Domingo de Pascua de la 
Resurrección del Señor (A)

" Hasta entonces no habían entendido la Escritura"

Eucaristías anteriores

 

Introducción

No busquéis entre los muertos al que vive

Primera Lectura

Hechos 10, 34a. 37-43

Salmo Responsorial

Salmo 117

Segunda Lectura

Colosenses 3, 1-4

Aclamación

1Cor 5,7b-8a

Evangelio

Juan 20, 1-9

Reflexión 1

"Pascua para todos"

Reflexión 2

"Amenazados de vida"

Reflexión 3

"Este es el día"

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Eucaristía idiomas

Alemán - Inglés - Francés

 

 

 

INTRODUCCIÓN

NO BUSQUÉIS ENTRE LOS MUERTOS AL QUE VIVE

No busquéis entre los muertos al que vive.


¡Dios lo ha resucitado!


Ya llega nuestra alegría, es tiempo de resucitar, de salir de la noche, de liberarnos de tantas esclavitudes como nos oprimen.

Todos tenemos que resucitar de muchas cosas pero siempre lo hacemos con cautela, con conformismo.

La Resurrección de Cristo nos dice que ya todo es esperanza.

Aceptemos de verdad el anuncio de la Pascua, que da paso a ese rayo de luz que trae la buena noticia, y sobre todo pidamos a Jesús Resucitado que nos ayude a remover la losa que paraliza tu alma y te libere del peso que aplasta tu corazón.

 ¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!.

 

 

PRIMERA LECTURA
Hechos 10,  34a- 37-43

 

 

PRESENTACIÓN

La primera lectura, del Libro de los Hechos de los Apóstoles, nos muestra –ya— a Pedro lleno del Espíritu Santo y narrando ante el pueblo la vida de Jesús. Es útil este texto para este día de la Resurrección del Señor, donde se hace mas presente, entre nosotros, la presencia del Espíritu, como le ocurrió a San Pedro.

HECHOS 10, 34a. 37-43

Nosotros somos testigos

En aquellos días, Pedro tomó la palabra y dijo:

—Vosotros conocéis lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con él. Nosotros somos testigoS de todo o que hizo en Judea y en Jerusalén. Lo mataron colgándolo de un madero. Pero Dios lo resucitó al tercer día y nos lo hizo ver, no a todo el pueblo, sino a los testigos que él había designado: a nosotros, que hemos comidos y bebido con él después de la resurrección. Nos encargó predicar al pueblo, dando solemne testimonio de que Dios lo ha nombrado juez de vivos y muertos. El testimonio de los profetas es unánime: que los que creen en él reciben, por su nombre, el perdón de los pecados.

Palabra de Dios

 

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo117

PRESENTACIÓN

El Salmo 117 era utilizado por los judíos contemporáneos de Jesús como himno procesional y hacia referencia al triunfo de los Macabeos y la restauración del culto a Dios en el Templo. Para nosotros es un cántico solemne de acción de Gracias al Padre por la Resurrección de su Hijo

SALMO 117 

Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo

Sea nuestra alegría y nuestro gozo.
Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.

R.-
Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo

La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.
No he de morir, viviré
para contar las hazañas del Señor.
R.-
Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo

La piedra que desecharon los arquitectos,
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,

ha sido un milagro patente.
R.-
Este es el día en que actuó el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo

 

SEGUNDA LECTURA
Colosenses 3, 1-4

 

 

PRESENTACIÓN

La resurrección de Jesús termina con la muerte y si creemos esto nosotros algún día resucitaremos. Y, sin embargo, va a ser así. Toda la doctrina de Pablo se basa en la resurrección y el cambio futuro de nuestra condición humana. Y así se explica en la segunda lectura procedente de la Carta de San Pablo a los Colosenses.

COLOSENSES 3, 1-4

Hermanos:

Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.

Palabra de Dios

 

 

ACLAMACIÓN
1Cor 5, 7b-8a

Ha sido inmolada nuestra víctima pascual: Cristo. Así, pues, celebremos la Pascua

 

 

EVANGELIO
Juan 20, 1-9

 

 

PRESENTACIÓN

Después de la resurrección Jesús cambiará de aspecto y ni siquiera María Magdalena le reconoce, tal como narra el Evangelio de San Juan. Y se va a cumplir en él lo que el mismo Jesús, una vez, cuando ciertos saduceos quieren tenderle una trampa hablan de esa mujer cuyos maridos van muriendo sucesivamente. Él alude a la naturaleza de ese cuerpo glorificado al equiparar a los que viven en la gloria con la naturaleza de los ángeles. El fue en primer en recibir el cuerpo glorificado. Después le seguiremos todos nosotros

 JUAN 20, 1-9

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue a donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y le dijo:

—Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro; vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor

 

 

 

REFLEXIÓN - 1

PASCUA PARA TODOS

1. El acontecimiento pascual, sacramentalmente celebrado en la eucaristía, no se reduce sólo a Cristo y a la Iglesia, sino que tiene relación con el mundo y con la historia. La eucaristía pascual es promesa de la Pascua del universo, una vez cumplida la totalidad de la justicia que exige el reino. Todo está llamado a compartir la Pascua del Señor, que, celebrada en comunidad, anticipa la reconciliación con Dios y la fraternidad universal.

2. En el día pascual de la resurrección, Jesús se apareció a las «mujeres», a los discípulos de Emaús y a los Once en el cenáculo. Comió con todos ellos. Son comidas transitorias entre la resurrección y la venida del Espíritu. Estas comidas expresan el perdón a los discípulos y la fe en la resurrección. Enlazan las comidas prepascuales de Jesús con la eucaristía.

3. Denominada «fracción del pan» por Lucas y «cena del Señor» por Pablo, se celebraba al atardecer, a la hora de la comida principal. Había desde el principio un servicio eucarístico (mesa del Señor) y un servicio caritativo (mesa de los pobres). Se festejaba el «primer día de la semana», con un ritmo celosamente observado. Surge así la celebración del día del Señor (pascua semanal), y poco después la celebración anual de la Pascua.

REFLEXIÓN CRISTIANA:

¿Vivimos un cristianismo gozosamente pascual?

CASIANO FLORISTAN

(mercabá)

 

 

 

REFLEXIÓN - 2

AMENAZADOS DE VIDA

Él había resucitado de entre los muertos.

Cada vez es más intenso el afán de todos por estrujar la vida, reduciéndola al disfrute intenso e ilimitado del presente. Es la consigna que encuentra cada vez más adictos: «Lo queremos todo y lo queremos ahora».

No dominamos el porvernir y, por ello, es cada vez más tentador vivir sin futuro, actuar sin proyectos, organizar sólo el presente. La incertidumbre de un futuro demasiado oscuro parece empujarnos a vivir el instante presente de manera absoluta y sin horizonte. No parece ya tan importantes los valores, los criterios de actuación o la construcción del mañana. El mañana todavía no existe. Hay que vivir el presente.

Sin embargo, cada uno de nosotros vive más o menos conscientemente con un interrogante en su corazón. Podemos distraernos estrenando nuevo modelo de coche, disfrutando intensamente unas vacaciones, sumergiéndonos en nuestro trabajo diario, encerrándonos en la comodidad del hogar. Pero, todos sabemos que estamos "amenazados de muerte".

En el interior de la felicidad más transparente se esconde siempre la insatisfacción de no poder evitar su fugacidad ni poder saborearla sin la amenaza de la ruptura y la muerte. Y aunque no todos sentimos con la misma fuerza la tragedia de tener que morir un día, todos entendemos la verdad que encierra el grito de Miguel de ·Unamuno-M: «No quiero morirme, no, no, no quiero ni puedo quererlo; quiero vivir siempre, siempre, siempre, y vivir yo, este pobre yo que soy y me siento ser ahora y aquí».

Este pobre hombre que somos todos y cuyas pequeñas esperanzas se ven tarde o temprano malogradas e, incluso, completamente destrozadas, necesita descubrir en el interior mismo de su vivir un horizonte que ponga luz y alegría a su existencia. Felices los que esta mañana de Pascua puedan comprender desde lo hondo de su ser, las palabras de aquel periodista guatemalteco que, amenazado de muerte, expresaba así su esperanza cristiana:

«Dicen que estoy amenazado de muerte... ¿Quién no está amenazado de muerte? Lo estamos todos desde que nacemos... Pero hay en la advertencia un error conceptual. Ni yo ni nadie estamos amenazados de muerte. Estamos amenazados de vida, amenazados de esperanza, amenazados de amor.

Estamos equivocados. Los cristianos no estamos amenazados de muerte. Estamos «amenazados» de resurrección. Porque además del Camino y la Verdad, él es la Vida, aunque esté crucificada en la cumbre del basurero del Mundo».

JOSE ANTONIO PAGOLA

 

 

REFLEXIÓN - 3

«ESTE ES EL DÍA»

Este es el día que hizo el Señor. Un día que empezó aquella madrugada del sábado al lunes de hace dos mil años y que perdurará para siempre. De lo que ocurrió ese día arranca «todo» para el cristiano.

Es verdad que, como dijo Pedro, «la cosa empezó en Galilea», concretamente en Nazaret, cuando el ángel se llegó a María y le dijo: «Dios te salve, llena de gracia...». Pero, cuando las cosas empezaron a «tener sentido de verdad» fue aquella mañana de resurrección. Es decir, hoy.

Porque daos cuenta. La muerte de Jesús cortó por lo sano todas las ilusiones de los apóstoles y de sus seguidores. ¿Quiénes eran los apóstoles? Gentes que «lo habían dejado todo y le seguían». ¿Por qué? Porque «una rara virtud salía de El y curaba a todos». Porque «tenía palabras de vida eterna». O porque, como los de Emaús, «esperaban que fuera el futuro libertador de Israel». Lo cierto es que «a aquel profeta poderoso en obras y palabras, los sumos sacerdotes y los jefes lo condenaron a muerte y lo crucificaron». Y entonces, a todos sus seguidores, se les hundió el mundo. Y sobre sus vidas y sobre su corazón, cayó una losa, tan grande y fría como la que cayó sobre el sepulcro de Jesús. «Causa finita». Fin.

Pero no. Más bien: Principio, Aurora definitiva. Día «octavo» de la Creación. «La primavera ha venido. Y todos sabemos cómo ha sido». Leed despacio el evangelio de hoy, y el de ayer-noche, y el de todo este tiempo. Y veréis cómo van «resucitando» todos: la Magdalena, los de Emaús, y los apóstoles desconcertados. Escuchad su grito estremecido que se les sube por los entresijos del alma: «Era verdad, ha resucitado y se ha aparecido a Simón».

Es decir, tras el aparente fracaso de Cristo crucificado, que da al traste con todas sus ilusiones, la resurrección trajo un cambio radical en su mente y en su vida. Dio «sentido» a todo lo que los discípulos antes no habían entendido: al valor de la humillación, del dolor, de la pobreza; comprendieron aquella obsesión de Jesús por el Padre, la fuerza del «mandamiento nuevo», distinto, imprescindible. Todo lo entendieron.

Y así, la resurrección se convirtió para ellos en la piedra fundamental de su fe, en el convencimiento de la divinidad de Jesús, y en el núcleo de toda su predicación. Eso. Ya no pensaron en otra cosa. Esa fue su chaladura: declarar oportuna e inoportunamente que «ellos eran testigos de la muerte y de la resurrección de Jesús». Y que «creer eso, era entrar en la salvación». Ese fue su pregón. Y ésa debe ser la única predicación de la Iglesia.

Lo que ocurre es que, a partir de ahí, los hombre se dividen en dos: los que no creen y piensan que todo acaba con la muerte. Y prefieren no pensar en ella, aunque la ven cabalgando por todos lados, de un modo inevitable. Y se agarran a la «filosofía de la dicha», ya que el tiempo corre que vuela. Y proclamen como Camús: «No hay que avergonzarse de ser dichosos». Y, segundo los que creemos, a pesar del tormento de la duda y la humillante caducidad de las cosas. Los que hemos aceptado el kerigma de Cristo resucitado. Porque algo nos dice en nuestro interior que no pueden quedar fallidas nuestras ansias de inmortalidad. Y, sobre todo, porque como dirá Pablo: «Si Cristo no hubiera resucitado, seríamos los seres más desdichados». Por eso, dejadme que os repita: «La primavera ha venido. Y todos sabemos cómo ha sido».

ELVIRA-1

 

 

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