Solemnidad de San Juan Bautista

24 de Junio de 2.007

" A ti te llamarán Profeta del Altísimo..."

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Introducción Sacramentum caritatis
Primera Lectura Isaías 49, 1-6
Salmo Responsorial

Salmo 138

Segunda Lectura Hechos 13, 22-26
Evangelio San Lucas 1, 57-66.80
Reflexión 1 "Profeta del Altísimo"
Reflexión 2 "Dios concede su favor"
Hoja parroquial Hoja parroquial para imprimir
Eucaristía idiomas Alemán - Inglés - Francés

 

 

INTRODUCCIÓN

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL
SACRAMENTUM CARITATIS
DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI

INTRODUCCIÓN

Alimento de la verdad

2. En el Sacramento del altar, el Señor viene al encuentro del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1,27), acompañándole en su camino. En efecto, en este Sacramento el Señor se hace comida para el hombre hambriento de verdad y libertad. 

Puesto que sólo la verdad nos hace auténticamente libres (cf. Jn 8,36), Cristo se convierte para nosotros en alimento de la Verdad. San Agustín, con un penetrante conocimiento de la realidad humana, puso de relieve cómo el hombre se mueve espontáneamente, y no por coacción, cuando se encuentra ante algo que lo atrae y le despierta el deseo. Así pues, al preguntarse sobre lo que puede mover al hombre por encima de todo y en lo más íntimo, el santo obispo exclama: « ¿Ama algo el alma con más ardor que la verdad? ».[2] 

En efecto, todo hombre lleva en sí mismo el deseo indeleble de la verdad última y definitiva. Por eso, el Señor Jesús, « el camino, la verdad y la vida » (Jn 14,6), se dirige al corazón anhelante del hombre, que se siente peregrino y sediento, al corazón que suspira por la fuente de la vida, al corazón que mendiga la Verdad. En efecto, Jesucristo es la Verdad en Persona, que atrae el mundo hacia sí. « Jesús es la estrella polar de la libertad humana: sin él pierde su orientación, puesto que sin el conocimiento de la verdad, la libertad se desnaturaliza, se aísla y se reduce a arbitrio estéril. Con él, la libertad se reencuentra ».[3] 

En particular, Jesús nos enseña en el sacramento de la Eucaristía la verdad del amor, que es la esencia misma de Dios. Ésta es la verdad evangélica que interesa a cada hombre y a todo el hombre. Por eso la Iglesia, cuyo centro vital es la Eucaristía, se compromete constantemente a anunciar a todos, « a tiempo y a destiempo » (2 Tm 4,2) que Dios es amor.[4] 

Precisamente porque Cristo se ha hecho por nosotros alimento de la Verdad, la Iglesia se dirige al hombre, invitándolo a acoger libremente el don de Dios.

 

   

PRIMERA LECTURA
Isaías 49, 1-6

PRESENTACIÓN

El texto que proclamamos pertenece a los cantos del "Siervo" del segundo Isaías.

¿Quién es el Siervo? Es difícil identificarlo. Se habla de un profeta, del resto fiel del pueblo de Dios, que debe mantener y proclamar la Palabra de Dios, aun en medio de la persecución, también se aplicará al Mesías.

Sin duda, individuo o colectivo, el Siervo es elegido para una misión.

Una elección desde el mismo momento de su entrada en la existencia, en el "vientre", en las "entrañas maternas".

La elección es para llevar la Palabra de Dios: palabra que guía y denuncia, que divide a los que la siguen de los que la rechazan, palabra que se lanza como flecha hacia el blanco, palabra, en fin, que, con frecuencia, provoca el rechazo y la persecución de quien la proclama.

Pero el que ha llamado y ha elegido para la misión, también es el que da fuerzas, el que anima y protege. Él es el primer interesado en que su Palabra llegue, se escuche y juzgue.

Ser llamado y ser elegido para llevar la Palabra del Señor, es algo que puede llenar de satisfacción, pero también de humildad (¿Quién soy yo?). Pero con la ayuda del Señor hay que seguir anunciando la Palabra encomendada hasta el confín de la tierra.

La Palabra que debemos proclamar es una palabra de salvación para todos.

 DEL PROFETA ISAÍAS 49, 1-6

Te hago luz de las naciones

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: "Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso." Mientras yo pensaba: "En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas", en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios. Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel -tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza-: "Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra."

Palabra de Dios

 

 

SALMO RESPONSORIAL
Salmo 138

PRESENTACIÓN

El salmo 138 es una meditación a cerca de la omnisciencia y omnipresencia de Dios.

Va desarrollando su reflexión sobre estos atributos de Dios, sobre sus misteriosos designios y sobre el problema del mal.

Nada se oculta a la vista de Dios, ni los pensamientos más escondidos  de los hombres.

"Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos..."

Y la razón por la que Dios conoce los secretos más íntimos del hombre es que lo ha creado, lo ha modelado en el seno materno, tejiéndolo cuidadosamente en todos sus detalles.

"Tú has creado mis entrañas
me has tejido en el seno materno."

Y porque nos ha creado, porque conoce bien hasta el fondo del alma, nos elige, como a los profetas, para una misión.

"Te doy gracias
porque me has escogido portentosamente.

 

(SALMO 138 )

TE DOY GRACIAS PORQUE ME HAS ESCOGIDO PORTENTOSAMENTE

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, / porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras. 
Conocías hasta el fondo de mi alma. R.

No desconocías mis huesos,
cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R.

 

 

PRIMERA LECTURA
Isaías 49, 1-6

PRESENTACIÓN

El texto que proclamamos pertenece a los cantos del "Siervo" del segundo Isaías.

¿Quién es el Siervo? Es difícil identificarlo. Se habla de un profeta, del resto fiel del pueblo de Dios, que debe mantener y proclamar la Palabra de Dios, aun en medio de la persecución, también se aplicará al Mesías.

Sin duda, individuo o colectivo, el Siervo es elegido para una misión.

Una elección desde el mismo momento de su entrada en la existencia, en el "vientre", en las "entrañas maternas".

La elección es para llevar la Palabra de Dios: palabra que guía y denuncia, que divide a los que la siguen de los que la rechazan, palabra que se lanza como flecha hacia el blanco, palabra, en fin, que, con frecuencia, provoca el rechazo y la persecución de quien la proclama.

Pero el que ha llamado y ha elegido para la misión, también es el que da fuerzas, el que anima y protege. Él es el primer interesado en que su Palabra llegue, se escuche y juzgue.

Ser llamado y ser elegido para llevar la Palabra del Señor, es algo que puede llenar de satisfacción, pero también de humildad (¿Quién soy yo?). Pero con la ayuda del Señor hay que seguir anunciando la Palabra encomendada hasta el confín de la tierra.

La Palabra que debemos proclamar es una palabra de salvación para todos.

 DEL PROFETA ISAÍAS 49, 1-6

Te hago luz de las naciones

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos: Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: "Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso." Mientras yo pensaba: "En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas", en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenía mi Dios. Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel -tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza-: "Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra."

Palabra de Dios

 

 

 

 

 


 

SEGUNDA LECTURA
Hch 13, 22-26

PRESENTACIÓN

Este texto forma parte de un discurso de San Pablo en Antioquía de Pisidia. La finalidad del discurso era proclamar que Jesús es el Mesías anunciado y prometido.

En este discurso aparece la figura del Bautista como el último eslabón de la cadena de anuncios y promesas.

Comienza Pablo su discurso recordando que Dios eligió a los padres, los cuidó y los multiplicó; más tarde, en la época de la esclavitud de Egipto, los liberó  con mano fuerte y brazo extendido,  los llevó durante cuarenta años por el desierto y les dio una tierra que mana leche y miel.

Les dio jueces para que los guiaran hasta el juez-profeta Samuel. Lo pidieron y les nombró reyes, especialmente David, rey según su corazón, que será fiel a lo que el Señor espera de él.

De su descendencia, dirá San Pablo, Dios sacó un salvador para Israel: Jesús.

Será Juan Bautista el que tendrá que decir que él no es el Mesías, cuando algunos lo quieran proclamar como tal. Viene detrás, y él no es digno ni de desatarle las sandalias. Él lo señalará como el "Cordero que quita el pecado del mundo".

Juan no es el Mesías, es el precursor y el mayor de los nacidos de mujer.

DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES    13, 22-26

Antes de que llegara Cristo, Juan predicó

En aquellos días, dijo Pablo: "Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: "Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos." Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: "Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias." Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios: a vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación."

Palabra de Dios

 

ALELUYA

A ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos.


 

 

EVANGELIO
Lucas 1, 57-66. 80

PRESENTACIÓN

Dios tiene un plan de salvación para el hombre y se va llevando a cabo, aunque pueda parecer, a la vista de los hombres, que es imposible.

Dios elige a los que prepararán el camino a su Hijo.

Abraham. Se le promete ser padre de un gran pueblo y su mujer es estéril. Se fía de Dios y en la ancianidad nacerá Isaac. 

El puesto que Dios designa a Jacob, a los ojos de los hombres, pertenecía a Esaú.

Moisés. Hay una orden del faraón de dar muerte a todo niño israelita que nazca.

Samuel. El hijo de las oraciones y las lágrimas de su madre estéril.

Juan el Bautista. Una madre estéril y un padre anciano.

Nadie lo esperaba; se alegran con ella sus vecinos.

En torno a su concepción y nacimiento hay signos que hablan de la presencia de Dios y de su elección: el ángel se aparece al sacerdote Zacarías cuando oficiaba de turno en el templo; una promesa de descendencia y un signo probatorio: se quedará mudo.

 Cuando el niño nace y hay que ponerle el nombre, que marcará su destino, la madre dice que se llamará Juan, y, cuando todos se extrañen porque en la familia no hay nadie que lleve ese nombre, se suelta la boca de Zacarías para ratificar que se llamará Juan. Así lo había mandado el ángel del Señor.

Juan, Yohanan en hebreo, "Dios da su gracia".

Tras recobrar el habla, Zacarías prorrumpe en un canto de acción de gracias a Dios, que ha visitado a su pueblo y ha suscitado una fuerza de salvación en la casa de su siervo David. Se va a llevar a plenitud la alianza que había hecho con los padres y el juramento dado a Abraham.

Y la misión encomendada a ese niño: el profeta del Altísimo, el que va delante preparando sus caminos, anunciando la salvación y el perdón de los pecados.

Al final del texto de hoy, dos detalles de su vida: "El niño iba creciendo y su carácter se afianzaba" y "Vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel".

LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS   1, 57-66. 80

El nacimiento de Juan Bautista. Juan es su nombre

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: "¡No! Se va a llamar Juan." Le replicaron: "Ninguno de tus parientes se llama así." Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. El pidió una tablilla y escribió: "Juan es su nombre." Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: "¿Qué va ser este niño?" Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Palabra del Señor.


 

 

 

REFLEXIÓN 1

" PROFETA DEL ALTÍSIMO "

Cuántos pueblos están celebrando hoy su fiesta patronal en honor de San Juan Bautista; y en cuántos de ellos hay costumbres y tradiciones ancestrales que se remontan a épocas anteriores al cristianismo, cuando en los solsticios se celebraban fiestas de la luz y del fuego.

El cristianismo se encontró con estas fiestas populares y no las quitó; pero, eso sí, los cristianos las vivieron con un significado nuevo.

En el solsticio de invierno se celebrará el nacimiento del que es  la verdadera luz del mundo: Cristo, el Hijo de Dios, Salvador de la humanidad. Y en el solsticio de verano el nacimiento de Juan Bautista, el precursor, el profeta del Altísimo, el que irá delante del Señor a preparar su caminos.

En la palabra de Dios de hoy, todo nos habla de que Juan ha sido elegido por Dios para una misión importante: anunciar que llega la salvación y el perdón de los pecados; que llega el momento en que se van a llevar a cabo los planes de Dios, tantas veces anunciados en el Antiguo Testamento.

Él ha sido el elegido, llamado cuando aún estaba en el vientre, en las entrañas maternas.

Va a ser profeta, servidor de la palabra de Dios.

Desde que Dios llama a Abraham para que se ponga en marcha y funde un pueblo, el pueblo elegido, va poco a poco descubriéndoles sus planes de salvación. A David se le promete que, de su descendencia, Dios sacará un salvador a Israel. Los profetas irán animando y sosteniendo la esperanza, sobretodo en los momentos difíciles.

Y en el último eslabón de esta gran cadena, Juan el Bautista.

Su nacimiento está plagado de signos de la presencia e intervención de Dios: sus padres, mayores y sin la posibilidad de tener hijos, el anuncio del ángel a Zacarías y su mudez, el niño da saltos de alegría en el vientre de su madre, cuando María, que ya lleva en su seno a Jesús, visita a Isabel, el momento de elegir el nombre y la recuperación del habla en Zacarías...

Como decían sus paisanos: "¿Qué va a ser de este niño?", porque la mano de Dios estaba con él.

Juan está destinado a anunciarnos que Dios visita y redime a su pueblo, que se cumplen las promesas hechas desde antaño, que nos libran de nuestros enemigos, especialmente el pecado, porque Dios es fiel.

Por eso Juan llamará a la conversión, porque a la inmensidad del amor de Dios, hay que responder con una vida nueva de santidad y justicia.

Hay que prepararse porque nos visita el verdadero sol que nace de lo alto para iluminar nuestras oscuridades, llenarlas de luz y guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Los planes de Dios, tantas veces anunciados, ya se han realizado por medio del Hijo, Jesucristo, el Señor. ¿Cómo estamos respondiendo?

 

 

 

REFLEXIÓN 2

 " DIOS CONCEDE SU FAVOR"

Seis meses antes de la Natividad de Jesús celebramos el Nacimiento de Juan. La Iglesia antigua colocó la celebración del nacimiento de Jesús en el solsticio de invierno y la del nacimiento de Juan en el solsticio de verano. Y como entonces ya habían fiestas populares -con un contenido de fiesta humana y también religiosa natural, vinculadas a los ritmos de la naturaleza- estas fiestas populares fueron asumidas y de algún modo incorporadas a la fiesta cristiana.

Por eso, para nosotros, cristianos de este final del siglo XX, todo ello va unido: el recuerdo y la celebración de san Juan Bautista, la fiesta popular del inicio del verano, las verbenas y las hogueras, la felicitación para todos aquellos que celebran su santo... Como decían nuestros antepasados: "Todo es bueno para el que está en gracia de Dios". Que es como decir: todo es bueno para quien lo vive como don del Dios que creó el mundo y su belleza y esplendor, del Dios que se nos reveló personalmente en su Hijo Jesús de quien fue anuncio y preparación aquel judío a quien sus padres quisieron llamar Juan.

-Nacimiento de Juan

Pero fijemos nuestra atención en este hombre, en Juan, en este santo que jugó un papel tan importante en la vida de Jesús y que ha sido tan popular entre el pueblo cristiano a través de estos veinte siglos y de un modo especial en nuestro país. Durante el tiempo de Adviento, antes de la Navidad de Jesús, nos fijamos especialmente en san Juan como precursor de Jesús, como preparador de su camino. Durante el Adviento vemos como Juan, desde la exigencia de su vida personal y de su predicación al pueblo, es el signo y la voz que clama para que Aquel que está por llegar, Aquel que es mayor que él, sea acogido con un corazón abierto, con el deseo de cambiar de vida, con la exigencia de conversión personal y de todo el pueblo.

Con todo, antes de hablarnos de su vida y de su predicación, el evangelista Lucas nos habla de su nacimiento, que es lo que hoy celebramos. (La Iglesia sólo celebra tres nacimientos: el de Jesús, el de María y el de Juan). Podríamos decir que Lucas es el evangelista especialista en nacimientos: es el que más nos habla del nacimiento de Jesús y el único que nos habla del nacimiento de Juan. Y, en uno y otro caso, su propósito no es tanto hacernos una crónica de lo que sucedió como expresar quiénes eran Jesús y Juan, qué misión quería Dios para ellos.

Por ejemplo, en el caso de Juan, vemos como el evangelio de san Lucas insiste repetidamente en su nombre: Juan. En la Biblia, con frecuencia, el nombre de una persona adquiere especial valor porque expresa su vocación, su misión. Juan significa -en hebreo- "Dios concede su favor"; es decir, Dios muestra y comunica su amor. Su favor, su amor, para con aquellos padres -Isabel y Zacarías- que querían tener un hijo y no venía (entonces los hijos se tenían muy jóvenes y al llegar a una edad adulta parecía que ya no se podía tenerlos). Su favor, su amor para con su pueblo, ya que aquel niño será el anunciador, el preparador de la gran revelación del amor de Dios que se realizará en Jesús, en el Hijo de Dios hecho hombre.

Por eso, en las lecturas y en las oraciones de la misa de hoy, repetidamente se nos habla de "alegría". Si siempre el nacimiento de un niño es causa de alegría, lo es especialmente en este niño porque con él se prepara y de algún modo se inicia la gran revelación y comunicación del amor de Dios que será Jesucristo.

De ahí que, como decíamos, hoy sea también para nosotros una fiesta de alegría: el recuerdo y la celebración del nacimiento de Juan es para nosotros ocasión de recordar y celebrar que "Dios concede su favor", que Dios muestra y comunica su amor hacia nosotros. El Dios creador, el Dios salvador, es siempre el Dios que comunica amor.

La tradición cristiana ha añadido al nombre de Juan el calificativo "Bautista", quizá para distinguirlo del otro Juan, el apóstol de Jesús (y, según la tradición, también su evangelista). Y es que el bautismo que confería Juan resume y simboliza su predicación de la necesidad de conversión para prepararse a la venida del Señor. Una necesidad de conversión que sigue siendo vigente para nosotros: siempre tenemos necesidad de convertirnos, de abrirnos más de verdad a la venida a nosotros de Jesucristo.

Es lo que podríamos pedir hoy, en este día de fiesta: que siempre queramos abrir más nuestro corazón -toda nuestra vida- al favor de Dios, al amor de Dios, que se manifiesta en tantas cosas -por ejemplo, en la belleza del mundo que El creó-, pero sobre todo se manifestó en Jesús. En Jesús, el Señor resucitado, que está y estará presente, actuante, vivo, en esta Eucaristía para que nosotros hagamos un paso más en nuestro vivir en comunión con El.

JOAQUÍN GOMIS

 

 

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