PALABRA DE DIOS 

31 - Mayo

Domingo de

PENTECOSTÉS

"...exhaló su aliento
sobre ellos..." 

 

PRIMERA LECTURA
Hechos 2, 1-11

San Lucas nos narra el acontecimiento de Pentecostés: el espíritu Santo desciende como lenguas de fuego y viento recio.
       Llenos del espíritu Santo, comienzan a anunciar las maravillas de Dios y todos entienden, aunque hablen lenguas diversas y vengan de todas partes del mundo.

 

PRESENTACIÓN

En los Hechos de los Apóstoles San Lucas nos trae la venida del Espíritu Santo en la fiesta judía de Pentecostés.

En sus orígenes, Pentecostés  fue fiesta de la cosecha, de la plenitud y la abundancia.

Muy pronto la fecha se fijó a los cincuenta días de la Pascua, uniéndola al acontecimiento liberador del Éxodo: el Sinaí y la Antigua Alianza.

Cuando en el Nuevo Testamento se pone en marcha el pueblo de la Nueva Alianza, se escogerá, también, la fiesta de Pentecostés.

Cristo sube al cielo y baja el Espíritu Santo; Moisés sube al Sinaí y baja con las tablas de la Ley.

En el Sinaí, la presencia de Dios se manifiesta por medio de las fuerzas de la naturaleza (truenos, relámpagos, densa nube, fuego, temblor de tierra...), en el Pentecostés de la Nueva Alianza, , en el que el Espíritu de Dios también desciende, igualmente hay unas manifestaciones de fuerza de la naturaleza: ruido del cielo, viento recio, lenguas de fuego.

Pentecostés se presenta a los primeros cristianos como la inauguración de la Nueva Alianza y la proclamación de una Ley que ya no está grabada en piedra sino en el corazón.

Llegado el plan de Dios a su plenitud, lo que el pecado había roto en Babel, dividiendo las lenguas, en Pentecostés todos entienden a los apóstoles, aunque hablen lenguas diversas.

El Espíritu da a su Iglesia el don de las lenguas para que todos los hombres de todos los tiempos, lenguas y culturas puedan escuchar las "maravillas de Dios". 

LECTURA DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES 2, 1-11

Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar

Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería.

Se encontraban entonces en Jerusalén judíos devotos de todas las naciones de la tierra. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma. Enormemente sorprendidos preguntaban: "¿No son galileos todos esos que están hablando? Entonces, ¿cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra lengua nativa? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas, otros vivimos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia o en Panfilia, en Egipto o en la zona de Libia que limita con Cirene; algunos somos forasteros de Roma, otros judíos o prosélitos; también hay cretenses y árabes; y cada uno los oímos hablar de las maravillas de Dios en nuestra propia lengua."

Palabra de Dios

 

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 103

PRESENTACIÓN

Bendecimos y damos gracias a Dios por el gran don de la creación, por su grandeza.

"Bendice alma mía al Señor
¡Dios mío, qué grande eres!"

Para el que quiera ver, toda la creación habla de la existencia de Dios, sobretodo la creación del hombre, con la capacidad de desarrollar la obra creadora divina.

"Cuántas son tus obras, Señor,
la tierra está llena de tus criaturas"

Pero si todo se mantiene es por su aliento de vida; si falta el aliento, falta la vida; sin el creador, sin Dios, no hay aliento, no hay vida, todo aboca a la muerte.

"Le retiras el aliento, y expiran,
y vuelven a ser polvo"

El aliento de Dios, su Espíritu, es vida y llena todo de vida ("Señor y dador de Vida"); es el alma de la creación.

"envías tu aliento y los creas,
y repueblas la faz de la tierra"

La vida de todos los seres, especialmente el hombre, con sus capacidades y sus obras, deben ser un constante canto de acción de gracias y alabanza al creador.

" Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras"

En nosotros, una plegaria:

"Envía tu Espíritu, Señor,
y repuebla la faz de la tierra".

SALMO 103

R/ ENVÍA TU ESPÍRITU, SEÑOR
      Y REPUEBLA LA FAZ DE LA TIERRA.

Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. 
R. 
ENVÍA TU ESPÍRITU, SEÑOR
      Y REPUEBLA LA FAZ DE LA TIERRA.

Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. 
R. 
ENVÍA TU ESPÍRITU, SEÑOR
      Y REPUEBLA LA FAZ DE LA TIERRA.

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras.
Que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor. 
R. 
ENVÍA TU ESPÍRITU, SEÑOR
      Y REPUEBLA LA FAZ DE LA TIERRA.

 

SEGUNDA LECTURA
1ª Corintios 12, 3b-7. 12-13

El Espíritu Santo es el alma y vida del Cuerpo de Cristo, la Iglesia.
      Por Él podemos decir: Jesús es Señor".
     Por que él se da a cada miembro como don, para el bien de todos.
     Porque todos hemos sido bautizados en el mismo Espíritu.

 

PRESENTACIÓN

Si Cristo es la Cabeza y los cristianos son el Cuerpo, el Espíritu Santo es el alma, la vida de la Iglesia.

Por la acción del Espíritu Santo es posible la fe, la proclamación de que Jesús es el Señor.

Y el Espíritu Santo distribuye sus dones a los miembros del Cuerpo para que éstos estén sanos y fuertes, para que cada uno cumpla con su función. Sólo así el Cuerpo llevará a cabo su tarea.

Todos los miembros son necesarios, y todos dependen de todos.

La diversidad de miembros, de dones y funciones, nos habla de la generosidad del Espíritu.

Esta riqueza pluriforme no puede producir distinciones, antagonismos, creernos poseedores absolutos de la verdad; pues todo don es para la edificación de la Iglesia y para el bien común. Cuando en el ejercicio de un ministerio o una función, no crece el Cuerpo entero, no hay don ni carisma del Espíritu.

Al construir el Cuerpo Místico, la Eucaristía reúne a las mentalidades y carismas más diversos, pero deseosos de colaborar en el amor y la unidad.

La ruptura y la desunión son pecados contra el Espíritu.

1ª CARTA DE SAN PABLO A LOS CORINTIOS 12, 3b-7. 12-13

Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo

Hermanos: 

Nadie puede decir "Jesús es Señor", si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.

Porque, lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todo hemos bebido de un solo Espíritu.

Palabra de Dios

 

SECUENCIA

Ven, Espíritu divino, 
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre, 
don, en tus dones espléndidos.
Fuente del mayor consuelo.


Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo.
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas,
y reconforta en los duelos.


Entra hasta el fondo del alma,
divina luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
Si tu le faltas por dentro;
mira el poder del pecado 
cuando no envías tu aliento.


Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas,
infunde calor de vida en el hielo,
doma al Espíritu indómito,
guía el que tuerce el sendero.


Reparte tus siete dones 
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.

 

 

ACLAMACIÓN
*

Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor.

 

EVANGELIO
San Juan 20, 19-23

Jesús resucitado se aparece a los discípulos, les desea la paz y les confirma, enseñándoles las manos y el costado, que es él mismo.
      Les confía la misma misión que el Padre le había dado a él.
     Exhala su aliento sobre ellos y les da su Espíritu y, con él, el poder de perdonar los pecados. 

 

PRESENTACIÓN

Podríamos hablar del "Pentecostés" de San Juan.

En el domingo, día de encuentro de la comunidad y día de la "fracción del pan", el resucitado se hace presente entre los suyos.

Todavía dudosos, Jesús les saluda con la paz y les enseña las manos y el costado.

La alegría expresa que se va fortaleciendo su fe en el resucitado.

No hay nada nuevo, se va cumpliendo todo lo que Jesús les había dicho.

Ya es hora de comenzar la tarea, la misión; la misma que el Padre le encomendó a él.

 Con todo, necesitan de su empuje; ellos solos no pueden llegar muy lejos.

Se lo había repetido varias veces aquella noche que precedió a la pasión, después de la Cena. No los dejaría ni solos ni huérfanos, les enviaría el Espíritu; Él les acompañaría, les daría fuerzas, les llevaría al conocimiento de la verdad plena.

Y exhaló su aliento sobre ellos y cobraron nueva vida, como en la creación, por el aliento de Dios, cobró vida la figurita de barro.

Una nueva vida que debe llegar a todos los hombres de todos los tiempos y lugares.

Pero donde hay pecado, no hay vida; por eso, junto al don del Espíritu, el poder perdonar los pecados, de devolver la vida a quien la ha perdido.

Así, el Espíritu Santo, residirá en todos.

 LECTURA DEL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 20, 19-23
Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo

Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en su casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: "Paz a vosotros." Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: "Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo." Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos."

Palabra del Señor

ESPÍRITU DE VIDA

A veces da la impresión de que el Espíritu Santo es el pariente pobre y olvidado de la Santísima Trinidad.

Dios Padre, Jesucristo, el Señor, la Virgen María, el santo patrono... ¿Y el Espíritu Santo?

Aunque muchas veces olvidado, el Espíritu Santo es el que está animando y alimentando, calladamente, nuestra vida cristiana.

El hace posible que proclamemos nuestra fe en en Jesús, el Señor, y nos adhiramos a él y seamos cristianos.

Es el Espíritu Santo el que nos ilumina, el que nos enseña, el que guía a la Iglesia, a sus pastores, a sus miembros para que seamos fieles a Jesucristo a lo largo de la historia.

Sin la fuerza del Espíritu Santo nuestra vida cristiana no pasaría de ser un mero cumplir cosas, mantener unas tradiciones y costumbres, cuando no, alimentar supersticiones.

Es Espíritu Santo nos hace testigos, seguidores de Jesucristo; el Espíritu Santo es el motor, el alma de nuestra vida cristiana.

Si dejamos que actúe en nosotros, es viento recio que sacude nuestra comodidad y nuestra apatía, que remueve una fe instalada en la rutina, que empuja a dar la cara, a anunciar las maravillas de Dios, lo que ha hecho por nosotros, en medio de la gente.

Si dejamos que el Espíritu Santo actúe en nosotros, es fuego que purifica nuestra vida cristiana, que le quita impurezas y adherencias, que la hace más limpia y transparente. Y es que son esas impurezas y adherencias las que impiden que los demás vean en nosotros el rostro de Cristo, en nuestras palabras, las palabras de Cristo, en nuestros comportamientos los comportamientos de Cristo, que pasó por el mundo haciendo el bien. Tal vez muchos de los que rechazan y persiguen a la Iglesia y a los cristianos es porque no ven en nosotros a Jesucristo.

El Espíritu Santo es comunión en la diversidad; porque las lenguas son muchas y las formas de expresar la fe, también; y porque el Espíritu Santo es uno, la diversidad no nos rompe, sino que nos enriquece. Cuando andamos rotos, divididos, peleándonos, creyéndonos poseedores únicos de la verdad cristiana, es que tenemos encerrado al Espíritu Santo y no le dejamos actuar. Seguimos construyendo la torre de Babel en la confusión de lenguas.

Y cuando tenemos encerrado al Espíritu Santo y no le dejamos actuar, el Cuerpo de Cristo, la Iglesia, y sus miembros estamos muertos, pues el Espíritu Santo es alma y vida de este cuerpo, él es "Señor y dador de vida".

Y el Espíritu Santo es aliento de una nueva vida, de una nueva creación, del mundo nuevo que hay que construir; y para comenzar de nuevo, el poder de perdonar los pecados.

Hoy, de una manera especial, necesitamos redescubrir la presencia del Espíritu Santo en nosotros, liberarle, para que nos llene de su fuerza y de su vida en estos tiempos difíciles para fe, en los que los que nos gobiernan quieren borrarla de la sociedad.

Si nos quedamos en denuncias, en críticas, en lamentos, pero nuestra vida cristiana no se revitaliza, el Espíritu Santo sigue encerrado.

El Espíritu Santo nos hace testigos de Jesucristo. Y en esta hora que nos toca vivir, se necesita que los cristianos seamos , con nuestras palabras y nuestros comportamientos, testigos de Jesucristo.