REFLEXIONES  

16 - Junio

SOLEMNIDAD DE LA
SANTÍSIMA
TRINIDAD

(C)

 

"El Espíritu de la Verdad,
os guiará hasta
la verdad plena"

 

REFLEXIÓN 1

"UN AMOR QUE SE DESBORDA"

Buscaba el otro día en Internet imágenes que representaran ala Santísima Trinidad. Y encontré dos tipos de imágenes: la clásica en la que al Padre se le representa como un anciano venerable de barba blanca, en un trono sobre las nubes; al Hijo se le representa ya sea crucificado, ya glorificado, sentado a la derecha del Padre, y como un joven adulto; finalmente, al espíritu Santo casi siempre en forma de paloma, tanto entre el Padre y el Hijo, como encima de ambos con las alas extendidas.

La otra imagen con la que me encontré es la de tres personas exactamente iguales entorno a una mesa. Las tres personas tienen las mismas caras, los mismos gestos y las mismas vestiduras, es decir, la misma imagen repetida tres veces.

A través de estas pinturas se nos presenta, se nos expresa, se nos proclama el misterio de la Santísima Trinidad.

Nuestra fe en la Santísima Trinidad afirma la unicidad de Dios, es decir el "Creo en un solo Dios", que proclamamos en la profesión de fe. Las imágenes exactamente iguales nos dicen que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son el mismo y único Dios.

Por otra parte, las imágenes de un Padre de aspecto venerable, la de Cristo, sea crucificado, sea glorificado, y la paloma del Espíritu, forma con la que se hizo presente en el Bautismo de Jesús, nos manifiestan la otra afirmación de nuestra fe; que , si bien son un solo y único Dios, también son tres personas distintas.

"Tres personas distintas y un solo Dios verdadero", dice el catecismo.

Y todo ello lo afirmamos "porque tu lo revelaste", como se dice en el prefacio del día.

Podremos profundizar en nuestras afirmaciones, podremos buscar  los conceptos y las palabras que más fácil y claramente definan el misterio de la Santísima Trinidad, pero, al final, es un misterio revelado que se acoge desde la fe.

El misterio de la Santísima Trinidad es el Misterio del Amor de Dios que se desborda y se multiplica en las tres personas.

Es el misterio de un Dios Padre, cercano, que nos crea a su imagen y nos quiere tanto que, cuando rompemos con Él por el pecado, nos ofrece la salvación, nos libera de nuestras esclavitudes; además es un Dios que camina a nuestro lado como no lo hace ningún otro dios.

Y ese amor de Dios se hace uno de nosotros en el Hijo, que, metiéndose en nuestra muerte, nos saca de ella y, resucitando, nos abre a la vida nueva para siempre.

Y de se amor de Dios en el Padre y el Hijo procede el Espíritu Santo, Espíritu de Vida, que nos llena de esa vida de Dios, que nos guía, acompaña y fortalece en el camino del seguimiento de Jesucristo.

Al conocimiento de este amor trinitario y desbordante no hemos llegado por nuestras capacidades intelectuales.

Así se nos ha revelado, así lo creemos y así lo proclamamos.

Dios es comunión de personas y la Iglesia es la comunión de los que acogemos al Dios revelado por Jesucristo, Padre , Hijo y Espíritu Santo.

Y es el Bautismo el signo  por el que participamos en esa comunión con Dios y con la Iglesia; comunión que hay que vivirla en amor a Dios y al prójimo, enseñando, con el ejemplo, a vivir según el Señor nos ha mandado.

 

REFLEXIÓN 2

"EN EL NOMBRE DEL PADRE, DEL HIJO Y DEL ESPÍRITU"

Aunque siempre, a lo largo del año, celebramos al Dios Trino, y le dirigimos nuestra oración, cada año celebramos explícitamente, en este primer domingo después de Pentecostés, la solemnidad de la Santísima Trinidad.

Al terminar el tiempo fuerte por excelencia -la Cuaresma y la Pascua- esta fiesta nos sirve para recapitular, para concretar nuestra admiración y agradecimiento por ese Dios que nos salva: la actuación poderosa y el plan salvador de Dios Padre, la entrega generosa del Hijo hecho hombre para salvarnos y la presencia siempre vivificante y renovadora de su Espíritu.

CREADOR DEL CIELO Y DE LA TIERRA

Este año -ciclo C- los rasgos característicos de la acción de Dios que nos presentan las lecturas son la creación inicial del cosmos, la gracia que nos ha comunicado en Cristo y en el Espíritu, y la admirable comunión que existe entre las tres divinas personas.

La 1ª lectura nos presenta a la Sabiduría de Dios, colaborando de un modo poético y hasta lúdico en la creación inicial del cosmos. En verdad Dios ha hecho este mundo "con sabiduría y amor", como dice la plegaria eucarística IV. El salmo nos ha hecho repetir cantando: "qué admirable es tu nombre en toda la tierra". Dios se nos da a conocer ya en lo creado. "Y vio que todo era bueno". La homilía podría fomentar hoy este aprecio y esta lectura religiosa de nuestra relación con lo cósmico. Los ecologistas tienen razón en admirar la hermosura de este mundo y en querer conservarla.

DIOS SE NOS REVELA EN CRISTO JESÚS

Pero si la creación es admirable, más lo es la obra de la salvación que se ha cumplido en Cristo Jesús. En él se nos ha revelado todo el amor del Padre y la fuerza de su Espíritu. Y eso es lo que da sentido a nuestra vida e ilumina de su esperanza nuestra historia. Pablo nos habla de "la esperanza de la gloria de los hijos de Dios". A pesar de las tribulaciones que pueda sufrir, no decaerá la confianza de un cristiano si piensa en ese Dios Trino tan cercano y tan activo a favor nuestro, porque "estamos en paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesús" y "porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado". ¿Podemos pensar en motivos más convincentes de esperanza y paz interior?

Y todavía el evangelio nos hace subir a una comprensión más profunda. Nos habla de la admirable intercomunión que existe entre las tres Personas. El Padre nos ha enviado a Cristo, plenamente unido a él ("todo lo que tiene el Padre es mío"), como lo estará el Espíritu con Cristo: "cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena y recibirá de mí lo que os irá comunicando".

MARCADOS DE POR VIDA POR DIOS TRINO

No se trata de querer explicar hoy el "misterio de la Trinidad". Lo mejor sería ofrecer una catequesis amable sobre cómo nuestra vida cristiana, desde su principio hasta el fin, está marcada por la cercanía de ese Dios Trino.

- en el Bautismo fuimos signados y bautizados "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo", envueltos, por tanto, desde el principio en su amor;

- cuando hacemos la señal de la cruz sobre nosotros mismos, santiguándonos en el nombre del Dios Trino, estamos recordando esta pertenencia y deseando que impregne nuestra existencia; ojalá continuemos con la costumbre de signarnos cuando salimos de casa, cuando iniciamos un viaje o el trabajo o la comida; y ojalá también, que cuando llegue nuestro último momento, nosotros mismos y los que nos rodeen tracemos con fe la misma señal de la cruz;

- la Eucaristía la empezamos con esta señal de la cruz trinitaria, y con un saludo que nos dirige el sacerdote que también nombra a las tres Personas, y termina con una bendición dada en su nombre; en medio, tienen estructura plenamente trinitaria el himno del Gloria, la profesión del Credo y todas las oraciones, que dirigimos normalmente al Padre por el Hijo en el Espíritu; como en nuestra oración personal, cuando decimos la breve y densa oración: "Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo...".

Esto significa que nuestra fe, y por tanto nuestra espiritualidad, están centradas en ese Dios Trino que hoy recordamos. Lo celebramos hoy de modo especial, pero cada día del año nos deberíamos sentir gozosamente unidos al Padre, al Hijo y al Espíritu.

J. ALDAZABAL

(mercabá)