REFLEXIONES

14 - Junio

Solemnidad del
Cuerpo y la Sangre de Cristo

"El que come este pan
vivirá para siempre" 

 

REFLEXIÓN - 1

ALIMENTO DE VIDA

"Soy cristiano no practicante", "¡Qué rollo ir a misa!", "¿Para qué vas a misa todos los días? ¿qué te dan allí?"...

Venimos a la Eucaristía a celebrar, a hacer presente el acontecimiento más importante en la historia de la familia cristiana y de la humanidad: nuestra salvación y venimos a alimentarnos para tener salud y fuerza en el camino que nos lleva a la vida eterna.

Todos sabemos de la importancia de la alimentación, así como de las consecuencias del hambre y de la malnutrición.

En nuestras sociedades de la abundancia el problema está en que se come mucho, pero malos alimentos y en los países pobres, se come poco y mal. Por eso hay tantos problemas de salud.

Si uno no se alimenta bien, en lugar de ganar vida y salud, la va perdiendo.

En nuestra vida cristiana pasa lo mismo: quien no la alimenta, la va perdiendo.

Por eso Jesús se ha hecho para los suyos alimento de vida.

Para eso, también, venimos a la Eucaristía: para alimentarnos del Pan de la Palabra de Dios y del Cuerpo y Sangre de Cristo.

El cristiano que abandona la Eucaristía, poco a poco se va debilitando y su vida cristiana va desapareciendo.

Y es que el alimentarnos del Cuerpo de Cristo, nos va transformando en él.

Quien está bien alimentado de Cristo, irradia vida. El pan que se comparte, lleva a compartir el pan con el necesitado, la defensa de la libertad con el oprimido y explotado, la cercanía con el que está solo.

En una palabra: el amor recibido, debe hacerse amor entregado. Por eso el día del Corpus es el día de la caridad, el día de Cáritas. Nuestra ayuda, para que tenga valor, debe expresar amor compartido.

Pero si, celebrando la Eucaristía, somos egoístas, negamos la comunión en el Cuerpo de Cristo; si somos esclavos de nuestras cosas, negamos a quien no guardó para sí ni su vida, a quien se hizo pan para ser partido y repartido; si nos despreocupamos de los demás, sea por la causa que sea, negamos a quien se hizo vida en abundancia para todos y para siempre.

Vivamos intensamente la Eucaristía, intensifiquemos la oración ante el Sagrario y la adoración ante el Santísimo expuesto; que nuestra vida sea manifestación y testimonio de lo que creemos.

 

REFLEXIÓN - 2

LA FUENTE DE LA VIDA SE ENCUENTRA EN LA EUCARISTÍA.

La fiesta del Corpus quiere ser un clamor que recuerde a los cristianos y al mundo: la fuente de la vida sólo se halla en Dios que se hace presente por Jesús en la Eucaristía. Hemos escuchado como el Deuteronomio recuerda a los israelitas que sólo el agua milagrosa y el maná -Dios presente y amándolos- les hicieron posible la vida en el desierto. Era el anuncio imperfecto y lejano de la Eucaristía.

Y los cristianos de hoy necesitamos recordar esta verdad, tal vez más que nunca. Porque contagiados del materialismo idolátrico que nos rodea por todas partes, podemos llegar a creer, también, que la vida (la felicidad, la plenitud personal, la seguridad, la paz, la construcción de la propia vida y del mundo) puede fundamentarse sobre nuestra fuerza y nuestro poder, nuestra capacidad de trabajo, la ciencia, la técnica, la sabiduría política, o el poder de las armas y del dinero.

En la fiesta de Corpus, la Iglesia recuerda a sus fieles desde el siglo XIII que sólo en Jesús está la verdadera vida, sólo quien come su carne y bebe su sangre tendrá verdaderamente la vida. y que sólo desde la unidad del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, construida por la Eucaristía, llegaremos al fondo último de la fraternidad humana.

-LA VIDA POR LA EUCARISTÍA. Efectivamente: las palabras que hemos escuchado en el evangelio de san Juan son rotundas: "Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que come de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo... Si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre no tenéis vida en vosotros..." Queda muy claro: en la Eucaristía comemos y bebemos la vida. La Eucaristía es la condición de la vida en Jesús. Por nosotros y por el mundo entero: "para la vida del mundo".

Claro está que no se puede entender la Eucaristía como una especie de fuente mecánica o automática de una vida casi despersonalizada. Sabemos ciertamente que la Eucaristía es la culminación de la vida de la Iglesia y del creyente, al mismo tiempo que su fuente. Comer y beber el Cuerpo y la Sangre del Señor, exige todo un camino previo de aceptación de Jesús como Señor de la propia vida y de decisión humilde y sencilla, pero firme, de querer compartir con El Cruz y Muerte, para poder compartir, también, Resurrección y Vida.

-HERMANOS POR LA EUCARISTÍA. El fragmento de san Pablo que hemos escuchado nos llama la atención sobre una de estas exigencias que constantemente olvidamos, por incomprensible que parezca: la vida de Jesús es, también, vida en los hermanos. Bebemos de un solo cáliz, comemos de un solo pan y, por la vida recibida, formamos un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo.

Es mucho más que una hermandad de raza, de pueblo, de amistad e incluso de sangre humana: es la hermandad vital de los miembros que viven de la misma vida en el mismo cuerpo, alimentados por la misma carne y la misma sangre.

Una hermandad que exige comunión y solidaridad sin fisuras y excepciones. En todo y para todos. Porque todos los hombres, incluso los no creyentes, están llamados por Jesús -¡y esperados!- a participar de la Eucaristía.

No es difícil deducir las consecuencias prácticas -radicales y perentorias- que estas verdades imponen a nuestras vidas, cuando pensamos en los hermanos más pobres y necesitados en el día de Càritas que hoy celebramos.

Todo este misterio de vida y de fraternidad presente en la Eucaristía, es lo que agradecemos, celebramos, veneramos y adoramos en las misas y en las procesiones del día del Corpus.

Mons. TEODORO ÚBEDA

(mercabá)

 

 

 

REFLEXIÓN - 3

LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

1. Desde sus orígenes, la eucaristía fue comida de grupo y servicio de ayuda mutua. La fracción del pan en la cena del Señor fue entendida como comunión (koinonía) y participación, dentro del servicio de la palabra o del evangelio, según el cual el que preside sirve. La koinonía es la comunión cristiana total, expresada por la colecta, signo de caridad fraternal entre las Iglesias y los pueblos: por la comunicación de bienes, superación de la propiedad privada y expresión de que todo es de todos, porque así lo exige el reino de Dios; por la relación afectiva y espiritual de los creyentes entre sí, con los apóstoles y con Dios; y por la manifestación del espíritu comunitario, constitutivo de la eucaristía. En resumen, la eucaristía, denominada en el Nuevo Testamento «cena del Señor» o «fracción del pan», fue desde sus comienzos signo fraterno de los creyentes que lo comparten todo y acción de gracias al Padre por Jesucristo en el Espíritu.

2. La eucaristía ha sido siempre un acto central de la comunidad cristiana. «Ninguna comunidad cristiana se edifica si no tiene su raíz y quicio en la celebración de la eucaristía», dice el Vaticano II (PO 6). Pero, así como no todas las asambleas cristianas son directamente eucarísticas, así tampoco debería celebrarse toda eucaristía en régimen de asamblea comunitaria, es decir, con un pueblo concreto organizado y reunido, presidido por un ministro servidor. La relación entre eucaristía y comunidad es tan estrecha que un determinado modelo de Iglesia refleja un estilo concreto de celebración eucarística. Y al revés: la eucaristía celebrada manifiesta la ausencia o presencia de comunidad.

3. La confesión de fe, testimoniada en la vida humana por los creyentes esparcidos por el ancho mundo, se manifiesta, a su vez, sacramentalmente cuando la asamblea se reúne para celebrar la eucaristía. No es posible celebrar la cena del Señor sin proclamar el mensaje liberador cristiano bajo la forma privilegiada de la acción de gracias. Precisamente la confesión de fe sacramental garantiza la existencia de una Iglesia evangelizadora y liberadora desde las exigencias del reino, cuyo sacramento es la eucaristía.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Cómo celebramos la eucaristía?

¿Son nuestras celebraciones eucarísticas testimonios de fe?

CASIANO FLORISTAN

(mercabá)