el Padre: a Jesucristo, el Justo.

El es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros sino también por los del mundo entero.

En esto sabemos que lo conocemos: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice : «Yo lo conozco» y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él.

Palabra de Dios

 

ACLAMACIÓN
Lucas 24, 32

Señor, Jesús: explícanos las Escrituras. Enciende nuestro corazón mientras nos hablas

 

EVANGELIO
San Lucas, 24, 35-48

Los discípulos de Emaús están contando su experiencia, cuando Jesús se hace presente en medio de ellos.
      No es un fantasma, tiene las heridas de la cruz; es él en carne y hueso, que come con ellos.
     Se han cumplido las promesas de las Escrituras.
     Hay que anunciar a todos, empezando por Jerusalén, la conversión y el perdón de los pecados.

 

PRESENTACIÓN

El texto evangélico que se proclama este domingo parte de una situación idéntica a la del domingo pasado.

Cae la tarde del domingo y los discípulos que marcharon a Emaús han vuelto y están contando su experiencia con Jesús resucitado, cómo lo habían reconocido "al partir el pan".

En eso, Jesús se les presenta y les saluda con la paz.

San Lucas habla de "miedo por la sorpresa", de "ver un fantasma", de "alarmas" y "dudas".

Así, pues, vemos cómo al evangelista le interesa dejar bien claro quién es el Resucitado.

Jesús antes de morir y el Resucitado, ¿son el mismo?

San Lucas es un escritor crítico, serio, que, como nos dice al comienzo de su evangelio "ha investigado".

Afirma claramente que Jesús resucitado y Jesús de Nazareth son la misma persona y que los garantes de esa verdad son los once, los que lo han conocido de cerca, los que "han comido y bebido" con él, los que han sido testigos oculares de su vida. Sólo los que vivieron con Jesús pueden ser testigos de la resurrección.

A parte de este testimonio, otra afirmación importante: "Todo lo que estaba escrito a cerca de mí, tenía que cumplirse". Las Escrituras cobran pleno sentido en Jesús Resucitado y a la luz de la resurrección hay que leerlas.

Acabará diciéndoles Jesús: "Vosotros sois testigos de todo esto". Y junto a ellos, todos los que a lo largo de los tiempos creen por su palabra y su testimonio.

 LECTURA DEL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 24, 35-48 

En aquel tiempo contaban los discípulos lo que les había acontecido en el camino y cómo reconocieron a Jesús en el partir el pan.

Mientras hablaban, se presentó Jesús en medio de sus discípulos y les dijo:

-Paz a vosotros.

Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma. El les dijo:

-¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:

-¿Tenéis ahí algo que comer?

Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. El lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo:

-Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí, tenía que cumplirse.

Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y añadió:

-Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén.