REFLEXIONES

 

 

REFLEXIÓN - 1

UN ENCUENTRO QUE CAMBIA LA VIDA

Hay momentos en la vida que marcan, que quedan profundamente grabados y que, después, condicionan toda la existencia,

Acontecimientos alegres o tristes, nacimientos de hijos o defunciones de seres queridos, encuentros con personas que cambian la forma de pensar, sentir o actuar...

Para los apóstoles y los discípulos de Jesús el encontrarse con el "Resucitado" supuso ese momento que marcaría su vida y la de todos aquellos que a lo largo de los tiempos creyeran por su testimonio.

El domingo pasado, domingo de pascua, el evangelio terminaba con aquellas palabras: "Hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos".

Pedro y "el otro discípulo" tuvieron que ver el sepulcro vacío, las vendas por el suelo y el sudario doblado. El "otro discípulo", vio y creyó.

Estaban el domingo reunidos los discípulos, con las puertas cerradas "por miedo a los judíos". Y en la reunión de los hermanos, se hace presente Jesús resucitado, que les saluda con la paz.

Aquel encuentro empieza a cambiar las cosas. Ya no se sienten solos, el miedo comienza a desaparecer y va surgiendo la alegría al ver al Señor. Es él mismo, el crucificado, están viendo las manos y el costado.

Desde ese momento, todo cambia. En adelante tienen que continuar la obra de Jesús hasta que vuelva: "Como el Padre me envió, así os envío yo a vosotros".

En el futuro esta va a ser la vocación de todo discípulo de Jesucristo: ser enviado a realizar la misma tarea de Jesús.

¿Y cuál es esa tarea? El nos lo dice al comienzo de su vida pública: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres una Buena Noticia, me ha enviado a proclamar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor".

Y Jesús resucitado también infundirá su Espíritu sobre los discípulos y les dará el poder de liberar de la mayor esclavitud y opresión: el pecado

Tomás, que no está en el primer encuentro, pide pruebas; y en un segundo encuentro,  Jesús resucitado se las dará. "Señor mío y Dios mío", responderá. Pero Jesús le dice: "Dichosos los que crean sin haber visto".

Así, pues, Jesús resucitado tendrá que manifestarse también a través de la vida, del testimonio de los discípulos, de los que creen en él.

Y la palabra de Dios de hoy también nos da algunas pistas de por dónde debe ir este testimonio: "En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo", es decir, la unidad, la comunión con Cristo y entre ellos; "lo ponían todo en común" y "ninguno pasaba necesidad", es decir, la caridad, el compartir, la solidaridad, el desprendimiento, la pobreza voluntaria...; "daban testimonio de la resurrección con mucho valor", es decir, la fe que se hace vida y se comunica con hechos y palabras para que otros también puedan creer y convertirse a Cristo.

Y, sobre todo, el amor a Dios y al prójimo, es decir, el cumplimiento de los mandamientos.

También nos hablan los Hechos de los Apóstoles de que en el grupo de los creyentes no puede faltar la escucha de la Palabra de Dios: "Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles", ni la Eucaristía: "Acudían asiduamente... a la fracción del pan", ni la oración: "Acudían asiduamente... a las oraciones".

Cristo resucitado tiene que manifestarse en el mundo mediante la vida de los que creen en él. Y esto es válido para ayer, hoy y siempre.

 

 

REFLEXIÓN - 2

CON UNA MISIÓN QUE CUMPLIR

En los textos bíblicos, las denominaciones de elegido, ungido y enviado son equivalentes. Cuando los primeros cristianos se llaman a sí mismos elegidos, no están presumiendo por ningún privilegio, sino recordándose que han sido enviados a cumplir una misión, en favor de los demás, que prolonga en cierto sentido la del mismo Cristo: "Como el Padre me ha enviado, así os envío yo".

Para la realización de esta tarea reciben también la fuerza del Espíritu. El episodio de Tomás quiere animar la fe de todos aquellos que no vieron directamente al Señor y para los que se han escrito todos los signos que Juan narra en su evangelio. "Dichosos los que crean sin haber visto". De cualquier modo, la simple contemplación de lo exterior de los acontecimientos nos da su sentido profundo. Sólo la fe permite ver y entender la trascendencia de lo que se está presentando.

En el resucitado reconocen los apóstoles al Jesús que anduvo con ellos por los caminos de Palestina. Distinto, pero él mismo. El Jesús de la historia es el Cristo de la fe, Jesús es el Cristo.

La más breve confesión cristiana quedará en esta palabra: Jesucristo.

EUCARISTÍA

 

 

REFLEXIÓN - 3

LA PRESENCIA DEL RESUCITADO

-HEMOS VISTO AL SEÑOR

La experiencia de Pascua es todavía muy reciente: hace ocho días que la hemos inaugurado. Por eso en la homilía habría que partir, de nuevo, proclamando la gran Noticia. En medio de un grupo desanimado, aparece el Señor. El primer domingo. Y luego, a los ocho días, de nuevo en domingo, esta vez con Tomás, se vuelve a hacer presente. Este encuentro con el Resucitado cambió a la primera comunidad: "se llenaron de alegría al ver al Señor". Fue un momento decisivo: les dio su Espíritu... les envió, como el Padre le había enviado a El... les dio el encargo de la reconciliación ("a quienes perdonéis los pecados"...) La homilía debería empalmar en seguida con nuestra propia experiencia: nuestra reunión dominical, para celebrar la Eucaristía. También nosotros, en medio de una situación que a algunos les parecerá de desánimo y a otros de desesperación, experimentamos, desde nuestra fe, la presencia del Señor.

Presente en la comunidad misma, en la Palabra que El mismo nos dirige, en su Eucaristía. Cuando el presidente -también él signo de Cristo- nos saluda, invoca su presencia: "el Señor esté con vosotros". Como dice la introducción al Misal (n. 28), con ese saludo "manifiesta a la asamblea reunida la presencia del Señor", y con la respuesta de la asamblea "queda de manifiesto el misterio de la Iglesia congregada". Cada domingo es para nosotros una nueva experiencia de fe que nos reafirma en que Jesús, el Señor, vive y está con nosotros.

El evangelio fue escrito para eso: "para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre". Estamos aquí precisamente porque creemos eso, porque también a nosotros nos sale desde dentro la invocación: "Señor mío y Dios mío". Aunque no faltan dificultades en nuestra vida cristiana, porque también nuestro caso es el de los que "creen sin haber visto".

Una alabanza a la fe de los presentes. Una revaloración del domingo como nuestro día de celebración, porque es el "día del Señor" resucitado.

-UNA COMUNIDAD "PASCUAL"

Pero todo esto tiene una traducción también fuera de nuestra celebración. Nuestra fe en Cristo dura 24 horas al día y 7 días a la semana.

Por eso las lecturas de hoy nos han propuesto un cuadro ideal de la comunidad cristiana, consecuente con la Pascua que celebra.

a) Una comunidad de hermanos. Este es el estilo de aquella primera Iglesia de Jerusalén, tal como nos la ha pintado Lucas, seguramente con un tinte idealista. Un grupo de cristianos que lo tienen todo en común, que se muestran solidarios sobre todo con los más pobres, que no llaman a nada "suyo".

Tanto internamente -los cristianos para con los cristianos- como cara a la sociedad que nos rodea, ¿no es éste el lenguaje que a la larga más entendemos? Las palabras nos llenan la boca, pero ya no convencen. Pero el que yo dé de lo mío, ése sí que es siempre testimonio. Y en un momento de la historia, en que conocemos la grave situación del Tercer Mundo (la que pretende ayudar la campaña de "Justicia y Paz"), y en que también entre nosotros hay una notable crisis económica y de trabajo, que a muchas familias deja sin lo mínimo indispensable ¿cómo puede una comunidad cristiana celebrar la Pascua sin unos gestos de solidaridad fraterna y de comunicación de bienes?

b) Una comunidad de misioneros. El "yo os envío" del evangelio se corresponde perfectamente con el ejemplo de la comunidad cristiana de Jerusalén: "daban testimonio de la resurrección del Señor con mucho valor".

El que de veras cree, quiere comunicar su convicción a los demás. Y hay que reconocer que en el mundo de hoy dar la cara por los valores cristianos es cosa de valientes. En el marco familiar, social, profesional... unos cristianos "pascuales" deberían sentirse invitados a no avergonzarse de su fe, sino a dar testimonio de ella en todo momento. Hay quienes pueden hacerlo en las mil iniciativas de una comunidad (catequesis, diversos ministerios, educación de los hijos, medios de comunicación...).

Otros tienen siempre el lenguaje de sus obras, desde su fidelidad a la celebración dominical hasta el estilo ejemplarmente cristiano de su vida moral y social.

c) Una comunidad de "renacidos" y "vencedores". El matiz que pone a este cuadro la lectura de Juan es interesante: "el que cree... ha nacido de Dios", "el que ha nacido de Dios, vence al mundo".

Además de los temas de la "filiación" y del "amor", que podemos dejar para domingos sucesivos, hay aquí un paralelo muy dinámico: por una parte está Cristo Jesús, el auténtico re-nacido a vida nueva, y vencedor de la muerte. Por otra, nosotros: que si creemos de veras en la Pascua que celebramos, si ponemos nuestra opción radical en Cristo, experimentamos el misterio de un re-nacimiento de Dios (el Bautismo, renovado cada Pascua). Y ésa es nuestra mejor victoria contra todo lo anticristiano y antipascual: la mejor clave para superar los mil males y esclavitudes que padecemos en esta nuestra historia ¿En qué aspectos concretos se va a notar, en esta Pascua apenas iniciada, que algo renace en nosotros? Una alusión, de nuevo, a nuestro domingo y a su Eucaristía. Como experiencia comunitaria de todo eso (la presencia del Señor, la fraternidad, la alegría de la victoria...) y como motor de todos nuestros empeños durante la semana para que la vida concreta sea en verdad "pascual"...

J. ALDAZABAL (+)