PALABRA DE DIOS 

14 - Junio

Solemnidad del
Cuerpo y la Sangre de Cristo

"El que come este pan
vivirá para siempre" 

 

PRIMERA LECTURA
Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a

El pueblo de Israel ha cruzado el desierto y, aun en medio de sus quejas, protestas y pecado, Dios ha hecho que no les falte el pan, el agua, la carne...
      No pueden olvidar la generosidad de Dios cuando en la Tierra Prometida les va mejor.

 

PRESENTACIÓN

El pueblo de Israel ha cruzado el desierto y, aun en medio de sus quejas y protestas, Dios ha hecho que no les falte el pan, el agua, la carne...

Ahora, en su nueva tierra, van pasando las estrecheces; el trabajo, el cuidado de la tierra, la cría de los animales... van dando sus frutos.

Los autores del Deuteronomio, haciendo una reflexión del Éxodo, invita al pueblo a no olvidar que todo lo que tienen se lo deben a Dios:

- El Señor te ha traído a la tierra que mana leche y miel.

- El te guió por el duro desierto ,en medio del hambre y la sed, y no te dejó morir.

- El te libró de dragones, alacranes y serpientes.

- El te probó para conocer tus intenciones.

Ahora que tienes, porque él te lo da, no te olvides de quien, cuando no tenías, también te dio.

Cuántas veces creemos que lo que somos y tenemos es cosa nuestra y que las calamidades, los sufrimientos y los problemas nos los da Dios injustamente.

Hay que saber ver la presencia de Dios en todo momento y lugar, pues toda nuestra historia es "historia de salvación", éxodo para llegar a la Tierra Prometida.

 

DEUTERONOMIO 8, 2-3. 14b-16a

Moisés habló al pueblo y dijo:

Recuerda el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer estos cuarenta años por el desierto; para afligirte, para ponerte a prueba y conocer tus intenciones: si guardas sus preceptos o no. Él te afligió, haciéndote pasar hambre, y después te alimentó con el maná --que tú no conocías ni conocieron tus padres-- para enseñarte que no sólo vive el hombre de pan, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios. No te olvides del Señor, tu Dios, que te sacó de Egipto, de la esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con dragones y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con un maná que no conocían tus padres

Palabra de Dios

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 147

PRESENTACIÓN

El salmo 147 del salterio judío corresponde a dos del salterio cristiano, tras la Vulgata: el 146 y el 147. Nosotros hoy recitamos “nuestro” 147 que se inicia en el versículo 12 del 147 judío. 

El texto exalta al Señor, Dios, al Salvador de Israel. Que manifestó todo su poder en la creación y su amor y ternura al favorecer a los pobres y a los humildes. 

Ese poder y amor, para nosotros, está representado en el gran milagro que es la permanencia de Cristo en el Sacramento del Pan y el Vino santos.

SALMO 147 

Glorifica al Señor, Jerusalén.

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. 

R.-
Glorifica al Señor, Jerusalén.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra, y
su palabra corre veloz. 

R.-
Glorifica al Señor, Jerusalén.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así, 
ni
les dio a conocer sus mandatos. 
R.- Glorifica al Señor, Jerusalén.

 

 

SEGUNDA LECTURA
1ª Corintios 10, 16-17

La Iglesia no es un partido político ni una mera sociedad civil.
     Somos una comunidad de personas unidas en Cristo. somos una comunión.
     El Cuerpo y la Sangre de Cristo nos une y, porque todos comemos de un mismo pan, debemos ser signos de unidad y fraternidad.

 

PRESENTACIÓN

La Iglesia no es un partido político, una sociedad civil.

La Iglesia es una comunión de personas, unidos por el mismo Cristo.

El ha querido dejarnos su Cuerpo y su Sangre como factores de esa comunión.

Por lo tanto, la ruptura, la división, es un contrasentido, más aún, un antitestimonio.

Muchas veces, dependiendo de la edad, de la cultura, de las experiencias personales y de grupo, podemos discrepar en asuntos secundarios.

Pero si en lo esencial estamos todos unidos, ¿porqué destacar siempre lo que nos diferencia?

Deberíamos valorar y mirar más lo que nos une (un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre) y respetarnos más en las discrepancias.

Si la comunión entre nosotros no es fuerte, ¿cómo vamos a ser motores de comunión en un mundo tan fragmentado y dividido?

1ª CARTA DE SAN PABLO A LOS CORINTIOS 10, 16-17

Hermanos:

El cáliz de se nuestra Acción de Gracias ¿no nos une a todos con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no nos une a todos con el cuerpo de Cristo? El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.

Palabra de Dios

 

ACLAMACIÓN
San Juan 6, 51-52

Yo soy el pan vivo bajado del cielo, dice el Señor; quien coma de este pan, vivirá siempre

 

EVANGELIO
San Juan 6, 51-58

Cristo es el Pan de la Vida. Quien, sinceramente, se alimenta de él, en él va convirtiéndose.
      Y si Cristo vive en nosotros, tenemos el alimento necesario para el camino que hemos de recorrer y nos llevará a la vida eterna.

 

PRESENTACIÓN

"El que come de este pan, vivirá para siempre"

Y, quien está lleno de vida, la irradia, la contagia.

El alimentarnos del Cuerpo de Cristo, nos debe llevar a transformarnos en él.

Por eso, la Eucaristía compromete y pone en evidencia.

Compromete, porque el pan que se comparte, debe llevar a compartir el pan con el necesitado, la defensa de la libertad con el oprimido y explotado, la cercanía con el que está solo..., en una palabra, el amor recibido, debe hacerse amor entregado.

Pero la Eucaristía no sólo compromete, también pone en evidencia.

Cuando somos egoístas, negamos la comunión. Cuando somos esclavos de nuestras cosas, negamos a quien no guardó ni su vida, a quien se hizo pan para ser partido y repartido.

Cuando nos despreocupamos de los demás, sobretodo de los que sufren en su cuerpo o en su espíritu, sea por la causa que sea, negamos a quien se hizo vida en abundancia para todos y para siempre.

 LECTURA DEL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:

Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.

Disputaban los judíos entre sí:

¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?

Entonces Jesús les dijo:

Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre.

Palabra del Señor

AMOR HECHO ENTREGA

Decíamos la semana pasada, hablando del misterio de la Santísima Trinidad, que éste era un misterio de amor y un amor que iba más allá de los sentimientos; un amor hecho comportamientos: los comportamientos de Dios para con los hombres.

Y este amor podría resumirse en la palabra entrega: el Padre entrega al Hijo para que todos se salven; el Hijo entrega su vida hasta la muerte y muerte de cruz, para que tengamos la vida verdadera; el espíritu Santo viene a habitar en nosotros y nos hace templos de Dios.

Y de ese amor hecho entrega, hoy nos fijamos de una manera especial en la entrega del Hijo en la cruz como supremo sacrificio que restablece la amistad con Dios, perdida por el pecado.

Y centrándonos más, ponemos nuestra mirada en la Última Cena cuando Jesús adelanta, con signos, la entrega en la cruz dándonos el pan, convertido en su Cuerpo, que se entrega por nosotros, y el vino como su Sangre, que se derrama por nosotros.

Y un mandato: Haced esto en memoria mía.

Así, pues, cada vez que nos reunimos a celebrar la Eucaristía, hacemos presente la Última Cena, la entrega del Señor en la cruz por nosotros.

Cada Eucaristía es aquella Última Cena, aquel Gólgota, que se actualiza en el tiempo y en la historia.

En la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo damos gracias a Dios porque nos ha dejado la Eucaristía como momento fundamental de encuentro cristiano; porque se queda entre nosotros en Jesús sacramentado para que podamos encontrarnos con él ante el Sagrario; porque podemos adorarlo en el Santísimo expuesto.

En cuántos sitios, como nosotros haremos de una manera sencilla, se manifiesta la fe de la Iglesia en Jesús sacramentado, saliendo en procesión con él, de manera solemne, por pueblos y ciudades del mundo.

Pero el Señor no sólo está con nosotros en las especies sacramentales, el Señor se hace presente en las personas, de manera especial en los pobres, en los enfermos, en los inmigrantes, en quienes están faltos de libertad...: "porque tuve hambre y me disteis de comer, porque tuve sed...", "lo que hicisteis a unos de estos pequeños...".

Por eso el día del Corpus, como el Jueves Santo, es día del amor fraterno, el día de la caridad.

Y esta cercanía a los necesitados la hacemos personalmente y a través de instituciones eclesiales. Hoy especialmente recordamos a Cáritas. Cáritas es nuestra mano cercana a los necesitados. Y ahí estamos ahora de una manera particular en el terremoto de China y en los desastres de la antigua Birmania. Hoy nuestra colecta estará destinada a los proyectos, acciones y necesidades que atendemos desde Cáritas.

La Eucaristía no se queda encerrada en sí misma; la Eucaristía no es ese tiempo semanal que venimos a la iglesia, y que algunos se quejan de que es mucho. La Eucaristía debe impregnar nuestra vida, debe hacer de nosotros signos del amor de Dios a los hombres; amor hecho entrega, cercanía, defensa de los débiles, esfuerzos, junto con los demás, por un mudo mejor, más justo y más fraterno.

Los que comemos del mismo Pan, formamos un mismo cuerpo: Cristo.